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Siete Deseos

El deseo de ser joven

Siete Deseos Reseña

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  • Título original: Wish Upon
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2017
  • Director: John R. Leonetti
  • Guión: Barbara Marshall
  • Intérpretes: Joey King, Ryan Phillippe, Ki Hong Lee
  • Argumento: Una adolescente descubre una caja china que le concede siete deseos a costa de... ¡sangre!
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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¿Qué le pides al terror adolescente cuando tienes cuarenta años? Supongo que, en el caso de una película realizada recientemente, sería no sentirse especialmente viejo mientras la ves, o incluso recordar antiguos ataques de testosterona y divertirte contemplando atractivos jóvenes y jovencitas recibiendo estopa de mano de la amenaza sobrenatural o asesino de turno. Ponerse demasiado exquisito con un estilo que nació para obviar la coherencia o profundidad dentro de sus argumentos en pro de gritos, risas y toqueteos en platea sería tan injusto como echar a la basura “Siete Deseos”, “Wish Upon” en versión original, sin darle aunque sea la oportunidad de los domingos por la tarde.

Clare es una de las “perdedoras” del instituto. Acosada por los más guapos de la clase, encima tiene que soportar el estigma de haber visto a su madre suicidarse, y además aguantar a un padre echado a perder y cuyo único trabajo es rebuscar en la basura. Pero un buen día una misteriosa caja china se cruza en su camino. Clare, estudiante de chino, descubre que la caja puede concederle siete deseos, y de forma irreflexiva se lanza a pedir cambios de carácter banal en su vida. Lo hace además sin saber que esos deseos tienen un precio, pues después de cumplir cada uno de ellos, el cuerpo del objeto se abre para emitir una tétrica melodía cuyo final acaba en una muerte aparentemente accidental. Más y más obsesionada con la caja y el éxito dentro del instituto, Clare no se da cuenta de que su vida ha pasado a ser controlada por fuerzas sobrenaturales.

Con esto no quiero decir que la nueva obra de John R. Leonetti sea un producto a tener en cuenta como aficionado curtido, siquiera merecedor de un estreno en salas comerciales, el cual obtuvo en España por algún extraño tipo de truco de distribución que desconozco. No obstante parece una buena oportunidad para engañar a sobrinas de catorce años e introducirlas en los procelosos terrenos del terror, todo sea porque “Siete deseos” es más blanca que lo que nosotros considerábamos terror adolescente en nuestra época. ¿Lo fue “Pesadilla en Elm Street” o “Viernes 13”? Desprovista incluso de la malicia inherente a la saga “Destino Final”, en la que esta película desea mirarse de manera evidente.

De hecho, una cuestión curiosa sería que las muertes, provocadas de forma ominosa por la caja de los deseos, intentan emular, sin éxito, a las que “Destino Final” brindaba durante sus nudos argumentales; mucho menos si hablamos de las gloriosas y legendarias aperturas de la saga. Resumiendo el apartado de sangre y vísceras: existen escenas bien construidas, con una tensión aceptable si todavía asistes al instituto, pero con resoluciones poco imaginativas y carentes de “chicha”.

El director de “Annabelle”, “El Efecto Mariposa 2” o “Mortal Kombat: Aniquilación”, currículo que no impresiona en absoluto, buscaba continuar los éxitos fáciles de taquilla que ya conocía como productor, pues había participado económicamente en las dos primeras partes de “Insidious”. Sin embargo, este nuevo intento recaudatorio falla por una obscena falta de interés en redactar un guion a la altura, culpa de una Barbara Marshall que ya demostró aptitudes para la inutilidad en “Viral”. Es decir, los tópicos momentos y tendencias asociados a jovencitas superficiales son llevados al límite de lo inaguantable, norteamericanadas para más inri.

No me cuesta imaginar los comentarios molestos y los improperios que esa hipotética sobrina de catorce años, quiero pensar que “normal”, podría soltar debido a la banalidad desplegada en pantalla, alejada de cualquier realidad no televisiva. No se trata de una cuestión generacional, gozando de la edad de los protagonistas de “Siete Deseos”, un servidor también sufriría vergüenza ajena ante los deseos, infinitamente cretinos, que nuestra protagonista va soltando bajo la protección de una banda sonora capaz de asesinar al punk que todos deberíamos llevar dentro. Eso sí, mi joven yo hubiese mancillado violentamente los morritos de la pobre y tierna Joey King, Clare en la película, así como los del resto de actorcillos presentes independientemente de su género, enfermo que es uno.
En cuanto a los actores secundarios, viejas glorias, dudo si mantener esta promiscuidad. ¿Me tiraría a Sherilyn Fenn, todavía atrapada en un manicomio, Ryan Phillippe ( “Sé lo que hicisteis el último verano”) o a Jerry O’Connell (“Piraña”, “Juerga de Solteros”), ofreciendo un pequeño cameo?

La cuestión es que “Siete Deseos” tampoco esconde ese sesgo insoportablemente post Disney, ¿por qué culparla de ello entonces? La cinta nos contagia de un ritmo bastante rápido donde no importa que la narración vaya perdiendo sentido, acuciada por una edición que degenera y degenera a medida que pasan los minutos. Agradable velocidad desplegando una historia mil veces vista sobre objetos malditos, la razón de fondo por la que quise malgastar hora y media de mi vida. A mí esto de los objetos malditos, ya sean un consolador caníbal o una nevera poseída por Satán, me pone mucho, y no iba a desperdiciar, encomendándome además a la levedad del sub género, la oportunidad de ver como se desenvuelve el argumento de siempre en 2017. Ya el tema adolescente proporciona un marco naif que consigue levantar la temperatura de la corriente sanguínea, ya sea por cabreo o por rémoras del insaciable deseo sexual asociado a la adolescencia.

Eso sí, en términos más propiamente adultos, “Siete Deseos” nos brinda una conclusión con más humor negro del que hace gala hasta llegar a él. Si no tenemos en cuenta que este “graciejo” nace también ante las ridículas situaciones que son expuestas carentes de reflexión alguna. Por ejemplo, ¿es posible que una mansión no tenga seguridad alguna y pueda entrar cualquier niñato a profanarla? La solución básica es no mostrar en pantalla todo aquello que no alcanzas a explicar dignamente. Igualmente, Leonetti corta plano o se centra en la periferia cuando el presupuesto, ninguna maravilla, tampoco alcanza para saciar los requerimientos de una cinta sobrenatural digna. Es decir, se nota cutre en momentos claves de la trama (aunque la caja maldita está diseñada con cierto criterio.

Ahí queda entonces otro producto que, sin merecer el maltrato al que ha sido sometido por la prensa, no debe ser tomado en serio a riesgo de enredarse precisamente en esas críticas que no han sabido ver el lado lúdico de la propuesta. Quizás, si tenéis la oportunidad, este próximo Halloween, ya muy cerquita, podáis disfrutarla sin más pretensión con esa hipotética sobrina de catorce años. A riesgo de que vuestro hermano, hermana, cuñado o cuñada dejen de hablaros para siempre. Cuidado porque todavía hay mucha bilis generada contra el terror, ¡malditos chiflados!

Imágenes de la película

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Lo mejor: Se ve como un tiro.

Lo peor: De cara al final molesta soberanamente la deriva del guion, absurdo, y una montaje muy atropellado.

Vuestros comentarios

1. oct 8, 12:59 | Hastur Jr.

Ja ja vaya mierda.
Una pérdida de tiempo absoluta. No solo acabas deprimido por lo mala que es la película, sino por ver lo mal que ha envejecido la Fenn…
Una indigesta combinación de “Destino Final” y el famoso cuento de “La pata del mono”, que no llega a convencer en ningún momento. Efectos chapuceros e interpretaciones al mismo nivel.

2. oct 9, 04:43 | Omar

Recuerdo que me la vi en el cine sin muchas pretenciones y la disfruté mucho. Un humor involuntario (o voluntario, que se yo) que funcionaba…

Es necesario verla con el cerebro apagado para encontrarle algún valor.

2.5/5

3. oct 12, 06:56 | killerclown

este director va de mal en peor. al menos esta última que hizo se pasa rápido.

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