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Wishmaster

El último deseo

Wishmaester Review

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  • Título original: Wishmaster
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1997
  • Director: Robert Kurtzman
  • Guión: Peter Atkins
  • Intérpretes: Tammy Lauren, Andrew Divoff, Robert Englund
  • Argumento: Un djinn es despertado trayendo el caos al mundo a través de los deseos que concede de forma malévola.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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En el principio de los tiempos Dios creó la vida en el universo: de la luz surgieron los ángeles, la tierra alumbró a los hombres y el fuego a los djinn, criaturas condenadas a morar en el vacío entre los mundos.

Dice la leyenda que a quien despierta un djinn se le concederán tres deseos. También que al solicitar el tercero, una legión impía de djinns será liberada sobre la tierra. En 1127 A.D., en Persia, un hechicero atrae y atrapa a un poderoso djinn dentro de la piedra del fuego secreto. En la actualidad, un operador de grúa borracho deja caer la valiosa estatua de Ahura Mazda sobre el ayudante de Raymond Beaumont, en el puerto. Así, oculta en el interior de la estatua, un trabajador encuentra la piedra roja opalina de incalculable valor donde el Djinn está aprisionado. Alexandra Amberson, que trabaja en una casa de subastas, recibe la piedra para su evaluación y despierta accidentalmente al djinn. La malvada criatura es liberada más tarde, cargando la piedra con las almas de la gente y alimentándose de sus miedos, mientras persigue a Alexandra para obligarla a realizar sus tres deseos y desencadenar la invasión demoniaca sobre la Tierra.

“Wishmaster” es de una de las escasas series B de finales del siglo pasado que merece genuinamente la pena. Casi diría que la única en lo que a su estilo se refiere, y es que 1997 no era la mejor época para una especie de slasher sobrenatural con clara vocación de explotadora de la saga “Pesadilla en Elm Street”, no en vano esta obrita está presentada por el mismo Wes Craven. Llena de efectos especiales artesanos, y también alguna infografía que ha envejecido obviamente mal, resultó todo un banquete gore y desprejuiciado para los que nos acercamos al cine a verla durante 1997. “Wishmaster” nos regalaba hora y media cargada de ritmo que sólo cojea cuando revela sus orígenes bastardos, por ejemplo en unos diálogos cutres como pocos. Insisto en que pocas películas de este tipo se estrenaban en las carteleras de un milenio que agonizaba dándole la espalda al terror como medio de entretenimiento descerebrado.

Afortunadamente aquí aparece Robert Kurtzman para rodar lo que sería su segundo largometraje, tras probar suerte con un extraño debut mediante una cinta cyberpunk, “The Demolitionist”, directa a vídeo. Para su flamante estreno en cine se rodea de un buen equipo de producción haciendo valer sus contactos en la industria, pues Kurtzman es un reputado experto en efectos especiales, habiendo trabajado con los más grandes aportando macabros maquillajes y prótesis. Con cinco millones de dólares en el bolsillo y su propia habilidad en efectos artesanos para trasladar a la pantalla grande la historia de Peter Atkins, otro afiliado a la serie B desde que se encargase de los guiones de la saga “Hellraiser”, a partir de su segunda entrega, Kurtzman da lo mejor de sí mismo en esta obra ya de culto, por mucho que las típicas debilidades del cine de segunda fila hayan lastrado su éxito entre los aficionados. Además, sus secuelas han contribuido a ese escaso reconocimiento. No se puede hablar de suerte con “Wishmaster” que hasta sufrió varios robos en su set durante el duro rodaje.

Un verdadero homenaje a los ochentas, pues todos sus responsables y artistas habían vivido aquella década de pleno, no necesita de luces de neón ni de falsos amaneramientos estéticos para reflejar lo que se cocía en los video clubs durante los años de las hombreras y los cardados. “Wishmaster” es genuina en su esencia, aunque obviamente su fecha de estreno tiene un fuerte peso dentro de la estética final de la que hace gala. Pero, ¿cómo no va a ser genuino un largometraje tan simple donde un genio maligno se dedica a conceder deseos de la forma más retorcida y cruel a su alcance? Y la ejecución de estos deseos mal entendidos es la principal atracción de la feria, volcándose en pantalla de manera violenta y con el gamberrismo propio de la serie B. Los puntos álgidos los observamos en su prólogo y en su conclusión, exactamente igual que en la década ochentera, donde el nudo de la narración suele ser lo más tedioso. La guinda del pastel es cada deseo pronunciado en voz alta, el cual, siguiendo reglas bastantes laxas, es interpretado de manera muy especial por el djinn para volverlo en contra de aquellos que lo realizan. De esa manera, querer estar más delgado puede ser perder medio estómago de un hachazo.

Así el film arranca con una fiesta persa donde el horror se ha apoderado de los convidados gracias de las maldiciones y perrerías arcanas a las que se ha abandonado un avieso djinn, liberado por el atontado sultán de turno. Antes de que la orgía escarlata vaya a mayores, un hechicero apresa a la criatura en una gema y la esconde dentro de una estatua, el poderoso dios Ahura Mazda, para más señas. La estatua llegará hasta nuestros días para que, aquí encontramos ecos de “Hellraiser”, una atractiva procuradora de obras de arte libere al djinn de forma accidental. El objetivo del malvado genio es conseguir que su liberadora exprese tres deseos en voz alta para así liberar al resto de sus hermanos, con los cuales recreará el infierno en la Tierra. Vamos, se distorsiona la clásica historia de Aladino con objeto de redactar un libreto de serie B al uso. El cual resulta entretenido pero restringido hasta que, en un agradecido paralelismo argumental con su arranque, la película concluye en otra orgia de sangre y locos efectos especiales donde encontraremos a Robert Englund cono anfitrión, una actuación secundaria que no pasa de mera anécdota, como los cameos del gran Tony Todd y de Kane Hodder: todos buenos amigos de Kurtzman.

Aunque la dirección no destaque, poseedora de un tufillo a telefilme constante, sí lo hacen unas escenas donde igual que un esqueleto abandona el cuerpo anfitrión para hacer diabluras, que estatuas cobran vida reventando cabezas a diestro y siniestro, o las cuerdas de un piano reducen a picadillo la cara de un pobre figurante. Muertes imaginativas que se adaptan como un guante a lo que cualquier espectador con experiencia podría esperar de un slasher sobrenatural, si bien el djinn no goza del carisma necesario para convertirse en el nuevo Freddy Krueger, como así intenta durante todo el metraje.
Su intérprete, Andrew Divoff, hace un buen trabajo, consiguiendo equilibrar los elementos paródicos con el distanciamiento de una criatura hija del caos. Pero claro, no hablamos propiamente de un slasher, recayendo mucho peso narrativo en la investigación que emprende Tammy Lauren, encarnado a la ingenua Alex, con objeto de descubrir en que lío infernal se ha metido. Pamplinas que preludian una conclusión por esperada no menos convencional. Es precisamente en este final donde se nota el alejamiento que vivía la industria con respecto al terror puro y duro. Resultados muy descafeinados que se contradicen con esos arrebatos macabros tan propios del pulp, filosofía alejada de las convenciones y finales felices a los que sí se somete “Wishmaster”.

Resumiendo, una producción estupenda para pasar un buen rato cualquier tarde tonta de domingo. Ofrece muchísimo sin un esfuerzo consciente por parte del espectador, siempre que sepa asumir los pros y los contras del cine de serie B. Al menos en esta ocasión tendremos el gusto de asistir a una realización más que correcta y a un diseño artístico sobresaliente, si tenemos en cuenta su pequeño presupuesto. Da igual que la hayáis visto o no, se trata del típico menú de comida rápida al que debe accederse de forma periódica, pero no constante, para satisfacción de nuestro cerebro reptiliano.

Como dice el cártel: ¡cuidado con lo que deseáis!

Imágenes de la película

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Lo mejor: Los efectos especiales a cargo de Kutzman.

Lo peor: Tedio propio de serie B entre aparición y aparición de nuestro Djinn.

Vuestros comentarios

1. feb 27, 18:30 | Cuntgrinder

Igual es mejor que cualquier cosa que haya hecho el bueno de Wes Craven de ese tiempo hasta acá

2. feb 27, 22:25 | Leo

Bob, ésta y Jeepers Creepers son dos películas que nunca vi (aun no sé por qué), pero a las que siempre les he tenido ganas… tendré que ponerme al día uno de estos días en que no me gane el sueño… gracias por recordármelo…

Cuntgrinder, para mí Redeye tenía sus cosas interesantes, claro no era terror, pero había algo ahí y My Soul to Take intentaba rescatar algo de lo bueno de la primera Scream y de Pesadilla aunque se quedó corta, pero para mí vale más la pena que mucho del cine de “terror” que se ve por estos días…

saludos a todas y todos…

3. feb 28, 12:57 | Murnau Lefas

Yo tengo la cuatrilogia en dvd, cada entrega es bastante peor que la anterior, en resumen, la primera es la mejor, la segunda decae un poco pero es buena, la tercera es una basura y la cuarta es una absoluta mierda infumable por la que deberian de matar a todos sus responsables.

4. feb 28, 17:50 | Evil_Ed

Estoy totalmente de acuerdo con Murnau Lefas.

5. mar 2, 04:12 | DEVILMAN

Yo e sido consciente de esta pelicula pero jamas la e visto. En algún punto llegue a ver algún pedazo de alguna de sus secuelas pero la primera suena a ser la mas disfrutable. La buscare.

6. mar 6, 21:12 | Bob Rock

Leo.- Pues a ello, amigo. Porque son dos películas que si bien no revolucionan nada, tienen el verdadero sabor de la serie B en sus venas. Por lo menos no te aburrirás. Eso sí, no seas muy selecto con el argumento ;)

Un abrazo!

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