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Ég man þig

El más allá islandés es un poco confuso

I remember you Reseña

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  • Título original: Ég man þig
  • Nacionalidad: Islandia | Año: 2017
  • Director: Óskar Thór Axelsson
  • Guión: Óskar Thór Axelsson, Ottó Geir Borg
  • Intérpretes: Jóhannes Haukur Jóhannesson, Ágústa Eva Erlendsdóttir
  • Argumento: Un psicólogo se ve implicado en una serie de suicidios que puede tener que ver con la desaparición de su hijo. A su vez, un matrimonio y una amiga ocupan una nueva vivienda donde algo sobrenatural espera ser descubierto.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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¿Otra película de terror europea basada en una novela de cierto éxito? “Ég man þig” (“I Remember You” en su distribución internacional) queda muy lejos de los resultados de “The Ritual”, por citar una de las obras más recientes que nos vienen a la mente cuando observamos los plácidos fotogramas del largometraje islandés que hoy nos ocupa. En este caso concreto tampoco puedo hablar de la obra original, escrita por la autora Yrsa Sigurðardóttir en 2010, únicamente señalar que está parcialmente basada en hechos reales. Teniendo en cuenta su abundante contenido sobrenatural, nada escandaloso pero bien salpimentado de apariciones fantasmales, circunscribirla al ámbito de la realidad afea un poquito el resultado, que se hubiese beneficiado de algo más de coherencia, precisamente, en su vertiente fantástica. Aunque la historia está narrada con toda la seriedad y solidez de los nórdicos, chirrían demasiado los conocimientos que algunos personajes hacen de la situación o, directamente, surgen situaciones carentes de lógica interna. El Más Allá islandés parece un batiburrillo donde se confunden fácilmente las ánimas en pena de niños, donde su persistencia en el plano mundano responde antes a las necesidades cinematográficas de un guionista que las motivaciones de su condena. Porque amigos, también los fantasmas merecen un puesto de honor en los títulos de crédito.

Freyr es un psicólogo que apenas se ha recuperado de la desaparición de su hijo pequeño cuando recibe el encargo de atender al marido de una recién fallecida. La suicida dejó un misterioso mensaje antes de colgarse, el cual llevará a Freyr, ayudado por una detective, a relacionar diferentes fallecimientos de las mismas características con la pérdida de su único hijo. Estas personas parece que compartieron infancia en un colegio donde uno de los chicos sufrió también una misteriosa desaparición.
En una pequeña isla deshabitada, tres amigos deciden restaurar una granja e iniciar una nueva vida. Matrimonio y amiga, poco sospechan que la casa principal oculta un par de secretos que traerán su desdicha y la de personas a cientos de kilómetros de allí. ¿Tendrán que ver estos secretos con desapariciones de niños.

Una historia tristona que encierra varios secretos muy bien dosificados, supongo que herencia literaria de la novela madre. “Ég man þig” se caracteriza por una ambientación fría y distante que dota de una inquietante atmósfera la parte sobrenatural del argumento, aunque bajo la superficie prevalezca el thriller dramático como principal motor. Las investigaciones de nuestro protagonista emparentan el producto con el cine criminal, desgraciadamente esta vertiente es explotada de forma un tanto ligera, dejando en el tintero momentos más intensos o macabros en favor de escenas o aristas amorosas que a mí, personalmente, me han resultado muy banales. Digamos que, hablando en términos coloquiales, a ratos el metraje oferta las mismas sensaciones que un telefilme alemán de media tarde.
Poco estridente, algún susto casual le proporciona cierto empaque, la historia se sigue con gusto a pesar de la lentitud nórdica de su desarrollo, lo consigue gracias a los equilibrados saltos entre las dos tramas principales. Aparentemente sin relación, pero que terminan convergiendo elegantemente, como no podía ser de otra forma. El quid de la cuestión es que ambas historias se sostienen gracias a unos personajes definidos por encima de la media del género y, consustancialmente, el trabajo de los actores que los encarnan. El principal protagonista, Freyr, es interpretado por un solvente Jóhannes Haukur Jóhannesson, atractivo barbudo cuya carrera está despegando con fuerza gracias a productos de la talla de “Juego de Tronos” o “Atómica”. La verdad que todo el elenco demuestra esa eficacia glacial de países tan bien ordenados como Islandia. Sin estridencia alguna te van conquistando a su ritmo, de forma pausada y con un realismo admirable, los actores transmiten honestamente el dramatismo de sus circunstancias. Pues como decía, “Ég man þig” termina siendo una experiencia más gris que terrorífica, donde las sensaciones de pérdida y añoranza terminan dejando lo terrorífico como mera nota a pie de página.

Sin embargo, esta calidad formal, que se aplica igualmente al aérea técnica, merecido aplauso para su joven director Óskar Thór Axelsson, no consigue sostener las recomendaciones. Ni siquiera buscando el aire fresco del cine de género exótico, sus cien minutos parecen doscientos al final de la partida. La denominación de origen sólo certifica que hay países, siento ser taxativo, donde el terror todavía tiene que madurar en términos más amigables. Igual que un drama islandés de pura cepa será un peñazo para el espectador medio, los que aquí nos damos cita creo que únicamente queremos algo de diversión y sano entretenimiento mediante nuestra afición cinematográfica, una cinta de horror islandesa no va a satisfacer las necesidades del iniciado al terror. Aporta muy poco dentro de otras áreas como para que la consabida morosidad sea un aliciente.
Todo lo contrario, deja al descubierto agujeros argumentales del tamaño de submarinos verdes. De hecho recuerdo que una tal “Reykjavik Whale Watching Massacre” de 2009, en las antípodas del drama con su propuesta cuasi cómica, era igualmente peñazo. Por no hablar de otro tostón islandés cuyo ritmo y ambigüedad deberían molestar a cualquier espectador independientemente de su condición sexual: “Rift”. Imaginemos entonces la situación en un panorama donde los directores, muy aplicados hay que reconocer, se afilian al género simplemente porque está de moda, siempre que no sea muy ofensiva o transgresora la broma. Supongo que con el tiempo, como ha ido pasando en Noruega, si la industria de este país desarrolla cierta evolución encontraremos propuestas más interesantes. Tiempo al tiempo.

A “Ég man þig” le cuesta demasiado tomar forma como para que le perdonemos a esa esquizofrénica que sale de la nada desvelando una parte importantísima de la trama que jamás podría haber descubierto sin ayuda del guionista; o a ese abogado/médium con las cosas bastante más claras que nuestro escéptico protagonista; o esas cruces marcadas a cuchillo sin que se explique seriamente la relación entre dos fantasmas confusos.

Por mi parte, otra pérdida de tiempo que sumar a 2018, de momento igual de soso que el año pasado, tanto que, como habréis observado, no he aportado mucho ánimo en esta reseña. Eso sí, menos dolorosa de lo normal.

Imágenes de la película

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Lo mejor: La forma de narrar la historia dividiéndola en dos tramas paralelas.

Lo peor: Argumentalmente existe un puñado de elementos que de forzados y absurdos sacan a cualquiera de la ambientación.

Vuestros comentarios

1. feb 17, 21:55 | Lupulo

Una película rodada de una forma muy fria. Como casi todo el cine que viene de paises donde hace fresquete. Tiene algún que otro momento inspirado, pero puede pasar por una peli de Antena 3 para la sobremesa.
Una castaña.
Mejor te haces un bocata de nocilla y ves algún episodio de Ranmma.
Un saludo.

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