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Friday The 13TH (La Saga)

Jason Voorhees, Un Tío Con Suerte.

viernes 13 la saga

Viernes 13 es un rip-off de manual: copia los rasgos más importantes de dos obras predecesoras, pero ofrece las suficientes variaciones al espectador para que su visionado resulte placentero. El argumento es de sobra conocido: tras los asesinatos de dos monitores, el campamento Crystal Lake permanece cerrado durante diez años, hasta que el joven Steven Christy (Peter Bouwer) se decide a reabrirlo. Cuenta con la ayuda de seis monitores, entre quien se encuentra Alice (Adrienne King). Al primer día de preparación no sobrevivirán todos…

Dos años antes, en 1978, La Noche de Halloween había hecho saltar las taquillas. Era una película barata y con un argumento fácilmente trasmutable a cualquier otro entorno. Sean Cunningham, siempre presentado como alguien con mayor ojo comercial que talento, fue quien se llevó el gato al agua en cuanto a las imitaciones de la obra de Carpenter: un anuncio en la revista Variety le dio la financiación necesaria, y una agresiva campaña de márketing calentó el ambiente hasta el día del estreno. Las cifras fueron de fábula.

Viernes 13 es, sobre todo y por encima de todo, la película-enciclopedia del slasher. Normalizó y reguló las reglas que regirían el subgénero durante más de dos décadas. Si bien Carpenter utilizaba el sexo y el entorno sin adultos para acentuar la sensación de peligro cerniéndose sobre los adolescentes, así como un modo subterráneo de explicar el porqué del horror al que se enfrentaban esa noche, Cuningham lo convierte en ley escrita, lo mecaniza y lo vacía de signficado al apegarlo demasiado a los motivos del asesino: ya no es una clave soterrada, es el porqué de la ira de Voorhees.

Como decimos, una de las dos películas de referencia es La Noche de Halloween. Lo que allí eran babysitters, aquí son monitores pero, en esencia, son lo mismo: adolescentes recién llegados al mundo adulto cuidando de prepúberes sin la supervisión “protectora” de un padre. La otra, qué duda cabe, es “Psicosis”: la identidad del asesino (me resisto a creer que, a estas alturas, hay quien pueda considerar esto un spoiler) y su presentación. El dueto madre-hijo está invertido, pero su funcionamiento es el mismo.

Vista hoy, 34 años después de su estreno, Viernes 13 muestra más que nunca sus virtudes y sus defectos: la primera mitad funciona escandalosamente bien, el retrato de personajes es certero (o sea, que deja que los conozcas, pero no se pasa en su retrato), la construcción del suspense es brillante (de nuevo, la constatación de que atemoriza más el asedio que el asesinato en sí) y el entorno, el campamento Crystal Lake y las cabañas, se convierten casi en un personaje más. Sin embargo, pasado el ecuador, la película, desde mi punto de vista, se atranca. Le otorga casi exclusivo protagonismo a Alice (Adrienne King) pero empieza a dilatar el tiempo en exceso, probablemente para estirar el metraje hasta los noventa minutos (hay hasta tres enfrentamientos asesino última víctima a los que el asesino sobrevive “sorprendentemente”). Eso sí, la aparición de Betsy Palmer sigue siendo uno de esos momentos emblemáticos en los que, quizás más inconsciente que conscientemente, lo ridículo y lo terrorífico se dan la mano. Además, Tom Savini se hartó de publicitar que era la primera película donde había movimiento en los cuerpos de las víctimas, y es así, pero eso lleva a que Cuningham tenga que planificar casi todas las muertes sobre una superficie plana para que puedan funcionar los trucos, y se nota.

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Un año más tarde, auspiciada por sus buenos resultados en taquilla (costó poco más de medio millón de dólares, y su recaudación mundial superó los sesenta, sin contar royalties), llegó a los cines la segunda parte. Victor Miller, escritor de la primera, cede el turno a Ron Kurz, uno de los habituales de la saga. Y las riendas las coge Steve Miner, que también dirigirá la siguiente.

Cinco años más tarde de la tragedia anterior, Paul Holt (John Furey) abre cerca de Crystal Lake un campamento para entrenar monitores de campamento. Los lugareños dicen que Jason, en realidad, no murió ahogado en el lago y que, además, vio cómo Alice (Adrienne King) asesinaba a su madre.

Viernes 13 2 comienza con un prólogo mucho mejor que el de su predecesora. El habitualmente rutinario Steven Miner rueda con clasicismo y estilo un asesinato con un par de buenos sustos, y de paso pone las expectativas muy altas. Lástima que no las cumpla: Viernes 13 2 tiene demasiados personajes (tanto que, para organizar el clímax, se quita de enmedio a unos cuantos vía “nos vamos en coche al pueblo de juerga”), y no todos nos interesan lo suficiente, algo que no pasaba en la original. Los asesinatos tampoco son especialmente llamativos, y todos están planificados de la misma manera: un largo plano sostenido de la víctima, un plano corto del arma homicida, plano del movimiento del asesino, y plano de la herida, este último veloz y fugaz, como si temiesen que, al no estar Tom Savini a cargo del maquillaje, se fuera a notar el efecto especial. Además, probablemente sea el primer slasher en que una chica escondida siente más pavor de una rata que de un asesino.

En el “haber” de la película, como se ha mencionado, habría que situar tanto el prólogo como el tramo final, que funciona infinitamente mejor que en la primera parte. A ello ayuda que evita los momentos de “falsas muertes del asesino por golpes que le da la última víctima” y se centra en ataques de este y una larga persecución. El cara a cara en la cabaña del bosque no está nada mal, y el epílogo funciona casi tan bien como el del lago de la original.

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En conclusión: Viernes 13 2 está muy cerca de ser una secuela modélica, si el trayecto entre el prólogo y el final hubiera sido un poco mejor. Lo que no impidió que su recaudación fuera, de nuevo, la mar de abundante, y se diera luz verde a una nueva parte, esta vez con el añadido del 3D: Viernes 13 3, también dirigida por Steven Miner, dos años después. El guión lo escriben Martin Kitrosser y Carol Watson, que también escribirán algunas de las siguientes partes. Steve Miner vuelve a marcarse un epilogo y un tramo final que casi consiguen que te olvides de la hora que media entre ambos, pero aquí los defectos se notan mucho más que en la segunda parte. Entre otras cosas, porque probablemente cuente con la heroína más anodina y sosa de toda la saga, Dana Kimmel, Chris en la película. Kitrosser y Watson intentan que su personaje tenga una implicación personal en la trama, e introducen un episodio con Jason que es, sin duda, uno de los momentos más extraños de todos los Viernes 13: es confuso, y su plasmación en imágenes no ayuda a clarificarla. Es más: en el tramo final, sobran los momentos en los que Jason se quita la máscara para que Chris le reconozca y se asuste más.

A modo de curiosidad, llama la atención que copia un par de momentos de la original sin ningún tipo de pudor (el asesinato de los amantes, o la irrupción de un cadáver por la ventana), lo que para muchos es un ejemplo claro de que, tres años después de su origen, Viernes 13 ya estaba sin ideas.

Como todos sabéis, es en esta película en la que se dota a Voorhees de la máscara de hockey que ya nunca se quitará. Los efectos 3D debieron de tener alguna gracia, aunque sólo sea por lo exagerado y gamberro de algunos (ese ojo que sale disparado hacia la cámara, por ejemplo) pero, desde luego, si por algo llama la atención hoy en día es por la pésima calidad de la copia que nos ha llegado. En serio: revisar el dvd (y parece que el blu-ray no es mucho mejor) de esta película es casi ganarse un par de dioptrías más en tus ojos, pues deben ser tres o cuatro, como mucho, los planos enfocados y claros en la misma; el resto, están borrosos.

Lo cierto parece ser que, a estas alturas, Viernes 13 ya había dejado clara su fórmula: un prólogo y un clímax impactante, y un recorrido que disimulase que no era más que una conexión entre ambos momentos. La taquilla volvió a respaldar a Jason, pero alguien desde un despacho de Paramount decidió cerrar de una vez la franquicia. Ingenuo…

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Viernes 13 Capítulo Final, cuarta entrega de la saga, costó un poco menos de dos millones de dólares, y recaudó más de treinta sólo en Estados Unidos. Es una de las favoritas de los seguidores de la saga, y de éste que escribe, aunque objetivamente tenga los mismos problemas que las anteriores. Prácticamente, durante una hora de metraje, no interesa nada de lo que les sucede a los protagonistas, en esta ocasión, un grupo de jóvenes (entre ellos un jovencísimo Crispin Glover) que alquilan una casa junto al lago Crystal, y al lado de la de la familia Jarvis (cuyo hijo es Corey Feldman). El guión de Barney Cohen intenta establecer un cierto paralelismo entre el despertar sexual del joven Tommy Jarvis y los sucesos traumáticos a los que tendrá que enfrentarse, pero en la práctica esto sólo se traduce en que es de los capítulos en los que hay más desnudos. No sólo eso: es de los slashers en los que el comportamiento sexual de los chicos es más manido, machista e idiota. Dicho lo cual, también es cierto que es una prueba clara de que sexo + sangre bien pueden alegrar una función, y si en la primera hora hay desnudos, en la última media hora hay sangre. Tras las cámaras se sitúa Joseph Zito, a quien un servidor siempre guardará pleistesía por “El Asesino de Rose Mary” (The Prowler, 1981). Aunque sólo sea por acumulación, Zito, tanto en aquella como en esta, consigue momentos de bastante tensión y un par de buenos sustos y, al fin y al cabo, uno no ve un Viernes 13 para encontrar respuestas a sus inquietudes sino para sobresaltarse en el sillón.

Parece que hay una versión uncut con unos seis minutos más que las copias comercializadas hasta ahora. Quizás, en esa se entiendan un poco más algunas cosas, porque Jason es un asesino completamente ubicuo en esta película (lo mismo está en el baño que en la fachada de la casa o en la cocina, sin solución de continuidad), pero hasta esto, aunque sin intención, colabora para crear desasosiego porque, literalmente, el asesino puede aparecer de cualquier lado.

Una muerte relativamente digna para Jason, y un epílogo inquietante cierran la que, para quien escribe, es la mejor etapa de la saga. A partir de aquí, todo es mucho más flojo e irregular, lo que es muy grave teniendo en cuenta los niveles de los que se viene, tampoco especialmente elevados.

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Un año después de clausurar la saga, vuelve a abrirse. Viernes 13 5, Un Nuevo Comienzo es, siempre, un punto de discusión para los seguidores de la saga. Para unos fue un intento digno de intentar cambiar el rumbo; para otros, entre los que me incluyo, un aburrimiento innecesario. Es cierto que hay que concederle el beneficio de la duda: parece ser que la MPAA se cebó especialmente con ella, y quizás la versión rodada tuviera un poco de más encanto, pero lo cierto es que lo que nos ha llegado, y veremos si en algún momento podemos disfrutar de otra copia, es una cinta pálida y desvalida, con asesinatos extrañamente anticlimáticos (¿los mencionados cortes de la MPAA?) y que, en general, constituye un rodeo gratuito y estéril para intentar justificar un nuevo asesino. A los mandos estuvieron Martin Kitrosser en el guión, quien ya se encargó de esta tarea en la tercera parte de la saga, y la dirección fue para Danny Steinmann, cuya mejor obra, probablemente, sea “Calles Salvajes”, con Linda Blair. El resultado, a pesar de todo, no pareció defraudar a la audiencia, así que al año siguiente, 1986, Jason volvió a la vida, pero esta vez de verdad: Viernes 13 6, Jason Vive. Al mando de Tom McLoughling, la saga vivió lo más parecido a una segunda juventud. No es que sea una obra maestra, ni muchísimo menos; ni siquiera, se puede decir que en ella haya todo un alarde de imaginación. Pero, al menos, Viernes 13 6 tiene la decencia de no tomarse a sí misma demasiado en serio, ofrecer una resurrección de Jason a la altura (es decir: le han quemado, electrocutado, clavado hachas, cuchillos… si sigue vivo, me creo que sea porque le cae un rayo como a Frankenstein) y asesinatos pasados de vuelta que, sin embargo, son lo que más ha perjudicado a la saga a largo plazo. Tommy Jarvis (en esta ocasión, interpretado por Thom Mathews en vez de John Shepherd, a pesar de que parece haber cierta continuidad temporal entre ambas), ya sin riesgo de convertirse en el nuevo Jason, vuelve a enfrentarse al asesino enmascarado por los alrededores de Crystal Lake. Viernes 13 6 es, por un lado, la sal de la saga y, por otro, la constatación evidente y explícita de que se había perdido el norte, y no se iba a recuperar: Jason se ha convertido en estrella, llega a las fiestas (la partida de paint ball, por ejemplo) y reparte machetazos a diestro y siniestro. Adios al suspense, hola al Jason-Rambo.

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Dos años tuvieron que pasar hasta que llegó a los cines una nueva entrega de la saga que, además, prometía renovación: Viernes 13 parte 7: La Película, cuyo título original era “The New Blood”. Al timón de la misma, en esta ocasión, se situó un experto en efectos especiales, John Carl Buechler. Sus aptitudes para el látex parecen ser inversamente proporcionales a sus aptitudes para la dirección: es el responsable de “Troll”, “Ghoulies 3, los ghoulies van a la Universidad”, o esta misma. El guión lo inició Daryl Haney pero, por problemas con Frank Mancuso Jr., lo finalizó otro guionista, Manuel Fidello (si se le busca en internet, apenas hay referencias a él, y hay quien sospecha que no existe y, en realidad, es un pseudónimo de alguien que no quería ver su nombre en la cinta). Carl Buechler declaró por activa y por pasiva que Viernes 13 7 no sería la típica secuela, que estaban trabajando para volver a los orígenes, que habría personajes interesantes y no sólo candidatos a ser asesinados por Jason… Os suena, ¿verdad? Cada vez que alguien dice eso, ya sabemos que nos vamos a encontrar justo lo contrario; o sea, más de lo mismo, personajes que la mayoría de las veces tienes la sensación de que Jason tarda demasiado en cargárselos, nulo suspense… cambiaron el diseño del asesino, y es justo reconocer que no les quedó nada mal: a estas alturas, el señor Voorhees ya es un muerto viviente, y que se le vean las costillas tiene su punto. Pero no se termina de entender por qué darle el proyecto a un experto en efectos especiales y, luego, por ejemplo, casi no mostrar los crímenes, o hacerlo de un modo tan rápido que apenas sí se los ve, como sucedía en la segunda parte. Además, incluye el que, hasta el momento, es el crimen más idiota de la saga, sabiamente copiado u homenajeado en Jason X: el del saco de dormir. Curiosamente, sin ser un exitazo, la cinta no fue mal en los cines americanos, algo que a estas alturas ya debía extrañar hasta a los ejecutivos de Paramount.

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1989. Para despedir la década, Jason se va de viaje a Manhattan. Así, tal cual. Vale que a esas alturas todavía no sabíamos que el asesino de Crystal Lake fuera a viajar al espacio doce años después, algo que sucedió cuando, tras los malos resultados de esta octava parte, Paramount vendió la franquicia a New Line. Visto en perspectiva, que Jason viajara a Manhattan o al espacio era lo mejor que podía sucederle a una saga que ya llevaba años agotada y exhausta. Y, si bien la cinta espacial de James Isaac sí que saca algo de partido a sus particulares perspectivas, la de Rob Hedden, una de sus pocas incursiones fuera de la televisión, consigue todo lo contrario: que deseemos que Jason nunca hubiera salido de su bosque. No pega en Manhattan, parece Paco Martínez Soria con las gallinas llegando en tren a Madrid. Además, en una Nueva York como la que describe la película, en la que, a poco que te descuides, te inyectan heroina y te violan, el asesino enmascarado no es ni siquiera un gran peligro. Hedden intenta cerrar la saga y buscar un final sobrenatural, pero la verdad es que a estas alturas nos importa todo ya más bien poco. Dana Kimmel, Chris en Viernes 13 3, con el título de peor “última víctima” de la saga, le cede el testigo con todos los honores a Jensen Daggett. Su historia es digna de telefilme de Antena 3: niña con miedo al agua que se embarca en un crucero. Y, luego tiene un flashback en el que resuelve su conflicto freudiano… mirando un charco mugriento del puerto de Nueva York.

¿Conclusión? Jason Voorhees es un tío con suerte. De sus ocho primeras y originales películas, asociadas a Paramount, se salvan de la quema muy pocas; para quien escribe, la primera, y prólogos y finales de la segunda, tercera y cuarta parte. El resto, bien merecen el olvido en el que andan. Que Jason, como icono, haya sobrevivido al material que se le ha dedicado es sólo una muestra de que tenía (¿y tiene?) potencial. Cualquier otro con menos carisma, o suerte, no hubiera sobrevivido a su trayectoria fílmica y hubiera muerto hace años ya, sin tantas “segundas” oportunidades.

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Algo así debieron pensar, también, en New Line Cinema. O eso, o les costó quedarse con los derechos de la saga demasiado caro como para dejar a Jason descansar en paz… y se plantearon una (otra) última película que diera un mínimo sentido a la naturaleza sobrenatural del asesino y, de paso, dejara abierta la puerta a un proyecto añorado tanto por fans de la saga como por ejecutivos ávidos de una nueva franquicia: Jason contra otro asesino longevo, Freddy. Así que, tras varias reescrituras y propuestas, en 1993 ve la luz la novena parte de Viernes 13: “Jason Goes to Hell: The Final Friday”. Es justo reconocer que la película de Adam Marcus (responsable del guión de Texas Chainsaw Massacre 3D) intenta dar un giro de 180 grados con respecto al argumento de las anteriores, y que ofrece alguna ración de gore por encima de la media. Pero, aquí, el problema es que se aleja tanto de la franquicia que ésta resulta casi irreconocible. Es decir: si en vez del Jason del título estuviéramos hablando de Horace, o Max, o cualquier otro, la película podría ser la historia de un asesino cuyo cuerpo muere, pero no su espíritu. De hecho, pocos años antes, dos películas, “Shocker” de Wes Craven y “House III / The Horror Show” de James Isaac (quién también dirigirá Jason X), pusieron de moda dicho argumento… y aún hoy encontramos alguna muestra del mismo. En resumidas cuentas, quizás alguien pensó que lo mejor era alejarse para ofrecer un producto diferente, pero fueron demasiado lejos. Al margen de los problemas de concepción, Jason Goes to Hell no es ninguna maravilla. Tiene momentos aislados en los que se genera cierto desasosiego, y un par ya mencionado de escenas gore pero, en general, la historia no es muy interesante, las fantasmadas (el FBI despliega todas sus fuerzas para capturar a Jason Voorhees) a un servidor siempre le han tirado hacia atrás, y los demonios reservados para la traca final, tanto el que alberga Jason en su interior como los que le arrastran al infierno, no parecen dignos de K.N.B., que son quienes llevan a cabo los FX.

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El batacazo en la taquilla americana no fue mayor que el de Friday the 13th VIII: Jason Takes Manhattan, y un poco por debajo de lo conseguido por Friday the 13th VII: The New Blood, pero, como éstas, apenas consiguió distribución fuera de Estados Unidos, lo que limita considerablemente las posibilidades comerciales de una película. Como resultado de todo esto, Jason estuvo de relax casi una década, y cuando volvió, estaba en otra órbita… literalmente: Jason X. La excentricidad tampoco funcionó mucho mejor en taquilla que cualquiera de las últimas secuelas, pero sí consiguió la luz verde para la ansiada “Freddy vs. Jason”. La dirigió Ronny Yu, que consiguió el trabajo tras su buen hacer en “La Novia de Chucky” unos años antes. El guión recayó en manos de Damian Shannon y Mark Swift, de quienes hasta entonces no figura ningún trabajo. La mayor controversia fue que Kane Hodder no iba a interpretar a Jason en el combate final, motivo por el que, para muchos, la película no vale la pena. Personalmente, no creo que con Hodder hubiera habido una gran diferencia: el principal problema, para quien escribe, es la manera en la que deciden reunir y luego enfrentar a los dos villanos. Es… bastante hermética y poco atractiva, y obliga a que Freddy recuerde, de vez en cuando, qué está haciendo y por qué, lo que significa que ninguno de sus responsables tenía muy claro que aquello fuera una buena excusa para la pelea. La película, además, sirve para reunir los peores defectos de cada saga: Freddy es un showman sin gracia que se dedica a hacer juegos de palabras, y Jason una mala bestia parda que ha perdido cualquier capacidad de generar suspense en pro del machetazo (véase la escena de la fiesta en el maizal, por ejemplo: es imposible sentir miedo cuando parece que lo que se está viendo es más una batalla de una película de guerra en vez de una escena de una película de terror). En fin…

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2003 podría haber supuesto el fin para estas dos sagas. De hecho, debería haberlo sido, ya que la película no funcionó mal en taquilla y no creo que nadie a esas alturas pensara que ninguno de los dos viejos iconos, en un mercado a punto de recibir al puzle de “Saw” o a los agresivos “Hostel”, que iban a subir un par de escalones en lo que al gore en el terror mainstream se refiere, pudiera resultar rentable. Pero así fue y, en plena vorágine reboot, Platinum Dunes (o sea, Michael Bay) reune a las dos productoras asociadas a la saga, Paramount y New Line Cinema, para volver a traer a la vida a Jason: la reseña del resultado podéis leerla aquí. Lo paradójico de todo el asunto es que, teniendo tantas cosas en contra, Viernes 13 2009 es la mejor secuela en treinta años, con todo lo bueno y lo malo que conlleva esa afirmación. Marcus Nispel a la dirección, y Damian Shannon y Mark Swift al guión, consiguen rejuvenecer a un viejo asesino. A lo mejor, Jason Voorhees sí que tiene potencial para seguir su matanza en pleno siglo XXI.

El quid de la cuestión parece estar en la capacidad o no de los viejos asesinos para adaptarse a los nuevos tiempos. Freddy Krueger tuvo su oportunidad y, aunque el producto no era vergonzoso, se quedó a medio camino; Leatherface ha tenido mejor suerte: dos reboots decentes y una “resurrección” en 3D ante la que la taquilla respondió pero no la crítica, y con razón. Michael Myers fue adoptado por Rob Zombie, y para muchos volvió a la vida, pero para otros nació cadáver. Y Jason Voorhees ha llegado hasta aquí. Se especula con un Found Footage para la siguiente parte, y la idea tiene tantos detractores como defensores. Quizás, soy un nostálgico; tal vez, mis años de indulgencia adolescente con el terror me coincidieron con este señor y su máscara de hockey, y si las secuelas venideras, si las hay, se parecen a la última, estaré encantado de ir puntualmente al cine a verlas, lo mismo que las nuevas generaciones han ido, puntualmente, a ver las andanzas del Puzzle de Saw.

Imágenes de la película

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Tráiler

Vuestros comentarios

1. feb 16, 17:53 | Bob Rock

Bravo!! m-a-g-n-í-f-i-c-o Manu!!

Un artículo dinámico y accesible sobre una saga que nos guste o no es parte de nuestras vidas como aficionados!

Un abrzo

2. feb 16, 20:00 | Elchinodepelocrespo

Fenomenal repaso!

3. feb 17, 01:04 | Crimson

Soy un fiel lector pero no suelo dejar comentarios, este artículo lo merece, y un hurra y un bravo! Excelente repaso.

4. feb 17, 18:27 | Asasimon

felicitaciones. Excelente articulo. Jason logro dañarme unas buenas noches en mi juventud.

5. feb 17, 21:05 | FrancHis

Qué excelente artículo. Y esta es una de mis sagas favoritas. No porque sean una obra maaestra sino porque son ridículamente divertidas algunas de ellas.

Totalmente de acuerdo con que la mejor, además de la primera, es la cuarta, con Corey Feldman.

Recientemente vi The Prowler. Me gustó bastante. :)

Saludos!!!

6. feb 18, 00:39 | Mountain

Excelente artículo que ha hecho que tenga aún más ganas de ver “Crystal Lake Memories…”. Me pongo a ello ya mismo.

7. feb 18, 01:09 | Joan Lafulla

Manu, al leer tu artículo me entraron unas ganas enormes de volver a revisar toda la saga de Viernes 13… y no tengo muy claro si darte las gracias por ello o pedirte responsabilidades :-)
Ahora en serio, un artículo genial.

Un abrazo.

8. feb 18, 16:02 | MLC

Para mí la saga de Viernes 13, la auténtica, va de la primera peli a la cuarta, que debería haber sido realmente el último capítulo. No me opongo a nuevas pelis, pero si las hacen a la antigua usanza (tipo I, II, III y Final Chapter) mejor que mejor. Porque después de la cuarta la saga no levanta cabeza.

9. jun 6, 15:43 | Franco.

La saga posta va de la 1 a la 4. Me encantan la 2 y la 3, las mejores para mi. La 1 es muy buena pero Jason no aparece y la 4 zafa pero me llega a aburrir.
La 5 la veía como una rareza y no es tan mala, la 6 7 y 8 pierden mucho la esencia de las primeras y la 9 es un bodrio. Jason X, Freddy vs Jason son entretenidas pero no tienen nada que ver con nada.
Y el remake.. Es mucho mejor que los de la Masacre de Texas y Pesadilla en la Calle Elm pero, al igual que el de Halloween, pienso que es una película entretenida pero tiene esas cosas del cine actual y moderno que no me caben.
En fin, está es la mejor saga de películas de terror. La única que tiene más de una película que vale la pena ver.

10. sep 8, 05:45 | HOMO...SAPIEN

saben, lo unico que ha evolucionado en la saga es la forma de tener sexo y el incremento de tetazas (yummi). en las primeras los chavales hacian “el amor”, ahora fervido sexo salvaje cachondón XD (vamos, que nos desarrollamos igual que estos prendidos). y en la ultima ni se esmeró Jason en brindarnos algo nuevo… apun así, inconmensurable!! esperando la serie!!!

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