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Friends Don’t Let Friends

Todos tus amigos están muertos

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Cuando un grupo de amigos se reúne para encubrir un asesinato, terminan perdidos en lo profundo del desierto y tienen que unirse para salir vivos. Cuanto más se aventuran en la oscuridad más se acercan a descubrir que cada uno de ellos está preso de su propia culpabilidad y egoísmo. Es solo cuestión de tiempo, acechados por un vengador de ultratumba, antes de descubrir que cuatro personas pueden guardar un secreto sólo cuando tres de ellos están muertas.

Un slasher sobrenatural siempre es un buen desengrasante para la realidad, máxime cuando el cine en general se reviste de los artificios que una película de bajo presupuesto como “Friends Don’t Let Friends” no podría soñar, producida por su propio director y la parienta. Luego el resultado es bien distinto, porque todos los caminos del terror están trillados y la puesta en escena acaba oliendo a pedo, por mucho que tanto lugar común debería rodarse sólo. James S. ‘Jamie’ Brown viene a unirse al nutrido grupo de cineastas debutantes que le ponen más ganas al asunto que talento, lo cual no sería una mala carta de presentación de tener otros proyectos más jugosos a mano con los que cortar el chute de terror sobrenatural birrioso en que se ha convertido el panorama global, desde Tokio a Madrid. Con todo, y aun a riesgo de saber que me daré la gran ostia, “Friends Don’t Let Friends” parece contener todos los elementos que nos han congregado en estas horas aciagas alrededor de los últimos rescoldos de la dignidad del género. Nunca llovieron los millones sobre vampiros, poseídos y hombres lobo; las pelotas y la creatividad han sido el mejor combustible para tenernos pegados frente a la pantalla durante hora y media.

Por eso, y porque soy subnormal, intentaré darle una oportunidad ahora que ha sido estrenada recientemente en plataformas digitales. Además me quedo con las palabras de su director: “he intentando rodar mi ópera prima como si se tratase de algo prohibido, para que el espectador sienta que está viendo algo que no debería”. Esa sensación de peligro y mal rollo es la que hizo grandes nuestras tardes adolescentes trapicheando con VHS’s roñosos, con por ejemplo “Pesadilla en Elm Street” grabada en ellos, y ojalá algún nuevo proyecto consiga transmitir algo parecido a mí o a las nuevas generaciones.

Imágenes de la película

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