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Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

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  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento: Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

Vuestros comentarios

1. dic 19, 00:42 | davidgore

Tu lo has dicho Almas. Cine de mal gusto. Pero en mi humilde opinión, de obligada visión. Puta bizarrada de los cojones. Yo me quedé anodadado, lo juro.

Saludos Joan.

2. dic 19, 00:54 | MASP

A mí me está pasando lo mismo! Estoy padeciendo en los últimos años una especie de peligrosa espiral snobista que me acerca más a ciertos estilismos visuales que a las gamberradas “videocluberas” que solía alquilar en mis tiempos mozos. Será contagioso, Joan? Será un síntoma de madurez cinéfila o una muestra de apatía degenerativa progresiva?

No puede ser! Creo que este finde voy a verme de nuevo “Braindead” y “Aftermath” (mediometraje brutal de Nacho Cerdá) para vacunarme e impedir que esta afección vaya a más.

Por cierto, he pillado el fotograma que hace referencia al objeto de complemento femenino que llega a verse en el trailer. Vaya tela… XD
Un Saludo!

3. dic 19, 01:13 | Elizabeth

“Tampón” le llamamos por acá, y si, es demasiado. Confieso haber visto con cierto gusto “Gutterballs”, pero creo que esta me supera.
Por ahora, paso.

4. dic 19, 14:34 | Bob Rock

Hola Almas Oscuras.

El uso de un tampón (usado, espero) como condimento del té me parece una auténtica guarrada pero nada que no haya sido imaginado ó intuido desde hace muchas décadas. Las Slits (grupo punk de finales de los setenta) usaron muchos tampones para adornar sus chupas (y en la serie The Young Ones hay un gag buenisimo con unos tampones en una fiesta).

Yo creo que no es que nos hagamos viejos. Porque, extrañamente, cuando veo una bizarrada de los viejos tiempos (las que ha nombrado Joan y aún añadiría Blood Dinner, Brain Damage, Spookies…) me sigue gustando y pareciendo simpática. Me divierte, me entretiene. Pero todos sabemos que en Mal Gusto hay algo más que mal gusto. Y es que una película puede ser asquerosa y buena ó asquerosa y mala. Todo es compatible.

Así que animo viejales, el adolescente eterno todavía duerme en nuestras venas.

Un saludo

5. dic 25, 21:06 | Pablo

Totalmente de acuerdo con la crítica. Gutterballs era mucho más interesante en términos de narración. Hanger, en cambio, es una seguidilla de viñetas, cual de todas más horrenda, sin ninguna relación entre sí. El problema es que la historia se toma a sí mismo demasiado en serio y los recursos de producción no logran convencer (ver el maquillaje de Leroy 18 años después, por ejemplo). La escena del aborto es realmente repulsiva. Un nuevo concepto para el videonasty.

6. ene 1, 22:05 | Carde

Por fín!!! Que reseñón, soys unos maestros. La película es una auténtica aberración de lo bizarro, una maravilla impagable, no veo el momento de ver la nueva locura que haga este hombre, esta noche veré Gutterballs como homenaje personal (estoy fatal).
1.000 gracias por la reseña crack, de puro culto.

7. ene 1, 23:03 | Almas Oscuras

Carde – ¿volver a ver Gutterballs como homenaje personal? Impresionante… estás fatal… tú mismo lo has dicho ;-)
Me alegra que te gustara la reseña Carde. Yo, tal y como apunto al final de la misma, estoy casi seguro de que volveré a ver el próximo trabajo de Nicholson (también estoy fatal…)

saludos

8. ago 18, 04:23 | Jorge Guateque

Personalmente, para nada me gusto.

Este tipo de “peliculas” requiere de una audencia especial, que le guste ver situaciones grotescas sobrepasando por mucho, los limites admisibles para una mente normal.

En fin, entre gustos …………

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