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Popcorn

Con mantequilla, risas y sangre

Popcorn reseña

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  • Título original: Popcorn
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1991
  • Director: Mark Herrier
  • Guión: Alan Ormsby
  • Intérpretes: Jill Schoelen, Tom Villard, Dee Wallace
  • Argumento: Un grupo de estudiantes prepara una maratón de terror en un viejo cine, sin saber que su antiguo propietario, un psicópata conocido como "el poseedor", ha vuelto para revindicar su macabra visión del cine.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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”El Poseedor”, un asesino sin escrúpulos y sin rostros, está decidido a terminar su ritual/cortometraje en la maratón de cine de terror que ha organizado el cineclub del instituto.

Slasher cómico poco conocido, “Popcorn” supone un ejercicio, fallido narrativamente, de metacine de horror que se adelanta varios años a “Matinee”, “Scream” e, incluso, “El Último Gran Héroe”; en cada una de sus diferentes especialidades. Esta originalidad poco común es regada con la caspa propia de principios de los noventas y otros elementos exóticos como su banda sonora, plagada de reggae de mercadillo por cortesía de un grupo local de dudosas cualidades artísticas, y es que la película está rodada en Kignston, Jamaica, por aquello de abaratar costes. Hablamos de una obra destinada al público adolescente de la época, parida con los medios justos, pero que, sin embargo, destaca por su fuerte componente nostálgico, en concreto se recrea en el cine fantástico de finales de los años cincuenta, con una fijación especial por el trabajo de William Castle, de cuyos ”gimmicks” se apropia “Popcorn” para enriquecer sus dos vertientes: la comedia juvenil y el slasher pasado de rosca.

Aunque puestas sobre el papel estas intenciones sean inmejorables, el resultado final no supera el batiburrillo caótico montado con los pies e interpretado por un grupo de actores desganados. Eso sí, elenco que lleva el guión, muy salado él, a las cotas del ridículo necesarias para que el espectador actual se homenajee a sí mismo con una sesión de risas crueles, a la vez que disfruta de las andanzas de un psicópata de enorme potencial: “El Poseedor”. Aquellos que se adentren en esta curiosa mezcla han de saber que la comedia intencionada no funciona, bastante tontorrona, y que su parte terrorífica no puede más que definirse como descafeinada; eso sí, estamos ante una película única en su especie. La cual vale su peso en oro ya sea bien por esas constantes referencias cinéfilas o por el carisma de su villano, un desquiciado asesino de habilidades camaleónicas.

Maggie es una chica corriente y mona de una pequeña localidad norteamericana corriente y mona. Sin embargo, sufre de unas pesadillas cercanas al cine experimental de Kenneth Anger. ¿Será algún efecto colateral de una infancia transcurrida sin padre, desaparecido misteriosamente? Entre las aficiones de Maggie se cuenta el cine, por eso asiste a unos cursos específicos que corren el riesgo de ser cancelados por el avieso director del instituto. Para no comprometer las clases y practicar trabajo de campo, el profesor en cuestión embarca a sus alumnos – un grupo de chavales apasionados por el terror y cualquier otro género minoritario – en un maratón de películas de horror de los años cincuenta con objeto de recaudar fondos y demostrar que su afición sirve para algo.

Teniendo como base de operaciones un viejo cine a punto de ser clausurado, los jóvenes lo reforman con ese buen ánimo que sólo existe en el mundo imaginario de los montajes musicales. Consiguiendo llena el local por arte de magia para disfrutar del visionado de “Mosquito”, “The Amazing Electrified Man” y “The Stench”. Además, como ingrediente esencial de este homenaje al cine de los cincuenta y sesenta, amenizan las proyecciones con disfraces y diferentes trucos para sorprender al espectador: un mosquito gigante colgando del techo; butacas electrificadas; gases malolientes. Material cedido por cortesía de un amanerado viejecito que podría pasar como un cruce entre William Castle y Vincent Price

En las vetustas instalaciones descubren por accidente un rollo de película de lo que parece un corto experimental psicodélico. Precisamente entroncando con las pesadillas de Maggie, la cual descubre horrorizada que el anterior propietario del edificio provocó una masacre cuando intentaba terminar su película, “El Poseedor”, durante una especie de ritual marcado por el asesinato de inocentes y el incendio posterior donde ese chiflado terminó desaparecido. ¿Cuál es la relación de Maggie con este sucesos?

Por fin el maratón da el pistoletazo de salida con un éxito de público sorprendente, filas de butacas llenas de “freaks” con ganas de pasárselo bien y comer palomitas hasta reventar. Pero lo que se prometía como una noche de risas y cine casposo, el sueño de los aquí presentes, termina convirtiéndose en el patio de juegos de un asesino despiadado. Un ser desquiciado que se oculta tras diferentes rostros, y cuyo objetivo parece ser el recrear la fatídica noche del incendio, dando fin así al cortometraje inconcluso para gozo de una platea sedienta de sangre.

¿A qué suena interesante? ¡Y diablos si lo es! El gran problema de “Popcorn” es que no sabe equilibrar sus dos vertientes, entre la diversa incapacidad técnica de la que hace gala. Tenemos un arranque de risa con esos estudiantes de bellas artes que parecen tontos, la típica carnaza de un slasher convencional, entre los que destaca su protagonista, por ñoña y por unas pesadillas propias de un mal viaje de ácido. Enfrentado el colorido mundo juvenil con un elemento sórdido y macabro que jamás llega a detonar, nos encontramos de golpe y porrazo con una sala de cine, preciosa y como ya no existen, poblada de garulos disfrazados entre los que se mueve un psicópata experto en realizar máscaras de látex para camuflarse y actuar a placer.
Escena, una bañera llena de estas caretas, que da arranque a la película, haciéndonos creer que asistiremos a una matanza digna, tanto en cantidad como en calidad, del mejor Dario Argento. Nada más lejos de la realidad, no entiendo muy bien por qué razón, “Popcorn” se muestra pacata en cuanto a las muertes de sus personajes, obsesionándose en seguir los descubrimientos de Maggie, mucho menos interesantes. Sus desventuras, naifs y mezcladas con una sub trama romántica típica de Joe Dante, así dará con las dos únicas revelaciones clave de la trama. De origen bastante inocente, sientan las bases de la identidad del asesino y como terminará todo el asunto. Un “happy ending” que de nuevo nos lleva al estilo de cine que es homenajeado con tanto cariño.

Lo mejor de este aséptico juego de cine dentro del cine serían las películas exhibidas, y de las que veremos la mayor parte gracias a un montaje en el que saltamos de forma inmisericorde entre la pantalla de la enorme sala, donde se congregan nuestros protagonistas, y la acción tras bambalinas, bastante sosa hasta que “El oseedor”, nuestro adorable asesino, se revela en toda su histérica dimensión. Un interesante trasunto del fantasma de la ópera, pero eso todavía no viene a cuento.
Estábamos hablando de las películas proyectadas – “Mosquito”, “The Amazing Electrified Man” y “The Stench” –, todas expuestas en clave cómica. Y aunque no resulten muy graciosas, y eso que el público presente parece pasárselo de miedo, son todo simpatía gracias en parte a esos guiños a los gimmicks de Castle: “Project-O-Vision”, “Shock-O-Scope” y “Aroma-rama”, respectivamente. Bromas entre la audiencia que ayudan a generar ese ambiente festivo que sí sabe transmitir “Popcorn”, en detrimento de un terror que no aparece por ninguna parte, salvo en las muertes puntuales de algunos miembros del comité organizador del maratón. Escenas imaginativas sólo en el punto de basarse en los “sobresaltos” a los que es sometido el respetable.

En cuanto a “El Poseedor”, no es hasta llegado al último tramo del metraje, la hora y media de rigor, que se revela quién se esconde, cómo y por qué detrás de una serie de máscaras de látex que lo hacen indistinguible, gracias a un modulador de voz, de cualquier de los allí presentes. Causando la confusión y el caos entre los adolescentes que han organizado el jolgorio. Este villano de opereta, nunca mejor dicho, es magníficamente sobreactuado por Tom Villard (“El Sargento de Hierro”, “Un verano loco”), el único actor que a mi juicio entiende que es lo que pide una película como “Popcorn”: mucho desmadre. Digamos que de la escuela de Jim Carrey, ahí es nada.
Al respecto del elenco encontramos la anecdótica presencia de Dee Wallace, grandísima actriz muy asociada al género en los ochentas (“Critters, “E.T.”, “Aullidos”, “Cujo”); así como un protagonismo exagerado para* Jill Schoelen*, que por la época apuntaba maneras como “chica adorable” en películas del corte de “El Fantasma de la Ópera”, junto a Englund, o “Clase Sangrienta”, junto a Pitt. Lo que parece la plataforma ideal para alcanzar “Popcorn”, deudora circunstancialmente de ambas. No obstante, que el casting suponga una circunstancia decepcionante termina por combinarse a un guión cogido alocado, y cogido con pinzas, para dar lugar, como decía más arriba, a una comedia de horror bastante novedosa para la época. Todo lo que durante su estreno fue ignorada, sin llegar a recaudar cinco millones de dólares a pesar de una importante distribución, hoy merece ser reivindicada asumiendo sus múltiples aristas.

Como curiosidad, comentar que el equipo tras las cámaras – historia, guión y dirección – está íntimamente ligado a la saga “Porky’s”; signifique esto lo qué signifique. Por un lado encontramos como director a Mark Herrier, más conocido por asumir el rol de Billy en la citada saga. Pero es que en el guión, y ayudando a Herrier en labores de segunda unidad, descubrimos el nombre de Alan Ormsby, perpetrador de la segunda parte de “Porky’s” entre otros guiones no menos curiosos: “El Beso de la Mujer Pantera” o “Los niños no deberían jugar con cosas muertas”. Un extraño bagaje que quizás explique las diferentes influencias que convierten a “Popcorn” en una auténtica rareza.

A pesar de esa tosquedad narrativa a la que he aludido en varios puntos o la falta de coherencia de su historia – rozando el vodevil, puede que de manera más intencionada de lo que creemos –, estamos ante un proyecto que todo amante del “slasher” debería conocer. A su vez, negarle un importante factor de divertimento, especialmente por su forma de abordar el mundo cinematográfico, sería un error del mismo calibre que pensar que hemos encontrado una pequeña joya de terror “underground”. Más cutre de lo que un servidor la consideró en su momento, “Popcorn” sirve para celebrar sin prejuicios, junto a sus personajes, la pasión que sentimos por el séptimo arte más costroso e irreverente. Buscadores de lógica o cine de masas, aléjense como si poseyera doble hilera de colmillos.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Las partes que recrean tres película de terror de los años cincuenta: "Mosquito", "The Amazing Electrified Man" y "The Stench".

Lo peor: Actuaciones mediocres y no llevar la trama slasher a un primer y sangriento plano.

Vuestros comentarios

1. ene 22, 22:56 | Mountain

Me ha picado la curiosidad y mira que hace muchos años que la caspa, aquí parece que hay bastante, está fuera de mis prioridades, pero ese homenaje a pelis de los cincuenta y ese toque slasher la hacen muy apetecible, voy a por ella!

2. mar 12, 01:15 | Bob Rock

Mountain.- ¿La viste? ¿Te ha molado?

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