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The Mind's Eye

El ojo inyectado en sangre

The Minds Eye Crítica

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  • Título original: The Mind's Eye
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2015
  • Director: Joe Begos
  • Guión: Joe Begos
  • Intérpretes: Graham Skipper, Lauren Ashley Carter, John Speredakos
  • Argumento: Dos psíquicos huyen de unas instalaciones donde un doctor intenta robarles el secreto de sus poderes.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Zack Connors y Rachel Meadows nacieron con capacidades psicoquinéticas increíbles. Cuando la noticia de sus talentos sobrenaturales sale a la luz, se encuentran prisioneros de Michael Slovak, un médico desquiciado cuya intención es cosechar sus poderes. Después de una audaz fuga consiguen dejar atrás la siniestra institución, pero el corrupto doctor no se detendrá ante nada para rastrearlos de manera que pueda continuar absorbiendo sus mentes.

“The Mind’s Eye” es una honesta película de serie B que basa su estrategia en la visceralidad, pero poco más. A estas alturas del partido no es moco de pavo, a pesar de que algunos esperásemos una pequeña obra maestra. Nos encontramos ante el sincero intento de recuperar el cine de finales de los ochentas, como ya hemos visto en “We are still here”, “POD” o “Almost Human” (también dirigida por Joe Begos), obras que preludian la línea de la película que hoy tratamos; eso sí, la fórmula está ya muy depurada y “The Mind’s Eye” ofrece un espectáculo más vistoso y equilibrado que el de sus predecesoras.
Sin embargo, es tal su empeño por trasladarnos en el tiempo que se deja por el camino mucha personalidad propia, transitando espacios y escenas cuyo planteamiento conocemos de antemano. No sólo eso, a la sensación de producto menor, por obligarse a compararse con proyectos que fueron mucho más creativos en su época, debemos sumarle un bajo presupuesto que se deja notar en pantalla cuando presenciamos una atmósfera irregular, a veces demasiado neutra y barata.
Enfocándola entre los distintos gustos de los aficionados, estamos ante un auténtico disfrute para el sector que busca con nostalgia rememorar las sensaciones cuando descubrieron “Scanners” de David Cronenberg, una obra única incluso a día de hoy. Al público con gusto por la serie B ochentera y los efectos prácticos, sin una gran historia detrás, también les supondrá un plato apetecible, bendecido por un ágil ritmo que se sigue con gusto aun usando un esquema, diálogo-secuencia de acción, muy trillado. Si por el contrario, independientemente de filias concretas, estáis un poco hartos del revival que vive el cine de género y queréis una historia que apunte hacia argumentos más evolucionados, esta experiencia os supondrá un pequeño trauma. Por supuesto, los que busquen una nueva “Insidious” o terrores más comerciales todavía deben alejarse de este “Delorean” con vocación a fiesta en maratones de medianoche.

Entre alguna de esas gradas me encuentro yo, desubicado, contento con el nuevo trabajo del prometedor Joe Begos, pero también preso de emociones encontradas. Esperaba más, bastante más. Soy un gran admirador del responsable de “Videodrome”, “Rabia” o “Vinieron de dentro de…”, obras maestras que constituyen parte fundamental de mi educación como aficionado al cine de género. No en vano hablamos del creador de esa tenue corriente que fue “la nueva carne”, una serie de películas interesadas en explorar los límites humanos, su relación con la tecnología, desde un prisma científico, frío y muy pesimista.
Todos hemos de reconocer a David Cronenberg como uno de esos directores con voz propia que camparon a sus anchas por la década de los ochentas dejando una impronta que hoy acecha a los nuevos cineastas como una pesada losa. Creo sinceramente que Begos está lejos de este grupo de “Maestros del Horror”, y lo está porque él mismo ha decido rendirse al homenaje como única vía de lenguaje. “Scanners” no es sólo la principal influencia de “The Mind’s Eye”, su misma campaña promocional nos la vendía como una secuela en espíritu más fidedigna a la original que las continuaciones oficiales, es un remake encubierto con menos medios y ninguna profundidad moral o amoral. Precisamente, es tanto lo que Begos bebe del director canadiense que uno duda de la voz propia de este joven artista, ¿qué sentido tiene reinterpretar una película que ha calado tan hondo en el imaginario colectivo?
Aunque Begos merece un gran reconocimiento por la autenticidad de su segundo proyecto, esto no es más que una versión descafeinada, ni siquiera actualizada, de la mencionada “Scanners”. He echado en falta personajes memorables, la historia de venganza y deseo de poder es tan básica que los acontecimientos se van precognizando por sí solos (¡y no soy un mutante!). También me parece una gran pérdida la ausencia de crítica corporativa en pro de una trama basada principalmente en el rol del típico científico loco que reinaba las estanterías de los video clubs, simpático personaje gracias a su megalomanía de comic, pero poco carismático si lo comparamos, por ejemplo, a los doctores Paul Ruth o Herber West.

Siendo justo, aunque en lo personal haya disfrutado bastante con “The Mind’s Eye”, he de reconocer que se ve y siente como una película pequeña, demasiado limitada. Sólo explota cuando los efectos de la telequinesis campan desbocados en pantalla, y lo hace, eso sí, con una fuerza encomiable, sin piedad, llenando la pantalla con sangre artificial a borbotones y látex reventado. Ojalá esa visceralidad visual se hubiese trasladado a un argumento que se reduce a dos telequinéticos, un hombre y una mujer cuya relación es lo más forzado que he visto en tiempos, los cuales se escapan de las instalaciones de ese doctor malvado, vagamente asociado al gobierno, buscando refugio en la casa del padre de él. El metraje, afortunados noventa minutos, se completa con la destructiva búsqueda de los sujetos escapados a manos de unos sicarios sin personalidad alguna, mención especial para el telequinético “tuerto”, y la venganza posterior de nuestro protagonista para culminar en el duelo final entre héroe y villano, las escenas más espectaculares de toda la película.

Uno de los principales problemas para que la estructura diálogo-secuencia de acción no funcione son los actores elegidos. Últimamente parece que Graham Skipper (“Worry Dolls”, “Carnage Park”, “Almost Human”) y Lauren Ashley Carter (“Pod” , “Darling”) persigan mis visionados, tanta es su presencia en la producción independiente de género norteamericana. La mala noticia es que , demasiado convencionales para mi gusto. No es que sean actores poco esforzados, su intensidad resulta innegable, para mi gusto no salen de un tono monocorde y aburrido, en este caso la exaltación de los poderos psiónicos a través de unos ojos abiertos como huevos duros. Añadamos a estos dos nombres el de Larry Fessenden, otro sospechoso habitual en este tipo de producciones, el cual se marca un papel muy intrascendente que recalca otro grave defecto conceptual: la forma tan ligera de establecer las relaciones entre los personajes. Si Carter y Skiper son dos telequinéticos forzados a amarse por designios de un guión maniqueo, peor es con Fessenden, obligándole a ejercer de padre en absoluto sorprendido por el regreso de su hijo siete años después de su vil huida.
No se puede negar cierta actitud apática a la hora de resolver unos diálogos que le quedan grandes a todos los actores menos a John Speredakos (“The Inkeepers”, “House of the Devil”, “I Sell the Dead”), el psicótico villano de la función. Este veterano actor es el único que aprueba por los pelos su trabajo, le falta mucha credibilidad, pero en comparación a sus compañeros de trabajo resulta ameno verlo en pantalla.

La trama nos ubica en pleno 1991, lo que justifica una estética y filmación que, por otro lado, tampoco aporta nada, como contexto temporal resulta poco menos que anecdótico si obviamos una banda sonora llena de sintetizadores, la cual se erige en perfecto acompañamiento de los poderes mentales de los que hacen gala los protagonistas de la película. Por otra parte, los decorados y otros detalles artísticos aluden a una falta de imaginación acuciante. Puedo entender que la casa de un jubilado esté desangelada, ¿pero la residencia y laboratorios de una organización enfrascada en la investigación de mutantes en la sombra? Anécdotas de este tipo son las que impiden a “The Mind’s Eye” ser la obra de culto que muchos esperábamos.

En definitiva, Begos sigue demostrando un talento y un amor por el género difícilmente igualables por ningún otro director hoy en día. Donde Ty West se muestra baboso, Begos dispara a matar, a las partes blandas del cuerpo. Y nunca podremos estarle lo suficientemente agradecidos por ello. No obstante creo que el espectador fiel, él mismo, se merece algo más personal, una historia con regusto clásico pero que, sin perder honestidad, explore nuevas vertientes de un género, el terror, que me niego a considerar muerto y enterrado. Si te gusta la serie B y no tienes prejuicios, si no te importa que “The Mind’s Eye” sea una copia inferior de “Scanners”, pasarás un rato estupendo. Únicamente intenta controlar tu mente, en este caso tus expectativas… al resto de capacidad sobrehumanas – piroquinesis, radiestesia, precognición, bilocación – déjalas volar… nunca se sabe cuando está cerca un ojeador de la Fundación Kauffman.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Sus efectos especiales artesanos, una delicia sangrienta para los sentidos.

Lo peor: Sus actuaciones dejan que desear, especialmente si hablamos de los secundarios.

Vuestros comentarios

1. sep 27, 00:24 | Ivan Argo

En mi humilde opinión creo que el error de esta película es que ella misma se toma en serio durante el primer tramo. Todo muy patrulla X pero con escenas inexplicables como tener encerrados a dos tíos que controlan la mente vigilados por tres peleles y un malo a medio hacer. Hasta que no entran en casa del padre y comienza la sangría no me pareció estar ante un producto de serie B como es The Mind’s Eye. La segunda parte es más entretenida y divertida, sales con un buen regusto de gore pero con el resquemón de que pudiera haber sido algo más grande.

2. sep 28, 21:08 | Bob Rock

Ivan Argo.- Sí, digamos que las situaciones no tienen nada de creíble, por eso mejora cuando simplemente se dedica a los trapicheos clásicos de la serie B. Con todo me gustó relativamente, pero había mimbres para una pequeña joya y se queda en… visible…

Saludete!

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