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TLMEA

La pesadilla de los traidores

TLMEA Reseña

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  • Título original: TLMEA
  • Nacionalidad: Alemania | Año: 2016
  • Director: Kevin Kopacka
  • Guión: H.K. DeWitt, Kevin Kopacka
  • Intérpretes: Anna Heidegger, Cris Kotzen, H.K. DeWitt
  • Argumento: Dos policías encubiertos quedan atrapados en un bucle onírico cuando realizan una redada en los suburbios.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Dos policías encubiertos se encuentran atrapados en una extraña red de pesadillas sobre el Infierno cuando emprenden una redada.

La magistral obra de Dante Alighieri, “La Divina Comedia”, destripaba el Infierno concebido como una serie de círculos o niveles basados en la jerarquía del mal establecida por la razón, según Aristóteles. Todos los pecadores sentían como la mayor de sus penas la lejanía de Dios, pero los peores, encerrados en el noveno círculo, eran los traidores, aquellos que realizaban el mal de forma consciente, pervirtiendo la confianza, lo más sagrado, de aquellos que los rodean, los más cercanos y, por lo tanto, los más vulnerables. Este círculo helado se divide en cuatro rondas, aunque algunos han terminado asociando la tercera de las mismas como el propio círculo, en este caso la ronda “Ptolomea”. En esta eterna superficie de hielo yacen los pecadores en posición supina y con el rostro sin cubrir, aquí encontramos a los peores felones, pues su relación con los traicionados se basa en la mera voluntad, sin vínculos familiares o sociales obligados.

Y así, siguiendo los pasos del poeta llegamos al final del Infierno, principio de la reseña para la ocasión, pues “TLMEA” hereda su nombre directamente de ese lago helado donde los traidores contemplan la fría eternidad entre la escarcha y su propia culpabilidad. ¿Y que es “TLMEA”? Ni más ni menos, como ya dijimos en la correspondiente noticia donde alguien se dignó a tacharme de iluminado, que un mediometraje experimental que nos invita a un viaje por el submundo que Dante ideó como reflejo de nuestros propios preceptos éticos. Repleta de tristes y ambiguas almas perdidas en un infierno urbano donde la realidad se plasma desde un prisma onírico, hasta sus últimas consecuencias; la obra de Kevin Kopacka rezuma locura y sensibilidad a partes iguales, apostando por el terror psicológico como principal efecto de una narrativa de pesadilla. A un lado queda la linealidad temporal, las explicaciones directas o la coherencia racional: las relaciones de los personajes son apenas intuidas, como sus difusas motivaciones, también sometidas al marco surrealista al que se circunscribe “TLMEA”.

Sobre el papel, y volcadas ya las palabras anteriores, uno podría quedarse con la primera y superficial opinión de que “TLMEA” ofrece un discurso pedante basado en una historia que ni siquiera llega a ser tal, un ejercicio de soberbia cinematográfica donde el cineasta vomita sus devaneos mentales sobre el espectador, títere silencioso al que cualquier cosa valdrá para dinamitar su tonta cabeza. Todo lo contrario, lejos de este pecado, el proyecto de Kopacka hunde sus raíces en la literatura clásica, de ahí la fuerte influencia de Alighieri, y la filosofía griega para desgranar una historia común, hasta cierto punto entendible, desde posiciones poco habituales dentro del cine de terror. Se nota un verdadero esfuerzo en implicar al público en la historia, de ahí las continúas preguntas que nos van lanzando unos siniestros títulos, éste debe ser el instrumento final para darle un sentido subjetivo a la película. “TLMEA” no tiene interpretación alguna sin las conclusiones del espectador; bien lleguen en la primera, en la segunda o incluso en la tercera lectura, pues la estructura narrativa es demasiado hermética como para hacerlo de forma inmediata.

¿Mi estadio interior en lo que a respuestas se refiere? Una simple huida hacia delante donde el Infierno es una banda de Moebius al estilo de “Southbound”.

“Hades” fue el primer cortometraje de ficción de Kopacka, también co escrito junto a H.K. DeWitt, el cual podéis disfrutar aquí, cortesía de su propio director. Mucho más breve, quince minutos frente a la media hora larga de “TLMEA”, establecía las pautas estéticas y argumentales para la segunda pieza del puzle que poco a poco intenta construir el cineasta austriaco, afincado en Berlín. De hecho, si todo sigue su camino, un tercer eslabón queda por rodar para establecer la cadena como una trilogía, donde quizás se despejen todas las incógnitas propuestas.

En lo personal me parece loable esta ambición, pero quizás lo más superfluo de “TLMEA” sea su relación con el corto anterior, casi obligándonos a conocerlo para disfrutar del trabajo actual. Y aquí es donde yo me pregunto qué aporta realmente esta conexión, me parece algo forzado que además extiende el metraje de forma innecesaria y antinatural. Claro que puede que nos falte la perspectiva completa, ese tercer mediometraje donde la relación entre uno de los policías de “TLMEA” y la protagonista de “Hades” deje de ser algo testimonial. Con todo, creo que dentro de un estilo experimental Kopacka se desenvuelve a la perfección, sabiendo equilibrar lo especulativo con el entretenimiento, haciendo destellar matices de una historia que sin su particular estilo ensoñador sería mera anécdota.

Es en lo técnico donde “TLMEA” se muestra robusta e inteligente, todo un logro habida cuenta su escueto presupuesto: mil quinientos euros. A nadie se le escapará la omnipresente influencia de Dario Argento a través de los colores saturados, así como una planificación de escenas que roban directamente tanto de “Suspiria” como de “Inferno”, siempre desde una sensibilidad europea: donde la truculencia norteamericana se hubiese dejado notar, Kopacka apuesta por una mayor sobriedad y sutileza, lo que decididamente sienta mejor al proyecto. Quizás lo mejor sea su ambientación sonora, “TLMEA” juega con la mente del espectador y es fundamental que tanto la música, muy inquietante, como las imágenes que la acompañen remuevan conciencias. Y así es, gracias también a una edición que roza el sobresaliente, espectacular montaje que nos sumerge de lleno en un relato de Chambers o Joseph S. Pulver.

¿Quién sabe si el Rey Amarillo campa a sus anchas entre los fotogramas quemados de “TLMEA”? ¿Quién sabe si el Rey Amarillo se disfraza de Johnny Arson, trasunto del mismo Kopacka? ¿Se puede escapar del Inferno que uno ha creado milimétricamente con sus actos?

Los actores son otra de las piedras angulares de los buenos resultados de “TLMEA”, intensa y sincera como pocas obras experimentales (véase, por ejemplo, los incómodos resultados de “The strange colour of your body’s tears”). Cabe destacar el trabajo de Cris Kotzen y H.K. DeWitt, multidisciplinar guionista, por encima del de otros compañeros, pero también es justo reconocer que Anna Heidegger vuelve a encandilar igual que lo hacía en “Hades”, a pesar de que su personaje pierde cierto sentido aquí. También mencionar a un Caronte muy particular, interpretado por Iman Rezai; aunque secundario, él debía haber sido la única conexión entre las distintas partes de este misterioso tríptico. En el lado anecdótico, nombrar a Minos, personaje que destaca por estar interpretado por un músico underground berlinés: UFO361.

En definitiva, este tipo de proyectos tan herméticos suelen ser objeto de amor u odio dependiendo del tipo de público que acceda a ellos. Resulta redundante pedir una mentalidad abierta cuando nos enfrentamos a la experimentación artística, pero señalaré la obviedad de que este tipo de cine está a años luz, en un sentido neutro, de la saga de, por ejemplo, Bryan Singer. Si buscas algo distinto, aunque sin vueltas de rosca insoportables, “TLMEA” tiene mucho que ofrecerte. No terror al uso, si no un análisis onírico del mismo, suavemente y con más humildad que la de algunos críticos. Particularmente, lo veo como una genial carta de presentación que augura un envidiable futuro a este prometedor cineasta. Insisto que el hermetismo extremo no es el mejor de los discursos si no se dispone de la magia de Lynch, pero limando los excesos de la juventud, Kopacka puede postularse a revitalizador del cine europeo de género. Con toda la exigencia del gurmet del horror, se lo ruego.*

Imágenes de la película

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Lo mejor: Su manufactura visual, poderosa y evocadora; su ambientación sonora y musical, inquietante; su genial edición, plasma el mundo de las pesadillas con precisión.

Lo peor: Hermética, quizás un poco artificialmente, difícil de abarcar en una primera toma de contacto, no gustará a los amantes de la narración al uso.

Vuestros comentarios

1. jun 5, 23:35 | Elchinodepelocrespo

Apuntada.

2. jun 10, 08:17 | korvec

Al principio pensé que sería algo a lo Baskin pero en mejor, pero por lo que pone puede ser algo en la línea de “El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo” que me pareció muy bonita, muy bien ambientada y con un inicio muy interesante… pero que a la media hora me tenía subiéndome por las paredes y deseando que terminase de una vez.
Por lo tanto me mantendré alejado.

3. sep 3, 19:18 | Isaac

No he visto películas prusianas desde hace demasiado tiempo. Debo actualizarme y esta de aquí parece ser un buen comienzo.

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