
- Título original: Akmareul boatda
- Nacionalidad: Corea del Sur | Año: 2010
- Director: Ji-woon Kim
- Guión: Hoon-jung Park
- Intérpretes: Byung-hun Lee, Min-sik Choi, Yoon-seo Kim
- Argumento: Un agente secreto del gobierno coreano persigue al asesino de su prometida, a la espera de poder inflingirle tanto sufrimiento como el que padece desde la muerte de su único amor
¿El mejor thriller de los últimos diez años? Bien, algunos lo cacarean a los cuatro vientos, pero supongo que para asegurarlo deberíamos ver todos los thrillers editados desde el 2000; algo, que dadas mis escasas preferencias por este género, no veo factible en mi caso. Sin embargo, lo que se puede asegurar sin temor a ruborizarse es que estamos ante una muestra de cine con mayúsculas. Esta cinta surcoreana demuestra que cuando se trata de hacer despliegues espectaculares, estos orientales no son solo buenos mandando tanques a las montañas, en maniobras militares de dudosa catadura. De hecho, los valores de producción son los propios de cualquier proyecto hollywoodiense de altos vuelos: actores de renombre (destacando de forma ejemplar Min-sik Choi, protagonista de la magistral Old Boy y de otras películas de la serie de la venganza de Chan-wook Park), tomas faraónicas complementadas con cientos de extras, escenas espectaculares basadas en delicados efectos visuales y otros juegos de cámara que a más de un cinéfilo excitarán hasta el inevitable orgasmo estético al que cada fotograma incita. En definitiva, una superproducción en toda regla, desarrollada alrededor del trabajo como director de Ji-woon Kim, cineasta sobradamente conocido en occidente por la tan magistral como terrorífica Tale of Two Sisters y ese western cómico de acción llamado The good, the bad, the Weird, el cuál resultó otro deleite para la vista y, por qué no, cúmulo de risas tontas a destajo. Tal vez a I Saw the Devil se le pueda achacar una duración excesiva viendo el simple argumento que se nos presenta, pero este suele ser un mal endémico del cine oriental y, si como es el caso, se presenta cada minuto del metraje con una intencionalidad y un tempo pensados para enganchar al espectador, bien sea despertando su asco, sorpresa, incredulidad, tensión o pena; pues su larga duración se nos presenta como un mal menor fácil de ignorar. Sobre todo cuando las medidas explosiones de violencia, explícitamente gráfica pero siempre al límite de lo que podríamos considerar pornográfico, se nos suministran dosificadamente, generando una difícilmente descriptible adicción hacia este cuento de venganza.
Kim, es un agente secreto del servicio de inteligencia coreano que se las promete muy felices con Se-jung, su novia, y se prepara mimosamente para celebrar con ella su cumpleaños. Por desgracia está trabajando en una misión y no podrá reunirse con su chica hasta la noche, en la remota casa de los padres de ella; ante dicha ausencia solo puede jurarle amor eterno vía telefónica sin saber que, a poco de colgar, ella se verá secuestrada, vejada y torturada por un frío psicópata cuyo grado de crueldad y perversión alcanza cotas inhumanas.
No pasa mucho tiempo hasta que la policía, y es que curiosamente la novia de Kim es hija de un importante comisario retirado, encuentre los restos de la pobre Se-jung: una cabeza cercenada.
Cegado por la ira, la pena y el deseo de venganza, Kim se embarca en una cruzada personal, al margen de su propio cargo como agente de la ley, en busca del maldito psicópata. Al poco de dar con él y conocer su crapulenta forma de vida, al parecer las fuerzas del orden público llevan años tras su fechorías, comienza un juego del gato y el ratón donde el objetivo de nuestro buen agente secreto no es otro que el de hacer pagar a Kitaro, el asesino de jovencitas, diente por diente y sangre por sangre; aunque para ello se tenga que convertir en un monstruo peor que la manada de salvajes dementes que pueblan las carreteras olvidadas de Corea del Sur.

Y con la sinopsis anterior casi podríamos llegar al final de la película, argumentalmente hablando, claro. En este punto alguien podría preguntarse por qué es tan recomendable una película que no dispone de profundidad en base a su guión. Muy sencillo, cuando se utiliza de forma excelsa la narrativa, hasta la historia más simple y tonta puede envolvernos haciéndonos sentir dolor cuando los músculos se rasgan en pantalla o pena cuando una lágrima se desliza parsimoniosamente por una mejilla de porcelana congelada bajo capas de eterno sufrimiento. Se produce aquí un caso similar al que os comentaba hace no mucho en el CAT III Dream Home, pero incluso poseyendo una vuelta de tuerca más a nivel de seriedad y respeto para con el espectador, que la hace a todas luces superior cinematográficamente al citado slasher chino. Lo que no quita para que una cinta vaya por unos derroteros (el gamberrismo en el caso de Dream Home) y otra por lares completamente distintos (el thriller dramático más visceral, en el caso de I Saw the Devil); con lo cual un público concreto podría llegar a preferir cualquiera de las dos frente a la otra.
Su preciosista envoltura se traduce en un dominio del tiempo y de la dirección artística perfecta. En ningún momento se hace pesada, justo cuando el drama ha llegado al cenit y las desventuras del protagonista y su antagonista podrían resultar tediosan (recalcar que la dualidad entre el bien y el mal, y los puntos de unión dentro de la locura y lo que la provoca, de este particular ying y yang están integrados escrupulosamente dentro de la esencia de cada escena); un nuevo personaje, una nueva situación polémica o dilema moral se nos presenta para descubrirnos, a través de violentas y directas secuencias de refinada fotografía, que la mal llamada “alma” humana es solo un pozo de mierda donde la frustración reina inmisericorde sobre los débiles. Golpes, golpes, golpes… los golpes de I Saw the Devil duelen por su realismo y por su implicación: el viaje de Kim lo lleva a rastrear las huellas de un psicópata, señales de muerte y caos, imbuyendo a su campaña de una justicia totalmente comprensible que se troca rápidamente en repulsión, por nuestra parte, al comprobar finalmente que la ira sin control se convierte en un sinsentido tan grande como la propia demencia de los asesinos. Como nota negativa a este último punto me gustaría señalar un par de aspectos:
La actuación de Byung-hun Lee, como agente secreto, se me hizo algo fría. Es decir, llega un punto con el cine oriental que uno ya no sabe si es la propia idiosincrasia de esas culturas la que hace a los actores ser poco expresivos y transmitir de forma tan parca sus emociones, o uno mismo carece de la sensibilidad necesaria, para entender el drama interno que vive un hombre que ha perdido lo que más amaba y ahora solo busca castigar con el mismo sufrimiento al asesino de su prometida. Sinceramente, Byung-hun Lee y otros muchos actores (como la gran mayoría del elenco “policial”) transmiten escasa credibilidad dado el pragmatismo que destilan sus expresiones durante todo el metraje. Curiosamente, y por eso comento que tal vez me falte algo de perspectiva, Min-sik Choi directamente borda el papel de Jang, psicópata inhumano (el diablo al que hace referencia el título de la película), vicioso, sádico y prepotente; bastante alejado de uno de sus papeles más destacados: Dae-su Oh, en Old Bay. Solo por él merece la pena ver esta película.
Por otro lado, creo que un buen trhiller debería ser más cuidadoso con detalles de coherencia. Resulta difícil creer que la policía coreana lleve años “mosqueada” por la vida de Jang y, sin embargo, tenga que ser un novio justiciero quien lo ponga a escuadra. Ya sé que suele ser moneda común el que este tipo de incongruencias ronden el séptimo arte, pero no deja de molestar el que se pasen por alto tantas victimas en el camino y tantos hechos “delicados” que pondrían en alerta incluso al becario más reciente de la comisaría. Aunque tampoco sería justo decir esto sin señalar la obvia intención de Ji-woon Kim por llevar su proyecto hacia derroteros distintos; que son, en este caso, la excelencia narrativa de “una venganza real, una venganza completamente real”. Y para ello no es necesario detenerse en minucias; muchísimo más inteligente el centrarse en el acoso y derribo que Kim somete a Jang, ya que es la verdadera razón de ser de la cinta.
Por si fuera poco, y dejando aparte el ineludible final donde todo llega a su conclusión lógica (ante lo cual quedé ligeramente decepcionado dada mi manía de valorar todo el cine oriental bajo el prisma de las locuras de Takashi Miike), el film está sazonado con ciertos encuentros gloriosos sufridos por Jang que suben la temperatura de nuestro termómetro especializado en tensión. Impresionante escena la que encierra un taxi, donde una cámara girando constantemente juega con nuestros sentidos reflejando una de las grandes verdades de la vida: su fragilidad. Y no menos destacable resulta la reunión de nuestro psicópata de hielo con un viejo amigo de peculiares gustos culinarios, uno de los momentos más desconcertantes de la película y, ¿por qué no?, un macabro cántico a la locura y pieza central del resto de esta estupenda producción.
En resumen, técnicamente nos encontramos, a todos los niveles, un trabajo que solo puede provocar envidia a cualquier amante del cine (mención especial para la fotografía y la música siempre tan acorde con el espacio donde se ubican, ya sea un descampado nevado o un cobertizo desvencijado), la dosificación de los tiempos te suelta y te atrapa constantemente, un actor protagonista en estado de gracia dando toda la fuerza de su madurez al personaje (realmente llegamos a detestar a Jang y todo el sufrimiento que le es devuelto por el impasible Kim nos parece justificable aún sabiendo que es monstruoso), unos efectos visuales sobrecogedoramente realistas, ese bisturí cortando el talón… No se trata de una cinta de la que se puedan extraer sesudas lecturas, pero… ¡Ah, cómo se disfruta un trabajo tan bien hecho! Rápido, que nadie te la destripe, a punto está de acabarse el año y no te puedes perder una de las mejores películas del mismo… solo puedo añadir: ¡gracias Ji-woon Kim!
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Saw the Devil” en VOSE.
Lo mejor: Decir que técnicamente es sublime sería quedarse corto, las explosiones de violencia explicita son un verdadero lenguaje propio dentro de la película y no desentonan.
Lo peor: Falta de credibilidad en las decisiones tomadas por el protagonista, las cuales son el único avance real del escaso guión…
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