
- Título original: Martyrs
- Nacionalidad: Francia | Año: 2008
- Director: Pascal Laugier
- Guión: Pascal Laugier
- Intérpretes: Morjana Alaoui, Mylène Jampanoï
- Argumento: Lucie, quince años después de su cautiverio, cree haber encontrado a los responsables del mismo. Fusil en mano irrumpirá en el hogar de quienes considera culpables para sembrar el caos y cumplir su venganza.
| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 4.5/5
Reeditamos la reseña de Martyrs, publicada originalmente el 10 de marzo de 2009.
Dos películas por el precio de una. Eso es lo que nos ha ofrecido el francés Pascal Laugier en su esperadísima “Martyrs”. En la primera de dichas películas Laugier aprovecha una tópica excusa argumental de venganzas consumadas para adentrarse, de lleno, en el terreno formal/estético del nuevo cine de horror francés.

Lucie, tras quince años de acumular odio y resentimiento, irrumpe en la casa de sus supuestos captores. Lo que viene a continuación es un auténtico baño de sangre. Una sucesión inacabable de furiosas secuencias de violencia explícita y sin límites aparentes. Todo ocurre de forma muy rápida, muy intensa. Un torbellino que arrasa con todo a su paso, impidiendo que el espectador disfrute de un solo tiempo muerto en el que poder tomar aire. Todo sucede a tal velocidad que apenas logramos apreciar lo banal que resulta su guión. Las situaciones se alargan con el único objetivo de seguir epatando al espectador con unos niveles de crueldad prácticamente desconocidos.
Una única excepción a la intrascendencia de la historia que se nos cuenta: la espectacular forma en que Laugier escenifica el desequilibrio mental de Lucie (dotando su estado de perturbación de una terrorífica presencia física). El único recurso puramente argumental que sobresale por encima de la orgía de violencia y sangre con la que arranca “Martyrs”. Poco importa que no sepamos absolutamente nada de lo ocurrido durante esos quince años que han llevado a Lucie y Anna a su situación actual. Poco importa que no conozcamos la nauturaleza de la relación entre ambas y que, difícilmente, podamos sentir empatía por ninguna de ellas. No es ese el campo en el que se mueve una película como “Martyrs”.
Violencia sin excusas, sin cortapisas. Poner a prueba la resistencia del espectador a través de una serie de secuencias planteadas como auténticos tour de force, y que, muy probablemente, supondrían todas ellas, de forma individual, el punto álgido de cualquier otra película de terror al uso. Y todo ello servido de la mano de un director, Pascal Laugier, que tiene muy bien aprendida la lección. “Martyrs” supera claramente en cuanto al nivel de violencia expuesto, al “Frontiere(s)” de Xavier Gans y al “Aute Tension” de Alexandre Axa (y no estoy diciendo con esto que sea mejor o peor película que estas). Lo que no varía en absoluto es su apuesta formal. La manera de exponer o mostrar dicha violencia. Realismo sucio logrado, eso sí, a base de cuidados artificios que logran encumbrar el atractivo visual de la propuesta (Laugier demuestra ser un magnífico coreógrafo de la violencia y tener un gusto exquisito para la fotografía). Cine hecho por y para las vísceras, dónde es un ejercicio de absoluta futileza el pretender encontrar cualquier tipo de justificación moral a todo lo que ocurre frente a nuestros ojos. El verdadero y único argumento de una película como “Martyrs” lo encontramos en la propia estética y belleza de la violencia, con toda la carga polémica que ello suscita.
“Martyrs” es una película incómoda, difícil. Violencia extrema que no da demasiadas opciones: o la aceptas o no. Personalmente contemplo Martyrs como un ejercicio de valentía cinematográfica. ¿Cuántas películas al año tenemos la oportunidad de ver que ni siquiera se acerquen a los límites a los que nos transporta Martyrs? Nunca una película me impactó tanto ofreciéndome tan poco.
Y cuando todo parece estar listo para sentencia y seguimos intentando digerir las sensaciones extremas a las que acabamos de hacer frente en tan poco tiempo, Pascal Laugier decide llevar “Martyrs” a un nuevo plano de horror, totalmente distinto al experimentado hasta el momento.
(Atención: a continuación se describen parte del contenido de los últimos treinta minutos de la película. Se trata de una secuencia que ha hecho correr ríos de tinta en los distintos blogs y foros que han abordado la película. Pero si alguien todavía no conoce el camino seguido por “Martyrs” en su tercio final, quizás no le interese seguir leyendo esta reseña.)
Nos adentramos en una película distinta. Terreno abonado para la polémica. Pura provocación. Asistimos, sin capacidad de reacción, a una insoportable y excesivamente larga escena de tortura, desnuda de los artificios y recursos estéticos que caracterizaban la violencia de Martyrs hasta el momento. El ritmo adrenalítico de la primera parte de la película desaparece, se evapora. Ahora todo sucede de forma agónicamente lenta. Todo está filmado de forma austera. No hay música, ni efectos sonoros, ni diálogos. Irremediablemente, toda nuestra atención como espectadores se centra en cada detalle, en cada golpe, en cada nueva mutilación.
Vuelvo a repetirlo por si a alguien se le ha pasado por alto: la controvertida escena se me hizo demasido larga (maravillosamente rodada… pero larga), hasta rozar el aburrimiento.
Y he dejado para el final la trama que intenta dar respuesta a todo el despliegue de violencia de “Martyrs”: una búsqueda entre metafísica y pseudo-religiosa del fin último de la violencia. Buscar los límites de la resistencia humana al dolor, y observar qué es lo que nos espera tras sobrepasar dichos límites… Lo siento mucho. Toda esta trama no me convenció en absoluto y la considero la única responsable de una pirueta final cercana al absurdo. Quizás quienes logren sintonizar con esta trama encontrarán nuevos puntos de interés a la película. Mi más sincera enhorabuena.
“Martyrs” es una película intrépida, arriesgada y destinada a crear polémica. Su capacidad para impactar y sobrecoger está fuera de toda duda, pero su radical punto de vista a la hora de exponer gráficamente la violencia cosechará, sin duda, reacciones contrapuestas y airadas. Por mi parte sólo me queda recomendar su visión de forma apasionada. Martyrs es una de esas experiencias que te marcan, que perduran durante mucho tiempo (para bien o para mal… ). Cine distinto. Cine vivo. Cine valiente. Desde “À l’Interieur” no había vuelto a sentir nada igual.



Lo mejor: Su exposición de la violencia
Lo peor: El tinglado argumental que sustenta el último tercio de la película
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