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Stake Land

El Apocalipsis tiene colmillos

Stake Land

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Vampires from Hell:

I’m not afraid of werewolves or vampires or haunted hotels, I’m afraid of what real human beings to do other real human beings.
Walter Jon Williams

Tengo que confesar que mi primer recuerdo relacionado con el miedo es ver, escondido debajo de la ya extinguida mesa camilla, la película de Drácula (aquella en la que matan al ser retirando las cortinas); y, probablemente, el segundo sea leer El Misterio de Salem’s Lot durante un verano poblado por pesadillas pasado en un pueblo rodeado de bosques impenetrables, oscuridad y lugareños hoscos y misteriosos. Así que es fácil predecir que mi monstruo favorito siempre ha sido el VAMPIRO, que no el más temido, ya que con el paso de los años he aprendido que no hay nada más terrorífico que un ser humano poseído por “dogmas” inquebrantables, nada capaz de causar más daño que un ser humano imbuído con el poder de la razón. Los vampiros pueden causar cierto temor cuando eres pequeño y te asustas de las capas, los colmillos, los bichos que les acompañan (arañas, ratas…), pero según vas creciendo se convierten en el paradigma de lo que todos hemos querido ser alguna vez: inmortales, seductores y elegantes. Vale, tenían que dormir en un ataud, el ajo les daba yuyu y, dependiendo de las versiones, la Cruz Católica les producía el mismo efecto que a mí ver las estrías de Belén Esteban. Si además crecisteis en los 80 y tuvistesis la suerte de asistir a maravillas como Los Viajeros de la Noche, Jóvenes Ocultos, Noche de Miedo…ya el tema vampiro directamente molaba. Para un servidor la culminación fue la estratosférica revisión de Coppola sobre la novela de Bram Stoler. Desde entonces todo ha sido un enorme vacio poblado de repelentes “vampiros” que brillan con purpurina, “vampiros MTV” y demás residuos lamentables sostenidos por las dos primeras temporadas de TRUE BLOOD. Hasta que llegaron dos tipos llamados Steve Niles y Ben Templesmith, que con su cómic 30 Days of Night (la película resultante a mi me encantó, sin llegar a los niveles de la que nos ocupa, pero sí mostrándonos una forma diferente de ver a los vampiros. De hecho la primera media hora es bruuutal), que nos presentó a unos vampiros diferentes: crueles, desagradables, despiadados y motivados sólo por una cosa… acabar con la raza humana de la forma más sanguinaria posible, como si fuéramos ganado. Simple alimento. Estos son los vampiros que nos presenta STAKE LAND.

It’s a long highway to hell:

Dos hombres, un destino y una tierra devastada. Un adolescente llamado Martin y un hombre, conocido como “Mister”, que le salvó de una muerte segura. Primer hachazo de la película: la escena de la masacre familiar, escena que permanecerá en vuestras retinas durante mucho tiempo. Del “Mister” sólo sabemos dos cosas: que es más duro que el hijo de Ana Pastor y Chuck Norris, y que si no sigues sus reglas acabas muerto. Se dirigen al norte en busca de una tierra, supuestamente, libre de unas criaturas de aspecto y hábitos vampíricos que han arrasado los USA (me encanta la falta de explicaciones y “supuesto” metraje real, solo unos recortes de periódicos dispersos y tu imaginación). Por el camino se toparan con lo mejor y lo peor de la raza humana. Gente que se unirá al grupo y les ayudará a sobrevivir día a día, noche a noche. Y grupos de fundamentalistas ultracristianos, La Hermandad, que aprovechándose de la caótica situación disponen a su antojo de los recursos y las personas. El encuentro de nuestros protagonistas con la citada Hermandad marca buena parte del metraje y del argumento, y sirve como extrapolación de quiénes son los verdaderos monstruos y las víctimas. Segundo hachazo: el papel de la monja, demoledor. También se les unirán un marine y una joven embarazada, ambos determinados a luchar codo con codo con nuestros protagonistas. Pero no sólo es lucha, terror y muerte. Hay momentos, dolorosamente breves, en los que intentarán reconciliarse con sus congéneres, pero como he dicho, dolorosamente breves y que nos colocan en una situación de angustia emocional muy dura. Tan dura que cuesta lágrimas de compasión, incredulidad y esperar hasta el último segundo en busca de algo parecido a la redención, a la paz.

Hell on Earth:

Pero yo dudo que en la mente de los geniales Jim Mickle (director y guionista) y Nick Damici (el “Mister” de la película y guionista habitual de Mickle) tuvieran en mente el concedernos esas dosis, que se hacen tan necesarias a veces durante la película, de redención, paz u optimismo. Más bien creo que su idea era mostrarnos un mundo cruel, deshumanizado y sin piedad; un mundo donde lo que importa, y se valora, es el individuo frente al conjunto; un mundo donde los “vampiros” (figura metáforica donde las haya en esta película, ya que representan mucho más que unos monstruos con colmillos) dominan a los humanos, y algunos de los humanos se aprovechan del resto en su propio beneficio. Y es aquí donde esta película sobresale por encima del resto de películas de “vampiros”, en convertir esa eterna lucha del bien contra el mal en un espejo en el que refleja vivos vs. muertos, religión vs. fanatismo, individualismo vs. sociedad, esperanza vs. abandono, compasión vs. crueldad… y no dejar apenas momentos para la esperanza. No engañar al espectador con supuestos finales felices, que en la vida real no los suele haber. Y aunque a algunos se les haga excesivamente dura y cruel, creo que ese es otro de sus puntos fuertes: la coherencia mantenida desde el principio hasta el final.

Todo ese debate está perfectamente adornado, eso también cuenta, con un escenario apocalíptico de excelsa fotografía, ritmo endiablado y unas escenas de acción y masacre (con un punto gore encajado en su sitio y en sus momentos oportunos), perfectamente orquestadas. Un guión muy pulido en el que no nos dan tregua (tal vez el único fallo serio que le encuentro a la película resida en cierto confrontamiento final que se podría haber resuelto de otra manera), unos personajes inolvidables con los que empatizas al instante… Y aquí me quiero detener un poco, en el excelente casting: Nick Damici está soberbio en el papel de “Mister” duro como el pedernal pero con un evidente resquicio de fé en el ser humano; Connor Paolo le da la réplica perfectamente como el joven discípulo anonadado por en lo qué se ha convertido su hasta entonces plácido mundo; Danielle Harris (una de las scream-queens por excelencia de los últimos años, vista en varios Halloweens, incluidos los del maestro Rob Zombie, las dos de Hatchet…) pega un cambio de registro tremendo haciendo el papel de joven embarazada necesitada de protección tras ver como su mundo se va al carajo y la veterana Kelly McGillis lo borda en el rol de la monja superada por las circunstancias.

Y con esta panoplia de virtudes no creo que os haya sorprendido mucho la elevada puntuación que le he otorgado, o sí, quién sabe. Pero, y que por mi no quede, volveré a insistir que esta es una página formada por unos individuos, y cada uno de ellos con una opinión subjetiva que puede o no encajar con vuestras opiniones. En mi caso con esta película el hachazo emocional y visceral ha sido muy profundo, tanto que la coloco directamente en el panteón de las películas más disfrutadas de los últimos años, de esas que veré y revisitaré de tanto en cuanto.

Lo mejor: Las múltiples lecturas, la opresiva ambientación, los actores, el guión....

Lo peor: Solo se me ocurre la empalagosa BSO.


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