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Bad Taste (Mal Gusto)

Los divertidos, grotescos y sensacionales comienzos de Peter Jackson (I)

Bad Taste (Mal Gusto)

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“Hay una anécdota muy divertida… supongo, que es en la escena en la que un extraterrestre (de hecho, yo) vomita y otros se lo beben. Pues la sustancia se hizo con yogurt, porque como se lo tenían que beber lo hice pensando ellos para que fuese lo menos desagradable posible. Incluso compré un yogurt bueno. Pero la mezcla quedó muy diluida y tenía que quedar mucho más espesa. Y yo se la di a un extra y le dije que la hiciese más espesa, mientras me iba a rodar otra escena. Y claro, yo suponía que él sabía que era para beberla. Después volví y el tipo lo había hecho muy bien, y había conseguido espesarla bastante. Así que rodamos, y al poco los actores empezaron a marearse… ¿Sabéis lo que pasó? El tío que espesó la mezcla había ido al jardín y le había echado barro al potingue, ¡y entonces claro que quedó más espesa! Así que, cuando vuelvas a ver la escena, piensa lo que esos pobres actores estaban bebiendo de verdad, ¡barro!”

Esta anécdota, entre otras que iremos viendo, narrada por el director del invento, Peter Jackson, resume perfectamente lo que es Mal gusto. Primero, ahí tenemos el titulo. Segundo, porque el sentido de lo desagradable, pero a la vez divertido, festivo, es algo que manejaba como nadie en esto del gore. Y tercero, porque estamos ante una película de amigos, de rodaje largo, complicado, pero del que estoy seguro que la mayoría de los que estuvieron involucrados guardan gratos recuerdos. Se lo pasaron pipa, vaya. Ese es el espíritu de la opera prima del hoy megalómano cineasta que se codea con gente como Spielberg.

Actualmente, puede que queden espectadores no aficionados a estas cosas que no tenga mucha idea de Mal gusto. Pero, si hablamos de Peter Jackson, casi todos responderán afirmativo. Su carrera inicial, y en mi opinión más interesante y redonda, está formada por dos clásicos del gore; la que nos ocupa y, sobre todo, la insuperable Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (1992). Y también por una olvidada pero reivindicable rareza como es El delirante mundo de los Feebles (1989).

La sobrevalorada trilogía de El señor de los anillos (2001-2003) y el aburrido remake de King Kong (2005) le han marcado a fuego en las miras de Hollywood y en las de muchos fans a lo largo del mundo. Su estilo se ha vuelto denso, menos simpático, pero aún con capacidad, dentro de sus nuevos órdenes presupuestarios, de llevar a cabo excelentes set pieces espectaculares. En todo caso, la imaginación desbordante y el ingenio creativo, sin prejuicios, buscando romper moldes y llamar la atención con un cine atrevido y original, quedaron en gran medida, y a la espera de sorpresa, en esos comienzos.

“Nadie se había percatado de lo que estaba durando el rodaje hasta que alguien del equipo reseñó que durante el proceso de producción dos actores se habían prometido, otro se había retirado y otro se había divorciado. Desgraciadamente también murió alguien, Doug Wren, el actor que hace del jefe de los extraterrestres, falleció durante la post producción y todo su trabajo tuvo que ser doblado por otro actor”.

El rodaje se alargó hasta los cuatro años. Tuvieron que rodar durante los fines de semana y algún otro hueco libre que consiguieran. Los actores eran amigos, compañeros de trabajo y vecinos de Jackson. El presupuesto era ínfimo aunque, por sorpresa, tras el rodaje, recibieron ayuda de la New Zealand Film Commission, permitiendo que se dedicara por completo a terminarla, así como pasar la película de los 16mm en los que fue rodada a los 35mm necesarios para su distribución en salas de cine. Así, además de pasarla por variopintos festivales, consiguieron llevarla a Cannes y darse a conocer a mayor escala. Allí, en el famoso festival, fue donde algunos pelearon por conseguir Mal gusto para su distribución comercial.

¿Cómo es posible que una película gore, producida sin medios y por completos desconocidos, llamase tanto la atención en un festival respetado y “serio”? La razón fue Peter Jackson. Y es que solo hay que ver unos minutos de la película para darnos cuenta que, ya en sus comienzos, apuntaba maneras; puesta en escena imaginativa y eficaz, ritmo de montaje excelente, soluciones visuales inesperadas; y todo ello con dos duros y muchas ganas. No es algo nuevo que esto suceda, pues, sin ir más lejos, unos años antes, un tal Sam Raimi consiguió algo muy similar con la excelente Evil Dead (1981). Ahora pocos desconocen que Raimi es (o era) muy amigo de Marvel y su Hombre Araña.

Mal gusto es lo que podríamos denominar “gore festivo”. Algo que Jackson llevó posteriormente hasta sus ultimas consecuencias con la citada Braindead, cumbre tanto del festivo como del gore en general. Pero antes, con la que nos ocupa, y con menos medios pero no por ello malos efectos visuales y de maquillaje, consiguió convocar a aficionados al cine de todo tipo, pese a que no fuesen degustadores habituales del subgénero, para que se divirtieran y/o se introdujeran en él. Ahí se encuentra otro acierto más de su creador: llevar lo grotesco, desagradable, sangriento y prácticamente underground a un público más amplio. Y de todo ello crear un culto instantáneo. Cuando suceden estás cosas (intención de llevar un género o subgénero poco comercial o underground a un público amplio) los resultados, para los puristas, suelen ser devastadores. Este no fue el caso.

“Aquello era otro mundo completamente absurdo. Hay una escena en la que al alien le explota la cabeza. Para esa escena estábamos tres personas: el que hacía del alien, otro y yo. Entonces mi trabajo era rodar, mover la cámara, accionar los explosivos y actuar, y tenía que hacerlo todo casi a la vez. Así que para ello tenía que poner la cámara en un trípode y rodar en plano fijo; sacar a mi personaje de plano mientras corría a por los explosivos, detonarlos y volver otra vez a dirigir en movimiento. Una locura. Casi todo se rodó así y todo se ve en pantalla, casi siempre es lo que había, la gente si no estaba haciendo una cosa estaba haciendo otra”.

Lejos del normalmente soporífero ultragore alemán, y sin intención de provocar las sensaciones malsanas y enfermizas de aquel, Jackson sabe como llenar la pantalla de desmembramientos, líquidos purulentos, decapitaciones y momentos completamente desagradables (como el que se cita en la introducción) que, pese a ello, logran arrancarnos la carcajada entre la nausea. Él mismo ha dicho en más de una ocasión, que únicamente volvería al gore para hacer algo más sangriento que Braindead. Ojala. De esa joya del delirio macabro-festivo hablaremos dentro de poco.

Lo mejor: El talento de Peter Jackson para, con medios ínfimos y cientos de complicaciones, sacar adelante una película divertida, con buena puesta en escena, montaje dinámico, soluciones visuales, narrativas sorprendentes y ultragore.

Lo peor: Que no pudiese (o más bien, no quisiese) volver a dirigir algo con esta libertad y ausencia de prejuicios.


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