
- Título original: Asylum Blackout
- Nacionalidad: USA, Francia, Bélgica | Año: 2011
- Director: Alexandre Courtés
- Guión: S. Craig Zahler, Jerome Fansten
- Intérpretes: Rupert Evans, Kenny Doughty, Joseph Kennedy
- Argumento: Por un apagón, los tres jóvenes encargados de la cocina de un manicomio quedan encerrados en el edificio con todos los internos en libertad...
Hay algo muy bueno en “Asylum Blackout”: es consciente de la película que es, y en ella están perfectamente ajustados las intenciones y los resultados. Eso significa que si su puntación global es de seis es porque no es una obra maestra, y lo sabe. Ni siquiera tiene grandes ambiciones, pero utiliza todas sus bazas para sacarle el máximo partido y lustre a su material.
George (Rupert Evans), Max (Kenny Doughty) y Ricky (Joseph Kennedy) trabajan de cocineros en una institución mental. El trabajo es gris y monótono, pero lo mantienen para poder seguir con su grupo de música. Esto cambiará radicalmente cuando un apagón les deja encerrados en el edificio, con todos los internos en libertad…
En el primer tramo de película, su director, Alexandre Courtés, mezcla el tono de película indie con el suspense. Se aprovecha lo indie para describirnos los caracteres de los tres protagonistas. Y se hace, desde mi punto de vista, de un modo muy acertado. Porque aquí el afán realista juega a su favor. George, por ejemplo, es un tío majete, pero bastante alejado de tópicos. No te lo imaginas entrando en un bar y haciéndose a la primera con la simpatía de todos los parroquianos, pero entiendes que en su trabajo hace por crear un entorno agradable y mediar. Max es el más “quemado” de los tres por el curro, y Ricky el menos implicado en el grupo.
Por otra parte, en este tramo inicial se dejan caer las primeras notas de suspense. George, Max y Ricky despacha la comida a un lado de un cristal blindado. Al otro está el comedor. Ante ellos, desfilan todos los días los internos, personajes oscuros y tenebrosos, vigilados por J.B. (Dave Legeno), el guardia de seguridad. Los tres jóvenes intentan no mirar a la cara de los internos, y mantener una conversación para evitar fijarse demasiado en ellos. George, en concreto, teme a Harry Green (Richard Brake), un tío que da verdadero mal rollo.
En el segundo tramo, se produce el apagón y se desencadena la tragedia. Desde mi punto de vista, es el mejor. Vale la pena haber dedicado todo ese tiempo (casi media hora) en marcar el tono de la película, porque entonces te das cuenta que el terreno está bien acotado y no sucede nada que no debiera pasar. Además, aunque suene ridículo, los personajes actúan con una lógica y sentido común que resultan casi alarmantes en una película de estas características. Da la sensación de que los dos guionistas, S. Craig Zahler y Jerome Fanstem, han pasado muchas horas decidiendo cómo unas personas comunes (sus personajes, ya comentado, descritos sin estridencias, en clave hiper realista) reaccionarían ante una situación como ésta, y el esfuerzo ha valido la pena. Nada chirría y todo fluye.
Aquí no nos movemos en los códigos de una película de terror al uso, made in Hollywood, sino que se busca más la recreación de cómo podría haber sido la situación real (está basada en hechos reales), con un material que es de por sí bastante aterrador. Ayuda bastante el (acertado) escenario y la solvencia que gastan los actores.
El desenlace es, quizás, el punto más discutible. Hasta este momento, la película ha discurrido por unos parámetros muy claros: una situación potente (locos sueltos en un manicomio) y unos personajes cotidianos encerrados en ella con un objetivo muy claro (escapar). Sin embargo, para cerrar la función, Alexandre Coutés y sus guionistas parecen no querer arriesgar demasiado, y recurren a un elemento más propio de una historia con una estructura más narrativa o convencional: la fijación de George con Harry Green. Si bien, el personaje de Green tiene un par de momentos de caracterización en el final bastante brillantes y que insinúan cuál puede ser su historia, lo cierto es que este cierre es una especie de pegote extemporáneo a todo el recorrido anterior.
Con lo cual, la sensación general es agridulce. Y, tratándose de una película modesta (de ambiciones, y tiene pinta que también de presupuesto), parece que hay que hacer un esfuerzo para recordar que la mayoría del recorrido no ha estado nada mal, que ha habido momentos aterradores, un par de planos (sí, planos) bastante terroríficos, y que, quizás, valga la pena darle una oportunidad a este “Asylum Blackout” y estar pendiente de hacia donde se encaminan sus responsables.
Lo mejor: es muy creíble.
Lo peor: el desenlace.
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