Ojala estas líneas, estos párrafos inconexos, sirvan de homenaje a uno de mis actores vivos favorito, y casi exclusivo al cine de terror. Uno de los tres caballeros, miembro del tridente del cine de terror contemporáneo. Si a un lado tenemos a Robert “Freedy” Englund y, en el segundo lado del triunvirato, tenemos a Bruce “Ash” Campbell; muchos ya le habréis puesto cara al actor que preside la última esquina del triangulo y, por ende, protagoniza este artículo (vale, con el título del artículo esta revelación no viene a ser algo sorprendente): Jeffrey “Dr. West” Combs.
Jeffrey Combs, actor estadounidense nacido en California el 9 de septiembre de 1954. Una leyenda viva del cine de terror, de la televisión más fantástica e incluso del más intenso teatro. Ha participado en decenas de películas de variable calidad (pero siempre apegado a su amor por lo extraño), es un importante referente dentro de televisión norteamericana (sobre todo por sus variados papeles dentro de serie relativas al universo Star Trek) y por si fuera poco, el solito es capaz de cubrir una obra de teatro donde el único personaje es el famosos escritor macabro Edgar Allan Poe. Señores, interpretar un monologo basado en los últimos (y ya legendarios) días del escritor de Boston, esta al alcance de muy pocos. Pero todos estos datos son solo “paja”, me gustaría hablaros de cómo surgió la idea de escribir sobre este actor, como lo descubrí y que me ha aportado como aficionado a la fantasía oscura. Una visión caótica y personal que espero no os desagrade en demasía.

Me llegó hace poco tiempo la noticia de que el Sr. Combs iba a representar la obra Nevermore en noviembre/diciembre del 2009 por la costa oeste americana en sesiones muy contadas. Esta obra estaba dirigida, ni más ni menos, que por Stuart Gordon (Solo comentaré como punta del Iceberg Gordon, la responsabilidad directa de títulos como Re-animator, Fortaleza Infernal ó Edmond) y escrita por Dennos Paoli (guionista de Re-animator, Ghoulies, El Dentista, Dagon). Dicha obra es este monólogo de Poe sobre sus últimos días y su descenso a la locura. Parece que el éxito de crítica y público ha sido unánime, ampliando las funciones a otras fechas y zonas. No es de extrañar para cualquiera que viese uno de sus últimos trabajos.
Dentro de la segunda temporada de la serie Masters of Horror, Gordon y Paoli recrearon los momentos de la vida de Poe que dieron vida al relato El gato negro (así llamado también el citado capítulo). Y para representar a Poe se les ocurrió recurrir a nuestro viejo amigo al cual hoy homenajeamos. El resultado fue extraordinario, Combs desborda la pequeña pantalla en el humilde cuento de terror para la televisión, tanto su actuación como caracterización es tan convincente que lo sabes al instante: “Este hombre ha nacido para acabar interpretando a Poe”. Se podría decir que el citado episodio (más el añadido de todas estas noticias teatrales) de tan conocida serie, es el último capitulo de mi experiencia con este actor. Hecho que celebro con solemnidad porque en el personaje del escritor y poeta maldito, cristalizan tres décadas de arduo trabajo. Trabajo realizado por y para el fan. No puedo evitar imaginarme a Jeffrey leyendo en su juventud el poema “El cuervo” con una mueca de satisfacción e inquietud en su rostro. ¿Y a donde nos lleva el momento postrero de este recorrido intimo sobre lo que significa la figura de este artista? Sorprendentemente al principio, puesto la noticia sobre la citada obra de teatro es lo que me animó a escribir sobre este actor. Y es que alguna de las películas en las que ha intervenido nuestro protagonista, siempre han formado parte de mi vida de una manera casual, a veces sigilosa, pero siempre impactante.

Ilustración cortesia de Lucas Soriano
Mi primer recuerdo sobre Combs es bastante infantil, curioso y banal. Más de uno de vosotros estableceréis similitudes con algún recuerdo vuestro, sobre todo si pasáis la treintena como yo. Mi descubrimiento del trabajo de este actor, comenzó en la playa. En concreto, el camino que iba de la playa a casa de mi tía; el entorno era idílico: Un pueblecito mediterráneo, olor intenso a resina de pino, una tarde veraniega con todas las asignaturas aprobadas, la compañía de tu primo y una mentalidad en la que todo (y me refiero a absolutamente todo) tiene capacidad para sorprenderte. Mi primo y yo éramos grandes aficionados a la aventura y al terror pero con las limitaciones impuestas por nuestra corta edad. Todavía quedaba mucha lucha en pro del derecho a elección en el videoclub. Sin embargo, en casa de mi primo tenían una mayor libertad. Libertad de la cual yo me veía beneficiado puesto que a mi primo le encantaba contarme, con pelos y señales, las cintas (en riguroso Beta) más truculentas que iba viendo. Pues así de tonto y simple. Me relató su visionado de Re-animator con tanta pasión y magia que os juro que fue como si las paredes blancas de las casas que nos flanqueaban se convirtiesen en los grises muros de la universidad de Miskatonic.
Yo no conocía nada acerca de Lovecraft, y menos que la cinta detallada por mi primo era una adaptación de uno de sus relatos; nada me preocupaba más allá de mi recién descubierta sexualidad y mi afición por cualquier cosa que significase emoción y descarga de adrenalina. Pero esa noche soñé con el maldito reanimador de cadáveres y su cabeza parlante. Me moría de ganas por ver tamaña obra maestra, en la cual, y según mi querido familiar, litros y litros de sangre te salpicaban desde el televisor hasta ahogarte. Nunca podré olvidar ese paseo, en el que el verde de los arbustos juraría que se empezó a revelar como fosforescente ante mis ojos. Aunque tenía muy claro que no conseguiría ver dicho film en muchos años, por aquella época mis padres solo me dejaban alquilar Mazinger Z.
Vale, reconozco que no es exactamente un recuerdo sobre Jeffrey Combs, pero…¿Cuántos de vosotros empezasteis con sus películas solo con un comentario malicioso en el recreo ó una conversación indolente en la piscina local, rodeado de niños comiendo bocadillos?
Desgraciadamente, todo lo bueno se acaba. Y ese verano pasó como una centella. Lo que resulta innegable, es que pasaron algunos años y nunca volví a “cruzarme” con el bueno de Jeffrey. Hasta una mañana de sábado fatídica en un videoclub, cuando me atreví a alquilar From Beyond (Re-sonator). ¿Será buena? No sé, la portada promete casi tanto como “El ataque de los zombies atómicos”. Por la mañana la tele era mi feudo. Mi madre hacía la comida y mi padre y mi hermano estaban jugando a fútbol. Nervioso, por mucho que repitiese la experiencia con otras películas, no podía evitar sentir que estaba viendo algo “prohibido”, metí la cinta (riguroso VHS) y sencillamente fui trasladado violentamente a un mundo de horror, sexualidad y locura que a día de hoy todavía me perturba.
Este fue mi primer encuentro “cara a cara” con Jeffrey Combs, que con su papel me resultó el personaje más interesante. Corramos un túpido velo sobre mi mente en el momento que apareció en pantalla el cuerpazo de Barbara Crampton exudando líbido por todos los poros de su piel. Dentro de lo atormentado del rol que encarnaba ese tipo pequeño y moreno con gafas, yo sentí complicidad y buen humor. En menos palabras, me cayó muy simpático. La verdad es que en Re-sonator, el doctor Crawford Tillinghast lo pasaba bastante mal; pero su ansia de conocimiento inicial, mezclada con miedo, luego con locura y, finalmente, con adicción a las mentes (en su sentido más literal) resultaba algo profundamente hipnótico. Así que una vez guardada la cinta y preparada para su discreta devolución, me dije infantilmente emocionado: “Tengo que ver más películas de este tío”. Y con toda la resolución de la adolescencia acometí tan agradable tarea.

Hago una pausa en el relato desordenado de mis recuerdos sobre Combs para recalcar el sentido de estas líneas. Considero el descubrimiento de las obras artísticas que se aferran pertinazmente a mi cerebro, casi un leitmotiv para vivir. No podría entender el mundo que me rodea sin el arte y sin las enseñanzas profundas (ó poco profundas) de estas manifestaciones; bien sean música, cine, literatura, fotografía ó pintura. Todos mis visionado de las películas de Combs han tenido algo especial y el único nexo de unión es el. Aunque no sea sinónimo de calidad en una producción, sí que asegura el placer de ver a un viejo amigo que parece compartir más de un interés contigo (algo similar a cuando veo a otros grandes como a Englund, Campbell ó Kurt Rusell). Y esa tenacidad que parece emitir cuando actúa es algo que cada una de sus películas me ha aportado. Después de este interludio confuso y lacrimógeno, os contaré como me fui metiendo en el mundo que rodea a este profesional que empezó en los teatros californianos de finales de los setenta.
Cada vez que visitaba el videoclub ó me dejaban una película grabada de Canal + (en sus míticos inicios), oteaba a ver si uno de mis actores favoritos trabajaba en ella, y en caso de hacerlo me la tragaba sin dudarlo. Lo que me llevó directamente a Re-animator y La novia de Re-animator. Cualquiera que las haya visionado os podrá decir que son dos autenticas obras de culto. Por el gore, el desenfreno de la historia, el ambiente malsano y (lo más importante) por la insuperable actuación de Combs que borda el papel del científico loco, aunque entiéndase esta locura como la del genio que está dispuesto a pasar por encima de todo y todos para conseguir el conocimiento. De hecho, y por muchos otros papeles que haya interpretado, Jeffrey pasará a la historia como el Dr. West. Como admirador de dicho papel de reanimador, espero que la saga continúe en The House of Re-animator ó en la serie de televisión de historias cortas; proyectos prometidos hace demasiado tiempo. Menos mal que en 2003 y con producción española (gracias Fantastic Factory) pudimos disfrutar de nuevo, del líquido verde fosforescente en Beyond Reanimador. Una autentica psicotronia que mezclaba el drama carcelario con el cuento de terror sobre cadáveres reanimados. Incluso caras famosas nacionalmente, Santiago Segura y Elsa Pataky, hacían aparición en una película de ver para creer.
De todos modos, a lo largo de los primeros noventa me familiaricé con los trabajos de Combs y enseguida saltaron a la vista dos pilares (ó más bien personas) importantes en su carrera: El director Stuart Gordon y el fallecido escritor H.P. Lovecraft.
Casi siempre podemos encontrar a nuestro homenajeado, haciendo un papel más ó menos importante en películas dirigidas por Stuart Gordon, especialmente en la primera mitad de los noventa. Lo cual habla más que del profesional, de la persona. Un amigo fiel que siempre intenta emprender proyectos con el círculo intimo que le ha acompañado durante años (un círculo que nace en sus inicios teatrales). Y si no fijaos que el equipo de personas que acometieron “Re-animator” en 1985, en el 2010 emprenden la obra de teatro Nevermore. Toda una declaración de principios: con mis amigos a muerte. Todo lo comentado se podría hacer extensible a otra amistad que forjó el actor en un tiempo más reciente. Hablamos de la presencia continua de Jeffrey Combs, en la corta trayectoria como director del injustamente menospreciado William Malone. Fue un placer para mi poder contemplar el trabajo de ambos en House on Haunted Hill, Miedo.com y, muy especialmente, en Parasomnia. Tengo que reconocer que las escenas de Haunted Hill donde Combs interpreta al Dr. Vannacutt (el fantasma jefe, por llamarlo de alguna manera) se grabaron en mi mente cuando estaba en unas multisalas viendola, no son la cumbre de su carrera pero dejan bien claro el cine en el que siempre se involucra: terror de entretenimiento elevado a la máxima potencia.

En cuanto a la recurrente presencia de Lovecraft, el escritor maldito de Providence, en el camino interpretativo de Jeffrey; no creo que tenga más motivo que la admiración y afición a su obra por parte del díptico Gordon-Combs. De hecho, actualmente Stuart Gordon está trabajando en una adaptación cinematográfica de “La cosa en el umbral”. Pero lo más curioso y divertido de esta afición llega en 1993 cuando Jeffrey Combs es invitado a representar al propio Lovecraft, como eje central de una recopilación de historias de terror basadas en el universo del escritor, en la película Necronomicon. Papel que acepta sin reparos. “Vaya honor”, debió de pensar.
La película en si no es mala, pero solo destaca la última historia. Sin embargo la interpretación que Combs realiza de un Lovecraft muy aventurero y realista en busca del “Necronomicon” (el ficticio libro de los muertos), pasará a la historia por su calidad y por ser la primera, y de momento única, interpretación del genial escritor en la gran pantalla. La pena es que no tuvo una distribución en España, desconozco si la tuvo en Latinoamérica, así que solo podréis ver esta divertida obrita buscando por Internet…¿a qué estáis esperando?
Lo más destacado de su filmografía, que pude catar durante esa época post-adolescente de mi vida, fue todo un alimento para mis neuronas ávidas de terror y serie B. Usaré el título original y año de estreno, junto a un link a su ficha en IMDB; más algún comentario entre paréntesis de ser necesario:
Re-animator 1985
Cellar Dweller 1988 (El morador de las tinieblas)
Bride of Re-animator 1990
Robot Jox 1990
The Pit and the Pendulum 1991 (El pozo y el péndulo)
Guyver 1991 (Mutronics)
Doctor Mordrid 1992 (Curiosa adaptación libre de las aventuras comiqueras del Dr. Extraño)
Fortress 1992 (Fortaleza Infernal, donde borda su papel de prisionero manitas y rarito. Una de mis películas favoritas del tandem Gordon-Combs, y eso que la protagoniza Christopher Lambert)
Lurking Fear 1994 (Infinitamente endemoniado, adaptación de “Las ratas en las paraedes” de Lovecraft, fallida en líneas generales)
Hasta alguna de sus actuaciones llegué por casualidad, otras las fui buscando con ahínco (la saga Re-animator) y puedo decir que no resulté defraudado incluso aunque alguna de las películas visionadas fuese bastante mala. Tras ver “Lurking Fear” pasó algún tiempo hasta que me volví a reencontrar con Combs y por el camino había perdido un poco de interés en el cine de terror (entrábamos de lleno en esa edad en la que lo prohibido por fin era permitido, había cosas más jugosas por hacer que ver películas de miedo).
Como las mejores cosas de la vida sucedió por pura casualidad. Corría el inicio de 1997 y se estrenaba en España la última película de Peter Jackson, The Frighteners (llamada aquí “Agárrame esos fantasmas”, sin comentarios). Yo había quedado para ver esta película con unos amigos y sin tener ni idea de que iba a ver. Debido a un título que invitaba a pensar poco y mi desconexión temporal con el género; no tenía claro ni para que iba al cine. Por razones que no vienen el caso me retrasé lo justo para llegar a las puertas del cine cuando empezaba la sesión. Afortunados años sin móviles, por lo que atrevido de mi, decidí comprar mi entrada y buscar entre la penumbra de la sala a mis amigos. Obviamente no los encontré y me dispuse a ver la famosa comedia yo solo. Estaba algo impactado porque era la primera vez que estaba solo en un cine (sin conocidos cerca), quizá suene tonto pero siempre había estado acompañado de una forma ú otra. Los que hayáis visto The Frighteners imaginareis el impacto que me causó esta comedia macabra y fantasmal, sobre todo sin ideas preconcebidas. Y más si cabe, cuando aparece en la pantalla Jeffrey Combs comiéndose al resto de los actores (vaya nivel señores) en un papel histriónico, divertido y siniestro: El agente Dammers y su imperecedera frase de “mi cuerpo es un mapa del dolor”. Sinceramente, solo entre las olas de luz plateada y con toda la tranquilidad de poder pensar para ti muy lentamente, supe que lo mío era el cine fantástico. Y el hombrecillo de pelo negro aceitoso de The Frighteners me ayudo a reafirmarme en mis posiciones.
Luego pasaron los años, y sin dejar de lado otra aficiones, regresó el fanático de la fantasía oscura. En ese periplo, que casi llega hasta día de hoy, cientos de videos y dvds pasaron por mis manos; y periódicamente Jeffrey Combs aparecía por mi vida; de forma callada pero reconfortante: Castle Freak (Un castillo alucinante, 1995), Faust (2000), The Wizard of Gore (2007) ó Abominable (2006); por citar algunos títulos no comentados.
La verdad, que el ritmo de trabajo en el cine, de nuestro protagonista, ha ido disminuyendo a medida que entrábamos de lleno en el siglo XXI. No es de extrañar dado el bajo nivel productivo del fantascine que hubo de 1995 hasta 2005. Como un buen luchador, estos diez años ven a un Combs especialmente activo en la televisión norteamericana, asociado principalmente al mundo de Star Trek y sus diferentes variantes. Incluso llegó a dirigir un capítulo. También ha prestado su voz a diferentes villanos (por ejemplo a The Question) en serie de animación de superhéroes, además de los clásicos cameos en renombrados programas como CSI. Actualmente su trabajo en televisión sigue en buena forma, habiendo participado en la serie “Los 4400” y en variados telefilms de calidad irregular (“El horror de Dunwich”, 2009)
Y es lo más destacado de la última etapa del actor la que nos lleva de nuevo al principio y a la vez nos sirve de broche final para estos delirios que intentan ser un homenaje a una figura destacada en el ambito de lo fantástico. Uno de los títulos en los que participo Combs el año 1991 fue El pozo y el pendulo, el lector minimamente avezado sabrá que se trata de una recreación de un cuento corto de Edgar Allan Poe. Bueno, pues como en el caso de Lovecraft, el actor que ha dado vida a personajes de ambos autores ha acabado representando a los dos escritores, y con mucho respeto, dignidad y acierto. La interpretación original de Poe tuvo lugar en “The Black Cat” (2007). Y si no fuese el genero fantástico tan despreciado; a Combs, deberían haberle concedido un Globo de Oro a Combs, por su papel como poeta desquiciado.

Mi encuentro con The Black Cat acaeció más prosaicamente. Simplemente, un día tocaba ver ese capítulo de la serie Masters of Horror, sabía que estaba dirigido por Stuart Gordon y poco más. Agradezco la agradable sorpresa que me llevé (puesto que los episodios de la serie tienen muchos altibajos entre ellos) y que me reafirmó en la idea de que un artista dedicado a su trabajo nunca toca techo. La mejor prueba de ello es que su papel, en la adaptación de Poe, inició el camino hacia la que es su actual cima, hablo de la obra de teatro Nevermore. La cual a buen seguro, y a tenor de las buenas críticas, es un compendio de todas las virtudes de un profesional de la actuación. La pena es que será difícil ver la obra en vivo por lugares de habla castellana. Tal vez algún gran actor español (y hay muchos) se atreva a tomar el lugar de Combs en una versión a nuestro a idioma.
¿Y qué depara el futuro? Desde luego, el recorrido de Jeffrey Combs aun tiene muchos pasos por delante, como la esperada “The House of Reanimator” ó la extraña fantasía de “The Witches of Oz”. Incluso me atrevo a soñar con ese título de terror definitivo donde las luminarias que son Jeffrey Combs, Robert Englund y Bruce Campbell; interpreten un trío de excéntricos investigadores de lo oculto, por ejemplo. Sea como sea, todavía quedan muchos años por delante para dejar que los papeles de Jeffrey Comb formen parte de momentos especiales de nuestra vida. Obsesivos, depravados, perturbados, inteligentes, locos, intensos, sexuales, en definitiva…vivos.
Vuestros comentarios