Alessio es un joven y apasionado director italiano cuyos guiones siempre son mirados con suspicacia; quizás su excesivo celo en la búsqueda del horror, a través de las miradas inquietas de otros cineastas anteriores, convierta su narrativa en un círculo cerrado carente de voz propia y originalidad
Un productor amigo, con muy buenas palabras, le hace ver que sus guiones serán siempre rechazados si no busca una inspiración interna y un discurso más auténtico. Para ello, le ayuda a ponerse en contacto con el famoso, a la par que misterioso, escritor de novelas de terror Ubaldo Terzani. El mismo productor estaría dispuesto a apoyar el desarrollo de un libreto que hubiesen escrito a medias, así que Alessio se pone en contacto con Ubaldo, imbuyéndose en su magnética personalidad con el fin de encontrar la quintaesencia, la piedra filosofal que transforme meras ideas en escalofríos vertebrales.
La primera lección es sumergirse de lleno en el pozo del miedo primigenio para poder plasmarlo en pantalla. Así, Alessio comienza a vivir su propia película de terror plagada de pesadillas, alucinaciones y evisceraciones; fiesta pagana presidida desde su trono de huesos por la inquietante y fija mirada de Ubaldo Terzani
Gabriele Albanesi, joven escritor y director de una cinta más que demuestra que el género terrorífico “autentico” en Italia solo está dormido y no muerto – como el alto sacerdote de los primigenios allí en R’Lyeh -; nos trae una obra independiente de escasos recursos que indaga en la creación del artista y la procedencia de las musas, desde un punto de vista, evidentemente, sucio, directo y perverso; como no podría ser menos viniendo de la península de la bota.
El responsable de The Last House in the Woods (2006), otra mirada puesta en el ayer, concretamente hacía la época dorada de los ochenta, cuando el spaghetti-terror reinaba inmisericorde en los video-clubs de barrio; parece haber querido excavar en la tumba de ese cine espantoso y encantador, de hace décadas, de dos formas claramente diferenciadas:
Lo mejor: Buenas actuaciones, especialmente Paolo Sassanelli, un gore doloroso acorde a la historia y una atmósfera demente, directamente heredada del cine maldito de VHS.
Lo peor: El limitado presupuesto define milimétricamente hasta donde puede llegar la cinta obligando a meter mucho relleno intranscendente, como algunas conversaciones demasiado vagas y repetitivas. El epílogo.