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Penance

Que dejen tranquila a la pobre chica...

Penance

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  • Título original: Penance
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jake Kennedy
  • Guión: Jake Kennedy
  • Intérpretes: Marieh Delfino, Graham McTavish, Alice Amter
  • Argumento: Una joven madre soltera ejerce de stripper para conseguir dinero con el que tratar la enfermedad de su hija.

39 |100

Estrellas: 2

Penance

Penance deja un amargo sabor a oportunidad perdida…
La nueva propuesta de terror independiente del director británico Jake Kennedy (Days of Darkness, Blood Drive II) comete el grave error de quedarse a medio camino de todos aquellos lugares a los que parece dirigirse.
Pero vayamos por partes.

Amelia es una joven madre soltera cuya hija de diez años, Asher, sufre una complicada enfermedad degenerativa. No dispone de un seguro médico en condiciones y necesita dinero para afrontar el tratamiento de Asher. Su primera opción es participar en un reality show televisivo cuyo premio final está valorado en 20.000 dólares.

Una segunda opción, mucho más directa, es la de ejercer de stripper, asesorada por su mejor amiga –stripper de profesión-, y acudir de fiesta en fiesta dispuesta a mostrar sus encantos naturales a todo aquel que pague por disfrutarlos.
Cuando un día ocupe el lugar de su amiga, que acaba de recibir una paliza a manos de uno de sus clientes, para llevar a cabo un trabajo aparentemente sencillo y bien remunerado, dará inicio una auténtica pesadilla para Amelia.

Curiosamente Penance funciona mucho mejor como melodrama indie en sus 20 minutos iniciales que como película de horror durante el resto de su metraje; lo cual no deja de ser una mala señal acerca de lo que nos espera.

El arranque de Penance es prometedor. La propia Amelia nos cuenta, mirando a cámara (su novio la graba constantemente para enviar un video de presentación al casting de un reality show), los pormenores de su vida. Su labor como asistenta social. El grave problema de salud que sufre su hija. Su acuciante necesidad de dinero para poder tratarla. La necesidad como único motivo que le empuja a desnudarse frente a una jauría de universitarios en celo.
La película se toma su tiempo en presentarnos a un personaje sólido, creíble, con el que resulta fácil identificarnos. Y esto el espectador lo agradece. No es un hecho habitual en este tipo de producciones. El resultado final de este magnífico inicio es que Amelia nos importa, y estamos dispuestos a compartir con ella la que promete ser una larga travesía de dolor y sufrimiento. Primer objetivo cumplido.

Durante estos 20 minutos iniciales incluso el ya sobreexplotado recurso de la cámara en mano y el formato de falso documental, aparecen justificados de manera, más o menos, aceptable.

Pero todo este esfuerzo, encomiable, en la presentación del personaje principal, se evapora desde el preciso instante en el que Amelia se cruza en el camino de un psicópata mesiánico, con amplios conocimientos quirúrgicos, dispuesto a purificar el alma corrupta de toda stripper que caiga en sus redes.

¿Recordáis esa larga travesía de dolor y sufrimiento que estábamos dispuestos a realizar junto a Amelia? Pues olvidaos del tema.
Amelia, junto a un puñado de strippers, es encerrada en un hospital abandonado y sometida a una serie de tormentos que pondrán a prueba la pureza de su alma. La cosa suena mucho más grave de lo que finalmente acaba siendo.

Amelia sufre, lleva fatal su encierro y el hecho de no poder ver a su hija, grita,… Cuando se da cuenta de que la puerta de su habitación/celda está abierta, toma la estupidísima decisión de recorrer cada palmo del centro en el que está recluida, mientras lo graba todo con una cámara de vídeo que no sabemos de donde demonios ha salido (despedíos de la justificación de la cámara en mano… a partir de ahora las cámaras digitales crecen en todos los rincones del hospital como si fueran malas hierbas), en lugar de escapar de aquel lugar como alma a la que persigue el mismísimo diablo.

Todo se vuelve monótono, repetitivo y algo cansino. Amelia corretea de un lugar a otro sin demasiado sentido y agitando la cámara sin parar. Da la sensación de que Jack Kennedy no sabe qué leches hacer con su historia, hacia dónde dirigirla. Le ocurre lo mismo que a su protagonista: se encuentra encerrado en un callejón sin salida del que no sabe cómo escapar. Y es entonces cuando tiene la sensacional idea de que ha llegado el momento de apelar a la resistencia estomacal del espectador.

Dos. Dos son las secuencias desagradables a las que tendremos que enfrentarnos en Penance. Ambas cortadas por un mismo patrón: la obsesión del psicópata por los órganos genitales.
Aquellos que esperaban encontrar en Penance un digno – y pringoso – ejemplo de torture porn, deberán conformarse con este par de secuencias mencionadas. Sospecho que un bagaje muy insuficiente para los amantes de las emociones fuertes y los excesos de hemoglobina. Como torture porn, definitivamente, Penance se queda corta.

Por otro lado, el psicópata de la función, un tipo siempre preocupado por la pureza espiritual y la purgación del pecado, tiene un par de salidas, presuntamente humorísticas, que echan por tierra su personaje.

Y por si todo esto fuera poco, nos meten con calzador uno de esos inoportunos cartelitos al final de la película informándonos que el dichoso psicópata está basado en hechos reales: un ginecólogo australiano que abusó de no recuerdo cuántas de sus pacientes…, poco tiene que ver esto con lo que nos cuenta la película.

Penance no funciona. Por muy bien que nos caiga su protagonista principal, no funciona. Es una película que brilla más por sus intenciones que por sus resultados. Lástima.

Lo mejor: La labor de la actriz protagonista y la presentación de su personaje.

Lo peor: El desarrollo monótono y cansino de la historia.

Road Kill

Gasolina

Road Kill

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  • Título original: Road Kill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Dean Francis
  • Guión: Clive Hopkins
  • Intérpretes: Bob Morley, Xavier Samuel, Georgina Haig y Sophie Lowe
  • Argumento: Cuatro jóvenes son perseguidos por un enorme trailer en cuya naturaleza parece haber algo sobrenatural.

40 |100

Estrellas: 2

Road Kill

“Road Kill” cuenta la historia de dos parejas de jóvenes que están de viaje por el sur de Australia y, en medio de una carretera desierta, se pican en una carrera con un enorme trailer de dos cuerpos. ¿El resultado? El viejo coche de los jóvenes vuelca y uno de ellos, Craig (Bob Morley), se parte un brazo. Sin vehículo, en mitad de ningún sitio, los chicos se angustian hasta que avistan, a lo lejos, el enorme camión que les ha agredido. Detenido, unos metros adelante. Siendo, como es, su única esperanza, se acercan, a ver si consiguen hacer entrar en razón al conductor para que lleve a su amigo a un hospital…

Empezamos regular, ¿verdad? Si un loco con un camión gigantesco se lanza a por ti en una carretera, creo que por mucho que pueda ser tu única esperanza, es difícil encajar que estos chicos se acerquen a por él. Por tanto, en los primeros diez minutos de película, hay que hacer la vista gorda. Se plantea uno, por tanto, la siguiente cuestión: puede que no esté todo perdido. Puedo olvidar esto si lo que sigue es apasionante.

Marcus (Xavier Samuel) y Liz (Georgina Haig), la pareja indemne, van hacia el camión, mientras Nina (Sophie Lowe) se queda con el malherido Craig. Los jóvenes llegan hasta el vehículo. Está vacío. Las puertas delanteras abiertas. Del conductor no hay rastro. Además, las llaves están puestas. Suben, justo cuando a lo lejos, se divisa al conductor, que corre hacia ellos, disparándoles. Los chicos arrancan y recogen a sus amigos. Dejan atrás al conductor. Carretera adelante, ¡bien!, pueden salir de esa…
…pero hay algo raro en el trailer. En vez de la insignia de la marca, en el capó hay una pequeña figurita de un perro con tres cabezas que Marcus, el conductor, ha mirado fascinado durante un buen rato. Así, mientras todos duermen, Marcus intenta mantenerse despierto mientras algo, quizás ese extraño perro, aparece en su cabeza, vence su voluntad y le hace salirse de la carretera y tomar un camino sin salida. En ese punto, cuando los demás descubren que se han desviado de la ruta, comienzan los enfrentamientos entre ellos, las tensiones que hay bajo sus aparentes buenas relaciones, siempre a la sombra amenazante del camión…

“Road Kill” no disimula su inspiración directa, “Christine”, la novela de Stephen King. Pero, eso sí, la “personalidad” del coche del novelista americano es mucho más fascinante que la de este mamotreto. Si el plymouth era una suerte de novia celosa, el camión es un animal egoísta que sólo busca su sustento más básico. Y no tiene ningún reparo en utilizar a los jóvenes a su antojo, siempre “poseyendo” al que pueda saciar su instinto de un modo más inmediato.* Así, uno diría que un pilar básico de “Road Kill” debe ser, por tanto, la personalidad de sus cuatro protagonistas. Así debería ser, pero no lo es, y es una de las grandes carencias de la película. Los personajes apenas se mantienen. Marcus, Liz y Nina no cambian su registro en toda la hora y media. Marcus es guapo y un poco engreído, Liz está enamorada de Craig, y Nina es una chica entregada a su novio y buena (…hasta el extremo de ser tonta). Sólo Craig, sobre el papel, empieza de un modo (sexy, majo, bienintencionado) y acaba de otro (utilizando sus virtudes para manipular a los demás).

Eso sí, sobre el papel. Si hay un problema grande y decisivo en “Road Kill” es la labor de dirección de Dean Francis. Puede que los actores no sean los mejores del mundo, pero su batuta al mando es inexistente. El tono de la película también parece navegar sin rumbo fijo: en los primeros minutos, parece que estemos ante una película de Greg Mclean, también australiano y fascinado por la belleza negra y mórbida del entorno natural del país. Pero en cuanto la trama avanza, nos metemos de lleno en el terreno de la serie B –en el sentido malo del término-, aunque al final intente recuperar el pulso estético. A esto, hemos de sumar la planificación: no se sostienen momentos en los que, por ejemplo, Craig abandona el sitio en el que Nina le había dejado, y vemos a dónde se dirige. Posteriormente, Nina sale a buscarle, y no tiene ningún sentido ver cómo la chica mira en un lugar en el que sabemos, porque lo hemos visto, que Craig no está, y que el director nos ofrezca la réplica a la mirada de Nina mostrando el lugar vacío y enfatizando con música la supuesta sorpresa de que el chico no esté allí.
Por otra parte, en el tramo final de la película, se acumulan los sinsentidos y fallos de racord gordos –el trailer lleva dos contenedores, y el mismo interior se encuentra en uno y otro indistintamente. A esto hay que sumar el guión de Clive Hopkins: en tres ocasiones, un personaje, en un momento de tensión, se queda dormido (!!!) y despierta un tiempo después… tiempo que se necesitaba para colocar los elementos del siguiente tramo de la película. O el clímax, estirado hasta la extenuación para alcanzar los noventa minutos de película.

Puede que esté siendo duro. Pero es que da rabia porque, aunque no era original, la trama daba de sí. Y algunas cosas están la mar de bien resueltas –la presentación del mecanismo del camión, por ejemplo, dibujada en la pared de la que parece la guarida del conductor, o el motor del vehículo, una imagen no por tópica menos perturbadora-, por lo que da que pensar por qué otras no se han pensado del mismo modo. Además, hasta que llega el ya mencionado y estirado clímax, la película, a pesar de sus peros, no se ve mal del todo.

En definitiva, que podía haber estado bien. Y eso duele.

Lo mejor: El motor del camión.

Lo peor: En general, es floja

Burning Bright

Gatito malo

Burning Bright

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  • Título original: Gatito malo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Carlos Brooks
  • Guión: Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux
  • Intérpretes: Briana Evigan, Garret Dillahunt, Charlie Tahan
  • Argumento: Una joven, su hermano autista y un tigre con hambre en una casa cerrada a cal y canto

70 |100

Estrellas: 4

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1.-UN TIGRE

Lo primero que tengo que reconocer es que cuando leí el argumento de la película me dije: bufffff, y la guardé en la carpeta de PELIS PARA VER ESNUCAO; y es que me pareció un pelín rebuscado, un tigre de Bengala??, coño, con lo fácil que es contratar a 2 yonkos para que se encarguen de 2 chavales solos en una casa aislada… Pero me equivoqué de pleno, lo que en un principio parecía su peor handicap se convirtió en el verdadero acierto de la película: el uso de la imaginación para generar un nivel impecable de tensión.

Y es que en estos tiempos que corremos es más difícil encontrar un thriller original, sin caer en lo absurdo (White Wall), que un cura honrado. Sin necesidad de abusar de los efectos digitales, solo los justos y necesarios (uno de los pocos puntos flojos de la película: la falta de medios); sin recurrir a la casquería fácil, ni a las tetas gratuitas. Solo un decorado, 3 personajes y la madre naturaleza.

Otro de los grandes aciertos de la película, aparte del caracartón de Garret Dillahunt (menos expresivo que Clive Owen con parálisis facial), es el casting: tanto Briana Evigan, como el niño Charlie Tahan están perfectos como hermana mayor agobiada y superada por las circunstancias, y como niño con autismo severo, que por cierto es uno de los grandes aciertos del guión. A ello vamos.

2.-DOS TIGRES

PhotobucketKelly (Evigan) ya no puede más, toda su vida lleva estando mediatizada por la presencia de su hermano autista, especialmente desde que su madre falleció por un “presunto” suicidio con pastillas. No puede ir a la Universidad, no tiene vida social y el niño no la deja sola ni 10 minutos. Y para colmo va el capullo de su padrastro y se gasta los ahorros que tenía para la educación del niño en un puñetero tigre de Bengala (breve cameo de Meat Loaf) para su estúpida idea de montar un rancho-safari en mitad de la nada. Como cuando las cosas van mal, generalmente suelen empeorar, un huracán de los gordacos está a punto de llegar a la zona y su padrastro anda liado con unos carpinteros para que protejan la casa con madera laminada.

Y justo la noche en la que llega el citado huracán se tiene que quedar sola con su hermano y cuidar de él, ya que el padrastro se ha ido de farra. O eso piensa ella. Para no reventar las sutiles maniobras de las guionistas ( Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux) para manejar la trama, me limitaré a decir que pronto descubren que no están solos en la casa: hay un lindo gatito que lleva ayunando forzosamente 2 semanas suelto, y la casa está completamente sellada. No se puede salir ni entrar. Y quedan 75 minutos…

TRES TIGRES

PhotobucketSalvando la falta de expresividad del “malo” y las escasas secuencias en las que recurren a los efectos digitales, esta es una de esas películas que se podría considerar una pequeña joyita dentro del panorama actual de thriller/terror actual. Tanto por la originalidad del planteamiento (a pesar de que pueda paracer un poco forzado al principio), como por la maestría con la que el director, CARLOS BROOKS, maneja sus pocos medios y un guión en apariencia complicado de resolver. Como curisidades os cuento que se emplearon 3 tigres de Bengala en la película (Katia, Schicka y Kismet), y que la canción que suena en los títulos de crédito finales está compuesta por el pivón, digooo, Briana Evigan….

Lo mejor: Lo bien aprovechado que está el guión y la presencia de Briana Evigan

Lo peor: EL "malo" y una evidente falta de medios

Miedos 3D

Terror juvenil del bueno

Miedos 3D

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  • Título original: The Hole
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Joe Dante
  • Guión: Mark L. Smith
  • Intérpretes: Chris Massoglia, Nathan Gamble, Haley Bennett
  • Argumento: Dos hermanos y la vecinita de al lado descubren un misterioso agujero que pondrá de relieve sus miedos más profundos.

67 |100

Estrellas: 4

Miedos 3D

Uno se acerca a la sala de cine, se enfunda las cada vez más frágiles y destartaladas gafas 3D (por las que debo pagar un euro extra, que viene a sumarse a la cantidad adicional que debo abonar en taquilla por tratarse de una película 3D), y se dispone a reencontrarse con un héroe de la infancia, Joe Dante, un grande de los 80 en cuya filmografía encontramos un buen puñado de esos títulos que a muchos nos ayudaron a forjarnos como los adictos al cine fantástico y de terror que hoy somos: Gremlins, Piraña, Exploradores, Aullidos, Matinee…

Y le he encontrado. He encontrado a un Dante en estado puro. Quizás no sea el mejor Dante. Probablemente esté lejos de la rabiosa diversión de Gremlins o de las mejores cuotas de horror de Aullidos; pero Dante vuelve a demostrar, en su esperado regreso, esa capacidad suya para contar la misma historia de siempre ubicándola en un convincente, atractivo e inteligente escenario de fantasia y, en menor medida, horror.

Dos hermanos encuentran en el sótano de su nueva casa un extraño agujero que no parece tener fondo. Junto a la vecinita de ambos descubrirán que el mencionado agujero les tiene preparadas terroríficas sorpresas relacionadas con los miedos más profundos de cada uno de ellos.

Bajo el cansino – y en este caso, inútil – reclamo de la tecnología 3D, Miedos 3D (valga la redundancia), horrible traducción al castellano del título original The Hole, se sitúa en el terreno de temas universales tan trillados como la superación de miedos y traumas infantiles o la siempre difícil transición hacia la edad adulta.

El mérito de Dante lo hallamos en su habilidad para incorporar estos temas (junto a otros más conflictivos como puede ser el maltrato a menores) en el seno de una historia de terror adolescente que sabe tratar a su público (y de ello hablaré a continuación) con respeto y –nuevamente- inteligencia.

Y todo ello lo logra conjugando, con acierto, tanto elementos afines al terror más clásico (el muñeco/payaso), como elementos que aluden a un estilo de horror mucho más cercano en el tiempo (la niña que parece salida de un película japonesa de fantasmas).
Sin alarde de artificios innecesarios. Sin forzar excesivamente las situaciones, y sin necesidad de llevarlas al límite. Con unos protagonistas adolescentes más creíbles de lo habitual, unas correctísimas dosis de intriga – la historia avanza paso a paso, sin prisas, sin estridencias… pero manteniendo siempre la tensión en un punto óptimo y logrando instantes tan convincentes como la secuencia del servicio – y un envolvente ejercicio de ambientación (apoyado por una excelente fotografía), sobre todo en su tercio final, el único que parece justificar – escasamente – el epíteto de las 3D.

¿Dónde está entonces la trampa? Con estas credenciales uno podría llegar a pensar que estamos ante una de las mejores propuestas de terror del año. Pero este agujero surgido de la nada y servido por un cineasta de primer orden, esconde un secreto que quizás nos ayude a entender mejor las cosas: el público al cual va dirigido.

No esperéis de Miedos 3D grandes dosis de horror, ni un gran número de sustos (que los hay) y, por supuesto, ni una sola gota de sangre más alla de lo estrictamente necesario. Ni siquiera tendremos que lamentar bajas humanas ni daños colaterales.

Miedos 3D es una película de terror a contracorriente en el actual panorama del cine de horror, concebida para un público adolescente y preadolescente que se situaría entre los 12 y los 16 años (año más, año menos).
El aficionado al cine de terror que no entienda esto se expone, probablemente, a una película blanda, ingénua y carente de alicientes; adjetivos que en ningún modo hacen justicia a una película dirigida a un tipo de público muy concreto.

Para todos los que tengais hijos, sobrinos o nietos (quién sabe…) de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, Miedos 3D es una magnífica ocasión para arrastrarlos al cine y adentrarles en el universo del terror, a no ser que los dichosos críos os digan que prefieren esperar a la tercera entrega de Hostel… que es lo más probable.

¿Y qué hace una película como Miedos 3D, destinada a un público juvenil, en un lugar como Almas Oscuras? Dos razones: la primera es que la propuesta de Dante me hizo disfrutar (que se trate de un producto eminentemente juvenil no significa que los adultos no podamos disfrutarlo… que le pregunten a los tipos de Pixar). La segunda es una cuestión de pura nostalgia… Pese a que mis gustos actuales por el genéro terrorífico discurran por caminos muy distintos a Miedos 3D, sospecho que me hubiera encantado ver una película como esta cuando apenas era un mocoso preocupado por los primeros signos del acné juvenil.

Lo mejor: Es una buena película de terror juvenil.

Lo peor: Que con la excusa del dichoso 3D nos cobren una entrada más cara y un euro extra por las gafas.

Suicide Girls Must Die

Muertas quizás no... pero desnudas sí.

Suicide Girls Must Die

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  • Título original: Suicide Girls Must Die
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Sawa Suicide
  • Guión: Brian Fagan
  • Intérpretes: Amina Munster, Bailey Suicide, Bully Suicide
  • Argumento: Doce Suicide girls se encierran en una gran mansión para realizar un calendario. Una tras otra, las chicas suicidas irán desapareciendo de forma misteriosa.

40 |100

Estrellas: 2

Suicide girls must die

Suicide Girls (www.suicidegirls.com) es una comunidad virtual creada en 2001 que se caracteriza, principalmente, por ofrecer a su público material softcore con modelos femeninas que tienen un perfil góitico o punk (al menos esa es la información que ofrece la wikipedia al respecto).

Nació como una comunidad de “Fotolog” en la que “chicas malas”, con cierto aire intelectual, compartian sus fotos más sexys y sugerentes.
Hoy en día, casi diez años después de su fundación, Suicide Girls es todo un fenómeno a nivel mundial que sigue proporcionando lo que ha venido a denominarse “altporn” (porno alternativo) a sus miles de fieles seguidores, eso sí, previo pago de una cuota mensual.

En otras palabras: Suicide Girls se ha convertido en un enorme y lucrativo negocio del que Suicide Girls Must Die, la película que hoy nos ocupa, forma parte.

Con la excusa de la realización de un calendario, Suicide Girls must die reúne a una nutrida y selecta representación de las chicas suicidas bajo un mismo techo; una mansión aislada en mitad de un bosque.
A cada una de ellas se le adjudica una cámara de vídeo con la que deberán inmortalizar el día a día en el interior de la mansión. Una mansión que, a su vez, está dotada de una amplia red de cámaras de vigilancia que no pierden un solo detalle de todo lo que ocurre entre sus cuatro paredes.

Así es… todo está listo para que el Big Brother de jovencitas hermosas, tatuadas y dispuestas a mostrar sus generosas anatomías a la menor ocasión, dé comienzo. Una vez iniciado el juego, no falta de nada: escarceos lésbicos en el jacuzzi, alcohol, fiestas, los primeros encontronazos, las primeras envidias, y por supuesto todo un clásico en estas lides, las interminables sesiones de “confesionario” en las que las chicas se destripan unas a otras sin excesivos miramientos.

Y en mitad de todo este reality show venido a menos (cualquier resumen del Gran Hermano versión “made in spain” ofrece mayores dosis de cutrez, miseria y estupidez humana de lo que es capaz de mostrarnos Suicide Girls must die en sus 90 minutos de metraje), cada una de las suicide girls disfruta de su minuto de gloria en forma de sesión fotográfica en el que exhibir (y deleitarnos) con sus jóvenes, estupendos, completamente desnudos, rasurados y profusamente tatuados cuerpos.

Pero se supone que esto no es tan sólo una versión sexy-tatuada del Gran Hermano. Se supone que las chicas suicidas DEBEN MORIR. A poder ser de manera cruel y sangrienta. Quizás un tipo enorme escondido tras una máscara, o un ser deforme que habite en el bosque, o posiblemente un fan de las suicide girls algo pasadito de rosca… ¡qué sé yo!

En cualquier caso, olvidaos. No hay muertes, no hay sangre, ni siquiera un arañazo o una uña rota. Tampoco hay tensión, ni sobresaltos… ni nada. Acudí a Suicide Girls must die con la esperanza de disfrutar de chicas hermosas, desnudas, tatuadas y, finalmente, desangradas, decapitadas y convenientemente descuartizadas. Me equivoqué.
A las chicas las encontré – desnuditas y tatuadas -, el resto fue tan sólo producto de mi tórrida imaginación.

Suicide Girls must die no es un slasher al uso. En realidad ni tan siquiera se trata de una película de terror al uso. Suicide Girls must die es una simple operación de marketing. Una campaña publicitaria cuyo único objetivo es ofrecernos un aperitivo de lo que podemos encontrar en la página web de las suicide girls.
No me entendais mal, como ardid publicitario me parece una idea estupenda. Quiero suponer que los miles de fans de las suicide girls (entre los cuales no me encuentro) disfrutarán una barbaridad viendo a sus idolatradas y deseadas ninfas tatuadas sufriendo de lo lindo, mientras esperan su turno para despelotarse por completo ante la cámara.

Pero como ya he dicho anteriormente, yo no soy un fan de las suicide girls. Soy un aficionado al cine de terror. Y Suicide Girls must die no es cine de terror. Es otra cosa; así que la decepción – junto a importantes dosis de aburrimiento – fue el principal sentimiento que me invadió tras el visionado de la película.
¿Culpables? No tengo porqué buscarlos. Al fin y al cabo los responsables de Suicide Girls must die estaban cumpliendo con su obligación: mostrar a las chicas y promocionar la página web.
En todo caso, si de encontrar un culpable se trata, ese soy yo. Me equivoqué de producto.

Pese a todo ello no me resisto a señalar a mi suicide girl favorita, una pelirroja con cara de despistada que posa junto a un enorme oso de peluche, portando una escopeta de caza, y que se queja continuamente porque el mencionado oso de peluche no parece real… bravo.

Suicide Girls Must Die

Lo mejor: Las chicas, y no me refiero a sus cualidades interpretativas.

Lo peor: No es una película de terror... es un producto de marketing exclusivamente recomendado a los fans de Suicide Girls.

Pig

Vida Cerda

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  • Título original: Pig
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2010
  • Director: Adam Mason
  • Guión: Adam Mason y Andrew Howard
  • Intérpretes: Andrew Howard, Molly Black, Guy Burnett
  • Argumento: 90 minutos en la vida de un psicópata y sus "cachorros".

85 |100

Estrellas: 5

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1º.- SESOS DE CERDO REBOZADOS CON SÉSAMO:

PhotobucketComo un escupitajo en todo el ojo de la industria cinematográfica, esta puede ser una buena forma de describir esta película y las intenciones del director ADAM MASON, además de ser, creo yo, la única manera de afrontarla sin sentirse horrorizado ni escandalizado ante la propuesta de PIG. Y es que no me extraña. Tras la larga lista de magníficos títulos destilados por el atípico (por lo concienzudo de sus planteamientos en un género tan previsible como el de terror) director británico, lo lógico hubiera sido un reconocimiento unánime por parte de la crítica (que lo tiene) y del público, que no le ha sido concedido, ya que la mayoría de sus películas pasan de Festival en Festival y luego directamente a la estantería de los videoclubs. Tiene que joder mucho, y frustrar aún mucho más que en todos los blogs y páginas de terror digan que eres un crack y que no puedas distribuir tus películas en condiciones. Por no hablar de lo perjudicados que salimos los aficionados al buen cine de terror. Ese que sobrepasa barreras, que juega con conceptos intangibles y los convierte en expresiones de puro terror, consecuente en sus planteamientos y eficaz con la casquería. Yo en su lugar hubiese hecho lo mismo, fuck’em!.

2º.- ASADURILLA AL ESTILO CASTELLANO

PhotobucketUna respiración entrecortada, pasos que denotan una carrera vacilante, cansada y desesperada. Oscuridad total. Vemos, de repente, la espalda de una chica joven vestida con una especie de pijama, manchado de polvo y sangre. Cuando le vemos la cara, no vemos ninguna esperanza, sabe que la huida es futil. Pronto aparece una pick-up, y en los ojos de la chica sabemos el porqué…y aquí comienza un impresionante plano secuencia de casi 90 minutos que te mantiene con los ojos fijos y las entrañas pegadas a la pantalla. Y es que el tipo que conduce es peligroso, mucho. Tanto que según atrapa a la chica le pega una somanta de cabezazos que la deja KO, la arroja al maletero y vemos como se la lleva a su granja particular. Bueno, por llamarle de alguna manera, ya que no hay más que una caravana desvencijada, un camping gas, una jaula que intuimos a lo lejos (es eso que se ve una chica embarazada??) y otra chica atada a un poste. Tras llegar a la granja le explica detalladamente lo que les pasa a los que quieren escapar. Por un momento yo me quedé un poco descolocado…¿no hay explicaciones?, ¿no son adolescentes estúpidos?, ¿no es previsible?, ¿no hay un porqué?…¿que coños es esto?. Me temo que vais a tener que descubrirlo vosotros/as solitos/as…

Pués una película como no hay muchas, por no decir única en su género. Ese maravilloso plano secuencia nos sumerge en la locura y depravación de un tipo maniático-compulsivo (¿cuántas veces se ducha?), sin ofrecernos ni un mero antecedente; nos situa como “espectadores privilegiados” de una masacre, que si ya de por sí no suelen tener explicación, esta aún menos.

Mención especialísima al habitual de las películas de MASON, “Andrew Howard”: que compone uno de los personajes más aterradores de los que he visto últimamente, por su aparente afirmación de que lo que está haciendo es lo tiene que hacer y su demoledora encarnación de alguien terroríficamente enfermo.

3º.-RACIÓN DE JAMÓN IBÉRICO 5 Jotas:

PhotobucketHe leído alguna reseña en la que le acusan, únicamente por lo que he visto, de ser aburrida, lenta…no sé, supongo que es tan diferente de lo que vemos habitualmente que puede provocar esa sensación; pero es lo que tienen los planos secuencia, que son en tiempo real. No hay flashbacks, ni edición esquizofrénica, ni look MTV…solamente 85 minutos de tortura y depravación en directo; tanto que a veces parece que es una cinta snuff “editada” por algún psicópata. ¿Una puta locura?, a lo mejor, o tal vez como dijo aquel:

La locura es un cierto placer que sólo el loco conoce.
John Dryden (1631-1700)

Lo mejor: La puesta en escena, la honestidad, Andrew Howard, la idea...

Lo peor: Que pase desapercibida

Phobos

Las grietas del Búnker

Phobos

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  • Título original: Fobos. Klub strakha
  • Nacionalidad: Rusia-Estonia | Año: 2010
  • Director: Oleg Assadulin
  • Guión: Aleksandr Shevtsov
  • Intérpretes: Piotr Fyodorov, Timofey Karataev, Tatiana Kosmacheva
  • Argumento: Siete jóvenes se quedan encerrados en un búnker que les enfrentará con sus terrores más profundos.

20 |100

Estrellas: 2

Phobos

“Phobos” es el nombre de un club que Eugine, un pijo insolente e hipocondríaco, está intentando sacar adelante. A punto de terminar la completa rehabilitación del local, pues era un antiguo búnker de la Segunda Guerra Mundial, Eugine acude al mismo acompañado de su novia Julia, y allí se encuentra con Roma, el administrador del local; Sasha, el capataz de la obra; Mike, el futuro dj; la novia de Roma y su amiga McKie. El dj Mike, probablemente el más descerebrado de todo el grupo, se oculta en la sala de control para meterse una raya de cocaína y pulsa un botón. Las puertas del búnker se cierran, quedándose ellos en el interior.

Vaya por delante que es obvio que la propuesta no es nada original, pero hay muchas pelis que comienzan con un planteamiento similar y acaban llegando a un buen puerto. Aunque también es cierto que, prácticamente desde el comienzo, uno percibe que aquello que está viendo no está bien…

Lo primero que llama la atención, para mal, de la película es todo lo que hablan los personajes. Demasiado. Y muy rápido, como si hubiera consigna de que esas parrafadas mejor soltarlas a toda ostia para que no frenen el ritmo. Así, lo normal es que, cada uno de ellos, cuando habla, diga mucha más información de la estrictamente necesaria, cómo verbalizar su relación con algún otro personaje, o sus expectativas en la vida, o su trabajo. Este exceso de información de los diálogos le juega más de una mala pasada a la película: en cuanto se quedan encerrados, uno de ellos dice: “alguien nos echará de menos y se acercará al bar a ver qué pasa”, y uno a uno explican por qué nadie, por su parte, va a ir a buscarles… aparte de lo rebuscado que es que siete personas coincidan encerradas en un lugar y ninguno se lleve bien con sus padres, o hermanos, o sea nuevo en la ciudad y no conozca a nadie. Además, si alguno de ellos tiene algún tipo de miedo o fobia –sí, de ahí viene lo de “phobos”-, también saldrá a la luz con cualquier excusa. Así las cosas, los personajes no son, precisamente, el punto fuerte de la película. Son bastante tópicos, y lo peor es que se corresponden con estereotipos sociales de vestimenta: Julia, la protagonista buena, viste pijo discreto; Sasha, el prota bueno, informal discreto. El resto, son extremos: la novia de Roma viste como una pija consentida y chillona, y es consentida y chillona; Mckie, su amiga, como es rara y siente fascinación por lo oculto, es gótica; Mike, el dj, toma drogas, así que su look es bakala; Eugine, socio capitalista del local, es pijo radical… No suelo darme cuenta de estas cosas pero, si aquí no me ha pasado desapercibido, creedme que es por algo.

El ritmo de la película no es rápido, es estresado: acelerado, arrítmico, ansioso, y muy muy superficial. Por conseguir que siempre estén pasando cosas, la película es incapaz de crear una mínima escena. O sea, las cosas pasan, pero están filmadas por encima, sin que en ningún momento nos sintamos dentro de ese subterráneo supuestamente asfixiante y opresivo. Esto, por tanto, conlleva otro gran problema… No hay tensión. Ninguna. Y mira que hay momentos en los que estaba bastante servida, como cuando descubren la fosa común del búnker, o uno de los pasillos, cuya ambientación es bastante decente (sí, y deben de saberlo, porque lo enseñan cada vez que pueden). Esta falta de tensión no hace más que acentuar lo disparatado que es todo en la película.

Tras una serie de trasiegos por las tripas del búnker y episodios más o menos terribles, descubren qué es lo que sucede allí dentro. Y lo descubren porque, menos mal, McKie, la gótica del grupo, ve lo que los demás no pueden ver… lo que te lleva a pensar que los demás son ciegos o tontos o ambas cosas a la vez. McKie es un personaje a la altura del de Forest Whitaker en “Species”, que supuestamente tiene poderes y entra en una habitación en la que el alien ha cometido un asesinato y todo está lleno de sangre y dice: “esta habitación me da malas vibraciones”. Toma ya… Pues con McKie pasa lo mismo: después de que las puertas se cierren sellando el local, que muera un obrero electrocutado, que el administrador casi muera incendiado accidentalmente, y que se escuche un susurro sepulcral que hace temblar el lugar, ella dice: “Hay algo malo aquí”. Y lo peor es que Eugine le responde: “¿De qué coño hablas?”. Más adelante, McKie avisará de que ese búnker está maldito, pero a nadie parecerá extrañarle que, por ejemplo, por las paredes se vaya extendiendo una suerte de mancha negra bastante similar a la de “House on Haunted Hill”.

Llegado el tramo final, cuando todos se convencen de que sí que hay algo diabólico en el búnker, los siete chicos se sientan en corro y se ponen a contarse sus cosas. En serio, esto no es una coña de redacción. Y, mientras estás viendo eso, caes en la cuenta de que aquello pretendía ser un survival, pero la película está llegando terminándose y no ha muerto ni un solo personaje. De hecho, tampoco han estado en situaciones de especial riesgo. Y más pasmado te quedas cuando, en apenas diez minutos, los que tienen que morir caen como moscas.

En fin… lamento el tono, pero me gusta que, aunque la película sea mala, la reseña sirva para encontrarle las virtudes que pueda tener. Me gustaría pensar, por ejemplo, que la música estereotipada y excesiva que tiene es intencionadamente paródica, pero no pondría la mano en el fuego. Que la saturada fotografía es también es intencionada y no para camuflar todo el retoque digital barato que – se nota – lleva esta cinta. Que los actores no son malos, sino los que son malos son sus papeles.

Y no puedo pasar por alto el final. Propongo que, por ley, haya que indicar en los créditos iniciales si la película que se va a ver tiene ese final… para ahorrarnos el visionado.

Lo mejor: que no llega a los ochenta minutos.

Lo peor: todo lo demás.

Pesadilla en Elm Street

Elm Street ya no es un buen lugar con el que soñar

Pesadilla en Elm Street

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  • Título original: A Nightmare on Elm Street
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Samuel Bayer
  • Guión: Wesley Strick
  • Intérpretes: Amina Munster, Bailey Suicide, Bully Suicide
  • Argumento: Un grupo de estudiantes tienen pesadillas en las que aparece un hombre desfigurado con sombrero y jersey de rayas. El enigmático hombre, Freddy Krueger, empezará a atacar a los chicos en sueños. Unos sueños más reales de lo que nunca podrían imaginar.

55 |100

Estrellas: 3

Pesadilla en Elm Street. El origen

Tengo que comenzar la reseña comentando brevemente mi posición ante los remakes.
Yo soy de las que toleran los remakes y no me parecen aberraciones mayores que otros productos originales sólo por el hecho de ser réplicas de películas ya existentes Suicide Girls Must Die:Muertas quizás no… pero desnudas sí.(muchas veces por el paso de los años).

Hasta el día de hoy he otorgado el beneficio de la duda a todos los remakes que he visto, y aunque si hago balance los ponzoñosos superan con creces a los que me han gustado, sólo por haberme encontrado revisiones como Halloween, La Colinas tienen ojos, La Matanza de Texas, El Amanecer de los muertos, Drácula, La Mosca e incluso Viernes 13, sigo manteniendo la esperanza.

No entraré en la polémica de si los remakes son las únicas películas que nos llegan a pantalla grande porque es algo que tengo ya muy asumido y porque egoístamente no me importa demasiado (pertenezco a la rara especie de personas a las que nos les gusta ir al cine porque no soportan ver películas con otra gente, y menos desconocidos que normalmente destrozan esos momentos en le cine con ruidos y risas que me exasperan hasta la saciedad).

Una vez hecha esta puntualización, vamos a lo que toca: hoy revisamos al bueno de Freddy y os aseguro que iba esperanzada, pero la cosa se torció.
Pesadilla en Elm Street.El Origen hubiera sido un caramelito en manos de otro director , pero al debutante Samuel Bayer, acostumbrado a videoclips, se le ha quedado un pelín grande. Este director no ha sabido exprimir todo el jugo a Elm Street.

Esta pesadilla del 2010 es igual a la pesadilla de 1984, no aporta nada nuevo, no se revisiona con otros ojos, que es lo interesante de los remakes, se hace una especie de homenaje fiel a la original (y quiero pensar en homenaje más que en falta de ideas). Y su homenaje falla, pues uno de los sellos de identidad de Freddy Krueger era su histrionismo y su humor negro como el carbón. Este nuevo y moderno Freddy es mucho más serio y directo, quizás para otorgar más credibilidad a la película.

Particularmente no considero que el problema de la falta de carisma de este nuevo Freddy radique en el actor, Jackie Earle Hayle (que hace lo que puede), sino en la visión de Bayer del personaje. Me hubiera parecido correcta esta fingida seriedad si la película hubiera sido más cruda, más sucia, más incómoda y con mucha más tensión, pero teniendo en cuenta que los 95 minutos que dura se hacen pesados, eliminar el elemento humorístico y la mala leche es un error, vamos, que el problema está en un guión flojo flojo con personajes que tienen una habilidad asombrosa para atar cabos a la primera (creo que si algo así nos pasa a nosotros, tendríamos que darle muchas vueltas a la cabeza para encontrar algún tipo de explicación…debe ser que mi inteligencia es mucho más limitada que estos habitantes de Springwood).

El acierto con respecto a Krueger es la caracterización. El maquillaje es mucho más creíble que en la famosa saga protagonizada por Robert Englund, el aspecto de quemado de Earle me parece uno de los pocos puntos a favor del film.
El resto de actores, pues ya os podéis imaginar, un grupo de “adolescentes” que parecen más treintañeros que yo, que se nota que nos disfrutan lo más mínimos con sus papeles y que no le infunden realismo, emoción o suspense a la trama, vamos, que es una película hecha por encargo en todos los aspectos.

En el apartado muertes, pues tenemos más de lo mismo, muertes rápidas casi calcadas de la original, que ni fú ni fa, no hay escenas con exceso de hemoglobina ni ensañamiento, es un Freddy que mata rápidamente y que oculta sus juegos de manos con las víctimas. Son muertes simplemente resultonas.

El ritmo de la película se hace lento y en ocasiones puede resultar pesado (y digo pesado, no aburrido).
Los sustos (que creía Bayer que iban a aser el plato fuerte) son previsibles, por lo que este remake no levanta cabeza.

El único elemento “original” es que el Fred Krueger del 84 mataba a niños en el sótano del colegio y el del 2010 se dedicaba a “jugar” con ellos, mostrando así una carácter más abiertamente sexual del personaje.

Pues con todo y con ésto, ¿por qué le he dado un aprobado a la película? Pues porque en el fondo pasas el rato viéndola (que no es poco). Una película que se ve una vez y se olvida, pero que si no se tiene nada mejor que ver…

Lo mejor: El maquillaje de Freddy y la escena final.

Lo peor: La falta de ideas, la falta de ritmo y la falta de tensión.