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Alien Raiders

La invasión empieza en un supermercado...

Alien Raiders

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  • Título original: Alien Raiders
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Ben Rock
  • Guión: Julia Fair, David Simkins
  • Intérpretes: Carlos Bernard, Mathew St. Patrick, Courtney Ford
  • Argumento: Un grupo de asalto toma por la fuerza un supermercado. Lo que en principio parecía un simple robo, pronto se convierte en una misión mucho más terrorífica de lo que nadie podía imaginar. Los asaltantes buscan el orígen de lo que parece ser una infección..

50 |100

Estrellas: 3

Una verdadera lástima.
"Alien Raiders" tenía muchas posibilidades de convertirse en la serie B revelación del 2008 (tal y como lo fue “Feast” en el 2005). Y lo cierto es que ha estado muy cerca de conseguirlo.
En realidad podemos ver en "Alien Raider" un esclarecedor compendio de lo que debe y lo que no debe ser una buena película de serie B.

Ben Rock, director de "Alien Raiders", parece tener las cosas muy claras desde un principio, y hace méritos para ser considerado un alumno aventajado en el actual panorama del cine independiente de género.

No hay dinero. Tampoco hay tiempo. Hay que agudizar el ingenio, ya que las cosas tienen que ser rápidas y baratas –no queda otro remedio-.

Ante la imposibilidad de contar con un actor estrella sobre el que recaiga todo el peso de la acción, Ben Rock decide reclutar a un solvente elenco de actores provinentes del mundo de la televisión (24, Prison Break, Mentes Criminales, Six Feet Under...), entre los cuales destaca el nombre Carlos Bernard, conocido por su carismático rol de Toni Almeida en una de las mejores series televisivas de las últimas décadas: 24.
La apuesta es un total acierto, y todos y cada uno de sus actores cumplen a la perfección con su cometido.

Alien Raiders

Por otro lado, la escasez de recursos impide un despliegue técnico y de efectos que haga justicia a la película, de forma que se hace necesario buscar vías alternativas. Sugerir en lugar de mostrar. Centrarse en ofrecer una trama interesante, unos personajes fuertes y con carácter, y unos diálogos trabajados que nos ayuden a entrar en la historia. Y de nuevo, Ben Rock, parece lograr su objetivo durante, prácticamente, la mitad del metraje.

Tras un arranque espectacular (el asalto al supermercado), "Alien Raiders" construye una interesante y sólida trama que gira entorno a la búsqueda y captura del sujeto infectado. Las relaciones que se establecen entre las víctimas y sus captores -cuyas intenciones no están nada claras- son el principal aliciente de una película que se nos presenta como una seria y respetuosa revisitación del clásico de John Carpenter “La Cosa” (The Thing).

La historia consigue atraparte. Despierta el interés por saber qué ocurrirá a continuación. Cuál será el próximo paso. Las dosis de suspense son óptimas, y la información se va dosificando de manera adecuada. Y, mientras todo esto ocurre, la película sigue avanzando con un ritmo preciso y acertado. Ni siquiera las tópicas escenas de negociación entre policias y raptores consiguen empañar el correcto desarrollo de la trama.

Incluso la racanería argumental de "Alien Raiders" parece, en ocasiones, ser un mal menor que no consigue hacer mella en la película (aunque seguro que en este punto saldrán voces totalmente discordantes). "Alien Raiders" no explica prácticamente nada. No sabemos nada sobre el orígen de la amenaza, o sobre el orígen del equipo de científicos y militares que asalta el supermercado. Se nos plantea una historia, y se nos presentan una serie de personajes y situaciones que nos despiertan un buen número de dudas y preguntas; que no encontrarán respuesta alguna en Alien Raiders. Por mi parte, logré apartar momentáneamente esas dudas, en favor de una historia que lograba mantener mi interés con cierta facilidad (aunque puedo entender que, para muchos, sobrellevar esas carencias argumentales suponga un esfuerzo demasiado elevado).

Pero, por desgracia, todos estos aciertos se van diluyendo poco a poco, hasta el punto de que "Alien Raiders" parece tirar por la borda todo lo conseguido con anterioridad cuando, por fin, la acción, pura y dura, se adueña por completo de la pantalla.
Y es que las carencias y defectos de "Alien Raiders" se hacen muchísimo más evidentes cuando las escenas de acción toman protagonismo. Cuando esto ocurre, Ben Rock opta por apagar las luces y hacer que la cámara tiemble sin control. El resultado es obvio: no vemos nada. Nos debemos conformar con intuir lo que ocurre.

Es imperdonable que una película cómo "Alien Raiders" cuente con tan pocas escenas de acción y que, además, esten todas tan mal resueltas (a excepción de la secuencia que abre la película, por otra parte, la única que no necesita de efectos especiales). La falta de medios no es una excusa válida. La mencionada "Feast" disfrutaba de unas excelentes y entretenidísimas escenas de acción. Incluso cuando su director, John Gulager, optaba por apagar las luces y mover la cámara con excesivo nervio, las escenas de acción seguían siendo terriblemente gozosas.

Un lastre demasiado pesado que convierte a Alien Raider es un producto desequilibrado, irregular y, en cierto modo, decepcionante. Funciona como simple entretenimiento, pero nada más.
En fin... una lástima.

Por cierto, quisiera dedicar este comentario a los amigos de Gore Nation, por su excelente trabajo.

Lo mejor: El inicio, los actores y un guión sólido en la primera mitad de la película.

Lo peor: Cuando la acción hace acto de presencia, la película pierde muchos enteros.

Gutterballs

Una salvaje mezcla de gore y sexploitation

Gutterballs

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  • Título original: Gutterballs
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Candice Lewald, Jimmy Blais, Mihola Terizc
  • Argumento: Dos grupos de jóvenes se enfrentan en un partida nocturna de bolos. Un misterioso jugador que responde a las siglas BBK decide entrar en la partida, asesinando cruel y sanguinariamente a todos su rivales en lo que parece un acto de calculada venganza.

60 |100

Estrellas: 3

"Gutterballs" es una película honesta que ofrece al espectador todo lo que promete. Y Ryan Nicholson, su director, es un provocador nato que ha construido, con "Gutterballs", un enorme monumento al mal gusto, la brutalidad y la repulsión.

Hay películas en las que se hace especialmente duro y complicado el proceso de comentarlas y acabar recomendando, o no, su visionado. "Gutterballs" es una de esas películas.

Vaya por delante que no me gustó "Gutterballs". No pude –o no supe- disfrutarla. Demasiados factores juegan en su contra: una historia sin pies ni cabeza (aunque a decir verdad, una película del estilo de Gutterballs no necesita detrás una historia sólida que la sustente), unos personajes exageradamente estúpidos que no dejan de gritar durante todo el metraje (y que parecen empeñados en batir todos los récords en la utilización de la palabra “fuck”), un ridículo asesino con una bolsa de bolos cubriéndole la cabeza ¿?, un evidente homenaje a los slashers más salvajes de los 80 (“Maniac”, “Torso”,...) que a mí, personalmente, no me aportó demasiado, y una resolución terriblemente confusa, absurda y previsible.

Gutterballs

¿Significa todo esto que no recomiendo su visión a ningún aficionado al género?. En absoluto. Estoy plenamente convencido que "Gutterballs" tiene su público. Posee suficientes dosis de violencia, gore, sexo explícito, desnudos, sadismo y crueldad, como para convencer al más exigente de los sibaritas acostumbrado a degustar las propuestas más extremas.

"Gutterballs" es un viaje en una enfermiza montaña rusa en el que cada curva, cada pendiente y cada descenso, se corresponde con una nueva aberración/escena que pone a prueba los límites del sadismo y la obscenidad. Y por si esto no bastara, Ryan Nicholson incluso se permite el lujo de iniciar la vertiginosa travesía en el punto más alto de la atracción, a través de una insoportable secuencia de violación (que sucede a los cinco minutos de iniciarse la película), cuyas dosis de crueldad y violencia desatada nos remiten, irrremediablemente, a un clásico del sexploitation como es “I Spit on your Grave” (La Violencia del Sexo, 1978).

Tras la mencionada secuencia de violación, la historia transita hacia un slasher al uso, con marcadas reminiscencias a los body counts más duros y salvajes de los años 80; en el que un asesino que responde a las siglas BBK (Bowling Bag Killer) extermina a los componentes de un par de bandas que dirimen sus diferencias en un absurdo torneo nocturno de billar.
Os puedo asegurar que las inminentes víctimas del ridículo asesino con la bolsa en la cabeza, son los ejemplares más estúpidos, anormales y merecedores del sangriento destino que les espera, que se haya visto jamás en un body count.

Por supuesto las muertes son el punto fuerte de la trama (como en todo buen slasher que se precie). Y en este punto, nuevamente, Gutterballs no defraudará a los amantes de las emociones fuertes. La suya parece ser una combinación ganadora: sexo explícito y gore excesivo y pasado de vueltas en prácticamente todas y cada una de las escenas de muerte que contiene el film.
Nada que objetar. Como dije al principio, Gutterballs cumple sus promesas. Incluso he de reconoceros que mi lado más salvaje y gamberro llegó a disfrutar con un par de muertes realmente originales: el ocurrente estrangulamiento de una pareja en pleno 69, y la deprabada operación de cambio de sexo (sin anestesia, por supuesto), practicada a un travesti (hacía mucho tiempo que no apartaba la mirada de la pantalla viendo una película de terror).

Pero entonces... si las muertes son vistosas, algunas de ellas originales, y todas ellas sangrientas y obscenas ¿en qué falla Gutterballs? Pues, prácticamente, en todo lo demás.
Entre asesinato y asesinato, la película bascula entre el total aburrimiento y el ridículo más bochornoso, gracias a unos personajes sencillamente detestables y odiosos; y a unos diálogos insoportables que dificultan sobremanera el seguimiento de la trama.

En definitiva, Gutterballs es una de esas películas que logra reunir seguidores y detractores a partes iguales. Por mi parte, ver una película como Gutterballs se asemeja mucho a ver una película pornográfica, donde el uso del avance rápido del mando a distancia se hace imprescindible para saltarnos todo aquello que no sea sexo puro y duro. En Gutterballs me sentí tentado a utilizar el mismo botón para transitar entre las numerosas escenas de asesinatos, prescindiendo de todo aquello que tuviera que ver con su disparatada y molesta trama.

Una última recomendación: si finalmente os decidís a darle una oportunidad, tomárosla con cierto sentido del humor.

Lo mejor: No engaña a nadie: sexo, vilación, mutilación, gore y violencia.

Lo peor: El argumento, los personajes y los diálogos.

Automaton Transfusion

Gore, gore, gore

Automaton Transfusion

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  • Título original: Automaton Transfusion
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Steven C Miller
  • Guión: Steven C Miller
  • Intérpretes: Garrett Jones, Juliet Reeves, William Howard Bowman
  • Argumento: Tres chicos acuden a un concierto en un local del pueblo vecino. Pronto se dan cuenta de que algo va mal. Las carreteras están vacías, y los habitantes del pueblo se han convertido en furiosos zombies. El festín está servido...

70 |100

Estrellas: 4

A estas alturas queda muy claro que el subgénero zombie es un fecundo campo de cultivo para recurrentes proyectos de serie B y también para la serie Z más descacharrante.
Las películas independientes que tienen a los zombies devoradores de carne humana como principal reclamo nos llegan, año tras año, por docenas. La razón que explicaría este fenómeno parece obvia: cualquier realizador que cuente con un mínimo presupuesto (que incluso puede ser minúsculo), un maquillador de confianza (que consiga crear unos zombies más o menos decentes), y un grupo de amigos dispuestos a pasar un buen rato paseándose torpemente por los lugares más inverosímiles en busca de carne fresca, se ve capacitado –sin demasiados reparos- para dirigir su particular odisea zombie.

Ni siquiera es imprescindible contar con un guión (y ya no digamos con un buen guión...). Ha llegado un punto en que aceptamos, de forma prácticamente incuestionable, cualquier estúpido experimento genético del ejército USA, o cualquier pandemia vírica de alcance mundial, que justifique el temible holocausto zombie.

Si a esto le añadimos que el género zombie cuenta con una fiel legión de seguidores repartidos a lo alto y ancho del mundo que reclaman, sin demasiados escrúpulos, cualquier subproducto que tenga a sus adorados muertos vivientes como principales protagonistas, el panorama da la impresión de que no va a variar demasiado: seguiremos disfrutando/aborreciendo la consabida ración anual de películas independientes sobre zombies.

Bajo esta premisa deberíamos diferenciar entre aquellos productos que intentan aportar (desde sus limitaciones presupuestarias) una visión innovadora, fresca o simplemente efectiva y entretenida del subgénero, de aquellos otros que se limitan a explotar, con una acuciante falta de talento y originalidad, los lugares y situaciones comunes del mismo.

O en otras palabras: resaltar las cualidades de entretenidísimas películas como “Dance of the Dead”, por encima de productos absolutamente prescindibles y alimenticios como “Zombie Diaries” o “Zombie Strippers”. ¿A qué grupo pertenece “Automation Transfusion”? Pues depende... Su propuesta es tan radical que difícilmente pondrá de acuerdo a un gran número de aficionados.

Automaton Transfusion

Los diez primeros minutos de “Automation Transfusion” lograron confundirme por completo. Steven C. Miller, director y guionista debutante, encuadra la acción en un típico high school norteamericano al que no le falta, ni tan siquiera, el romance entre el chico inadaptado y la popular cheerleader.

Así que me dispuse con prontitud a asistir a la enésima mezcla de comedia juvenil y película de zombies. Con un poco de suerte el invento llegaría a ser tan divertido como la anteriormente mencionada “Dance of the Dead”.

Pero no tardé mucho tiempo en caer en la cuenta de mi tremendo error.
Todo lo que argumentalmente acontece en “Automation Transfusion”, abolutamente todo (personajes, ambiente high school, disputas entre bandas, romance...) es una mera excusa para dar paso a la verdadera naturaleza de la película: una adrenalítica, brutal y asfixiante orgía de sangre y vísceras servida con una fuerza y contundencia nada habitual en una película de estas características.

Miller parece tener las cosas muy claras. Su propuesta pasa por una búsqueda incansable del impacto más primario, más directo, sobre el espectador. Por una saturación de los sentidos. En definitiva, por una utilización radical del gore más salvaje y desquiciado como único elemento relevante y definitorio de todo lo que sucede ante nuestros ojos.
Los personajes son planos, algunas situaciones son realmente absurdas (¿alguien puede creer que tres chicos envueltos en un apocalipsis zombies decidan volver a su escuela –repleta de muertos vivientes- para ayudar a posibles supervivientes?), los diálogos inexistentes y el devenir de la trama carece por completo de interés (¿a quién le importa lo que finalmente ocurra con esos tres chicos?).

Por lo tanto, ¿qué nos queda? Pues lo dicho: gore, gore, gore...
Pero no un gore autoparódico, o terriblemente excesivo y exagerado –hasta provocar la media sonrisa en el espectador-, tan propio de multitud de series Z que también tienen en la casquería pura y dura su punta de lanza. “Automation Transfusion” se toma muy en serio a sí misma. La multitud de escenas gore que nos ofrece siempre son dolorosas, sucias, difíciles de digerir. No hay absolutamente nada que consiga paliar su fuerza, su intensidad. No hay respiro. No hay descanso.

Miller mueve con nerviosismo su cámara para ser testigo de los ataques zombies más irracionales y virulentos de los últimos tiempos.
Por supuesto la propuesta no es apta para todos los paladares. No todo el mundo acepta una propuesta en la que el gore extremo y repulsivo es el principal –y único- atractivo. Pero está claro que los amantes de las intensas emociones que ofrece el género no se sentirán defraudados.

Por mi parte sólo os puedo decir que disfruté de "Automaton Transfusion" cómo hacía tiempo que no disfrutaba de una película de zombies.

Y para finalizar un último apunte: odio el final de la película. No lo voy a destripar –aunque se lo merece-. Por lo visto Miller planeó la película como la primera de una trilogía (decisión muy arriesgada teniendo en cuenta que se trata de una película independiente). Espero que cumpla su promesa final... (Por cierto, “Automation Transfusion: Contingency” será el título de la segunda parte de la trilogía, que posiblemente nos llegará durante el próximo año 2009).

Lo mejor: 80 minutos de gore adrenalítico.

Lo peor: sólo hay gore. Nada más...

House

¿Estaré condenado al infierno por no gustarme la película?

House

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  • Título original: House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Robby Henson
  • Guión: Frank Peretti, Rob Green
  • Intérpretes: Michael Madsen, Reynaldo Rosales y Heidi Dippold
  • Argumento: Cuatro víctimas de un accidente, acosados por un asesino en serie, deberán hacer frente a sus pasados para escapar con vida de una siniestra casa.

25 |100

Estrellas: 2

Cada día se aprende algo nuevo. O al menos eso es lo que suele decirse.
Con "House", la película dirigida por el norteamericano Robby Henson, basándose en una novela de Ted Dakker y Frank Peretti, he descubierto un nuevo subgénero que, en los últimos tiempo, ha venido a denominarse “terror cristiano”.

Reconozco que la primera vez que escuché el término me pareció una absoluta ridiculez. ¿Definir todo un género basándose en unas determinadas creencias religiosas? No lo veía nada claro. Ni siquiera me pareció, en su momento, un concepto estrictamente novedoso. ¿Acaso los crucifijos y el agua bendita no son objetos de índole cristiana capaces de mantener a raya a los vampiros?¿O el padre Karras no puso a prueba su fe ante el mismísimo diablo en la clásica “El Exorcista”?
Da la impresión de que el mencionado “terror cristiano” ha existido desde siempre. Pero no es así. Por lo menos no en los términos expresados en "House".
La película de Robby Henson, en su tercio final, va más allá. Mucho más allá. Explorando campos que desconocía en un film de terror.

House

Pero no adelantemos acontecimientos.
Todo lo que "House" es capaz de ofrecernos previamente a su vergonzosa resolución (ya lo he dicho), es una película de terror de la que difícilmente podemos destacar alguna idea o planteamiento remotamente original, pero de la que, posiblemente, tampoco acabaremos aborreciendo ninguna de sus propuestas.
El paradigma de los que significa estar en la media. No destacar ni para bien, ni para mal. El gris como color de fondo.

"House" nos cuenta la historia de dos parejas que viajan en coche y sufren un accidente que les obliga a pasar la noche en un terrorífica casa con habitaciones de alquiler; propiedad de una família de energúmenos no menos terroríficos.
La cosa se complica al entrar en escena un asesino en serie (máscara de acero incluída), obsesionado con dejar mensajes en una lata metálica reclamando, a modo de tributo, una víctima mortal antes de que amanezca, a cambio de salvar la vida del resto de los habitantes de la casa.
Todos los presentes deberán luchar por su supervivencia, haciendo frente para ello a sus demonios del pasado.

A partir de un planteamiento inicial no exento de cierto interés, "House" no se avergüenza de hacer uso de todos los tópicos habidos y por haber en el género de las casas malditas: una fuerte tormenta que, casualmente, estalla nada más entrar los protagonistas en la casa, una recepción misteriosamente desatendida, unos propietarios salidos de la Casa del Terror de cualquier feria ambulante (en un momento dado, una de las protagonistas susurra a su compañero: “Hay algo extraño en esta gente”. ¡Qué perspicacia! ¡Pero si uno de ellos es la viva imágen del mayordomo de la Família Addams!), y unos visitantes que no disponen del mínimo sentido común para alejarse de ese lugar lo antes posible, y cuanto más lejos mejor.

Pero, pese a que nos lo sabemos todo de memoria, la película consigue ser entretenida. Gracias a una buena ambientación (y una excelente fotografia), unas actuaciones competentes, un ritmo que no decáe, una historia que no pierde fuerza con el paso de los minutos... logramos pasar un buen rato con lo que parece ser una película de terror sin demasiadas pretensiones, pero perfectamente disfrutable (pese a estar condenada a no permanecer demasiado tiempo en nuestra memoria).

¿Qué ocurre entonces en su tercio final para que todo lo logrado con anterioridad acabe tirado por la borda? Muy sencillo. No me gusta que me impongan lecciones de ningún tipo. Sobre todo si son lecciones de fe que no tengo la necesidad –ni la voluntad- de compartir; y mucho menos si esos dogmas de fe intentan colármelos impunemente en una película de terror.

El final de "House" causa vergüenza ajena por su obviedad y falta de escrúpulos a la hora de transmitir un mensaje que no se cansa en repetir, una y otra vez: si no eres bueno con Dios, arderás en el infierno.
No me molesta tanto el mensaje cómo la forma tan descarada en la que intentan inculcárnoslo. Uno de los personajes que cobra importancia en este tramo final de la película (una niña que parece recién salida de una película japonesa de fantasmas) no se cansa de recordarnos que “solamente la luz vencerá a la oscuridad”. Lo repite hasta en tres ocasiones distintas en un período escaso de veinte minutos.
Y la cosa llega al disparate más absurdo cuando una misteriosa luz, salida de no se sabe dónde, ilumina a la pareja protagonista, que logra vencer esos instintos primarios a los que antes hacía referencia, y actuar acorde a los designios del señor.

No me malinterpreteis. No tengo nada en contra de la religión cristiana ni de ninguna otra religión. Pero que intenten reclamarme para la causa de forma tan flagrante y panfletaria, acaba convirtiéndose en un insulto para mi inteligencia.

Si esto es el “terror cristiano”, yo paso...

Lo mejor: Antes de llegar al final, la película consigue ser entretenida.

Lo peor: Un final de auténtica catequesis.

Hell Ride

Los viejos moteros cabalgan de nuevo

Hoy inicio una serie de colaboraciones con Andrés Pons (El blog del Sr. Pons) que consistirán en opinar conjuntamente sobre una película en concreto. El objetivo es ofrecer dos puntos de vista distintos sobre la misma obra (aunque en esta ocasión nuestros puntos de vista no parecen ser muy divergentes). Gracias Andrés.

Hell Ride

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  • Título original: Hell Ride
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Larry Bishop
  • Guión: Larry Bishop
  • Intérpretes: Larry Bishop, Michael Madsen, Dennis Hoppe
  • Argumento: Pistolero y su banda de motoristas -los Víctor-, tienen cuentas de sangre pendientes con los salvajes 666. La muerte de su antigua novia Cherokee Kisum clama venganza. El desierto será testigo de un viaje plagado de muerte, sexo, traiciones y drogas.

19 |100

Estrellas: 1

Por Andrés Pons (de el Blog del Sr. Pons)

Tarantino es un cachondo, ese es algo que creo que ya todos sabemos y no sorprende a nadie. Parece que últimamente quiere recuperar el llamado cine de explotación y no va a parar en su empeño aunque en esta ocasión los resultados son catastróficos.

El director, guionista, actor Larry Bischop al que vimos junto al autor de Reservoig Dogs en Kill Bill donde también participaba Michael Madsen. Bischop encara su segundo filme en la dirección tras la nefasta comedia encantado de matarte. Otro motero ilustre, nada menos que el creador e intérprete de Easi Rider Dennis Hopper se une al reparto en un guiño a su pasado.

El filme se sumerge en la serie z y explotación de toda la vida. Es decir, diálogos zafios, mujeres desnudas a cada plano, tipos duros y algo de sangre. Sin embargo el trabajo de dirección es realmente mediocre, las interpretaciones de pena, los rubros técnicos parecen de cine amateur. Un filme que podía tener su gracia aunque evidentemente no basta con buenas intenciones pues su conjunto es tan desastroso, que es imposible disfrutar del encanto de la explotación que es lo que se pretendía.

Lo mejor: Sus buenas intenciones, alguna belleza desfilando sin ropa.

Lo peor: Prácticamente todo.

Puntuación (sobre 10): 2

Hell Ride

Por Joan Lafulla (de Almas Oscuras)

Tengo la lección muy bien aprendida: desconfiar de todo aquel producto que tenga el nombre de Quentin Tarantino a la cabeza... ¡a no ser que se trate de una película del propio Tarantino!

Hell Ride se apunta a la moda Grindhouse revitalizada por el tándem Tarantino-Rodríguez, con una historia de venganzas moteras que homenajea las viejas exploitation surgidas de la factoría Corman en los 70.
En realidad no falta de nada: espectaculares motocicletas, cazadoras de cuero, chicas despanpanantes y ligeras de ropa, violencia a raudales, drogas, rock, el calor del desierto y la suciedad del asfalto.

Un compendio de elementos imprescindible en cualquier película de bandas moteras que se precie. ¿Suficiente? En absoluto. Desgraciadamente, ninguno de estos ingredientes consigue rescatar a la película del tedio y aburrimiento en el que se ve abocada en gran parte de su metraje.

Hell Ride, película dirigida, escrita y protagonizada por Larry Bishop, es un producto plano y sin sustancia, cuya confusa trama de venganzas, rivalidades y tesoros escondidos, nos depara un buen número de inconexas y autocomplacientes escenas, rodadas de forma más o menos cool, pero que, en realidad, no aportan nada a la historia. Estampas vacías, carentes de sentido.

Y es que Larry Bishop no es Tarantino. Y los diálogos de Hell Ride no tienen nada que ver con los de Reservoir Dogs. Algunos de ellos rozan el ridículo más espantoso (esa exageradísima y alargada metáfora sexual del bombero que apaga fuegos con su manguera ¿?).
Lo único salvable: nadie hace mejor de Michael Madsen, Dennis Hopper o David Carradine, que los propios Michael Madsen, Dennis Hopper y David Carradine. El resto...

Lo mejor: las impresionantes chicas y volver a ver a Dennis Hopper subido a la moto.

Lo peor: una historia sin garra.

Puntuación (sobre 10): 3

Zombie Diaries

De cuando los zombies dejaron de dar miedo

Zombie Diaries

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  • Título original: De cuando los zombies dejaron de dar miedo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Michael Bartlett y Kevin Gates
  • Guión: Michael Bartlett y Kevin Gates
  • Intérpretes: Anna Blades, James Fisher y Jonnie Hurn
  • Argumento: Una pandemia de alcance mundial está conviritiendo a los muertos en zombies hambrientos. Los supervivientes deberán ser fuertes y aprender los puntos débiles de los zombies para lograr salir adelante.

19 |100

Estrellas: 1

Hace unos meses, tras confirmarse la presencia del maestro George A. Romero (al que siempre admiraré por ser el creador del moderno zombie antropófago) en el pasado Festival de Sitges, al que acudió como invitado especial para participar en las celebración del 40 aniversario de su obra maestra “La noche de los muertos vivientes”, se me ocurrió releer una entrevista que concedió durante su anterior visita al festival, en el 2007.

Durante el transcurso de la misma Romero arremetió con las últimas tendencias que presentan al zombie como un ser ágil y rápido, lejos de la torpeza y lentitud que caracterizan a sus criaturas originales. Según el propio Romero “Eso, simplemente, no son zombies de verdad” (supongo que se refería, entre otras, al genial remake de su propia película “Dawn of the Dead”, titulada en España “El Amanecer de los muertos”, y que fue dirigida por Zack Snyder –actualmente finalizando su trabajo en “Watchmen”-).
Romero argumenta que un muerto que vuelve a la vida no puede hacerlo en unas condiciones físicas óptimas. La mayoría de sus órganos están deteriorados e inactivos. Sus músculos se han atrofiado y su piel se cae a jirones. Su cuerpo, en general, ha iniciado un imparable proceso de descomposición.
Ver a un zombie correr, saltar y sortear obstáculos con la facilidad y la gracia de un felino, carece de toda lógica según los principios naturales que rigen el universo zombie fundado por el maestro Romero.

Personalmente, el hecho de que un zombie muestre la lentitud de un caracol o que, por el contrario, sea capaz de retar al mismísimo Usain Bolt a una carrera de 100 metros lisos, me trae sin cuidado. Considero que la polémica (en caso de que realmente exista), es irrelevante.

Cuando me enfrento a una película del subgénero zombie, sólo le pido una cosa a nuestros entrañables muertos en vida: que den miedo.
Que su sola presencia haga cundir el pánico entre los pobres desgraciados que han sobrevivido al Apocalipsis y que pronto pasaran a formar parte de la monótona dieta rica en proteínas de sus congéneres zombies.

Zombie Diaries

Y tras este largo preámbulo (que me ha servido para robarle tiempo y espacio a la película que hoy nos ocupa), ya estoy en disposición de afirmar que, “Zombies Diaries”, como película adscrita al subgénero zombie, es un auténtico desastre.

La presencia de los muertos vivientes en “Zombies Diaries” es prácticamete testimonial, intrascendente. ¿Qué se puede esperar de una película de zombies en la que los susodichos no causan miedo? Cuando ni siquiera provocan una mínima sensación de intranquilidad o inseguridad.

Porque soltar a un puñado de zombies con aspecto cansado y aburrido, en mitad del bosque en el que anda perdida la Bruja de Blair, no es garantía de absolutamente nada.

“Zombies Diaries” utiliza el formato de falso documental para dar cabida a una serie de historias, pobremente hilvanadas las unas con las otras, que nos presentan las vicisitudes de varios grupos de supervivientes a una pandemia de alcance mundial que está convirtiendo a los muertos en muertos vivientes.

Michael Barlett y Kevin Gates, guionistas y directores de la película, se valen de la excusa del falso documental y la grabación cámara al hombro, para ofrecernos una constante y agotadora montaña rusa de confusas y mareantes imágenes, muy al estilo de la nombrada “El Proyecto de la Bruja de Blair”. Su único recurso para lograr una atmósfera supuestamente terrorífica es no dejar la cámara quieta ni un solo segundo.
Pero por desgracia, el experimento no funciona. ¿Y porqué razón no funciona una técnica que tan buenos resultados dio en “El Proyecto de la Bruja de Blair? Pues porque “Zombies Diaries” carece de acción, suspense, e incluso sufre una imperdonable falta de escenas gore (algo impensable para una película de este tipo).

Pronto el espectador de tamaña calamidad se da cuenta de que el verdadero peligro no proviene de los zombies, sino de las incontroladas sacudidas de imágenes que, al ritmo de unos 24 fotogramas por segundo, amenazan con afectar gravemente nuestro sentido del equilibrio y provocarnos un mareo de mil pares de narices.

Y por si todo esto fuera poco, de nuevo un giro final que señala al hombre (y no al zombie) como único epicentro de la auténtica maldad. Un recurso que ya hemos visto en infinidad de películas, la gran mayoría de ellas superiores a este decepcionante “Zombies Diaries” (y lo peor de todo es que la película parece tomarse muy en serio a sí misma).
Una pérdida de tiempo.

Lo mejor: Que salgan zombies.

Lo peor: Que salgon poco y no den miedo.

Donkey Punch

Sexo, drogas y muerte en alta mar

Donkey Punch

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  • Título original: Donkey Punch
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2008
  • Director: Oliver Blackburn
  • Guión: Oliver Blackburn y David Bloom
  • Intérpretes: Jaime Winstone, Julian Morris, Nichola Burley
  • Argumento: Tres chicas y cuatro chicos deciden pasar una jornada de sexo y drogas en un yate de lujo. La pesadilla comenzará cuando una de las chicas muera por accidente a consecuencia de una brutal prácitca sexual. Todos harán lo posible por sobrevivir.

62 |100

Estrellas: 4

“Donkey Punch” (o “golpe del burro”) es el nombre de una nefasta práctica sexual consistente en que el hombre golpee de forma seca y leve a su pareja en la parte posterior del cuello (en la nuca) para que ésta experimente un instintivo acto de contracción de su ano o vagina justo en el momento de la eyaculación, logrando –por estrangulamiento- un aumento de la sensación de placer por parte de quien ejecuta el golpe.

Combinar semejante estupidez (me niego a nombrarla de nuevo “práctica sexual”) con una orgía en alta mar, y sumarle generosas cantidades de drogas y alcohol; no puede desembocar en otra cosa que no sea la sangrienta tragedia en la que se ven involucrados los siete jóvenes de hormonas revolucionadas (cuatro chicos y tres chicas) protagonistas de la ópera prima del director británico Olly Blackburn.

El funesto golpe en cuestión acabará, de forma involuntaria, con la vida de una de las chicas. La desgracia queda registrada en una cinta de video digital que pasará a ser, por razones muy distintas, el objeto de deseo de todos los implicados.

Donkey Punch

Tras un pausado inicio en el que “Donkey Punch” dibuja un escenario de alcohol, drogas y sexo a bordo de un lujoso yate, la muerte de la chica será el detonante de una tensa e insostenible situación que pondrá a prueba la resistencia y las convicciones morales de cada uno de los protagonistas.

“Donkey Punch” pertenece a un género de películas que, particularmente, siempre me ha atraído. El de esas películas que juegan a colocar en una situación extrema a un grupo de personas, más o menos normales (ningunos de los protagonistas de “Donkey Punch” tiene, a priori, el perfil de un psicópata o un asesino, aunque algunos acaben comportándose como tales), sometidos a una presión insoportable; para que el espectador pueda contemplar hasta dónde son capaces de llegar y lo que son capaces de hacer cada uno de ellos –y sin excepción- en aras a garantizar su propia integridad y seguridad.

Bajo esta premisa hay varios puntos destacables en la propuesta de Olly Blackburn.
Por un lado la magnífica descripción de los personajes. Trabajar con un grupo de jóvenes obsesionados por la diversión sin límites y el sexo sin control, supone un gran riesgo de caer en los tópicos del personaje descerebrado, plano y sin personalidad propia (algo que acostumbra a ocurrir en las películas norteamericanas de género). Sin embargo, en “Donkey Punch” nos encontramos con unos personajes ricos en matices (cuando el muchacho que da la impresión de ser el más peligroso de todos sufre una grave herida, su única obsesión es la de poder llamar a su hermana), que actúan de forma bastante coherente y lógica ante situaciones de extrema gravedad (salvo excepciones, como la de la chica que decide poner fin a su vida de forma absurda y sin sentido); y unas protagonistas femeninas fuertes que, lejos de estar condenadas a sufrir las consecuencias de todo lo que está ocurriendo en el yate, no dudan en usar la violencia y la brutalidad en su propio beneficio, hasta límites en los que uno acaba dudando sobre quiénes son las auténticas víctimas y quiénes los verdugos.
Todo ello secundado por unas gratificantes actuaciones de todos los actores que intervienen en la película y, en especial, del elenco femenino.

Otro punto a destacar es el tratamiento del sexo durante la primera parte del film. Cabía esperar, por parte de Blackburn, una puesta en escena que realzara los aspectos más escabrosos y morbosos de la orgía que desencadena toda la posterior tragedia. Sin embargo, el director se decanta por un desarrollo mucho más realista y cercano, sin necesidad de cargar las tintas ni la pretensión de acabar siendo la escena más sexy/truculenta del año. De forma que todo transcurre dentro de la normalidad de la situación. Sin estridencias. Lentamente, tomándose todo el tiempo que sea necesario. Sexo crudo, sin añadiduras. Y todo ello contribuye, finalmente, a un impacto mayor de toda la escena y, en concreto, del momento en que se produce el fatal golpe al que hace referencia el título de la película.

También hay ciertos aspectos en la violencia mostrada en la película que merecen destacarse. “Donkey Punch” juega la baza de la violencia realista, sin demasiados adornos. Las muertes son como rápidos y rotundos puñetazos directos al estómago. Sin demasiadas concesiones a la sangre y al espectáculo gratuito.
Supongo que para los adictos al gore, la contención con la que se muestran los momentos de explícita violencia les sabrá a muy poco. Posiblemente tan solo una de las últimas muertes (la más original), en la que una de las chicas utiliza una parte importante de la embarcación como arma, acabe colmando sus expectativas.

Sin embargo, y pese a todos los valores al alza en el debut de Blackburn, “Donkey Punch” no acaba siendo todo lo satisfactoria que debería haber sido.
También hay aspectos que juegan en su contra.
El más grave de todos, un ritmo excesivamente lento y cansino. Una vez producida la muerte de la chica, Blackburn se toma demasiado tiempo en construir los diferentes focos de tensión entre los protagonistas. En ocasiones se acaba teniendo la sensación de que no ocurre nada, de que la trama no avanza y lo único que hacemos es dar vueltas y más vueltas sobre una misma y reiterativa situación.

Lo lógico era pensar que tras el accidente de la chica, la historia daría un giro radical y se dirigiría hacia una vorágine de violencia y situaciones límite. Sin descanso. Sin tregua.
Pero nada más lejos de la realidad. Tras su muerte, la película, por momentos, se hace más lenta, más pausada; hasta provocar una cierta sensación de desgana y desánimo en el espectador.

Por suerte, finalmente la historia, aunque sea a trompicones, acaba por despegar; dejándonos un film serio, bien construido, por momentos atractivo y potente, que se hace merecedor de una seria recomendación pese a ciertos defectos que repercuten de forma negativa en el resultado final.

Lo mejor: Altas dosis de tensión, violencia y sexo.

Lo peor: En ocasiones es demasiado lenta.

The Thirst

Vampiros bajo el síndrome de abstinencia.

The Thirst

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  • Título original: The Thirst
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Jeremy Kasten
  • Guión: Ben Lustig
  • Intérpretes: Clare Kramer, Jeremy Sisto y Matt Keeslar
  • Argumento: Max está destrozado tras el suicido de su novia Lisa. Finalmente descubre que Lisa ha entrado a formar parte de un clan de vampiros que pasan las noches disfrutando de los placeres de la sangre.

29 |100

Estrellas: 2

En las últimas décadas se han sucedido los intentos, más o menos afortunados, de redefinir, en términos cinematográficos, el concepto de vampirismo.

Las aportaciones han sido numerosas y variadas. Desde empeños por crear nuevas mitologías vampíricas alejadas de los escenarios tradicionales (p.ej. "Guardianes de día", "Underworld"), pasando por propuestas que buscan, desesperadamente, una modernización del mito que permita adaptar los esquemas clásicos del mismo a gustos y preferencias más actuales (p.ej. "Blade", "Jóvenes Ocultos", "Los Viajeros de la Noche"); o incluso una discutible tendencia a someter el género vampírico a los dictámenes del cine juvenil y adolescente de consumo masivo (p.ej. la referencial serie de televisión "Buffy, the vampire slayer", o la inminente "Crepúsculo" -Twilight-, con vampiros adolescentes, románticos y vegetarianos -sic-).

The Thirst

En ocasiones los resultados han supuesto un fortalecimiento del subgénero por medio de propuestas innovadoras e inteligentes que han contribuido a ampliar el imaginario vampírico, adaptándolo a los nuevos tiempos que corren (p.ej. "Blade", "Los Viajeros de la Noche" o "Underworld").

Por desgracia este no es el caso de "The Thirst", película dirigida en 2006 por Jeremy Kasten.
Tras una sencilla trama -deudora de "Los Viajeros de la Noche"-, Kasten procura mezclar una serie de conceptos supuestamente innovadores dentro del subgénero vampírico.
"The Thirst" intenta ser original y ofrecernos una faceta del vampirismo que pocas veces hemos tenido la ocasión de contemplar: la del sujeto vampiro como víctima y esclavo de una adicción incurable a la sangre, que le empuja a cometer terribles asesinatos para lograr su dosis diaria.

Max y Lisa, la pareja de vampiros protagonista de "The Thirst", toman conciencia de su enfermedad/addicción y deciden ponerle solución, encerrándose en una habitación y superando juntos el síndrome de abstinencia, en una de las escenas mejor resueltas y más curiosas del film.

El principal obstáculo que nos impide disfrutar de "The Thirst" es que esas supuestas ideas o planteamientos innovadores se ven fuertemente lastradas y sepultadas bajo una innecesaria oleada de sangre que acaba convirtiéndose -de forma errónea- en el principal -y casi único- aliciente de la película.

Jeremy Kasten demuestra un especial interes en que el rojo sangre inunde cada uno de los fotogramas en los que aparecen los vampiros saciando su sed de hemoglobina, hasta extremos en los que el abuso de dicho recurso acaba siendo absurdo, redundante y superfluo.
No tengo nada en contra del gore ni del uso de ingentes cantidades de sangre en una película de terror (más bien todo lo contrario). El problema surge cuando esas escenas gore acaban dañando, de forma irreversible, una trama que se presuponía singular e interesante.

Da la impresión de que la historia, en sí misma, queda subordinada o limitada a ser un mero nexo de conexión entre las constantes explosiones de sangre y violencia.

Pero hay otros factores que también contribuyen a que "The Thirst" acabe siendo una experiencia decepcionante.
Por un lado la nefasta actuación de Matt Kessler, quien interpreta el papel de Max, protagonista principal de la trama. Sus recursos interpretativos son nulos, limitándose a poner cara de no saber qué demonios está ocurriendo a su alrededor durante todo el metraje.

Tampoco la confusión del montaje en las escenas de violencia y determinados recursos estilísticos demasiado deudores del mundo del videoclip, ayudan a que nos integremos en la trama.

En definitiva, una película de vampiros que dilapida gran parte de sus buenas intenciones iniciales bajo excesivas dosis de sangre que no logran integrarse de forma correcta en la historia. Una pena.

Lo mejor: Ciertas ideas de fondo (aunque mal desarrolladas) y algunas escenas puntuales, como la de Max intentando revivir a una amiga a la que acaba de morder con la intención de convertirla en vampiro.

Lo peor: Que la obsesión por ofrecer cuanta más sangre mejor juegue en contra del desarrollo de la historia.