Categoria: Gore

| Diversión: | 0 |
| Terror: | 2 |
| Originalidad: | 4 |
| Gore: | 5 |
| VALORACIÓN: |
| 3.2 /5 |

«El sadomasoquismo forma parte del hombre. Existía en la época de Sade y hoy, pero esto no es lo que me interesa. Me importa el sentido real del sexo en mi película que es una metáfora de la relación entre poder y sumisión. Todo el razonamiento de Sade, el sadomasoquismo de Sade, tiene una función muy específica y clara, la de representar lo que el poder hace del cuerpo humano; el desprecio al cuerpo humano (…), la anulación de la personalidad del otro».
Declaraciones de Pasolini en el documental Salò d’hier à aujourd’hui (2002).
La última gran obra maestra del director italiano, considerada por muchos una de las más polémicas de la historia del cine por sus brutales escenas de tortura, sufrió la censura en multitud de países incluida su Italia natal. Pier Paolo Pasolini, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, comunista teórico, ensayista político, poeta, dramaturgo, novelista y director de cine, sin duda un creador de los que ya no existen; fue vilmente asesinado en noviembre de 1975, sin poder ver estrenada su obra. Su muerte — se le encontró apaleado y atropellado en un descampado de Ostia, a las afueras de Roma — aun hoy es un misterio, aunque su círculo más íntimo aseguraba que le mataron por cuestiones políticas. Seguir leyendo…
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Lo mejor: La simbología que esconde sobre el poder y la sumisión.
Lo peor: Las escenas más escatológicas. La película en sí no es apta para todos los públicos. Avisados quedáis.
| POR: Randolph Carter el 15/11/12 TAGS: fascismo, gore, tortura |
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| Diversión: | 0 |
| Terror: | 4 |
| Originalidad: | 4 |
| Gore: | 5 |
| VALORACIÓN: |
| 4 /5 |
La muerte, para muchas culturas, incluida la nuestra, sigue siendo un gran tabú. Enfrentarse a su sentencia y a todo lo que ello conlleva genera angustia e incomodidad para la gran mayoría de los mortales. El vacío existencial, la distancia entre cuerpo y alma, lo físico y lo tangible por un lado y la nada. Todos esos conceptos filosóficos, que a un nivel espiritual, forman parte de un gran misterio indescifrable. Pero, ¿y qué hay del cuerpo? El cuerpo es nuestro enlace directo con la vida, es a través de él por donde experimentamos el placer y el dolor. Incluso muertos, muchos optan por la incineración, que –simplificando- es la no tolerancia a la idea de la descomposición orgánica del cuerpo. Las heridas del cuerpo provocan sufrimiento porque nos conectan con la muerte, del mismo modo que el placer sexual (otro tema tabú) lo hace con la vida. Sexo, vida y muerte, tres conceptos que dialogan entre ellos y a los que el debutante Éric Falardeau recurre en esta inspirada y extrema historia de muerte en vida no apta para todos los estómagos. A modo de apunte, Thanatomorphose se llevó el premio a Mejor Película según el jurado de la reciente edición del Festival de Cine de Terror de Molins de Rei. Seguir leyendo…
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Lo mejor: El maquillaje
Lo peor: Que no es una propuesta de fácil digestión. El no intuir nada más allá de lo morboso de las imágenes.
| POR: Samdra el 10/11/12 TAGS: descomposición, gore, muerte |
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Ahora puedes ver Jodidos Kabrones en primicia y con calidad de imagen HD por tan solo 1.95 €. VER ONLINE
Un par de peregrinos del Camino de Santiago sufren un tonto accidente y se ven pasando la noche en la decadente posada de los Gutiérrez. Cuando se quieren dar cuenta, la buena familia ya ha decidido convidarlos a una nutritiva cena. ¡Y uno de los platos son los mismísimos peregrinos!
Una película cuyo director y guionista se hace llamar Manolito Motosierra y porta como título Jodidos Kabrones no puede tener dobles lecturas. Estamos ante una comedia gore descerebrada y demencial que hace del exceso su mejor arma: Sangre a borbotones, lluvia de entrañas, canibalismo infantil, lenguaje obsceno, partos a ladrillazos… el “grand guignol de Manolito”, para disfrute de toda la familia.
Marcadamente esquizofrénica, fiel reflejo de una procedencia netamente española, tiene como objetivo la diversión de sus creadores, así como transmitir esa misma jocosidad a los espectadores gamberros que se acerquen a ella dejando a un lado su acabado de guerrilla.
Rodada con cuatro duros y mucho morro, La Matanza de los Gárrulos Lisérgicos (1993) se convierte en su principal referente y, por ende, la historia de La Matanza de Texas marca las pautas para el desarrollo de este festival de obscenidades, personajes absurdos y diálogos paranoicos. Desde su doble arranque, con un falso tráiler muy divertido y Manolito y Kiko Navarro (productor, editor y director de fotografía) atados para su ajusticiamiento como infames cineastas, hasta su alienante tramo final plagado de repugnantes chistes y personajes cretinos, Jodidos Kabrones no sorprende en cuanto a planteamiento – afortunadamente España se puede vanagloriar de ser un buen hervidero de cortos trash –, pero si por la fuerza de su ejecución: las escenas más truculentas son filmadas cámara en mano para realzar lo repugnante de la propuesta.
Obviamente hay que dejarse llevar por el estilo puramente underground de la propuesta, si no el acabado estético de vídeo, las actuaciones medio en broma, la banda sonora enervante, la mala dicción de los actores y los defectos propios del cine casi improvisado, pueden ser un impedimento importante para su disfrute. Una buena elección para micro festivales caseros con amigos, humor de sal gruesa y mucho, mucho, mucho descaro.
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![]() | TÍTULO: Jodidos Kabrones DIRECTOR: Manolito Motosierra NACIONALIDAD: España | AÑO: 2012 GÉNERO: Gore ARGUMENTO: Un par de peregrinos del Camino de Santiago sufren un tonto accidente y se ven pasando la noche en la decadente posada de los Gutiérrez. |
1,95 € |
| Disponible en todo el mundo |
Recomendado para: Comedia gore y gamberra con denominación de origen, solo apta para gourmets del mal gusto.
| POR: Luca di Manteca el 27/08/12 TAGS: comedia, gore |
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LA VALORACIÓN:
90 |100
Estrellas: 5

Helldriver es una película que se estreno en Sitges en el 2009. Ya han pasado casi más de 2 años y medio desde ese estreno y podemos adelantar que la última locura de Yoshihiro Nishimura - digo ultima por que no tiene más estrenos desde Helldriver y ha estado colaborando exclusivamente en tareas de F/X para compañeros de profesión – aún se mantiene fresca y salvaje.
Helldriver es una película que sin ser revolucionaria en el panorama del splatter japonés y el gore a gran escala, tiene mucho empaque y supera a las producciones japonesas de serie B vistas el ultimo año. Nishimura es el Peter Jackson japonés y Helldriver es la respuesta del director nipón a Braindead. Digo esto puesto que son explícitos los varios homenajes cómicos que tiene hacia el clásico neozelandés, aún obra maestra insuperable de la comedia gore surgida en los 80 y 90. Helldriver me recordó en muchos momentos a la gran obra de Jackson, y debo reconocer que me lo pasé pipa viéndo la película de Nishimura en su momento, y también en este, en el que le voy a hacer la crítica para que el personal que la lea pueda opinar y dar su válido veredicto.
Helldriver es una serie B camuflada de seria A de alto presupuesto. Se invirtió algo más de dinero de lo habitual y eso se nota en una película que, aunque dura prácticamente dos horas de reloj, en ningún momento tiembla ni desfacelle; y su “momentun máximum” va “in crescendo” paulatinamente. Nishimura se toma algunas licencias y le salen bien, porque el tipo, aparte de estar como un cencerro, sabe muy bien de qué va la cosa. Se marca un splatter gore de dos horacas que poca gente se atrevería a hacer por miedo a resultar cansino y pesado. Nishimura no aburre en ningún minuto del largo metraje de Helldriver, y además tiene el toque de meter los créditos de la película cuando ésta tiene casi la mitad de su metraje recorrido… con dos narices. Personalmente me encandila Nishimura, sus películas superan a las del resto de directores de este tipo de cine bizarro y gore.
Todo en Helldriver pasa por los F/X. Todo gira en torno a los efectos especiales, en esta ocasión de todo tipo. Digitales, artesanos, con ordenador, látex, sangre falsa… de todo mete y nada sobra, porque lo orquesta todo de manera tan vivaracha como elegante. Se puede decir tranquilamente que la calidad de muchos de estos efectos especiales, sobre todo animatronics y los realizados con látex, es asombrosa. De lo mejor que he visto en bastante tiempo y muy superior a muchos slasheres mediocres americanos, supuestamente alborotadores, pero con muy poco limón que ensalce el producto.
El guion posiblemente es lo más débil, pero conscientemente Nishimura resuelve esa falta de gancho argumental con todo tipo de bromas y casquería al por mayor. A eso yo lo llamo tener talento y lo demás son tonterías. Los actores cumplen bien, hacen lo que se les pide, que básicamente consiste en meterse en la piel de zombies borregos camino del matadero (en el caso de los pobrecitos zombies justicieros pero ajusticiados en manada), o las siempre sexy heroínas, con cuerpos de infarto y vestimentas que se la pondrían contenta al mismísimo Batman. Tenemos a rostros habituales como la siempre sugerente y sugestiva Eihi Shiina, tan bella como letal; una actriz muy por encima del nivel del resto de intérpretes y vista en esa enorme película que fue Audition de Takashi Miike, quien sin duda supo ver con claridad su enorme potencial. El resto son habituales de estas películas de la Sushi Typhoon, algunos ya muy conocidos, incluido un cameo de la erótica Asami, la chica tragaderas por excelencia con permiso de Saori Hara, que entre ambas tienen más porno a sus espaldas que Ginger Lynn y Traci Lords juntas… y paro aquí para no desvariar ni desviarme del tema, ¡ejem!.
Helldriver es una película de hace más de un par de años. No es novedosa. Tiene la misma historia, vista tantas veces ya, sobre contaminación o radiación por medios naturales o extra naturales. La gente se convierte en zombie y siempre hay un malote causante del desastre. De igual manera siempre hay jueces luchadores por la buena causa y exterminadores de zombis por doquier. Lo que prima en Helldriver no es lo que cuenta, si no cómo lo cuenta y con qué medios. En esta ocasión se puede decir que lo que cuenta es una historia vista mil veces, pero abordada de una forma más original, con muchos elementos nuevos, como los cuernos de los zombies y su significado. Con efectos especiales de lujo y pocas veces vistos. Algunos también algo por debajo de lo habitual, pero estamos hablando de una película de dos horas, y es normal que sea así. Aquí no están Lucas ni Spielberg para meter dinero extra y se hace lo que se puede, con mucha imaginación, calidad y rigor.
Los temas menores incluso salen bien beneficiados, gracias a la buena y competente labor de Nishimura. La fotografía es muy buena, con uso de colores llamativos, enfatizando el rojo en los típicos géiseres de sangre, y el azul para los momentos de más acción. Verdes claros en los momentos de calma y blancos en los dramáticos.
La banda sonora también es mencionable por su calidad. Compuesta por Kou Nakagawa incluye temas rock, punk y jpop que inundan el metraje de Helldriver con canciones de estilos variados y acordes con la función. El tema “zombie Gaga” en clara alusión a Lady Gaga es de juzgado de guardia, pero por lo divertido que resulta.
En Helldriver, Nishimura muestra homenajes a muchas de sus películas favoritas. Además de Braindead, con cierta escena casi calcada a la del film de Jackson, tenemos guiños a Return of the living dead, el clásico de Dan O ‘Bannon, que es muy del gusto del director japonés. Evil Dead, Kill Bill, Doomsday o la mismísima Robocop son otros ejemplos de guiños por parte de Nishimura y producto de su gusto y respeto por estos clásicos del cine de horror y acción.
La película de Yoshihiro Nishimura es una magnífica película de su género. Respira grandeza y sobriedad fílmica. Dentro de su aspecto atolondrado, su comicidad no es parte de una película vacía y sin alma, sino más bien de una película cuidada en todos sus aspectos, algunos más que otros por su evidente propuesta, pero con calidad suficiente como para ser un clásico del gore japonés. Su impresionante cover para la edición Dvd/Blue Ray, muestra ese camino. Lo dije al inicio de la reseña y me reitero: esto es una serie B, pero con síntomas de película de alto presupuesto. Lo respira y lo vale. Yoshihiro Nishimura acierta de nuevo como visionario de lo que es el cine bizarro japonés y su valor en el mercado, además de su valor de cara al público nipón, y extranjero.
Lo mejor: Que su conjunto de todo haga de Helldriver la excelente película que se proponía de ella. F/X de calidad magnifica, algunos asombrosos inclusive. Película de culto desde ya.
Lo peor: El argumento no es tan sólido, aunque con matices. El histrionismo de algunos secundarios algo desmedido, pero tampoco nada insalvable.
| POR: Mr. Zombie el 19/04/12 TAGS: chicas, comedia, gore, zombis |
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LA VALORACIÓN:
65 |100
Estrellas: 4

“Tiene mucha sangre y destripamientos, sin duda alguna, pero no tiene el terror de la original, ni el deseo de ser tomada en serio. Es un espectáculo de chiflados” – Roger Ebert (Chicago-Sun-Times).
“No importa la forma en la que Chainsaw 2 fue montada, seguirá siendo sólo otra película de explotación para fanáticos que disfrutan viendo cuchillas cortando carne y las entrañas saliendo” – Walter Goodman (The New York Times).
“A pesar de los divertidos momentos de Jim Siedow como el carnicero psicópata, y el creativo gore de Tom Savini, este es un desastre vergonzoso” – (Revista Empire).
Estas son algunas de las perlas con las que las que varios de los críticos y medios más prestigiosos del momento obsequiaron a la secuela del que ya era todo un clásico del cine de terror. Críticas que por aquel entonces la gente se tomaba muy en serio, pues, aunque hoy esté desvirtuado el chiringuito, hubo un tiempo en el que el populacho seguía a pies juntillas lo que cualquier iluminado pusiera en un papel. Y si no lo creéis, ahí tenéis La Biblia.
El caso es que Tobe Hooper, que se había bañado en el éxito y el prestigio de La matanza de Texas (1973) y Poltergeist (1982) volvió a hacerse cargo de Leatherface y compañía para iniciar una franquicia bastante tardía (¿por qué narices esperaron trece años?), pero que ha estado en activo hasta nuestros días con desiguales resultados; a la que nos ocupa hay que sumar una tercera entrega titulada, así tal cual, Leatherface (1990), una cuarta con aires de reboot, que conocimos como La nueva generación (1994) y ya en el siglo presente la recuperación económica gracias al inevitable remake de 2003 y la precuela en 2006. Si os parece poco, aún tendréis, para deleitaros con las gafitas 3D, una nueva entrega que se estrenará en 2013.
La recepción comercial fue a la par que la crítica. Con un presupuesto más holgado que la anterior, la recaudación sin embargo fue mucho menor. Lo tardío del estreno, la mala prensa y las terribles opiniones de los que la vieron, daban por muerta y olvidada una película que, aunque todavía pocos lo intuían, estaba llamada a convertirse en carne de culto y revalorización con el tiempo.
Un grupo de jóvenes van en coche haciendo el mongólico. Para hacer la gracia llaman a la radio local y tocan un poco las narices a la locutora. Pronto las risas pasan a ser gritos, pues la sierra mecánica de Leatherface y su familia de garrulos psicópatas y caníbales han llegado para cortarles el rollo. Nuestro amigo de la cara de cuero monta una buena escabechina y los chorros de sangre nos dan la bienvenida a la nueva masacre texana.
Luego secuestran a la locutora y obviamente habrá una investigación policial. Esta investigación será guiada nada menos que por Lefty, el tío de Sally (protagonista de la primera). Por lo que se lo tomará como algo muy personal. Más bruto que los zumbados, Lefty no duda en ir a por ellos jugando en su terreno: una guarida de los horrores en la que no faltan huesos de toda índole, caras sin dueño y, por supuesto, el inconfundible olor de la sierra mecánica.
Nadie sabe los motivos por los que Tobe Hooper se empeñó en cargarse su prometedora carrera. Su contrato con la mítica productora Cannon fue el inicio de la debacle. Se comprometió a dirigir para ellos un paquete de películas de terror y ciencia ficción con presupuestos bastante jugosos. Primero llegó Fuerza vital (1985), interesante aunque irregular popurrí de géneros y subgéneros cuyo presupuesto se salió de orbita. La taquilla no apoyó el desvarió. Después vino Invasores de Marte (1986) simpático remake que corrió una suerte similar; fiasco. La suerte estaba echada (para Hooper y para la Cannon) con la secuela de una de las películas más aplaudidas y rentables del terror moderno. Aquí parecía que Hooper no podía fallar, al menos en lo que se refiere a los billetes verdes. En fin. Su fracaso inició un descenso a los infiernos del Sr. Mojón, lo cual podréis comprobar echando mano de su filmografía completa (y no esas “selectas” que te ponen en los extras de los DVD).
Cabe apuntar que Hooper en un principio no quería hacerse cargo de esta secuela en labores de director, sino de productor. Pero al final se la endiñaron. Si la iba a dirigir, una de las condiciones era poder meter elementos cómicos…
Seguramente, lejos de que sea mejor o peor como película, el motivo de la decepción fue el cambio de forma y fondo que se produce respecto a la primera. Aquí no estamos hablando de cine de terror propiamente dicho, ni se busca inquietar ni asustar, ni los personajes intentan dar miedo. Estamos ante una comedia, un delirio burlón, una broma fabricada a modo de juguete macabro que Hooper, en su última etapa en la que los productores le llenaban los bolsillos, se dio el gusto de realizar. Prácticamente, una parodia.
Todo esto suena a “pues vaya mierda, ¿no?” Nada de eso, amigos. Cuidado porque, voluntaria o involuntariamente (soy de los que piensan que a Hooper le salió de chiripa la primera parte y que Poltergeist la dirigió Spielberg), el conjunto emana trash de calidad por todos sus poros; un autentico delirio festivalero con gore hiper-disfrutable “Made in Tom Savini”, un sadismo y sentido de lo explicito que consigue ser divertido y malsano al mismo tiempo (grotesca la parte central con un Leatherface enamorado) y además nos regala un nuevo e infravalorado personaje icónico para la saga y el género: Dennis Hopper como el justiciero Lefty. Solo por ver al legendario interprete (que seguro renegaba de esta actuación y todo eso) con la sierra mecánica luchando cual caballero medieval (¡!) con Leatherface, vale la pena revisar o descubrir esta película.
Pese a sus defectos, que siendo objetivos son bastantes, empezando porque no deja de ser, con el piloto purista encendido, un insulto a la primera entrega, La matanza de Texas 2 contiene un encanto añejo difícil de explicar. Es de esa clase de películas que se hacían antes, que de verdad eran malas pero divertidas y simpáticas y uno, sobre todo en aquellos años de adolescencia y primeros pasos en el género, quería repetir una vez y otra en su rallado VHS. De hecho, sigue pareciéndome lo mejor de la saga después de la primera y por encima del remake, que si bien salió mejor de lo esperado y respetaba al original más que esta en el tono serio, sin embargo en su (estilizada) estética le faltaba algo importante que sí podemos sentir en la segunda parte: la atmosfera sucia y desquiciada que nos lleva, para bien o para mal, a la locura.
Lo mejor: Poder verla sin prejuicios y disfrutar como un enano con el magnífico gore de Tom Savini, la atmosfera sucia y ese icónico vengador interpretado por un Dennis Hopper pasado de rosca.
Lo peor: Que si entramos en comparaciones con la primera y estamos puristas, nos puede producir diarrea.
| POR: John Trent el 10/04/12 TAGS: comedia, gore, survival |
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LA VALORACIÓN:
70 |100
Estrellas: 3
Adam, otro de los ignorantes habitantes de Heaven Valley, comienza a investigar el asesinato de su esposa. Al hacerlo, descubre la participación de jefe de la mafia local: Denny Richards, un ser sin escrúpulos y con una fuerza sobrehumana.
Como no puede confiar en la policía, corrupta y controlada por Denny, Adam, consumido por la ira, convoca a un demonio que le ofrece una fuerza sobrehumana y poderes oscuros. El demonio le sigue en su viaje, con la promesa de llevar a Adán hasta el asesino si hace todo lo que éste le ordene.
Este pacto desata una sangrienta guerra que llevará al devastador Adam contra el departamento de policía y sus oscuros aliados. ¡Una lucha que cambiará el mundo para siempre!
Tómese una coctelera marca “Sushi Typhoon”, introduzca un VHS de “La Historia de Ricky”, varios mangas de “El Puño de la Estrella del Norte”, una parte del ”Faust” de la Fantastic Factory y tendrá como resultado Adam Chaplin. Seguramente a muchos de vosotros os suenen a chino las diferentes referencias de obras de ficción sangrientas que comienzan esta reseña. En tal caso, casi os recomendaría que evitaseis la producción que hoy nos ocupa. Solo el refinado gusto y extenso conocimiento de lo extremo podrá traer alegría al espectador de Adam Chaplin, tal vez demasiado excluyente, basa su mayor atractivo en lo explicito de la violencia – todo desde un sano prisma irreal que no ofenderá a nadie –. Pero solo por expresarlo de otra forma no referencial: tómese en el clásico recipiente del gore “underground” modernas influencias estéticas con sabor futurista, mézclelas con un protagonista cachas salido de una producción filipina de bajo presupuesto, añada unas gotitas de trascendencia y venganza, sirviendo dentro una copa lavada con hectolitros de sangre: ¡ya tiene preparado su cóctel Adam Chaplin!
Estamos ante un producto únicamente cimentado en su impresionante interpretación del gore moderno, majestuosa combinación de técnicas artesanales con efectos digitales. Una explosiva mezcla destilada por italianos, la productora “underground” Necrostorm, que andan muy firmes en la creación de películas de bajo presupuesto que dignifiquen y glorifiquen un género, el gore, que en los últimos años o se ha convertido en un medio estético para la comedia absurda o rémora del pasado alemán o mero patrimonio de los orientales. Al resultado final de los esfuerzos de Necrostorm se podrán poner muchas pegas, pero para el amante de las emociones fuertes, de las escenas descerebradas y descerebrantes, Adam Chaplin es toda una delicia visual que no debería defraudarle.
Claro, que entrar en esta carpa de feria, en esta pelea de golpes bajos, incluye dejar a la entrada los prejuicios y las ganas de descubrir una historia fresca, original o, incluso, meramente “historia”. Como si de un programa de lucha libre se tratase, los personajes, los diálogos y el guión en general carecen de cualquier peso específico. Todo lo hemos visto previamente en películas similares, e incluso se recurre a trucos de guión – con tal de rellenar la hora y media necesaria para vender un largometraje – “robados” directamente de otros argumentos. Así resulta sonrojante, la presencia de un criminal chantajeado por la policía para acabar con Adam, un demonio que no desentonaría en el laboratorio del Dr. Fausto o el jefe mafioso de una especie de secta que suelta todos los clichés de este tipo de poderosos villanos. La peor faceta de esta vacuidad vendría a ser la incapacidad de sus responsables para tomarse ellos mismo a la ligera. La película emana trascendencia de una forma que no casa nada con su humilde origen. Faceta bastante desagradable, pero inherente al tipo de cine que representa.
No todo el gore puede ser Braindead. Puedo pecar de obvio, pero si lo recalco es por evitar a los dogmáticos que me van a acusar de darle una nota desproporcionada. No esperaba ver arte y ensayo con Adam Chaplin, tenía claro que lo de menos iba a ser el guión. En ese aspecto no me ha decepcionado, y tampoco lo ha hecho en el aspecto que un servido buscaba con ahínco: la estética de la sangre. Así que tomad mis percepciones con precaución, la cinta en cuestión puede resultar pedante en algunos tramos experimentales o debido a la gravedad de las frases que sueltan sus protagonistas, pero es una hipnosis estética en toda regla. El onírico azul futurista y el rojo intenso de la sangre falsa lucen mejor que en la camiseta blaugrana. No niego sus fallos (el doblaje atroz, algunas actuaciones para cerrar los ojos, los excesos de montaje que buscan epatar al público y solo consiguen liarlo más dentro de un cuento simple como un huevo…), pero son sus aciertos los que la encumbran.
Si The Taint resucitaba el gore más psicotrópico merced al buen humor destilado, una banda sonora espectacular y un tratamiento de la historia más profundo – al menos por el lado correspondiente a la crítica hacia la misoginia –, Adam Chaplin se erige, para un servidor, en la segunda gran obra del gore moderno (entendido desde el lado más lúdico, no me gustaría ofender con mis palabras a los grandes gurús del ultragore serio y exacerbado). Y lo hace, justamente, usando otras herramientas muy alejadas de The Taint. Siendo los efectos especiales de aquella bastante más flojos, su prima hermana italiana revienta la pantalla con el uso de la nueva tecnología (pseudos ficticia, claro está) H.A.B.S. (“Hyperrealistic Anime Blood Symulation”).
Una técnica que, mediante la inserción de efectos digitales sobre prótesis mecánicas y plásticas, emula el aspecto de la sangre que podemos ver en series de anime. Una sangre hiperrealista que haría las delicias de la parte más truculenta de Buñuel. Todo un éxito que se podría calificar de experiencia vital, una experiencia que merece la pena vivir hasta el final del metraje. Es cierto que en los dos primeros tercios se dosifican las escenas fuertes, pero creo que es una dosificación inteligente. Se va desgranado todo el poderío técnico del H.A.B.S. mediante las primeras venganzas y enfrentamientos tanto de Adam como de Denny, para finalmente regalarnos veinte minutos que pasarán a la historia por superar en crudeza a la conclusión de ”La Historia de Ricky”.
La conexión con el mundo del anime no se detiene aquí, la verdad que toda la ambientación se podría definir como una reinterpretación satánica del mundo de Tokio Gore Police, aunque con unos medios más ajustados, que, a veces, dejan al descubierto cierta falta de decorados muy fea. Así tenemos un futuro distópico donde los poderosos someten a los pobres y la fuerza bruta viene reforzada por el uso de sustancias, implantes o pactos demoníacos. Ciertas escenas son puras estampas para almacenar en la memoria, postales atmosféricas que cuentan una historia por si misma: el pasado de una ciudad irreal que despierta vivamente la imaginación. Sobre todo, aquellas escenas que juegan visualmente con la impresionante presencia de su protagonista: Emanuele De Santi. Musculado director que escribe, protagoniza e idea todo lo que hay detrás de Adam Chaplin, una inagotable figura que ve sus esfuerzos recompensados en la edición de un DVD de lujo (podéis adquirirlo aquí, aviso que solo contiene subtítulos en inglés), acompañado de un mini comic y unos extras que ayudarán a entender las energías invertidas en el desarrollo técnico. Pese a ser una compra de precio elevado, la recomiendo a todos aquellos amantes de la hemoglobina – como un servidor – que quieran conservar una cinta capaz de marcar un nuevo punto y dirección en la creación de cine “underground”. Unos estándares de calidad que pocas cintas de bajo presupuesto serán capaces de alcanzar.
Una obra gore de amantes del gore para amantes del gore…
Lo mejor: El gore, de una innovación estética sorprendente. Su parte final te mantiene hipnotizado gracias al cuidadoso uso de efectos digitales (el H.A.B.S.).
Lo peor: El doblaje de los actores y la escasa historia, que tampoco está bien narrada: intenta ser demasiado trascendental sin fondo alguno.
| POR: Bob Rock el 30/03/12 TAGS: acción, gore, independiente |
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LA VALORACIÓN:
90 |100
Estrellas: 4
“S&Man” es de la pelis más reveladoras que he visto en mucho tiempo. Es un falso documental en el que, con la excusa de investigar cómo se hacen las películas ultragore, se responde a varias cuestiones sobre el cine de terror y sus motivaciones, sin moralina ni sensacionalismo. Muchas son las películas que plantean, como gusta decir por ahí, las preguntas adecuadas; pocas, como “S&Man”, que se atreven a responderlas o, al menos, a dar respuestas que a mí, personalmente, me resultaron útiles.
J.T. Petty, el director de la película, cuenta, al comienzo, una historia espeluznante de su niñez sobre un pedófilo que vivía en su barrio. Según sus propias palabras, intenta convencer a HDNet Films, compañía productora de la película, para hacer un documental sobre este hombre, pero cuando consigue localizarlo, él se niega a participar. Como necesita encontrar material para entregar una película, acude a la convención Chiller, en Nueva Jersey, donde se juntan los directores y fans del género alternativo, gore extremo. Allí, conoce a varios de ellos, incluido a Eric, creador y único responsable de la serie “S&Man”. Dicha serie consiste en el propio Eric, siguiendo a chicas por la calle, hasta que las consigue conocerlas, llevárselas a su casa o al bosque, y asesinarlas. Por supuesto, se trata de ficción hiperrealista e hiperviolenta, no muy distinta a la que plantean otros consagrados del género como Fred Vogel o Bill Zebub, a quienes igualmente conoce y entrevista.
Esta es la excusa para inmiscuirse en los rodajes de un tipo de cine poco o nada comercial pero que tiene su público a pesar de estar prácticamente fuera de cualquier tipo de circuito. Vuelvo a un punto de vista absolutamente subjetivo y ajeno a toda crítica: yo no soy seguidor de estas películas. Me dan morbo pero, cada vez que me he puesto a ver una, no la he terminado. El morbo del realismo que provoca la falta de medios y la imaginación de sus creadores, ya que suplen esta falta de medios con un verismo atroz, no son motivaciones suficientes para que les dedique todo el tiempo que precisan. Pero, también es verdad, que parte del morbo proviene de imaginar quiénes son, cómo trabajan, de qué manera le presentan las escenas a un actor o actriz, por ejemplo: eh, ahora vamos a destripar a un tipo encima tuya, así que acabarás cubierto/a de vísceras (de cerdo) y eso te provocará un vómito que estaría bien que fuera real y no un yogur cortado. También, y esto es más en serio y más íntimo, ver hasta dónde llega el atrevimiento, averiguar dónde está el límite de lo que, socialmente, me han convencido que si se cruza es ya de psicópatas o de enfermos. Por suerte o por desgracia (por suerte, desde mi punto de vista), me muevo en un entorno donde parece que nadie nunca vaya a escandalizarse demasiado por los gustos y preferencias del de al lado, a cualquier nivel.
“S&Man” entrevista y se mete en vivo en el rodaje de algunas escenas de estas películas. Para mí, como he descrito en el párrafo anterior, era un sueño hecho realidad. Sorprenden algunas declaraciones, pero sobre todo me fascina descubrir cómo da exactamente igual el trabajo que se tenga: en el fondo, todos somos curritos intentando satisfacer egos y fantasías. Y aceptar las de uno mismo sólo puede tener ventajas y ahorrarse una pasta en psicólogos.
Este es otro de los temas clave de “S&Man”: el metraje está salpicado con las opiniones de dos psicólogos, Richard y Megan. En cualquier otra cinta, estos hablarían en clave de condena o condescendiente, pero aquí se pronuncian de un modo aséptico y brillante sobre las distintas patologías o fetiches que mueven a los psicópatas y cómo algunas de ellas se presentan en este tipo de películas; sobre todo, en las que son por encargo, cuando un cliente particular llama a una productora y les pide una peli de crucificados, por ejemplo, o de axilas. ¿Cuál es la diferencia? ¿Hace falta decirla? ¿A estas alturas tiene alguien que explicar lo distinto que es ver una peli de crímenes a cometer uno?
También, opina mucho y bien, a modo de voz más convencional para alguna cabeza despistada que quizás se ha puesto a ver esta película pensando que el material era el mismo que el de otras como “Going to Pieces: the rise and fall of the slasher films”, Carol Clover, autora del libro “Men, Women and Chain Saws”. En uno de sus primeros testimonios, presenta su teoría sobre los distintos niveles de vouyeurismo que se establecen en el cine de terror, desde el más básico, el punto de vista de la víctima o el asesino dentro de la película, hasta el más elaborado, el del espectador para quien la pantalla es una ventana a través de la que puede satisfacer mirando alguna necesidad, sea esta de la índole que sea.
Pero “S&Man” es un falso documental, una gran broma. Hay una trama en ella que es ficción, y aunque nunca revelan cuál, sí que se dan señales a lo largo del metraje de que no todo (o quizás nada) es real. Valga como ejemplo ese pequeño momento, que intenta parecer un fallo de montaje, en el que se cuela una imagen de los dos psicólogos haciendo el tonto en la oficina para, en el momento siguiente, volverlos a ver sentados en sus sillas, serios, y recuperando el mismo tono formal del resto del metraje. Conforme se llega al final, se va viendo claramente qué no es real, aunque es verdad que, por breves segundos, aunque sabes que es imposible que aquello sea cierto, no quieres ver lo que, inevitablemente, acaba sucediendo. La sensación, todo hay que decirlo, aumenta al intentar buscar la trayectoria del equipo técnico en IMDB y ver que, a parte del director y los actores profesionales, el resto es prácticamente amateur, con poco o nada antes… y poco o nada después.
(SPOILER: hay un comentario sobre la película en el que un hombre cuenta cómo la vio con su mujer en el festival de Toronto y, tras el pase, aparecieron el director, J.T. Petty, y el actor Erik Marcisak, para dejar bien claro a los presentes que aquello era, como dirían en La Última Casa a la Izquierda, “sólo una película”. FIN SPOILER).
En fin, tras esta perorata, no puedo disimularlo: me ha encantado “S&Man”. Es entretenida, divertida, interesante, morbosa y, sobre todo, ofrece unas cuantas claves para que, después, uno pueda sentarse en su habitación y responderse a sí mismo: ¿por qué motivo disfruto viendo películas de terror?
Lo mejor: Su falta de prejuicios.
Lo peor: Que no sea de visión obligada, tanto para los seguidores del género como para los detractores.
| POR: Manu el 30/01/12 TAGS: falso documental, gore |
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LA VALORACIÓN:
49 |100
Estrellas: 2
En 2005 cargué la mochila a la espalda y, junto a un par de imprudentes universitarios norteamericanos y un joven director llamado Eli Roth – quien se había ganado una nueva oportunidad gracias a su impactante debut en Cavin Fever – , puse rumbo a la vieja Europa del Este. La experiencia resultó peligrosa, dolorosa… y satisfactoria. Dulces ninfas del este actuando como cebo para universitarios salidos, y una oscura organización dándole su merecido a mis incautos compañeros de viaje.
Así es, Hostel fue una agradable sorpresa. Sobre todo porque hacía muchísimo tiempo que un servidor no abonaba la entrada de una sala de cine para asistir al repertorio de salvajadas con el que Hostel nos obsequiaba en su tramo final. Eli Roth hizo un buen trabajo. Pero por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, nunca sentí la necesidad de volver a cargar la mochila a la espalda y acompañar al realizador norteamericano en una segunda aventura repleta de turistas insensatos, europeos tarados e imaginativas torturas. No he visto Hostel 2. Pese a que, repito, me gustó el primer Hostel, jamás sentí la motivación suficiente como para darle una oportunidad a su secuela, estrenada también en salas de cine. Si tuviera que dar una explicación a dicho desinterés por Hostel 2 quizás apuntaría a la retahíla de desvergonzados clones que surgieron a la sombra de Hostel y que arrastraron por el lodo de la mediocridad a la ya de por sí absurda etiqueta del torture porn (Train, Penance…).
Pero entonces… ¿qué demonios me ha empujado a ver Hostel 3?. Eli Roth ya no ejerce de director, y la producción se ha visto relegada al mercado doméstico. Ni una cosa ni la otra eran buenos presagios. No sé… quizás Las Vegas, quizás el buen recuerdo que conservo de la entrega original, o quizás el hecho de que durante los últimos suspiros del 2011 la oferta de cine de género que nos fue llegando, con cuentagotas, no resultó excesivamente atractiva.
Cuatro amigos celebran la despedida de soltero de uno de ellos alojándose en un lujoso hotel de Las Vegas. En su camino se cruzan un par de atractivas muchachas que les convencen – sin demasiado esfuerzo – para asistir a una fiesta clandestina. Todo parece ir bien hasta que al día siguiente caen en la cuenta de que uno de ellos ha desaparecido sin dejar rastro.
No ha funcionado. Scott Spiegel, director de Hostel 3, lo ha intentado todo. Cambio de escenario, un guión que gana en complejidad y se empeña en sorprender constantemente al espectador, mantener - o al menos intentarlo – el nivel de violencia… Todos los esfuerzos han sido en vano.
La nueva ubicación le sienta como una patada en el estómago a Hostel 3. Uno de los grandes “logros” del Hostel de Eli Roth fue el de convencernos a todos de que Eslovaquia no era una opción a tener en cuenta a la hora de escoger destino para nuestras próximas vacaciones. Hostel dibujó una Europa del Este peligrosa, retrasada, lúgubre y plagada de putas, maleantes y sádicos asesinos. Un lugar supeditado a las ansias de sangre y tortura de cuatro zumbados que hicieron fortuna tras la caída del régimen comunista. Y desde luego, por más pueril y sesgada que fuera su visión de Eslovaquia (… y seguro que lo era), Eli Roth supo ser convincente (hasta el punto de que altas instancias del gobierno eslovaco manifestaron su malestar tras el estreno de la película).
En el trayecto que va desde Eslovaquia hasta Las Vegas, Hostel 3 se ha dejado por el camino toda esa atmósfera viciada y enfermiza que supo transmitir de manera tremendamente eficaz el tercio final de Hostel. En Hostel 3 nos ubicamos, impotentes, en una ciudad del juego infensiva, inócua; muy lejana al desasosiego y el malestar que sí supo transmitir el primer Hostel.
A esa sensación de inocuidad contribuye, de manera decisiva, la violencia low cost de la que hace gala Hostel 3 durante todo su metraje. Porque si preocupante resulta el error en el cambio de escenario, mucho más grave se me antoja la falta de agresividad y la flojera de piernas mostrada por cada una de las secuencias de violencia y tortura de Hostel 3. No nos enañemos, la gran seña de identidad que propició el éxito del primer Hostel fue, sin duda alguna, la explicitud y la contundencia de la violencia mostrada en pantalla. Una secuela que flojee precisamente en estos términos de violencia y centre todos sus esfuerzos en ofrecernos un guión que confunde complejidad y elaboración con el hecho de escupir toda una serie de giros, más o menos inesperados, y que escasamente logran mantener nuestra atención; no puede ser considerada de otra forma que no sea una secuela fallida. Sólo recomendada para curiosos y entusiastas de la saga.
Lo mejor: La chica de la ballesta.
Lo peor: El único que transmite mal rollo es el taxista.
| POR: Joan Lafulla el 25/01/12 TAGS: gore, secuela, tortura |
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LA VALORACIÓN:
95 |100
Estrellas: 5

En el cine hay cumbres. Se denomina de este modo ha películas que, dentro de su género y/o temática, están en la cúspide de lo que se ha conseguido en ellos. Así, en el cine sobre mafiosos, podría considerarse una obra maestra como El padrino (1972) la cumbre de dicho género o subgénero; en cuanto a bichos especiales podríamos elegir Alien, el octavo pasajero (1979) y en cuanto a exorcismos, obviamente, El exorcista (1973). En cuanto al gore, la cumbre es Braindead.
Ese era Peter Jackson. Ya hablé sobre ello en la reseña de su notable opera prima, Mal gusto (1987), pero valga recordar una frase que él mismo soltó cuando le preguntaron sobre un hipotético regreso a sus comienzos:
“Volveré al género cuando alguien dirija una película más gore que Braindead”
Pues bien, estamos casi en el 2012 y han pasado casi veinte años desde el estreno de aquella. Peter Jackson no ha vuelto. Podría ser culpa de su arrollador éxito en el cine mainstream, pero, de momento, en ningún caso está incumpliendo su promesa.
Braindead, también conocida en España como Tu madre se ha comido a mi perro, o en Estados Unidos como Dead Alive, es una producción de Nueva Zelanda, país natal del director y donde ha rodado gran parte de su carrera, tanto de la primera etapa como de su actual aventura por Hollywood con la cartera mucho más llena. De hecho, una de las cosas que suele exigir de cara a llevar a cabo un proyecto es que le dejen rodarlo allí.
Las toneladas de liquido rojo, fluidos de dudosa procedencia, desmembramientos y decapitaciones son, en manos de Jackson, un autentico jolgorio de sesión golfa, con efectos especiales y de maquillaje tremendamente efectivos, sobre todo teniendo en cuenta el presupuesto asignado (alrededor de tres millones de dólares que, con todo, son casi tres millones más de los que utilizó para Mal gusto). Todo con un estilo cartoon irresistible que exagera al límite todos y cada uno de los apartados. Y, finalmente, consiguió que la película más sangrienta, y una de las más nauseabundas hasta la fecha, fuese también accesible a (casi) todo tipo de públicos (no faltarán amigos, familiares y conocidos poco o nada puestos en gore, que han visto y disfrutado la película). Algo que diferencia a Jackson de agoreros malsanos del género (ultragore alemán) u otros que se adhieren a él para hacer chorradas con la excusa de las imágenes explicitas.
Al comenzar, nos hayamos en una isla llamada Sumatra ( la Skull Island que utilizó Jackson como lugar de residencia para su King Kong). Allí, unos tipos cazan una extraña criatura, la rata-mono de Sumatra, peligrosa por su veneno y mala leche. Uno de ellos es mordido, y como manda la tradición, aquello de “nadie puede salir de aquí infectado”, le van cortando en trocitos según se descubren nuevas zonas infectadas en su cuerpo. El titulo de la película salta a la pantalla.
La acción pasa a Nueva Zelanda, en un pequeño pueblo, donde Lionel (genial Timothy Balme), un joven-adulto sobreprotegido por su madre, hace lo que puede para llamar la atención de Paquita, una dependienta del barrio de la que está enamorado. Paquita (algo perdida, pero simpática Diana Peñalver), muy creyente, deja que la echen las cartas para salir de dudas sobre su futuro, y sobre todo, el amor. Y mira por donde, parece que Lionel está llamado a ser el hombre de su vida. Pero cuidado, según avisan las cartas, fuerzas oscuras se acercan a su vida y todo podría tener un desenlace trágico.
No, tranquilos. Braindead no es una película romántica. A no ser que llaméis amor a lo que viene después; Paquita y Lionel visitan el zoo, y la madre del segundo, obsesionada con él y con la idea de que aquella joven le arrebate a su amado hijo, les sigue para ver que sucede e intentar destrozar la cita. Así hace, cuando la rata-mono de Sumatra, que se encuentra en una de las jaulas, ve muy cerca brazo de la madre y la asesta un buen bocado. En pocos días la madre de Lionel empieza a notar los cambios, que vienen a ser, desde perdida de piel (y orejas, que en una de las escenas más divertidas y desagradables resultan comestibles) hasta un gran apetito, que termina por dar por sentido al titulo por el que también la conocemos en España (sic).
Todavía nos queda una hora de zombis purulentos, curas expertos en artes marciales, surrealista sexo post-mortem, desmembramientos a granel, decapitaciones, liquido rojo en cantidades nunca vistas y un bebe muy cabrón haciendo de las suyas. Respecto a este ultimo, hubo una curiosidad; una de las escenas más recordadas, la de Lionel persiguiendo al bebe por un parque, se rodó por puro entretenimiento con dinero que había sobrado del presupuesto. Sin embargo, terminaron siendo los minutos preferidos del director.
Se dice que para el largo clímax final se utilizaron cinco galones de sangre artificial por minuto. Para la película en conjunto más de 30.000.
No solo se cortaron cosas en el rodaje de Braindead. Los miembros honorables que velan por la moral del mundo, es decir, los censurratas, vieron aquí motivos suficientes para hacer que trabajan. Así, la función quedó censurada, en mayor o menor en medida, en Argentina, Australia, Canadá, Chile, Finlandia, Dinamarca, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Alemania, Corea del Sur, Noruega, Portugal, España, Suecia, Inglaterra y Estados Unidos (ésta última un caso sangrante, al quedar recortado el montaje original más de veinte minutos).
En varios de ellos se terminó viendo, en formato DVD, la versión integra de 105 minutos.
Pese a ello, y pese a que muchos críticos del momento la pusieron verde y la trataron como violencia barata o apología del mal gusto, el tiempo fue poniéndola en su lugar, más allá de los estrictos caminos del culto entre fans, pues incluso revistas como Times la han considerado entre las 25 mejores películas de terror de la historia.
Lo mejor: Prácticamente todo. Es una de esas delicias, sean del género que sean, que quedan en tu memoria si son vistas en su adecuado momento, y nunca más se van.
Lo peor: : Como ya dije en la reseña de Mal gusto, lo peor que nos puede pasar, y está pasando, es que Peter Jackson se haya centrado, del todo, en otras labores. Y sus alumnos desde entonces no han llegado a esa cumbre.
| POR: John Trent el 30/11/11 TAGS: comedia, gore |
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LA VALORACIÓN:
95 |100
Estrellas: 5

Buscar a la víctima más frágil, a la más vulnerable, y someterla a un via crucis de tortura, dolor y muerte que suponga, para el espectador, una de las experiencias cinematográficas más intensas, desasosegantes y difíciles de soportar que haya tenido en su vida.
Si no fuera porque siento auténtica fascinación y devoción por el la ópera prima de Alexandre Bustillo y Julien Maury, me atrevería a tildar a este par de locos franceses como unos auténticos cabrones (con todo el cariño del mundo…) que lograron culminar en A l’Interieur todos sus perversos propósitos.
Sara, todavía recuperándose de las secuelas psicológicas derivadas del accidente de tráfico que le costó la vida a su marido, se dispone a pasar la nochebuena sola en casa y en un avanzadísimo estado de gestación. Una mujer irrumpe en la casa en mitad de la noche…
La historia que se esconde tras A l’Interieur no invita a grandes reflexiones. Al margen de un giro final en el que se nos descubre la verdadera intención de la psicópata, Bustillo y Maury, también guionistas de A l’Interieur, se limitan a dibujar un escenario mínimo, necesario, en el que poner en marcha, con cierto margen de garantía, su calculadísima maquinaria de crueldad y violencia infinitas.
En este sentido el arranque de A l’Interieur es sintomático del propósito de Bustillo y Maury. Asistimos, entre impotentes y sorprendidos, a las consecuencias de un accidente de tráfico desde la perspectiva de un feto nonato. ¿Qué efecto directo tiene dicha secuencia en el espectador? Todo en A l’Interieur está concebido para potenciar el sufrimiento del espectador. Empatizamos no solamente con la madre, si no también con el feto mismo, lo cual no hace otra cosa que aumentar nuestro nivel de involucración en la historia (y por lo tanto también de sufrimiento) y acrecentar la sensación de crueldad ante todo lo que se nos viene encima. Y lo que se nos viene encima no es poco…
Una mujer vestida de negro irrumpe en casa de Sara dispuesta a arrebatarle el hijo que lleva en su vientre. A partir de ese instante una sucesión de imágenes truculentas (dotadas de un elevadísimo nivel de sadismo), secuencias de violencia extrema y sobreabundancia de efectos gore; se adueñan por completo de la función. El castigo, el dolor, la violencia y la sangre son las razones de ser de una película que más allá del disfrute (o el sufrimiento) de dichos elementos, encuentra difícil justificación.
Bustillo y Maury sitúan, desde un principio, el listón de la violencia y el gore muy alto. Y a partir de entonces A l’Interieur se convierte en una especie de carrera contrareloj cuya meta es la de irse superando a sí misma. Resultar, a cada nueva secuencia, más gráfica, más explícita, más repulsiva… Abogar por el exceso, por la necesidad de transgredir los límites de la violencia y el sufrimiento; y todo ello sin renunciar a una cierta dosis, milimetrada, de humor negro y mala baba que arrancará en el espectador más de una risilla nerviosa (ver al respecto la intervención de la madre de Sara).
A l’Interieur es una oda al dolor. Una película capaz de someter al espectador a un estado de intranquilidad, de nerviosismo y de malestar que está incluso por encima de la simple explicitud de sus estallidos gore. Y esa capacidad perturbadora se debe en parte a la brutal puesta en escena por parte de Bustillo y Maury (genial su labor a la hora de crear una atmósfera irrespirable durante buena parte del film y también al plasmar, con virtuoso detalle, las secuencias de violencia gráfica), al hecho de que la víctima sea una mujer a punto de dar a luz (¿existe una víctima con la que podamos experimentar mayor empatía?), y a un tercer elemento del que todavía no he tenido la oportunidad de hablar: la pavorosa presencia de la actriz Béatrice Dalle en el papel de la misteriosa mujer vestida de negro. Su rostro, sus gestos, sus movimientos, su sola presencia ha logrado siempre, en las cuatro ocasiones que he visto A l’Interieur, ponerme el vello de punta. Magnífica, oscura, arrebatadora…
A l’Interieur no es una película que soporte las medias tintas: o se odia o se ama. Más allá de ser un ejercicio de extrema violencia y de su solvencia a la hora de infundir en el espectador una acusada sensación de angustía e intranquilidad; la realidad es que A l’Interieur tiene poco más que ofrecer. Quienes no comulguen con su capacidad de sugestión y no se sientan atrapados por esa red de desasosiego y malestar que teje a lo largo de todo su metraje; probablemente la vean como una película vacía, carente de contenido o interés, y posiblemente recurran, como prueba irrefutable de sus limitaciones, a esa banda de estúpidos e ineptos policias empeñados en desbaratar el clímax final de la película.
Pero, si por contra, el espectador consigue entrar de lleno en el juego planteado por Bustillo y Maury, posiblemente acabe sintiéndose partícipe de una de las experiencias cinematográficas más brutal, feroz y, en definitiva, extraordinaria que nos brindó el género en la pasada década. Genial.
Lo mejor: El mal rato que te hace pasar y una increible Béatrice Dalle.
Lo peor: Esos estúpidos policias...
| POR: Joan Lafulla el 05/11/11 TAGS: gore, violencia |
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