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Categoria: Slasher

The Orphan Killer

El serial killer del siglo XXI

TOK Póster

  • Título original: The Orphan Killer
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Matt Farnsworth
  • Guión: Matt Farnsworth
  • Intérpretes: Diane Foster, David Backus, Matt Farnsworth
  • Argumento: Marcus, tras pasar su infancia en un orfanato católico, vuelve para llevar la palabra de Dios hasta Audrey, la hermana que lo abandonó. “Audrey, voy a lavar tus pecados con sangre”

LA VALORACIÓN:

85 |100

Estrellas: 4

The Orphan Killer Grande

AVISO: La reseña puede contener algún destripe.

AVISO: Matt Farnsworth, el director de The Orphan Killer, se ha puesto en contacto con Almas Oscuras para asegurarnos que la edición “oficial” de la cinta no contiene ningún problema con el audio. No se ha editado la reseña pero quiero recalcar que, para bien o para mal, el sonido de las copias ilegales no refleja la intención de sus creadores. Para comprobarlo, podéis haceros con una copia original (es región libre y contiene subtítulos en español) en el siguiente enlace.

NUEVO AVISO: Matt Farnsworth pone a la venta la edición limitada de la máscara de Marcus. Un producto genial de merchandising que todos los aficionados estabamos esperando. Puedes adquirirla justo AQUÍ.

En los últimos años, en concreto desde el apocalíptico 2000 hasta la fecha, docenas de películas de terror han intentando, con mejor o peor fortuna, resucitar el subgénero slasher; siempre a través de un par de claves subyacentes: el libro de estilo marcado principalmente en la década de los ochenta – auténtico criadero de asesinos en serie del celuloide – y el esfuerzo por encumbrar a la figura de un serial-killer como nuevo icono del cine de terror del siglo XXI. En este periodo, que a efectos prácticos y para mi propia conveniencia consideraré como una única década, se han asomado a la gran y pequeña pantalla todo un batallón de psicópatas, y junto a ellos sus a veces combativas victimas (la otra clave para la supervivencia del subgénero), pero yo me quedaría con unas pocas cintas (eludiendo los molestos remakes de turno) si tuviera que hablar de proyectos validos y memorables, sobre todo en base a sus estrellas: los asesinos.

En cuanto a su capacidad para pervivir residualmente en los pliegues de nuestro cerebro; esta lista, ni mucho menos definitiva, podría componerse ni más ni menos que con School Killer (El Vigilante) – con un Paul Naschy que exudaba amor por el cine de género en cada segundo de sus intervenciones –, Behind The Mask (Leslie Vernon), The Hills Run Red (Baby Face), Laid to Rest (Chrome Skull), Wrong Turn (Los mutantes), Venom (Ray Sawyer), All the Boys Loves Mandy Lane? (¿?), Midnight Movie (Killer), Cut! (La familia psico-cinéfila), Hatchet (Victor Crowley).
Sin embargo, todos tienen un factor en común: por una razón u otra no llegan a despuntar, a ponernos el corazón en un puño o hacérnoslo pasar realmente mal como sí lo hicieran en su día las luminarias del slasher clásico – en este caso podéis confeccionar la lista a vuestro gusto –.
Seguramente, las causas de tamaña liviandad habría que buscarlas en cada película por separado, aunque a nivel general destacaría ya sea demasiada autocomplacencia o quizás una falta de visceralidad flagrante.

No obstante, lo que realmente importa es que la espera ha terminado. La joya underground que hoy nos ocupa, se salta directamente esta última época y, merced a un eficaz uso de las nuevas tecnologías como propaganda viral, entronca con los grandes del subgénero para alumbrar al psycho-killer del nuevo siglo. Temblad porque entre nosotros medra la oveja negra, el homicida sin conciencia… Marcus Miller ha venido para quedarse y es El Asesino Huérfano.

La atractiva Audrey apenas recuerda ya a su hermano. Inconsciente de la tormenta que se acerca, prepara la función de fin de curso en el orfanato donde trabaja como maestra y residió de niña. Victima de una tragedia terrible, acaecida en su tierna infancia, ha preferido pasar página y olvidar esa parte de su pasado que podría hundirla. Marcus, el hermanito en cuestión, es una difusa y tenebrosa sombra al fondo de su quebrada memoria.

Sus padres fueron sádicamente asesinados por unos ladrones; mientras, Marcus y Audrey se escondían asustados hasta que la masacre llegó a su terrible fin. Huérfanos y sin familia conocida, el estado se hizo cargo de ellos a través de una institución religiosa. Un orfanato católico donde curar las heridas y buscar el rayo de esperanza que representaban unos padres adoptivos; pero las heridas nunca cicatrizaron en Marcus. El pequeño aprendió a canalizar su dolor mediante la violencia, celoso en el rol de protector de su hermana, maltrataba hasta la muerte a todo el que se acercase a ella. Su leyenda de maldad empapó las paredes de aquel estricto edificio.

Las monjas del hospicio no sabían como encauzar a Marcus, desesperadas ante su crueldad y falta de culpabilidad, decidieron apartarlo de los demás chicos tras una horrible máscara que, al asustar tanto a sus compañeros, evitaba males peores. Curiosamente, Audrey era una niña dulce que no tuvo problemas para encontrar un padre adoptivo, un amable policía, y abandonar así la negativa influencia de su hermano; un chico que sometido a los castigos católicos, a la soledad y al desprecio de todos, creció amamantado por la locura. Un hombre transformado en bestia que, tras pasar años desaparecido después de escaparse, no puede resistirse a la llamada de la sangre. El olor de su hermana lo guía, lo enferma, lo guía, lo perturba, lo guía, lo acuna… y allí, de nuevo en el viejo orfanato, la siente tan, tan cerca…

Vaya por delante que un servidor es un gran fanático de los slashers de la vieja escuela. Los ensangrentados brazos de Michael Myers, Jason, Chucky y Freddy han sido siempre un refugio cuando la dura (¿?) vida real del adolescente se revelaba como demasiado complicada. Así que siempre he observado la época moderna del subgénero – para mi iniciada a partir de la primera Scream – con excesivas dosis de suspicacia… hasta el día de hoy. The Orhpan Killer añade al imaginario colectivo la figura atemorizante y carismática que todos los aficionados llevábamos reclamando durantes muchos largos años.

En este punto no me puedo resistir a citar a nuestro redactor Blanch; en su reciente reseña sobre Mask Maker, otro de esos retro-slashers poco satisfactorios. El ella resumía muy bien que esperamos todos los adictos de un largometraje adscrito a este estilo: ”En un slasher se pide que el asesino tenga carisma, que provoque miedo con solo hacer acto de presencia o, sin más, que utilice armas, trucos o estratagemas un poco diferentes a lo visto hasta el momento”.

Más claro imposible. Y precisamente, como si uno de nosotros se hubiera colocado tras la cámara, The Orphan Killer roe los huesos del cadáver de Michael Myers para luego lanzarnos, a la cara, la medula chupada y reblandecida como gesto de aprecio. Todo merced al trabajo artesano de los dos principales artífices de la cinta: Matt Farnsworth – guionista, director, creador – y Diane Foster – protagonista y productora –. Para ello han desempolvado toda su cultura cinematográfica y conocimientos de marketing; su trabajo se ha alargado años y cubre diferentes facetas acertadamente, de tal forma que consiguen un producto compacto y con clara vocación a convertirse en obra de culto.

El aspecto que primero salta a la vista es cierto revuelo mediático – siempre en círculos independientes – que se ha conseguido usando la mayor herramienta de destrucción masiva conocida: Internet. La publicidad viral ha demostrado su eficacia con creces en cintas anteriores; como Cloverfield, ya famosa por revolucionar, en cierta medida, la publicidad dentro del cine. Esta vez la estratagema se ha perpetrado de una manera diferente, y, aunque seguramente podamos encontrar otros ejemplos anteriores, es la primera vez que ciertas tácticas comerciales se unen de forma tan acertada a la película con que se asocian, cumpliendo las expectativas que su promoción había creado.
Las interfaces usadas para divulgar la buena nueva han sido un “blog” y “facebook”. The Orphan Killer parece solo un slasher independiente más, pero gracias a la creación de los correspondientes perfiles virtuales para Marcus Miller se convierte en algo mayor: un pequeño fenómeno que, antes incluso de la salida de la película, reclama toda nuestra atención sobre la figura de un serial-killer tridimensional y de marcada personalidad… precisamente lo que exigimos.
Podéis visitar El Blog del Asesino Huérfano para haceros una idea de lo que estoy hablando; estamos ante un escaparate lleno de golosinas rellenas de cuchillas de afeitar. Todo ello pese a la polémica que poco a poco irá generando seguramente; ya que veo bastante audaz el exponer, de forma pública, un personaje que promulga el asesinato de religiosos como máximo placer; por mucho que se trate de ficción, todos sabemos lo cortas de miras que son algunas instituciones.

Y lo que podía haberse quedado en meros fuegos de artificio detona como un barreño lleno de nitroglicerina sobre cuatro cajas de dinamita encendida. Farnsworth acierta de pleno tanto en lo estético como en lo conceptual. Eliminado elementos superfluos y usando Halloween de John Carpenter de modelo argumental, perfila un asesino de los de antes; una representación muy cuidada de la muerte y de una victima cualquiera de la sociedad.
El arrojo visual con que filma, este adalid en la lucha contra la meta anfetamina (¿?), se traduce en una suciedad y crudeza heredera del grindhouse de los setenta y de los VHS gore de los noventa – esta última sensación viene agudizada por el adecuado uso de una banda sonora que se cimienta sobre un potente trash-metal gótico -. Mención especial para una fotografía áspera y una iluminación crepuscular que contienen incluso influencias, a mi parecer, del spaghetti-westernCarpenter de nuevo –.

En resumidas cuentas, la experiencia que proporciona The Orphan Killer resulta peligrosa; no solo por los ataques directos contra la institución católica si no por la certeza de que nos hemos quedado dormidos frente a la pantalla y estamos viviendo una pesadilla sin final. Por mucho que corramos nos espera, tras una esquina desconchada, Marcus Miller sosteniendo entre las manos una nueva e imaginativa forma de causarnos dolor.
Un atmósfera nocturna, onírica, decadente y caracterizada por una niebla carmesí constante, nos reafirma en nuestra primera impresión: ”es un mal sueño, esto es un mal sueño… ¡debo despertar!”.

La sangre y el gore rubrican esta visceralidad; refuerzan la aureola despiadada que envuelve al asesino y, evitando lo “pornográfico”, ofrece en primer plano un sadismo que muchos añoramos dentro del cine de terror.
El drama se tiñe de rojo y aquí no hay tiempos para juegos; aunque Marcus consigue ser el hijo bastardo de un serial-killer hablador – Freddy – y un psicópata brutal a la par que silencioso – Jason –, destaca sobremanera su faceta ejecutora y la violencia de los efectos especiales caseros, los cuales alcanzan un nivel espectacular, que ilustran sus métodos.

La otra faceta, la de victima o monstruo engendrado por la sociedad, ve la luz a medida que transcurre el metraje. De forma tranquila, sin estar fuera de lugar, conocemos como ha nacido esta nueva máquina de matar y, comentarios mediante, nos adentramos en su simplista necesidad de venganza de forma muy natural. Obviamente no se trata de un perfil psicológico profundo ni ofrece un giro innovador sobre el origen del “mal”, no obstante esta sencillez ayuda a convertir a Marcus en una presencia temible; no existen dobles interpretaciones ni enseñanzas morales, nada que nos pueda distraer de lo relatado.

Sin embargo, esto no funcionaría sin el contrapunto que el personaje de Audrey representa. De nuevo volviendo a los clásicos, Diane Foster se adentra en un papel muy físico que hace renacer las viejas glorias de las scream-queens de antaño; esas bellas mujeres que hacían frente al acoso de su torturador, habitualmente procedente de un trágico pasado, desde una posición vulnerable; sin perder el valor pero sin convertirse en expertas luchadoras por arte de birlibirloque.
La Foster, pareja de Matt Farnsworth, muestra sus atributos como mujer de bandera que es y se deja la piel – en alguna escena literalmente – para encarar un papel que resulta creíble gracias a su expresividad y capacidad de sacrificio. Un trabajo serio que demuestra el grado de implicación que se alcanza en un proyecto underground y deja en pañales las grandes estrellas de la maquinaria comercial de Hollywood. Su actuación es tan sobresaliente que el resto del reparto, a excepción de un embozado Marcus, queda en una situación de clara desventaja; incluso los diálogos de algunos secundarios son extremadamente artificiales. Pero estamos ante una producción mucho más modesta de lo que su perfecto acabado visual deja intuir, creo que a nivel interpretativo no sería justo pedir más.

Por desgracia, The Orphan Killer también posee algunos defectos y carencias que enturbian la experiencia. Y el más grave es el diseño de sonido: bastante amateur, el sonido de golpes, desgarros y amputaciones es más bien pobre. Tampoco el audio ambiente está muy controlado, consiguiendo ocasionalmente distraer y enturbiar el cuidado diseño de escenas. Aunque sinceramente, e igual me pilló en un buen día, tras acostumbrarte un poco, las voces distorsionadas y el sonido completamente irreal de la sangre corriendo, me sumergieron un poquito más en esa sensación de pesadilla que acompañó a mi visionado en todo momento.

Tampoco sus exageradas similitudes con Halloween son positivas; simplifica hasta el límite el argumento de la cinta de Carpenter y obtendrás la trama completa de The Oprhan Killer. Aunque siendo justos, el noventa por ciento de nuestros slashers favoritos siguen unas pautas muy similares, así que no lo veo como un gran fallo; sobre todo cuando el carisma de Marcus Miller se lleva el gato al agua.

Dejando el entusiasmo aparte – el cual ha guiado gran parte de esta reseña –, reconozco que The Orphan Killer es un producto difícil. Al reducir a la mínima expresión las bases de un subgénero, solo podría recomendarla a fanáticos del mismo; seguramente espectadores más objetivos encontraran la película aburrida y no pasaran por alto los flecos técnicos inherentes a una obra artesanal. Incido sobre el origen independiente de la cinta, puesto que pese al amor invertido en el proyecto, es evidente que el peso de la producción ha recaído en un equipo pequeño, el cual ha trabajado durante varios años en conseguir un largometraje por y para aficionados dentro de sus limitaciones.
No obstante, si caes dentro del saco de los aficionados a muerte de los slashers “old school” estás antes una renovada piedra de toque, una joya a disfrutar plenamente y en base a la que se medirán otras películas similares en próximos años.

… y si alguien se ha sentido defraudado viendo The Orphan Killer siempre puede contárselo al propio Marcus Miller en su “blog”. Seguro que sacará un minuto para contestaros como merecéis… católicos abstenerse!!

Lo mejor: Marcus Miller "El asesino huérfano"

Lo peor: Las similitudes con otros títulos anteriores, le restan un poquito de frescura.

POR: Bob Rock el 13/10/11
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Chromeskull: Laid to Rest 2

Slasher minimalista

Chromeskull Laid to rest 2

  • Título original: Chromeskull Laid to Rest 2
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Robert Hall
  • Guión: Kevin Bocarde, Robert Hall
  • Intérpretes: Thomas Dekker, Mimi Michaels
  • Argumento: Chromeskull parecía haber muerto en la primera parte, pero un equipo especializado le atiende para que pueda seguir con su matanza...

LA VALORACIÓN:

65 |100

Estrellas: 3

Laid to Rest 2: Chromeskull

No es la máscara lo que asusta, es el rostro detrás de la máscara.

Chromeskull es el enésimo asesino enmascarado que ha rondado en los últimos años por las pantallas de nuestras teles. Sus andanzas, en “Laid To Rest”, del mismo director que ésta, su secuela, Robert Hall, constituyeron un ejemplo de algo que podría llamarse el Slasher Minimalista: poca historia, pocas motivaciones, sin apenas un asidero narrativo más allá de un asesino con una máscara cojonuda capaz de aparecer en cualquier lado y montar una orgía de cuerpos desmembrados en un abrir y cerrar de ojos. “Laid To Rest” apenas sí tenía una localización geográfica, lo que acentuaba su sensación de pesadilla, con un acertado retrato de los lugares en los que tenían lugar los crímenes: descontextualizados, aparentemente estancias vacías alejadas de cualquier lugar civilizado, pero siempre con un componente claro: la frialdad, la deshumanización, el metal grisáceo y cromado.

“Laid To Rest 2” sigue con esta estela. Comienza exactamente donde acababa la primera, en el lugar de los últimos crímenes, y tomando el punto de vista de Preston (Brian Austin Green, sí, el David de “Sensación de Vivir”), mano derecha del asesino cuyo rostro descubríamos al final de la uno. Eso sí, ahora, como en toda buena secuela de manual, el equipo ha aumentado: a sus filas se unen Spann (la scream queen Danielle Harris) y, a modo de guiño macabro, pues moría asesinado en la anterior, Jonathon Schaech, en el papel de Sells. Y, por supuesto, retoma al sufrido Tommy (Thomas Dekker, “Pesadilla en Elm Street 2010”), que se hace cargo de la chica desmemoriada de la anterior. Eso sí, introduce una nueva víctima, Jess (Mimi Michaels) y da alguna información más sobre quién es Chromeskull y por qué tiene un séquito a su servicio.

La primera hora de película es apasionante. Al igual que su predecesora, tiene una energía terrorífica arrolladora. Va directa al grano, sin entretenerse en momentos muertos, algo que parecen haber aprendido los mejores slashers de esta primera década del siglo XXI (con “The Orphan Killer” a la cabeza). Me refiero a que este tipo de slasher, en el que lo mejor es que la excusa narrativa sea mínima para centrarse desde el primer momento en lo que interesa, ha existido desde los ochenta; la diferencia es que, en los de hace treinta años (treinta años, señores, viendo a asesinos de rostro cubierto matando a adolescentes!!!!) parecía que el miedo a romper la fórmula les obligaba a dedicar cuarenta minutos de metraje a retratar unos personajes (generalmente mal escritos) mientras que, ahora, asistimos impávidos a una sabiduría narrativa muy superior: en dos escenas, están descritos los rasgos principales de un chico o una chica que, por otro lado, lo que quieres es ver en acción, no descubrir su pasado y sus inquietudes, a no ser que jueguen un papel importante. Vale, es cierto, todo esto tiene una parte muy negativa: la práctica inexistencia de una historia reduce considerablemente el alcance que pueda tener la peli fuera de las fronteras del género y sus más fieles seguidores. Pero, oigan, con la comedia romántica sucede lo mismo y se estrenan todos los años en mil cines de medio mundo. Así que, complejos fuera.

Como decía, Robert Hall sabe lo que se hace. Busca una víctima nueva, Jess, que vive en una casa aislada en una montaña; Tommy vive en un bajo de una calle aparentemente suburbial: de nuevo, todo está tan descontextualizado, y con una narrativa extrañamente fragmentada, sin solución de continuidad espacial que, lo que en otras películas serían problemas de casualidades, o incoherencias temporales, aquí se vuelven pesadillescos rasgos de una obra donde el único fin es el que es: la sensación de inseguridad y asedio constante. El vídeo digital, que tanto perjudica al look de otras películas de presupuesto limitado, aquí está jugado siempre a favor: iluminaciones saturadas, noches, hiperabundancia de primeros planos y planos detalles… las claves del terror más clásico resultan ser la manera más elegante y razonable para grabar una película de serie B. Porque el grueso del presupuesto se lo han llevado, sin ningún género de dudas, los efectos de maquillaje. Puede que las escenas de crímenes no sean muy espeluznantes –de hecho, van bastante a saco, probablemente a sabiendas de que tienen clima general durante todo el metraje, y no lo necesitan para los momentos puntuales-, pero sí son impactantes y gráficas, y con un nivel más que aceptable de hemoglobina y carne. Y algunas de las armas del asesino son flipantes.

En el tramo final, la cosa pierde un poco de intensidad, volviéndose algo más convencional. El número potencial de víctimas aumenta, convirtiendo los últimos veinte minutos más en un tiro al pato que en un ejercicio de tensión. Surge una rivalidad entre dos personajes que tampoco sirve para mucho más que todo lo anterior; o sea, se trata de ofrecer una víctima más. Y despacha a un personaje principal de un modo un tanto pobre. Esto último es coherente con el afán desmitificador de la película, pero no acaba de encajar bien. Además, se producen un exceso de explicaciones sobre la situación que rodea a la figura del asesino que empobrece unos apuntes que, hasta ese momento, eran bastante inquietantes. Y, sobre todo, Robert Hall comete pecado capital, el mismo que cometieron en su momento sagas como “Viernes 13” o “Pesadilla en Elm Street”: intenta convertir a su asesino en estrella, sacándolo a la luz pública. Sinceramente, y esto es una apreciación personal, prefieron que lo oscuro se mantenga en las sombras.

Aún así, Robert Hall y su legado terrorífico consiguen los suficientes méritos como para ser tenidos en cuenta. Como se dice en la película, “no es la máscara lo que asusta, es el rostro detrás de la máscara”. Y Robert Hall lo enseña. ¿Osadía o chulería? Rara vez la cara de un psicópata está a la altura de sus actos, y “Laid To Rest 2” no es una excepción. Por el contrario, en los mejores momentos de la película, nos trasladamos a una especie de lugar de pesadilla, a pesar de estar localizado en Miami, en el que se puede disfrutar, y mucho (en este sentido, pocas pelis consiguen un nivel de abstracción tan bizarro como su predecesora o la clásica “Phantasma”, de Don Coscarelli, donde la lógica es, una vez más, la de la pesadilla, no la de la historia narrativa). Por tanto, sí, claro que recomiendo esta película. Es entretenida, tiene buen clima y no hay que desconectar el cerebro para verla.

Lo mejor: Gran parte del trayecto es divertidísimo e inquietante.

Lo peor: El exceso de explicaciones sobre la organización y sus fines... sin que eso signifique que se explica algo.

POR: Manu el 12/10/11
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Know Models Were Harmed

El asesino de modelos alérgicas a la ropa

Know models were harmed

Know models were harmedHay ocasiones en las que lo más conveniente es dejar que los propios responsables de la película sean los que nos pongan sobre la pista de un determinado proyecto. Y en este sentido vale la pena quedarse con las sabias palabras de un tal Steve Wolsh, guionista y productor de Know Models Were Harmed: “Con esta película nos hemos propuesto crear el más intenso y oscuro slasher que se haya visto en los últimos años, pero sin perder de vista lo que hace que una película de terror sea algo realmente divertido… me vienen a la mente sangre, tripas, tetas y gore; con un toque de cómic.”

Lo cierto es que poco más puedo añadir. Ni siquiera en la web oficial, en la que se anuncia la película para un lejano octubre de 2012, aparece una sinopsis oficial de Know Models Were Harmed. Pero sospecho que una película como esta no necesita ni de sinopsis, ni de argumento y, si me apurais, podría incluso prescindir tranquilamente de un guión. Know Models Were Harmed, por lo visto en el trailer, tiene pinta de ser mala… tremendamente mala. Pero que queréis que os diga… el tal Steve Wolsh ha sabido tocar mi fibra sensible y dejar al descubierto al aficionado primitivo, tosco y medio tarado que llevo dentro. ¿Sangre, tripas, tetas y gore? A quien coño quiero engañar (con perdón…), ¡si al final acabaré cayendo en la trampa! Ni siquiera Bikini Girls on Ice me sirvió de escarmiento.

Os dejo con el trailer de Know Model Were Harmed y su sanísimo elenco de actrices: Leanna Vamp (esta me hizo especialmente gracia), Serenity Risvik, Meghan Perkins y Jessica Benson.

POR: Joan Lafulla el 22/09/11
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Bereavement

¡Esto es muuuuuuuy peligroso!

Bereavemente Poster

  • Título original: Bereavement
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Stevan Mena
  • Guión: Stevan Mena
  • Intérpretes: Michael Biehn, Alexandra Daddario, Brett Rickaby, John Savage
  • Argumento: En una tarde soleada el pequeño Martin es secuestrado por un hombre y llevado a un matadero para enseñarle las artes de la culpa y el mal.

LA VALORACIÓN:

70 |100

Estrellas: 3

Bereavement Grande

¿Os imagináis tener la capacidad de no sentir dolor por nada? ¿De romperos algún hueso o clavaros algo y hacer como si os soplarán la oreja? De seguro que seríamos la pesadilla de cualquier asesino, psycho o demente que quisiera hacernos daño. Aunque bien mirado también tiene su lado negativo, y es que si te haces daño y no te das cuenta eso puede derivar a extenderse y a afectarte muy severamente.

Esta enfermedad existe y se llama CIPA, pero tranquilos no os daré la cháchara ya que para eso está la Wikipedia

Martin es un niño que padece esta enfermedad y para colmo un día es secuestrado, en su propio jardín, por lo que parece ser un indeseable, Graham Sutter. Años más tarde el señor Sutter será como una especie de padre-tutor para el joven Martin del cual aprenderá el arte de la culpa, la locura y el asesinato.

Pero no todo está perdido para el pequeño Martin, su nueva vecina, la –tetuda- Allison, será la única esperanza para volver a ser un niño normal, lejos de la oscuridad que le quiere someter el pobrecito de Graham.

Pero no todo es tan fácil y la joven Allison, todavía apenada por la muerte de sus padres, tendrá que adentrarse en el interior de lo que había sido un matadero para hacer frente a Sutter, sus fantasmas y salvar al niño…eso si él se deja.

Anunciada como la precuela de ese esperpento que era Malevolence donde se narraba la historia de dos atracadores de pacotilla que van a parar a una casa y eran asesinados por un chico con una cicatriz en la cara. Un chico que años atrás había sido secuestrado por el propietario de un matadero para vete a saber que artes enseñarle.

Una película tediosa, malas interpretaciones, mal rodada, una música de risa y desentonada con las imágenes, donde el asesino era más bien como un mueble y no como el papel que tendría que desempeñar.

Seis años más tarde, Stevan Mena vuelve a contarnos más sobre este psicópata, pero esta vez desde sus orígenes y con el título de Bereavement, y no sólo en la historia ha mejorado sino que en todos los demás apartados técnicos parece que ha aumentado su buen hacer en referencia a la anterior cinta mencionada.

Pero hablemos de lo que seguramente más nos interese, del malo de turno y esta vez le recae la responsabilidad al actor Brett Rickaby (The Crazies) y con una nota más que aprobada. Su personaje es un ser atormentado, como no, por los designios de su progenitor. Una infancia en un matadero será el camino hacia la locura en su vida adulta. Momentos de histerismo, de rabia y crueldad, pero todo de una manera muy pausada. Le iremos cogiendo apatía hasta llegar a hacernos pena (menos en el momento de ensañarse con una joven chica, única escena violenta de toda la película).

Así, con la sombra de su padre a sus espaldas y las voces de “ellas” (sería injusto destripar quienes son, es curioso, original y gracioso al mismo tiempo) decide reclutar a un aprendiz, en este caso a Martin Bristol (Spencer List, el joven Marcus en The Orphan Killer) que significará el nacimiento de un nuevo Psycho-killer.

Y como en toda película de género no puede faltar un buen psycho-killer tampoco puede faltar la figura femenina. Ella es Alexandra Daddario, próximamente en The Texas Chainsaw Massacre 3D, donde cumple muy bien el papel de adolescente rebelde, chillona y guapa.

Al igual que en Malevolence, Stevan Mena se encarga de la dirección, la producción, el guión, el montaje y de la banda sonora, y se nota que ha hecho los deberes. Planos más elaborados, quizás demasiados planos largos, con un panfleto muy bien construido y aunque pueda pecar de un desarrollo lento para los seguidores a la acción o gore, es sin duda una película que merece muy la pena verla. Todos mis respetos para una persona que se ha encargado de tantas cosas y además le haya salido redondo.

No podía despedirme sin nombrar los reclamos interpretativos de la cinta. El primero es Michael Biehn, un poco fuera de lugar con un papel que no le pega demasiado. Por otra la de Fred Savage en el papel de un padre alcohólico y parapléjico donde su final quizás sea el más triste de toda la cinta ya que la pérdida (Bereavement) es el máximo exponente para esta película.

Lo mejor: Bereavement ha hecho un gran salto para alejarse de su predecesora apuntando a seguir muy de cerca a Stevan Mena.

Lo peor: Puede que la lentitud en algunas escenas y algunos planos repetitivos hacen aflojar el conjunto en general.

POR: Blanch el 09/09/11
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Sweatshop

En tu fiesta me colé...

Sweatshop Poster

  • Título original: Sweatshop
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2009
  • Director: Stacy Davidson
  • Guión: Ted Geoghegan, Stacy Davidson
  • Intérpretes: Ashley Kay, Peyton Wetzel, Brent Himes
  • Argumento: Charlie y sus amigos acuden a un almacén abandonado donde una “rave” salvaje e ilegal se celebra. Allí, entre sexo, drogas y música tecno-gótica, una enorme figura va acabando con los invitados.

LA VALORACIÓN:

40 |100

Estrellas: 2

Sweatshop Grande

Quiero dar las gracias de nuevo a Cratosxp (de Subsploitation y Sesión de Noche) por el magnífico montaje de esta cinta. Puede que las películas sean mejores o peores, pero sin el trabajo altruista de señores como Cratosxp no podríamos ni ver la mitad de las películas que por aquí se reseñan.

Sweatshop es una película norteamericana independiente rodada en 2009, y de la cual se hablaba bastante bien, sobre todo después de su premiado paso por distintos festivales menores. Incluso suscitó bastante interés dentro de la prensa especializada hasta el día de su distribución oficial. Momento en el que el público, comenzaba a difundir los demasiados defectos de un slasher cuyo planteamiento con respecto a la definición y diseño tanto del asesino como de sus atroces actos es correcto y, si me apuráis, hasta divertida visualmente; pero que en el resto de apartados muestra una carencia de ideas y de profesionalidad alarmante. ¡Y aún así un servidor seguía teniendo ganas de ver otra película que pasa a engrosar el creciente listado de “terror sin pena ni gloria”!

De a cuerdo, Sweatshop no inventa nada nuevo ni puñetera falta que hace, pero entre asesinato y asesinato del misterioso psicópata las escenas de relleno (aquí más que nunca) se suceden largas e impasibles luciendo casi como una comedia involuntaria: porque las relaciones entre los ya de por sí patéticos personajes, sus diálogos diarreicos y la falta de emoción, lógica o tensión en cada una de las tomas, llevan continuamente al espectador a preguntarse: “¿está pasando todo esto de verdad?” Sorprendente la falta de credibilidad que padecen los personajes; por otra parte, único contenido de un guión cuya historia no da ni para rellenar una servilleta.

Charlie y sus amigos (una recua de chicas y chicos góticos) van a montar una de sus famosas “raves” en un almacén abandonado. Un trago de alcohol aquí, una obsesión desmedida por el dinero, escenitas de sexo injustificadas por allá, entre tamaña organización aparece el verdadero dueño del local: un asesino en serie que anda un poco mosqueado por no haber sido invitado a la fiesta. Pero aun así, ante tamaño desprecio, ayudará a organizar la fiesta encargándose de marcar a los invitados con un martillo pilón más grande que el del mismo Thor.

Poco más de cuatro líneas sirven para completar hora y media del metraje del segundo proyecto de un tal Stacy Davidson. Obviamente un “slasher”, caso muy parecido a las películas de muertos vivientes, no necesita un gran argumento detrás para ser memorable; tan solo la correcta definición de los personajes y sus interrelaciones frente a los ataques (que deben ser tan destacables como su perpetrador) que atentan con su integridad física. Y ahí radica la mayor debilidad de Sweatshop (referencia precisamente a las “raves” por aquello del sudor – sweat – remojando la pista de baile): los personajes son el paradigma de lo despreciable y la falta de credibilidad. Recurriendo a la estética gótica como atractivo visual me parece surrealista el trabajo de los actores que bien podrían haber sido de cualquier otra tribu urbana o de ninguna. ¡Qué mal actúan los condenados! Sus frases agobian por lo tópicas que resultan y lo injustificables que son todas sus reacciones (las escenas de sexo rivalizan en decadencia con las vistas en los últimos trabajos de Steven Seagal), si a esto le añadimos unos tipos que no se creen nada de lo que están haciendo ya tenemos una primera mitad de película inaguantable sin tomársela a broma. Y quizás ese fuese el objetivo de los guionistas, hacer de los personajes una broma patética más agradable de masacrar ante el espectador. No es una mala alternativa para reflotar una película – que por otro lado se siente continuamente barata –, sin embargo, el nivel de pelusilla que provocan, unido a los continuos bailes intrascendentes y los tejemanejes irrelevantes que se llevan estos “jóvenes” góticos entraditos en años, ocasiona una repulsa tal que no quedan ganas de reírse siquiera. Un fracaso a nivel argumental y un ejemplo a no seguir en cuanto a la realización de una cinta de género.

Además la ambientación se hace pesada: los pasillos, salas y recovecos del almacén resultan cutres a más no poder. Ni siquiera existe un esfuerzo por presentarnos originalmente los escenarios, o al menos encuadres atractivos. No, todo lo relativo a la técnica tira por lo ramplón y solo destaca cuando la casquería aparece en pantalla.

¿Qué carisma, qué fuerza posee el asesino en cuestión? Ninguna y toda, La Bestia, que así se llama el interfecto, no pasará a la historia como un serial carismático pero si que destaca por su nivel de brutalidad y por su aspecto y diseño casi improvisado. Allí está en su almacén machacando despiadado a los pobres incautos que se ponen en el radio de acción de su gran martillo. No existen respuestas a su presencia, no hay motivaciones, no hay sentido, ni siquiera humor negro. Cual Alemania conquistando Polonia, todo lo que aparece ante su paso es arrasado sin piedad, y todo por… ¡pues por nada! Si el colmo de lo ilógico son “las novias de La Bestia”, unas señoras que jamás llegaremos a saber ni lo que pintan, ni lo que representan; claro está sin aportar nada de valor a la película. Adicional y negativamente, y por mucho que las escenas sangrientas lo sean y mucho, la forma de dosificar la presencia de “La Bestia” es enervante, tendremos mucho más de narrativa hueca con la sempiterna presencia de los góticos que apariciones por parte del asesino. Eso sí, la calidad de los efectos especiales está asegurada merced al enfoque artesano que les ha dado el señor Davidson, el mismo un experto diseñador. Incluso podremos asistir a algún momento pseudoriginal (¿os gustan las piernas femeninas?).

No obstante, la escalada de terror es demasiado progresiva para lo que tiene que ofrecernos el film, y resultarían más impactantes las masacres que realiza “La Bestia” en un documental o en un trailer que en un largometraje vacío y sin sentimientos. Aunque he de confesar avergonzado que la resolución final, la fiesta que parece que nunca llega, ha sido de mi gusto, sobre todo por ver morir a tanto gilipollas junto. Hay que sacar conclusiones positivas hasta de una visita al infierno, ¿no?

Una película solo apta para completistas del sub-género slasher o aquellos que disfruten con el gore sin necesidad de excusas – aunque yo diría que los FXs tienen más de salvajes que de “gores” –. En definitiva, una cinta insuficiente y descompensada que termina de romperse debido al poco cariño aplicado en todos sus apartados, excepto la realización de los efectos especiales, y al lamentable trabajo del reparto. Solo queda tomársela en calce de humor, reunir a unos amigotes y, con los consiguientes estupefacientes, reíros hasta hartaros de una película cuyo mejor adjetivo es “cretina”.

¡Ah! Y los amantes de la música preparaos: pura escoria techno-gótica pseudocomercial… así de simple.

Lo mejor: Ver morir a los repelentes personajes; así sabemos que avanza el metraje

Lo peor: Lo falso, superficial y banal de Sweatshop

POR: Bob Rock el 25/08/11
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Red State

No, si al final lo mejor va a ser no salir de casa

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PhotobucketLo primero que tengo que decir sobre este interesante proyecto es: KEVIN SMITH, que, a pesar de llevar unos cuantos años sin levantar cabeza (COP OUT, HACEMOS UNA PORNO o la deleznable JERSEY GIRL), es el responsable de 2 de mis películas favoritas: CLERKS y CHASING AMY, MALLRATS se quedó un poco a medias…Pero, seguro, que muchos os estaréis preguntando que coños pinta un director de comedia tan establecido en el género en ALMAS OSCURAS. La respuesta es simple: RED STATE. Su primer y personal acercamiento al género del terror. Y que conste que en un principio yo pensé que en el fondo no era más que una excusa para rodar algo tipo Scream, o sencillamente una tomadura de pelo. Pero tras ver el trailer ya no me quedan dudas, es y va a ser un slasher de tomo y lomo. Eso sí, entremezclado con un feroz ataque a la política y la religión (en su versión más extremista) que le ha enemistado con un montón de grupos fanatico-religiosos de todo el país, hasta el punto que tras su estreno en Sundance el resto de pases de la película se vieron acompañados por protestas en contra de su exhibición.

La principal razón de todo se haya tras el origen de la idea: las declaraciones de un tal Fred Phelps , creador y fundador de la Westboro Baptist Church (WBC), asociación religiosa fundamentalista con un especial odio hacia los homosexuales y todo aquello que vaya en contra de los valores tradicionales cristianos más WASP. Un tipo que da mucho miedo…

PhotobucketSEXO:Tres adolescentes con menos neuronas que Paquirrín deciden hacer caso de sus revolucionadas hormonas y quedar, a través del teléfono móvil (esto nos recuerda a algo, no??) con un “supuesto” pibón para una sesión de sexo en grupo. Cuando llegan al lugar: sorpresa!!, el pibón es un ama de casa (la siempre eficaz Melissa Leo) tirando a truño que no solo les corta el rollo, si no que además les deja inconscientes a base de drogas y birra. RELIGIÓN: cuando los crios se despiertan descubren que están en una iglesia, atados y amordazados, y en manos del citado Reverendo Cooper aka Phelps (Michael Parks, las críticas hablan maravillas de su papel) y su caterva de fanáticos dispuestos a hacerles pagar por sus pecados. Y no en plan: “me rezas tres avemarías”, sino más bien tirando a la opción sangre y vísceras. POLÍTICA: entran en escena las fuerzas del orden, lideradas por un demacrado John Goodman que, tras haber sido declarada oficialmente la Iglesia de los fanáticos como una “célula terrorista”, van a hacer que la matanza de WACO parezca un episodio del Equipo A…

Yo no sé vosotros, pero junto a THE CABIN IN THE WOODS es de lo que más me ha llamado la atención de los futuros estrenos made in USA.

POR: Elniniodecristal el 02/08/11
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Mask Maker

Niño ¿Por qué lloras? – No lloro, soy así de feo

Mask Maker

  • Título original: Mask Maker
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Griff Furst
  • Guión: Eric Miller, Griff Furst
  • Intérpretes: Nikki Deloach, Stephen Colletti, Michael Berryman
  • Argumento: Una pareja cree que la casa que han comprado es una ganga. Pronto descubrirán que en esta vida si algo bueno es barato, es porque hay algo malo detrás.

LA VALORACIÓN:

48 |100

Estrellas: 2

Mask Maker

Se apagan las luces y empieza la película. La primera escena es oscura, se oye a alguien chillando, alguna que otra persecución, muchos chillidos, sangre, una figura que no es del todo humana y… una muerte.

En la siguiente escena todo cambia: hay luz, mucha luz. Un plano aéreo de un instituto mientras escuchamos el ruido estridente de un grupo de rock de esos que suenan todos iguales, una reunión con el novio o amigos y hablar de los planes para el fin de semana en algún sitio alejado y cochambroso. Tetas, sangre y un asesino ¿A ver si adivináis la película?

Tranquilos, es una pregunta retórica, ya que nos podríamos pasar todo el día y toda la noche nombrando películas.

Mask Maker es de manual. Encontramos todos los típicos y tópicos de un slasher: tías buenas, borracheras, sexo, el personaje “avisador” (ese que aconseja que no es buena idea ir a ese lugar pero al que nadie le presta la menor atención a causa de su aliento a whisky; y que además, mira por donde, es el que suele conocer todos los detalles escabrosos del lugar), el asesino que de pequeño ha sufrido abusos y que de mayor no hay ni bala ni estaca que lo mate, etc, etc, etc. Para mí, esto es un gustazo. Me da igual que haya visto este guión mil veces, yo, con los slashers, todavía disfruto como un mono, y la principal razón es porque siempre queda tiempo para conocer nuevos asesinos, nuevas formas de matar, nuevas reinas del grito… Y si para colmo, tras la cámara está Griff Furst, artífice de Lake Placid 3, Wolvesbayne y I am Omega, con el gran Dacascos, ya ni te digo. Pero aquí no terminan la buenas noticias, en el guión encontramos a Eric Miller, autor de ¡Ice Spiders! (no, no es coña. Esta clase de cine tiene un puntazo que me atrae desde bien pequeñito).

¿Pues con todo esto a favor, por qué no me ha terminado de convencer? Es más ¿Por qué me he aburrido tanto? Antes la publicidad…quería decir la sinopsis:

Evan le ha regalado una casa a Jennifer, su novia. La ha encontrado baratísima por lo grande que es, y más barata aún cuando descubren que dentro de la casa hay “trastos” viejunos que valen miles de dólares. Pero la envidia es muy mala y los vecinos de la zona ponen mala cara cuando la joven pareja se instala en la casa. Por si fuera poco, la casa tiene su cementerio particular, con sus tumbas y todo eso. Lo más acertado en esta situación y lo primero que a uno se le ocurre hacer es profanar alguna tumba, ¿Por qué no? Y es así como lo hace Evan, y aunque todavía no sabe muy bien qué demonios ha hecho, el mal ya se ha despertado.

¿Y qué busca el mal? Pues diversión a costa de cortar cabezas… aunque para eso faltan personas. Y es ahí donde entran en escena los amigos de la parejita. Muy majos ellos.

Entre despelotes y cabezas rodantes vamos conociendo a través de flashbacks el orígen del malote. Un niño con la cara desfigurada a causa de un corte (si más no, es lo que entendí) que en su crecimiento se va quedando sin rostro, con una madre practicante de vudú que no duda en hacer sacrificios en pos de su pequeño.

Es una lástima que con Mask Maker me haya caído del árbol. Y es que ya no es suficiente ver un par de tetas y algo de sangre para aguantar hora y media sin bostezar. Dejando atrás las muertes tan rancias a manos del “hacedor de máscaras”, es él en sí, el que hace tambalear la cinta.

En un slasher se pide que el asesino tenga carisma, que provoque miedo con solo hacer acto de aparición o si más no que utilice armas, trucos o estratagemas que sean un poco diferentes de lo visto hasta el momento, pero no es el caso… Con una hacha en la mano y tapándose el rostro cual Leatherface para ocultar lo feo que es, el asesino de Mask Maker no es más que un sosainas enmascarado que no tiene ni puñetera gracia.

Ver Mask Maker es como ver la novena o décima parte de algún slasher de renombre. Sabes cómo empieza y cómo termina con solo ver la carátula. Y aunque, como decía Bob, en el tráiler parecía que volveríamos a revivir la era dorada del slasher, lo que revivimos finalmente es la mala leche que nos invade al comprobar que nos han vuelto a tomar el pelo. ¿No hay suficientes remakes que ahora quieren poner de moda “vamos a hacer películas con aires ochenteros”? ¿Es que no vale nada la frase renovar o morir? Se ve que no.

Para terminar, mención especial a dos actores veteranos que hacen aparición en la cinta: Treat Williams (Deep Rising) y Michael Berryman (The Hill have eyes, The Devil’s Reject…).

Lo mejor: Ideal para pasar una tarde lluviosa.

Lo peor: El asesino, las muertes, los protagonistas…

POR: Blanch el 06/07/11
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The Bleeding House

Bienvenido a nuestra humilde morada...niña!!! saca el hacha.

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PhotobucketSorprendido me ha dejado la súbita aparición de esta película. Y mira que pasa veces…que de forma inesperada, y poquito a poquito, una película independiente (generalmente opera prima) sobre temas truculentos (un ejemplo: MEGAN IS MISSING) se cuela en nuestro espectro informativo y, de repente, llama poderosamente nuestra atención. Por lo menos es lo que a mi me ha pasado con este debut de un tal Philip Gelatt. Escrita y dirigida por él, anteriormente se dedicaba al mundo de los comics, THE BLEEDING HOUSE nos presenta a una nueva familia que añadir a nuestra particular colección de familias disfuncionales: los Smith. Subgénero por el un servidor siente especial predilección, el de las familias chungas con oscuros secretos que repercuten en un/unos inocente/s que, sencillamente, pasaban por allí.

La hija de los Smith practica entomología amateur en su cuarto, amén de dar muy mal rollo y solo responder al nombre de blackbird; el hijo que solo piensa en fugarse con su novia; la madre una fanática de la limpieza, la cocina y el orden, y el padre, bueno, todos sabemos que el padre suele ser el más chungo de todos…Pués todas estas personalidades convergen en la repentina e inesperada aparición de un extraño, con un maletín de médico, que les pide amablemente pasar la noche en su casa ya que el coche se ha averiado.

PhotobucketLas críticas son dispares. Unas la ponen por las nubes, mientras otras se limitan a tiladarla de un proyecto fallido. En lo que sí coinciden todas es en el ultra-opresivo ambiente de la película y la excelente fotografía. A mi eso me vale. Le añadimos el excelente poster (muy Saul bass vale, pero aún así muy bueno) y que está ambientada en una pequeña localidad de nuestra adorada Texas…

POR: Elniniodecristal el 22/06/11
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Don't Let Him In

Al bosque no, coño, al bosque no...

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PhotobucketLa verdad es que a estas alturas de la “película” el ofrecer una propuesta que combine las idéas de: un grupo de amigos de buen ver que se van a una cabaña aislada a los bosques + leyendas terroríficas en el citado bosque + asesino en serie es un poco como ofrecerle a un aficionado al punk/rock el nuevo disco de BLINK 182, vale, divertido, una escucha y nada más. O directamente a la papelera que “este ya me lo sé”. Dicho de otras maneras: más de lo mismo y hay que tener un par de huevos para atreverse a estas alturas con un guión tan requetequemanido. pero hay un par de detalles que me han hecho fijarme en esta película. Por un lado que es un producto independiente británico, algo que últimamente no decepciona, y por otro el tremebundo trailer y su alucinante colección de escenas salvajes y gore. En serio, menudo festival de machetazos.

El proyecto es el debut en la gran pantalla de “Kelly Smith“: y se acaba de presentar hace 2 días en el reino Unido con una inesperada colección de buenas críticas.

PhotobucketPaige y Calvin deciden pasar un fin de semana de relax en una cabaña que tienen en el bosque para tales menesteres. Debido a ciertos compromisos invitan a la hermana de Calvin, sorpresa, es un pelín putoncillo, quien se lleva a un “amigo” con una pinta de asesino que tira p’atrás. Bonita colección de tópicos, no?, pués hay más. Al poco de llegar un policia les advierte de la presencia de un asesino en serie, llamado “El Cirujano del Bosque” (huh!), y un mochilero se presenta en su puerto con medio estómago fuera. Todo listo para que el festival de sangre y “giros” argumentales comience!!

Tengo que añadir que la película está rodada en 16mm, y recordar que las críticas no bajan del 7. Así que abrá que darle una oportunidad, no??

POR: Elniniodecristal el 15/06/11
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My Soul to Take

Temed a la adolescencia

My soul to take

  • Título original: My Soul to Take
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Wes Craven
  • Guión: Wes Craven
  • Intérpretes: Max Thieriot, John Magaro, Emily Meade
  • Argumento: Hace dieciséis años, el Destripador de Riverton fue atrapado por la policía, pero la ambulancia que le transportaba sufrió un accidente y el cuerpo nunca apareció. La leyenda dice que el Destripador volverá a Riverton dieciséis años después, justo ahora..

LA VALORACIÓN:

60 |100

Estrellas: 3

My soul to take

La adolescencia es una mierda. Con dieciséis años, la vida debería parecerse a las películas de John Hughes (“16 Velas”, “El Club de los Cinco”…), con la primera historia de amor rondándonos, el primer concierto, la primera borrachera, amistades eternas que no durarán más de dos años… y no a “Carrie” o “My Soul To Take”, donde el desajuste hormonal, la incomprensión del mundo adulto y el descubrimiento de la crueldad de tus semejantes colisionan y convierten esa etapa de tu vida en un caos. Los dieciséis años son como una obra de arte incomprendida en su momento: sólo años después se es capaz de ver que, efectivamente, había algo bueno en todo aquello.

Bug (Max Thieriot), Alex (John Magaro), Brittany (Paulina Olzynski), Penélope (Zena Grey), Jerome (Denzel Whitaker), Brandon (Nick Lashaway) y Jay (Jeremy Shu) son unos adolescentes conocidos como “Los Siete de Riverton”. Su vida es igual que la de cualquier otro joven de su edad salvo por una cosa: los siete nacieron la misma noche en que Abel Plenkov, asesino esquizofrénico conocido como “El Destripador de Riverton”, fue atrapado por la policía. Aunque, ese mismo día, su cuerpo desapareció, y una de las leyendas que rondan por el lugar es que cada una de las personalidades de Plenkov se reencarnó en cada uno de los siete de Riverton.

Los pueblos en las películas de Wes Craven siempre están llenos de tradiciones. Bien, otra de las que pueblan Riverton es que, la noche del aniversario de la captura del Destripador, los niños del lugar se reúnen junto al río, lugar dónde desapareció el cuerpo, y por un ritual espantan al espíritu durante todo ese año. La noche que marca el comienzo de la película, ha sido Bug el elegido para ahuyentar al espíritu del cruel asesino. Sin embargo, el joven Bug fracasa en su tarea. Esa noche, muere el primero de los siete de Riverton; al día siguiente, es el cumpleaños de los seis restantes…

El argumento de “My Soul To Take”, como se observa, oscila entre el territorio conocido de Craven (asesino vengándose desde el más allá de una comunidad pequeña de personajes) y la complejidad: siete personajes principales, más la cabecilla mala del instituto, Fang (Emily Meade), son demasiados. Y desde el primer momento, Craven tiene muy claro que quiere convertir su película en una metáfora de lo mencionado arriba: el traumático paso por la adolescencia de uno de los siete de Riverton; en concreto, Bug. “My Soul To Take” es una especie de reverso oscuro de “Cuenta Conmigo”, algo que es, sin duda, lo mejor y lo peor de la película.

Por un lado, para nadie es desconocido que ésta es la enésima película “maldita” de la filmografía del director. La crítica americana ha sido demoledora con ella, y quien la ha visto a este lado del océano, tampoco se ha mostrado mucho más entusiasta. De hecho, la mala prensa y el fracaso en la taquilla USA probablemente la dejen fuera de cualquier mercado en nuestro país (Nota: y el acceso a la misma, salvo vía descarga ilegal, se vuelve complicado: el dvd/blu ray inglés sólo viene en este idioma mientras que la edición americana tiene castellano, tanto en audio como en subtítulos, pero es zona 1). Volviendo al tema: parece innegable que “My Soul To Take” es una mala película de terror. Las muertes dejan mucho que desear, apenas están elaboradas y parece que la consigna al rodarlas era “cuanto antes pase, mejor”. Craven, que tantas veces ha demostrado que sabe y puede crear un clima malsano y tenso, aquí parece desganado a este respecto. Así que, prepararse para un festín de emociones fuertes equivale a llevarse una decepción como la copa de un pino. En este sentido, poco puede decirse que no se haya dicho ya.

Sin embargo, creo que sí hay elementos de interés en la película y, puesto que quien se decide a verla se dispone a dedicarle una hora y media de su día, me parece interesante resaltarlos.

La adolescencia tiene sus propias leyes, y la película se centra en ellas. De los quince a los dieciocho, parece que hay una sociedad aparte, invisible a los ojos de los adultos, en la que lo único que importa es sobrevivir. Un submundo en el que es igualmente traumático que pueda haber un asesino psicópata rondando por tu pueblo que el asedio por parte de los “guays” del instituto. Craven consigue aunar los dos mundos para presentar su juego: utilizar una historia de terror para hablar del mundo adolescente. Desde mi punto de vista, además, con mayor trascendencia que en otras obras. Hay un momento en el primer tramo de la película en el que Alex Dunkelman, uno de los Siete de Riverton, le explica a Bug Helerman que cuanto mejor finja en la vida, más hombre será. El punto de vista desde el que se observa la adolescencia en la película es este: los niños pueden tener a la vista sus miedos; los adultos, tienen que disimularlos (la religión, por ejemplo, tal y como se desvela en el tramo final que hace el personaje de May (Jessica Hetch)). Los Siete de Riverton son adolescentes y se hayan en una zona de tránsito, al no ser ni niños ni adultos: Penélope intenta mitigar su miedo también mediante la iglesia; Brittany uniéndose al grupo “mafioso” de Fang, a pesar de no ser una de ellas en esencia; Brandon convirtiéndose en el chulo del instituto; Alex y Bug aferrándose a su amistad, siendo dos en vez de uno para enfrentarse a las agresiones… Para reforzar tal tesis, y tras la conversación antes mencionada, tiene lugar una de las mejores escenas de la película: Bug y Alex presentan en clase su trabajo sobre el cóndor californiano.

El cóndor californiano: es un animal descrito en la película como un ave que “guarda las almas de todas las criaturas que se come”. Esto, le sirve a Craven, a nivel argumental, para uno de los mejores hallazgos de la película (el tema de los espejos) y, a nivel metafórico, para hablar, de nuevo, de esa extraña zona de tránsito que es la adolescencia, donde crecer e ir formando la personalidad viene a ser ir incorporando en nosotros rasgos de nuestro entorno. La manera en la que este proceso tiene lugar es importante en la película, donde se establece una escala entre tres personajes (May, Fang y Bug) en la que, el mayor o menor grado de traumatismo de los recuerdos coincide, como debe ser por tema, con la edad de sus personajes. El más adulto es el más vulnerable puesto que es quien tiene menos integrado el recuerdo traumático en su vida; Fang, algo más mayor que Bug, se está rebelando ante él, lo que es una forma de integración. Y Bug…

Bug, o Adam Helerman, es un poco el talón de Aquiles de una “sociedad” marcada por el odio y la violencia (en otro momento, Alex le dice a Bug: “lo que no está bien es que nos estemos matando los unos a los otros todo el día”). Tanto en su núcleo familiar como en el amistoso o en el laboral (el instituto), el joven Bug parece tener algo de lo que los demás carecen, un blindaje excepcional que sale a la luz en tramo final de la película. A fin de cuentas, lo que distingue a Bug de los demás es, precisamente, lo que se pierde cuando se pasa de ser adolecente a adulto.

El guión de la película, como se puede deducir de lo anteriormente enumerado, es complicado. Craven no desaprovecha ni una sola escena, y describe con maestría a tantos personajes con muy pocos elementos. Todo sirve para algo, en un extraño puzzle descompensado donde la trama y su tema se alternan y solapan. Cuesta encontrar una escena en la que sólo avance la trama, y las más interesantes son aquellas que, sabiamente colocadas, desorientan al espectador de nuevo en un doble juego: apuntan posibilidades de una trama (¿por qué Bug es capaz de adelantarse a las conversaciones con Alex?) y consiguen que, por segundos, el mundo se vuelva incomprensible como lo es a los ojos de un adolescente. Por eso es especialmente frustrante el desenlace de la película. Craven, cual cóndor californiano, hace suya la sabiduría “Scream”… con el único inconveniente de que no le conviene nada a “My Soul To Take”. Hay un exceso de explicaciones en el desenlace para justificar las entradas y salidas de personajes de la casa en la que tiene lugar, explicaciones innecesarias porque, a esas alturas, no te importa si a fulanito le ha dado tiempo a entrar o salir, sino descubrir qué está pasando exactamente, algo que consigue mantener oculto hasta prácticamente el último minuto. Por otro lado, los diálogos de la película son brillantes en el 99% de los casos; eso sí, el 1% restante tiene lugar en el desenlace, donde el Destripador de Riverton (y con esto no estoy desvelando nada) habla de narrativa fílmica como si fuera Ghostface.

Por mi parte, como he intentado mostrar, saqué bastantes cosas de la película. Es cierto que, constantemente, asesinatos y momentos tenebrosos te recuerdan que estás viendo una película de terror fallida. Pero, por otro lado, he de reconocer que me emocionó. Las películas de iniciación son una debilidad y, si hubiera visto “My Soul To Take” con dieciocho años, la habría convertido en peli de cabecera sin ninguna duda por su capacidad para arrojar luz en un tema tan oscuro como la adolescencia. Casi se convierte en eso, y la he visto con treinta y tres…

Lo mejor: lo que no tiene que ver con una película de terror.

Lo peor: las partes de terror.

POR: Manu el 17/05/11
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