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Categoria: Slasher

Navidades Negras

Navidad, sangrienta Navidad

Black Christmas, navidades negras

  • Título original: Black Christmas
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 1976
  • Director: Bob Clark
  • Guión: Roy Moore
  • Intérpretes: Olivia Hussey, Keir Dullea, Margot Kidder
  • Argumento: Durante las vacaciones de navidad, las chicas de una fraternidad hacen una fiesta en la que reciben extrañas llamadas de lo que parece un pervertido. No es más que el principio de unas navidades de pesadilla.

LA VALORACIÓN:

71 |100

Estrellas: 4


Black Christmas, navidades negras

Aprovechando fechas tan señaladas, nuestro buen amigo HorrorJeur (no os perdais su estupendo blog www.horrorjeur.tk) nos trae a la memoria un slasher tan, en ocasiones, olvidado como determinante para el desarrollo de tan insigne subgénero. Por mi parte aprovecho para desearos a todos Felices Fiestas y un próspero (y terrorífico) 2012. Joan Lafulla.

Una bizantina discusión que ha dividido a estudiosos (y no tan estudiosos) del cine de terror procede de determinar la nacionalidad de origen de ese subgénero que ha venido en denominarse slasher. Por si alguien lo desconoce, diré que las películas slasher (que podría traducirse como “de cuchillazos”), son aquellas en las que un grupo de jóvenes es asediado por un asesino con predilección por las armas blancas. Un género que ha devenido con el tiempo universal, y que se extiende hasta nuestros tiempos (basta recordar el éxito de la cuarta entrega de Scream estrenada este año), gracias a que – a la manera de sus icónicos Jason Voorhees o Michael Myers – es resucitado una y otra vez para explotar mediante secuelas y remakes a cadáveres cada vez más predecibles y malcarados. Para algunos se trata de un género eminentemente estadounidenses y que tiene como obras seminales películas como La noche de Halloween (Halloween, 1976) de John Carpenter o la archiconocida Viernes 13 (Friday the 13th, 1980). Para otros, el origen se remonta unos años antes y debe ubicarse en Italia, particularmente con el sangriento film de Mario Bava Bahía de sangre (Reazione a catena, 1971). Sin embargo, Navidades Negras (Black Christmas, 1974), dirigida por Bob Clark, añade un nuevo componente a la discusión sobre el país originario del slasher, a modo de inesperado giro argumental tan caro al género: tal vez el “culpable” de alumbrar al género, no sea los EEUU o el país transalpino, sino el pacífico y tranquilo Canadá. Y es que para muchos el verdadero nacimiento del slasher se produce con esta película, de producción enteramente canadiense.

Ya el arranque del film incluye uno de los “rasgos de estilo” más característicos del subgénero: el empleo de la cámara subjetiva que identifica espectador y asesino, y de paso permite ocultar su identidad, en una escena que recuerda poderosamente al inicio de la mencionada La noche de Halloween. Estamos ante la típica película de maniaco que asesina metódicamente a adolescentes de hormonas hiperactivas, en este caso, chicas pertenecientes a una residencia de estudiantes, ante el estupor de la vecindad y la inoperancia de la policía. No es el único elemento estilístico y argumental típicamente slasher. Como se haría hasta la saciedad en futuros films del género, se recurre a las llamadas amenazantes por parte del asesino como elemento perturbador, e incluso una de las llamadas resulta estar realizada desde la misma casa en la que la víctima es asediada. ¿Les suena? Seguramente sí, aunque este es el primer film en la que tal cosa acontece.

No obstante sorprende el tratamiento heterodoxo de algunos de estos rasgos que muy pronto se convertirían en tópicos. Por ejemplo, aquí también parece identificarse lívido sexual con muerte, por lo que nadie se extraña de que el personaje de Barb, una joven Margot Kidder mucho menos modosita aquí que como novia de Superman, Lois Lane, unos años más tarde, sea una víctima propiciatoria para rendir culto al Dios de la Moralidad. Sin embargo, resulta más sorprendente descubrir un subtexto más sutil (y menos moralista) en el que la liberación sexual y emancipatoria de la mujer, es recibida con hostilidad por el sexo contrario, ofreciendo una sardónica mirada al temor de pérdida de tradicionales privilegios por parte del género masculino, y su consecuente respuesta brutal e irracional. Así la decisión de abortar de la protagonista (Olivia Hussey) para poder aspirar a tener su propia autonomía, es vista por su novio (Keir Dullea) como un acto de egoísmo intolerable, conflicto que parece estar detrás de los homicidios perpetrados (el autor de las llamadas amenazantes parece conocer el incidente). No obstante, y a diferencia de lo que suele suceder en los films del subgénero, el móvil e incluso la identidad del asesino nunca son revelados, ni siquiera en un final abierto y nada tranquilizador. De hecho, toda la película está marcada por la ambigüedad, y se aleja de obviedades y subrayados innecesarios. Bob Clark sabe crear una ominosa atmosfera que prima sobre la exhibición de la violencia, que lejos de ser gráfica, irrumpe estilizada (caso de la muerte de Barb, finiquitada con una figura de cristal en forma de unicornio, a cámara lenta, digna de Dario Argento) o incluso totalmente fuera de cámara, valiéndose en ocasiones de un montaje paralelo de lo más efectivo (la excelente secuencia del asesinato de Janice).

Como sucede también con La Matanza de Texas (Texas chainsaw massacre, 1974), rodada en el mismo año, la película se recuerda más sangrienta de lo que realmente es. Y de la misma forma que el film de Tobe Hoper es un gore sui generis (es poca la sangre que realmente es vertida en pantalla), Navidades Negras es un slasher atípico al mostrarse inusualmente contenido a la hora de representar los inevitables homicidios. Tal vez por este carácter atípico y heterodoxo, dentro de (sub)géneros tan codificados como el gore y el slasher, ambos films hayan acabado convirtiéndose en dos films de terror de culto absolutamente ineludibles. Navidades Negras es, además, una película ideal para ver en estos días al estar ambientada en época navideña, constituyendo un buen antídoto para tanta ñoñería y sentimentalismo mercantilizado.

Lo mejor: Sus estilizados asesinatos.

Lo peor: Qué sus méritos no hayan sido todavía suficientemente reconocidos.

POR: Invitado especial el 24/12/11
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Psicosis en mis super dulces 16

El serial killer de turno vs. las super pijas del insti

My Super Psycho Sweet 16 Póster

  • Título original: My Super Psycho Sweet 16
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2009
  • Director: Jacob Gentry
  • Guión: Jed Elinoff, Scott Thomas
  • Intérpretes: Julianna Guill, Lauren McKnight, Chris Zylka
  • Argumento: La fiesta de decimosexto cumpleaños de Madison va a ser súper especial: ha convencido a su papi rico para celebrarla en la pista de patinaje donde se cometieron varios asesinatos de adolescentes, años atrás.

LA VALORACIÓN:

57 |100

Estrellas: 3


Psycho Sweet 16 Grande

Bienvenidos a una cita más de caspa, vergüenza ajena y risas involuntarias, esta vez gracias a la fusión de los programas de televisión dirigidos a adolescentes imbéciles con el cine “slasher” (entendido también desde una perspectiva bastante adolescente). Por su acabado final, quizás sea injusto encasillarla como una simple muestra de cine “trash” o “underground”, nada más lejos de la realidad, pero es que además de mala, contiene tamaña cantidad de patetismo que sería injusto tratarla como una cinta más. Así que sin más dilación, podéis ir pasando a la fiesta de decimosexto cumpleaños más “chachi guay del mundo mundial”.

Skye es una joven de 16 años que pulula por su instituto como un espectro, al fin y al cabo es tratada como la “freak” de su clase. Hasta que el “quarterback” más guapo y popular le hace caso. Detrás de esa tímida mirada de niña púber se encuentra un volcán en erupción, un saco de emociones (que no acné, ¡diablos! ¿Por qué los zagales norteamericanos de la MTV no tienen granos en la cara?). Volcán que todas las noches ha de enfrentarse a las pesadillas provocadas por los tristes sucesos que envolvieron a su padre.

Cuando Skye era solo una niña su padre regentaba la pista de patinaje de la pequeña ciudad donde vivían. Sin embargo, algo hizo “chim-pun-flas” en la sesera de papi, y frente a ella asesinó brutalmente a varios adolescentes. Y por si fuera poco, en el consabido traslado policial, Charlie, su viejo, acabó escapado y desaparecido.

Ahora, en la casa de acogida, se ve atormentada por el deseo de que su relación sea tal con Brigg, el jugador de rugby guaperas. Para ello, y por azares del destino (o de un guionista poco imaginativo), tendrá que colarse en la fiesta de cumpleaños de la reina del instituto, la mayor perra que conociese nunca. Madison, hace la vida imposible a todos los que la rodean, pero consigue todo lo que quiere, una futura “Paris Hilton” más zorra que la misma “Jezabel”. Con ese poder de sugestión, ha conseguido que su padre millonario reforme la pista de patinaje, que vio los atroces crímenes del padre de Skye, para celebrar esta misma noche “la súper fiesta de los 16”, especial evento que marca el paso de una niña a mujer (sonido de violines, por favor). Sin embargo, la sangre que correrá en la fiesta más “cool”, que haya visto la ciudad, no solo será menstrual (parad los violines y sacad las guitarras de flecha), Charlie ha vuelto para poner en su sitio a esos jodidos adolescentes.

De unos guionistas que han trabajado en alguno de los “realities” que seguían los pasos de Paris Hilton, largometrajes animados de Scooby Doo y otros programas populistas más infames que Carmen de Mairena, ¿qué se puede esperar?

La protagonista guapa, sensible e inteligente, pero considerada como una “freak” fea, alienada y tonta, al “quarterback” guaperas: “No pensaba que los chicos populares fuerais así de majos.”
El “quarterback” rubio y de mandíbula cuadrada: “Sí, somos como la gente normal, pero más guay”.

Del director que participó en un segmento de la más que interesante The Signal para acabar condenado en una trilogía para MTV, de la que esta My super psycho sweet 16 es su primera parte, ¿qué se puede esperar?

La chica mona pero malvada y caprichosa habla con una amiga aun más rubia y tonta que ella: Desde que mi padre se divorció de mamá se siente tan culpable por mí que me regala todo lo que le pido.
La chica más rubia y más tonta: ¡Ojala también se divorciasen mis padres.

De unos actores que han nacido, crecido y sido criados (en granjas especializadas) para su correcto funcionamiento en productos adolescentes emitidos por el cable (alguno ha sido incluso capaz de evolucionar para alcanzar puestos dentro de “joyones” como Tiburón 3D, la presa), ¿qué se puede esperar?

El padre millonario e igual de descerebrado que su malcriada hija le dice a ésta tras ver su enfado al enseñarle la tarta de cumpleaños: Cariño, dijiste que querías una tarta de sushi.
La repelente “impersonator” de Paris Hilton: Eso es una asquerosa tarta de mierda con forma de sushi, yo quería cinco capas de salmón rojo llegado del puñetero Tokio.

Bien, aunque ya sepáis que esperar de la película en cuanto a guión, personajes, diálogos y situaciones, seamos un poco más específicos:

Por un lado tenemos el “reality” emitido en MTV, “Mis súper dulces 16”, donde varios hijos de papá despliegan todas las artes del pijerio más atroz para preparar la fiesta de su decimosexto cumpleaños, justo cuando acaban la preparatoria y les espera una vida de lujo en una universidad para millonarios (¡con Obama we can – si tenemos pasta, claro –!). Por el otro lado tenemos las clásicas películas de asesinos en serie y adolescentes (o más talluditos) tipo Sé lo que hicisteis el último verano y demás productos de bajo nivel pero de eficacia probada (el “Cucaerosol” matando cucarachas, los “slashers” neuronas). Sencillamente, Psicosis en mis súper dulces 16 mezcla ambos conceptos pero prescindiendo de cualquier amago de “reality show” (elemento que, en este caso, quizás hubiese jugado a favor de la cinta… por disfrutar más del sufrimiento de los hijos de papá, que conste).

Desgraciadamente, la faceta slasher ha salido perdiendo en la mezcla, quedando relegada a una parte final que se antoja corta y algo descafeinada. Eso sí, esta última parte nos reserva una de las muertes más divertidas e impactantes (dentro del contexto) que he visto en últimos tiempos, no es que se abuse de la sangre sintética, pero para los cánones de una cadena de televisión adscrita al video-clip no me parece descabellado calificarla como “sangrienta”. Pero no solo por ese minuto merece la pena acercarse al lado “psicópata” de la cinta. La verdad que es un gustazo ver como van cayendo, menos para lo que sería mi gusto, los pijos uno tras otro. ¡Qué personajes más repelentes! Obviamente no se salva ni uno de los deseos asesinos del espectador, lamentablemente sí de los instintos del “slasher”, que aquí luce bastante cutre, la verdad. ¿El caballero templario de una pista de patinaje? Sí claro, acojona un montón. Puestos a usar la brillante lógica de los guionistas, asusta más que despertarse abrazado a un loro gigante.

Jamás he tenido el dudoso placer de ver siquiera un capitulo del “reality” que os comentaba, solo me había acercado a ese fenómeno social (vamos, llamarlo “fenómeno” me produce hasta escalofríos) a través de un capitulo de mi querida “South Park”, en el que Satán se emperraba en celebrar un Halloween como si de una quinceañera se tratase. Impagable el humor irreverente que se gastaron en aquel capítulo, y yo me pregunto: ¿qué dosis de humor existe en Psicosis en mis súper dulces 16 a la hora de representar a los adolescentes como tópicos de estupidez y cretinismo? Seguramente más de la que sus productores crean y menos que la visible para un hombre de más de treinta años. Ahora bien, un servidor ha “disfrutado” de una copia doblada, desconozco que humor soterrado se ha inyectado en el doblaje, pero algo se intuye por ahí. ¡Qué coño! La tercera parte, de próximo estreno en USA, debería ser doblada por Elsa Pataky, Dani Martin, Pilar López de Ayala y Jorge Sanz… el despiporre adolescente!!

La mayor parte del metraje está rellena con una especie de video-clips (la música no era de mi estilo, tampoco se trataba del pequeño fauno de Justin Bieber, pero era más bien comercial y anodino “electro-power-pop”) que complementan a la perfección las gilipolleces de los protagonistas. Hacía tiempo que no me reía tan sinceramente de unos diálogos, si este es el acercamiento a través del terror, que un hombre maduro puede hacer a ese mundo de chorradas adolescentes (tal y como intenta vender el amarillismo estadounidense), me parece todo un acierto: unos colegas, unas cervezas y Psicosis en mis súper dulces 16, despolle asegurado. Terror poquito la verdad, pero os mondaréis sardónicos, más que en la escena de llegada al hostal austriaco (o húngaro o polaco o que coño me sé yo) de los protagonistas de Hostel. ¿Humor involuntario? La verdad que no importa. Puede que su acabado formal sea muy bueno, genial para un telefilm y muy en la línea de lo que suele proyectar la MTV, pero lo realmente interesante no es que se trate de terror para adolescentes, no señor. Lo importante es que para un fanático del terror, con unos cuantos años en cada pata, puede suponer un refrescante alivio cómico a tanto ciempiés sucio y desagradable, a tantos extraterrestres suburbanos sin personalidad y a profecías de broma que se toman demasiado en serio… a lo mejor caigo en las redes de su segunda y tercera parte, ¡viva el complejo de Peter Pan!

Lo mejor: Tamaña vergüenza ajena nos van a provocar los personajes, que se convierte en una comedia cáustica por derecho propio.

Lo peor: Muy descompensada, la parte puramente slasher queda relegada a menos de un tercio del metraje.

POR: Bob Rock el 20/11/11
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Madison County

El cabeza de cerdo está más domesticado de lo que creíamos

Madison County

  • Título original: Madison County
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Eric England
  • Guión: Eric England
  • Intérpretes: Joanna Sotomura, Ace Marrero, Matt Mercer
  • Argumento: Cinco universitarios viajan hasta Madison County para conocer a un novelista que ha escrito un libro sobre un asesino en serie.

LA VALORACIÓN:

40 |100

Estrellas: 2


Madison County

Llegué a la segunda jornada del Festival de Terror de Molins de Rei con la salud maltrecha. Bueno… quizás exagero. En realidad se trataba de un resfriado mal curado que, eso sí, logró anular todos mis sentidos casi por completo (el de la vista, menos mal, era el que conservaba en mejor estado).
De semejante guisa me dispuse a ver Madison County, una de las películas a competición más esperadas… al menos para un servidor.

Cinco universitarios viajan a Madison County con el objetivo de entrevistar a un escritor cuya novela relata los atroces crímenes de un asesino local. Uno de los chicos está convencido de que los asesinatos descritos en el libro son reales.
Cuando llegan a Madison County se encuentran con el hermetismo de todos los habitantes del pueblo. Niegan que el asesino sea real… pero pronto los jóvenes descubrirán por sí mismos el terrible secreto que esconde Madison County.

Cuarenta minutos de reloj antes de ver la cabeza de cerdo que identifica al asesino de Madison County. Son cuarenta minutos en los que no ocurre prácticamente nada. Cuarenta minutos en los que lo único que sacamos en claro es que un par de los protagonistas están saliendo juntos (a escondidas del malhumorado y sobreprotector hermano de la chica), y a otros dos les encantaría hacerlo. Cuarenta minutos que se hacen eternos.

Sé que en muchas ocasiones nos hemos quejado de lo estereotipados y planos que resultan los personajes de películas con un argumento similar al de Madison County. Pero, ¿de verdad era necesario pasarse cuarenta minutos contándonos estupideces sobre los protagonistas de la película cuando sabemos, perfectamente, cual es el destino que les espera? Muchos de ellos no van a llegar a la meta. No van a sobrevivir. Caerán a manos de un asesino encapuchado que, con un poco de suerte, les hará picadillo. Esa es la esencia del slasher… y Madison County no difiere de dicha fórmula.

Así que cuando ya empezamos a estar hartos de la presencia de los protagonistas de la película, por fín el mastodonte (lo cierto es que el tipo, físicamente, impone) con cabeza de cerdo se digna a entrar en escena. Pero no sin que antes se nos cuente una enrevesada historia sobre el porqué de su existencia, las razones que le llevaron a convertirse en una máquina de destripar visitantes inoportunos, o el porqué parece que todo el pueblo encubre sus actos de barberie. ¿Y como nos cuenta Madison County toda esta complicada trama – creo que empieza a notarse que no me enteré de la misa la mitad – que hace referencia al asesino? Pues leyendo la contraportada de un libro. Así es… a uno de los chicos le da por leer la contraportada del libro cuyo autor están buscando, y allí descubren todos los secretos del asesino que anda tras sus cabezas. Ni me interesó lo que contaba ni tampoco acabé de entenderlo.

Pero dejémonos de historias. El tipo mide alrededor de dos metros de altura, utiliza una cabeza de cerdo para cubrir su rostro y va armado con un enorme hacha. Además hay cinco jóvenes y entrometidos universitarios que le están pidiendo a gritos una buena ración de cortes, amputaciones, mutilaciones y cualquier otra burrada que al cabeza de cerdo se le pueda llegar a ocurrir. Y mucho tendrá que currárselo para que olvidemos esos cuarenta minutos iniciales de hastío a los que hemos sido sometidos.

Pues ni por esas. Madison County cuenta en su haber con un par de muertes bastante dignas… y poco más. El resto de asesinatos son poco afortunados. Tristes. Flojitos. Blandos. Nada realmente destacable. Todo el presunto carisma del asesino se reduce a lo bien hecha que está su máscara. Y si a todo esto le añadimos un final precipitado, que te deja con la sensación de que algo ha ocurrido… pero no tienes ni puñetera idea de qué coño ha sido; el resultado final que arroja Madison County no puede ser otro que el de la decepción.

Pero no quisiera despedirme sin antes apuntar un par de aspectos positivos sobre la película. En primer lugar su aspecto visual, con una excelente fotografía deudora de títulos célebres de los 70 como pueden ser La Matanza de Texas o Las colinas tienen ojos. Y en segundo lugar que, pese a las múltiples deficiencias detectadas, por algún extraño mecanismo que tampoco alcancé a comprender, Madison County transmite el entusiasmo y las ganas de hacer bien las cosas de sus responsables, todos ellos jóvenes cineastas capitaneados por un Eric England, director y guionista, que cuenta tan solo con 23 años de edad. Madison County no ha sido una experiencia satisfactoria, pero algo me dice que sería conveniente seguirle la pista a este chaval.

Lo mejor: Su estética.

Lo peor: Tarda en arrancar... y cuando lo hace no impresiona.

POR: Joan Lafulla el 14/11/11
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Blood Runs Cold

Un slasher tan frío y cortante como el paisaje en el que fue rodado

Blood Runs Cold

  • Título original: Blood Runs Cold
  • Nacionalidad: Suecia | Año: 2011
  • Director: Sonny Laguna
  • Guión: Sonny Laguna
  • Intérpretes: Andreas Rylander, Elin Hugoson, Hanna Oldenburg
  • Argumento: Cuatro amigos celebran su reencuentro pasando la noche en el interior de un viejo caserón. Un tipo armado con un hacha y vestido con harapos está dispuesto a aguarles la fiesta.

LA VALORACIÓN:

60 |100

Estrellas: 3

Blood Runs Cold

Primera jornada del Festival de Terror de Molins de Rei. Tiempo para la nostalgia, el recuerdo, la voluntad de seguir adelante y apuntalar un futuro prometedor; y tiempo también para el gore más radical y un slasher tremendamente eficaz surgido del frio.

30 ediciones del Festival de Cinema de Terror de Molins de Rei. 30 ediciones. No está nada mal. Y semejante efeméride, por supuesto, merecía la celebración adecuada: un magnífico documental dirigido por Paco Ruiz (habitual realizador del Festival) en el que dos generaciones distintas desgranan la esencia del Festival hablando, desde el corazón, sobre sus inicios, sus éxitos, sus dificultades y, por supuesto, sus espléndidas expectativas de futuro. Un emotivo trabajo realizado con mimo y cariño que prácticamente obliga al espectador a sentir el obligado respeto y admiración hacia todas aquellas personas que, de un modo u otro, han contribuido en sacar adelante un Festival como el de Molins de Rei.

Y tras la celebración… ¡La fiesta continúa! Sesión retrospectiva con el Braindead (en España también conocida como “Tu madre se ha comido a mi perro”) de Peter Jackson, una delirante comedia que en 1992 dinamitó los límites del gore (muy pronto nuestro colaborador John Trent nos hablará de Braindead).

Finalmente el plato fuerte de la noche. Inauguración del 1er. Concurso Internacional de Largometrajes celebrado al amparo del Festival de Molins de Rei. El honor recayó en una película sueca de presupuesto muy modesto titulada Blood Runs Cold.

Winona, una artista de cierto éxito, vuelve al pueblo donde se crió por recomendación de su manager. Allí espera encontrar inspiración para componer nuevas canciones, lo que no esperaba encontrar en ningún momento es a su antiguo ex novio y sus viejos amigos; sin embargo, el encuentro parece que llegará a buen termino, celebrando una pequeña fiesta en el viejo caserón donde está alquilada Winona …aunque un invitado imprevisto quiere aguar la fiesta de los chicos, algo que ha sobrevivido en aquella casa envuelta en frío quiere jugar con su hacha…

Blood Runs Cold es un slasher que no tiene ningún problema - ninguno en absoluto – en conjugar la gran mayoría de tópicos que definen el subgénero: cuatro jóvenes amigos hambrientos de sexo, un siniestro caserón, una tormenta de nieve y un misterioso tipo empuñando un hacha. El futuro próximo de estos cuatro jóvenes salidos es, exactamente, el que estais pensando. Y el uso que el misterioso tipo le dará a su enorme hacha es, también, el que estais imaginando. De manera que aquí no hay misterio alguno. Blood Runs Cold es un típico y tópico slasher que, por su enclave (y también por la apariencia del asesino), podría compararse a la serie Cold Prey, y que probablemente pasaría inadvertido para el aficionado si no fuera por un elemento diferenciador: su abrumadora eficacia.

Blood Runs Cold hace de la carencia de medios una virtud y en base, precisamente, a esa carencia de medios (y quizás influido también por las condiciones de clima extremo en que fue rodado: de 15 a 20 grados bajo cero) es capaz de construir un slasher duro, frío, seco, directo, cubierto por una gratificante capa de realismo, sin grandes florituras a nivel visual ni tampoco a nivel argumental, y con un villano que destaca por la fiereza y contundencia de sus embestidas (¡Atención! Blood Runs Cold es uno de esos slashers modernos que no admite preguntas y que, por lo tanto, no se molesta en conceder respuestas. Si alguien necesita saber las motivaciones u orígen del asesino… que se olvide. La película parte de un planteamiento minimalista: hay un asesino con hacha en el interior de una casa. Se acabó.). Y es que, llegado el momento, Blood Runs Cold, a pesar de la mencionada falta de recursos, cumple allí donde un slasher jamás puede fallar: la violencia de sus muertes. No estoy diciendo que vaya a pasar a la historia por un sofisticado y diverso muestrario de asesinatos… no es el caso. Pero llegada la hora de la verdad Blood Runs Cold nos ofrece unas muertes bruscas e impactantes. Plenamente disfrutables…

No creo que el debut del sueco Sonny Laguna acabe convirtiéndose en la sorpresa del certamen. Juegan en su contra la falta de recursos (a pesar de que, en mi opinión, acabe jugando a su favor) y, sobre todo, el hecho de que por más que pueda resultar una experiencia gratificante y satisfactoria para muchos de los aficionados al subgénero slasher que seguimos en pie contra viento y marea; la realidad que se oculta tras la película sigue siendo firme y tozuda: estamos viendo algo que ya hemos visto en decenas y decenas de ocasiones. Ni un solo ápice de originalidad. Eso sí… es lo mismo de siempre pero bien hecho. Un slasher duro y honesto. Recomendable.

Lo mejor: Utiliza los tópicos del género para construir una propuesta eficaz y contundente.

Lo peor: Su evidente falta de originalidad.

POR: Joan Lafulla el 02/11/11
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Slashers

Lavado de cerebro televisivo

Slashers Poster

  • Título original: Slashers
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2001
  • Director: Maurice Devereaux
  • Guión: Maurice Devereaux
  • Intérpretes: Sarah Joslyn Crowder, Tony Curtis Blondell, Kieran Keller
  • Argumento: Seis concursantes norteamericanos participaran en el “reality” de moda en Japón: “Slashers”. Donde los afortunados que sobrevivan a los ataques de tres sádicos asesinos en serie, ganaran un premio desorbitado!!!

LA VALORACIÓN:

66 |100

Estrellas: 3

Slashers Grande

Bienvenidos a “Caspa Movies”, una etiqueta bajo la que se reseñaran las películas fantásticas y de terror que caminan descalzas sobre el filo de la navaja: cintas de bajo presupuesto, serie B y Z cuyo único objetivo es entretener sin tener que ser sometidas a la misma mirada crítica que otras películas de más altos vuelos. Aquí no hay cabida para las grandes estrellas o los efectos especiales más caros que el caviar Beluga; nos adentramos en un vergel de atrocidades y producciones que tal vez no deberían existir, pero cuyo valor es el puro atrevimiento a “ser” y capaces de contar con un puñado de fotogramas tan malos que sean capaces de arrancarnos una sonrisa de satisfacción.

Slashers es el programa de moda en Japón. Todas las semanas, unos concursantes se juegan la vida enfrentándose a los asesinos más sádicos que la cadena de televisión pueda encontrar. Un programa sin reglas donde perder significa la muerte y ganar, un premio tan sustancioso que te faltarán vidas para gastarlo.

Tanto éxito está teniendo Slashers, que hoy contamos con una edición especial completamente norteamericana. Seis estadounidenses fuertes, guapos y atléticos tendrán que enfrentarse con nuestros tres asesinos favoritos: El Doctor, el Predicador y Charlie el Paleto de la Sierra Mecánica. Con diferentes motivaciones para luchar por el premio, nuestros concursantes se someten a un viaje sin reglas hacia las más macabras evisceraciones.

Detrás de un argumento algo traído por los pelos, nos encontramos frente a una producción canadiense, directa a DVD, que a principios de este nuevo siglo irrumpía en los videoclubes, tomando como excusa el exagerado auge de los “reality shows” (o experimentos sociológicos televisados que le gustaría decir a la prepotente y arrugada Mercedes Milá), para recorrer ciertos tópicos de las películas de “asesinos en serie” o “slashers”, con el humor negro como telón de fondo y el gore ejerciendo de justificación visual de cara a la galería, o el sector más duro de los aficionados al terror.

El trabajo de Maurice Devereaux tras la cámara y el guión se demuestra efectivo durante casi todo el rodaje, desenvolviéndose bastante bien entre el divertimento puro, propio de una tarde de encefalograma plano con amigos bien encervezados, y las pinceladas justas de crítica social para con los programas de televisión que se basan en hundir al individuo hasta el cuello en su propia mierda para divertimento (por supuesto sociológico e inocente) de los espectadores. Si el equilibrio existe es precisamente por su ausencia; paradoja que se explica al poco de avanzar su metraje gracias al abandono de cualquier mensaje pedante o filosófico por parte del guión. La crítica hacia los “reality” es tan solo un telón de fondo para cuatro reflexiones fáciles sobre lo que desea ver el aficionado (“tetas y sangre”, se podría resumir en la acepción más cateta del cine de terror), las cuales sirven como motor de los asesinatos y horrores a los que se somete a los concursantes, que no olvidemos participan por su propia voluntad, revelando que la carnaza de los “slashers” lo es por su propia estupidez.

Como dato anecdótico comentar que Deveraux dirigiría y escribiría otra película de género bastante superior a la que tenemos entre manos, incluso algo más seria, pero también con la crítica, esta vez religiosa, como leitmotiv de la misma. Os hablo de End of the Line, otro bajo presupuesto que paso sin pena ni gloria junto a los estrenos de 2007, pero que bien merece un visionado para disfrutar de la libertad que goza el verdadero cine independiente, claro que a costa de otras debilidades que algunos nunca aceptaran.

Esta libertad y estos defectos se encuentran grabados en el ADN de Slashers. Efectivamente, durante el recorrido de los concursantes por un set bastante cutre – y esa cutrez refleja muy bien el “reality” que se intenta plasmar – observaremos una libertad de discurso muy coherente que permite explorar la citada necesidad de “Tetas y Sangre” por parte del público del cine de terror, pero sin hacer discursos morales y mostrando precisamente lo que buscan aquellos que quieran un simple entretenimiento cafre y presentado a la ligera. Y aquí es cuando aparecen las debilidades clásicas… siendo la principal la penosa caracterización de los asesinos sueltos por el plató del programa y la, aun peor, caracterización de sus victimas que se podrían calificar de personajillos enervantes mal interpretados. No es de extrañar que se haga divertido ver como son guiados por los pasillos de su matadero particular hasta un desenlace con las sorpresas justas para arrancarnos una sonrisa. Como veis, acabamos disfrutando del entretenimiento que se nos propone, como el rebaño descerebrado que contempla un “reality” donde los concursantes deben morir solo para nuestro goce y el incremento de ingresos por publicidad. Una ironía que por mucho que parezca accidental, ya os digo que no veo a Devereaux siendo capaz de seguir un discurso intelectual, no deja de resultar satisfactoria.

Hora y media de personajes corriendo como pollos sin cabeza, todo siempre desde la perspectiva de un “reality”, me parece una idea muy resultona si al menos la exponemos con pulso y capacidad de auto parodia; y la verdad que así es: el ritmo no decae pese a la abundancia de diálogos superfluos o quizás justamente por su presencia, porque resulta casposamente fascinante escuchar los razonamientos de los protagonistas ante una situación que no tiene ni pies ni cabeza.

Resultan obvias las fuentes de las que bebe la cinta, siendo principalmente una: Perseguido (The Running Man 1987); permitiéndose incluso presentar, durante los títulos de crédito finales, una serie de anuncios muy jocosos sobre cigarros de marcas imposibles como “Clavos para tu ataúd”, algo bastante futurista, ¿no creéis? Aunque los decorados de guerrilla de Slashers nos retrotraen antes a la “Carpa Volante No Identificada” de los Killer Klowns, no cuesta mucho realizar un esfuerzo imaginativo para visualizar Slashers como una emisión pirata de un futuro poco esperanzador pero harto probable. A tamaña visión ayudan principalmente los collares de control que portan tanto los concursantes como los psicópatas; nombres como La Fortaleza Infernal o Battle Royale nos vienen a la mente; hecho muy divertido, puesto que Slashers no podría estar más lejos debido a su puesta en escena tan gárrula.

En definitiva, una cita simpática que sorprende desde su potente inicio, genial la presentación del show japonés que nos recuerda al enfoque netamente “psychocutrepop” de la obra en auge de Yoshihiro Nishimura (Tokio Gore Police, Vampire Girl Vs Frenkenstein Girl y un largo etcétera). Y que, además, a medida que va avanzando, navega entre la vergüenza ajena y el interés más primitivo (esa necesidad de ver erradicados a los más estúpidos del planeta) de una forma directa y no poco ayudada por unos decorados imposibles pero acordes con el planteamiento colorista del “reality” que se supone estamos viendo. A pesar de habérmelo dejado para el final, no es menos importante dejarse llevar por la sangrienta presentación de las masacres a las que los concursantes son sometidos – no menos interesantes que las vejaciones con las que se burlan de ellos, y es que semejantes gilipollas se merecen eso y mucho más –, un gore que sin ser la estrella de la función, desgraciadamente Canadá no es Japón, subraya los momentos álgidos en los que un concursante pierde la vida (¡Otra vez dejándonos lavar el cerebro por la caja tonta!). No obstante, la carcajada gruesa está asegurada con pequeños detalles como los tiempos muertos entre anuncios, la capacidad para aparecer y desaparecer de la nada de todos los personajes, los decorados de barraca de feria, los diálogos antes leídos que declamados, los forcejeos parapléjicos entre los asesinos y sus victimas, etc, etc… Es decir, una película bastante atractiva para lo que sería el canon del cine de bajo presupuesto, quizás podría haber sido más desternillante, pero ya no estamos en la época de la comedia involuntaria vía explotation italiana o el cine “kebap” (cine turco cuyo mayor exponente sería la versión “sui generis” de La Guerra de las Galaxias). Como podéis ver, una manera estupenda de adentraros en el mundillo de la “caspa movies”, una dimensión donde todo es posible menos ver buen cine…

Lo mejor: El humor negro y la crueldad propiciados por el entorno del “reality show” ficticio.

Lo peor: La caracterización de las victimas y sus verdugos: excesivamente pedestre.

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Slashers” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

POR: Bob Rock el 30/10/11
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The Orphan Killer

El serial killer del siglo XXI

TOK Póster

  • Título original: The Orphan Killer
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Matt Farnsworth
  • Guión: Matt Farnsworth
  • Intérpretes: Diane Foster, David Backus, Matt Farnsworth
  • Argumento: Marcus, tras pasar su infancia en un orfanato católico, vuelve para llevar la palabra de Dios hasta Audrey, la hermana que lo abandonó. “Audrey, voy a lavar tus pecados con sangre”

LA VALORACIÓN:

85 |100

Estrellas: 4

The Orphan Killer Grande

AVISO: La reseña puede contener algún destripe.

AVISO: Matt Farnsworth, el director de The Orphan Killer, se ha puesto en contacto con Almas Oscuras para asegurarnos que la edición “oficial” de la cinta no contiene ningún problema con el audio. No se ha editado la reseña pero quiero recalcar que, para bien o para mal, el sonido de las copias ilegales no refleja la intención de sus creadores. Para comprobarlo, podéis haceros con una copia original (es región libre y contiene subtítulos en español) en el siguiente enlace.

NUEVO AVISO: Matt Farnsworth pone a la venta la edición limitada de la máscara de Marcus. Un producto genial de merchandising que todos los aficionados estabamos esperando. Puedes adquirirla justo AQUÍ.

En los últimos años, en concreto desde el apocalíptico 2000 hasta la fecha, docenas de películas de terror han intentando, con mejor o peor fortuna, resucitar el subgénero slasher; siempre a través de un par de claves subyacentes: el libro de estilo marcado principalmente en la década de los ochenta – auténtico criadero de asesinos en serie del celuloide – y el esfuerzo por encumbrar a la figura de un serial-killer como nuevo icono del cine de terror del siglo XXI. En este periodo, que a efectos prácticos y para mi propia conveniencia consideraré como una única década, se han asomado a la gran y pequeña pantalla todo un batallón de psicópatas, y junto a ellos sus a veces combativas victimas (la otra clave para la supervivencia del subgénero), pero yo me quedaría con unas pocas cintas (eludiendo los molestos remakes de turno) si tuviera que hablar de proyectos validos y memorables, sobre todo en base a sus estrellas: los asesinos.

En cuanto a su capacidad para pervivir residualmente en los pliegues de nuestro cerebro; esta lista, ni mucho menos definitiva, podría componerse ni más ni menos que con School Killer (El Vigilante) – con un Paul Naschy que exudaba amor por el cine de género en cada segundo de sus intervenciones –, Behind The Mask (Leslie Vernon), The Hills Run Red (Baby Face), Laid to Rest (Chrome Skull), Wrong Turn (Los mutantes), Venom (Ray Sawyer), All the Boys Loves Mandy Lane? (¿?), Midnight Movie (Killer), Cut! (La familia psico-cinéfila), Hatchet (Victor Crowley).
Sin embargo, todos tienen un factor en común: por una razón u otra no llegan a despuntar, a ponernos el corazón en un puño o hacérnoslo pasar realmente mal como sí lo hicieran en su día las luminarias del slasher clásico – en este caso podéis confeccionar la lista a vuestro gusto –.
Seguramente, las causas de tamaña liviandad habría que buscarlas en cada película por separado, aunque a nivel general destacaría ya sea demasiada autocomplacencia o quizás una falta de visceralidad flagrante.

No obstante, lo que realmente importa es que la espera ha terminado. La joya underground que hoy nos ocupa, se salta directamente esta última época y, merced a un eficaz uso de las nuevas tecnologías como propaganda viral, entronca con los grandes del subgénero para alumbrar al psycho-killer del nuevo siglo. Temblad porque entre nosotros medra la oveja negra, el homicida sin conciencia… Marcus Miller ha venido para quedarse y es El Asesino Huérfano.

La atractiva Audrey apenas recuerda ya a su hermano. Inconsciente de la tormenta que se acerca, prepara la función de fin de curso en el orfanato donde trabaja como maestra y residió de niña. Victima de una tragedia terrible, acaecida en su tierna infancia, ha preferido pasar página y olvidar esa parte de su pasado que podría hundirla. Marcus, el hermanito en cuestión, es una difusa y tenebrosa sombra al fondo de su quebrada memoria.

Sus padres fueron sádicamente asesinados por unos ladrones; mientras, Marcus y Audrey se escondían asustados hasta que la masacre llegó a su terrible fin. Huérfanos y sin familia conocida, el estado se hizo cargo de ellos a través de una institución religiosa. Un orfanato católico donde curar las heridas y buscar el rayo de esperanza que representaban unos padres adoptivos; pero las heridas nunca cicatrizaron en Marcus. El pequeño aprendió a canalizar su dolor mediante la violencia, celoso en el rol de protector de su hermana, maltrataba hasta la muerte a todo el que se acercase a ella. Su leyenda de maldad empapó las paredes de aquel estricto edificio.

Las monjas del hospicio no sabían como encauzar a Marcus, desesperadas ante su crueldad y falta de culpabilidad, decidieron apartarlo de los demás chicos tras una horrible máscara que, al asustar tanto a sus compañeros, evitaba males peores. Curiosamente, Audrey era una niña dulce que no tuvo problemas para encontrar un padre adoptivo, un amable policía, y abandonar así la negativa influencia de su hermano; un chico que sometido a los castigos católicos, a la soledad y al desprecio de todos, creció amamantado por la locura. Un hombre transformado en bestia que, tras pasar años desaparecido después de escaparse, no puede resistirse a la llamada de la sangre. El olor de su hermana lo guía, lo enferma, lo guía, lo perturba, lo guía, lo acuna… y allí, de nuevo en el viejo orfanato, la siente tan, tan cerca…

Vaya por delante que un servidor es un gran fanático de los slashers de la vieja escuela. Los ensangrentados brazos de Michael Myers, Jason, Chucky y Freddy han sido siempre un refugio cuando la dura (¿?) vida real del adolescente se revelaba como demasiado complicada. Así que siempre he observado la época moderna del subgénero – para mi iniciada a partir de la primera Scream – con excesivas dosis de suspicacia… hasta el día de hoy. The Orhpan Killer añade al imaginario colectivo la figura atemorizante y carismática que todos los aficionados llevábamos reclamando durantes muchos largos años.

En este punto no me puedo resistir a citar a nuestro redactor Blanch; en su reciente reseña sobre Mask Maker, otro de esos retro-slashers poco satisfactorios. El ella resumía muy bien que esperamos todos los adictos de un largometraje adscrito a este estilo: ”En un slasher se pide que el asesino tenga carisma, que provoque miedo con solo hacer acto de presencia o, sin más, que utilice armas, trucos o estratagemas un poco diferentes a lo visto hasta el momento”.

Más claro imposible. Y precisamente, como si uno de nosotros se hubiera colocado tras la cámara, The Orphan Killer roe los huesos del cadáver de Michael Myers para luego lanzarnos, a la cara, la medula chupada y reblandecida como gesto de aprecio. Todo merced al trabajo artesano de los dos principales artífices de la cinta: Matt Farnsworth – guionista, director, creador – y Diane Foster – protagonista y productora –. Para ello han desempolvado toda su cultura cinematográfica y conocimientos de marketing; su trabajo se ha alargado años y cubre diferentes facetas acertadamente, de tal forma que consiguen un producto compacto y con clara vocación a convertirse en obra de culto.

El aspecto que primero salta a la vista es cierto revuelo mediático – siempre en círculos independientes – que se ha conseguido usando la mayor herramienta de destrucción masiva conocida: Internet. La publicidad viral ha demostrado su eficacia con creces en cintas anteriores; como Cloverfield, ya famosa por revolucionar, en cierta medida, la publicidad dentro del cine. Esta vez la estratagema se ha perpetrado de una manera diferente, y, aunque seguramente podamos encontrar otros ejemplos anteriores, es la primera vez que ciertas tácticas comerciales se unen de forma tan acertada a la película con que se asocian, cumpliendo las expectativas que su promoción había creado.
Las interfaces usadas para divulgar la buena nueva han sido un “blog” y “facebook”. The Orphan Killer parece solo un slasher independiente más, pero gracias a la creación de los correspondientes perfiles virtuales para Marcus Miller se convierte en algo mayor: un pequeño fenómeno que, antes incluso de la salida de la película, reclama toda nuestra atención sobre la figura de un serial-killer tridimensional y de marcada personalidad… precisamente lo que exigimos.
Podéis visitar El Blog del Asesino Huérfano para haceros una idea de lo que estoy hablando; estamos ante un escaparate lleno de golosinas rellenas de cuchillas de afeitar. Todo ello pese a la polémica que poco a poco irá generando seguramente; ya que veo bastante audaz el exponer, de forma pública, un personaje que promulga el asesinato de religiosos como máximo placer; por mucho que se trate de ficción, todos sabemos lo cortas de miras que son algunas instituciones.

Y lo que podía haberse quedado en meros fuegos de artificio detona como un barreño lleno de nitroglicerina sobre cuatro cajas de dinamita encendida. Farnsworth acierta de pleno tanto en lo estético como en lo conceptual. Eliminado elementos superfluos y usando Halloween de John Carpenter de modelo argumental, perfila un asesino de los de antes; una representación muy cuidada de la muerte y de una victima cualquiera de la sociedad.
El arrojo visual con que filma, este adalid en la lucha contra la meta anfetamina (¿?), se traduce en una suciedad y crudeza heredera del grindhouse de los setenta y de los VHS gore de los noventa – esta última sensación viene agudizada por el adecuado uso de una banda sonora que se cimienta sobre un potente trash-metal gótico -. Mención especial para una fotografía áspera y una iluminación crepuscular que contienen incluso influencias, a mi parecer, del spaghetti-westernCarpenter de nuevo –.

En resumidas cuentas, la experiencia que proporciona The Orphan Killer resulta peligrosa; no solo por los ataques directos contra la institución católica si no por la certeza de que nos hemos quedado dormidos frente a la pantalla y estamos viviendo una pesadilla sin final. Por mucho que corramos nos espera, tras una esquina desconchada, Marcus Miller sosteniendo entre las manos una nueva e imaginativa forma de causarnos dolor.
Un atmósfera nocturna, onírica, decadente y caracterizada por una niebla carmesí constante, nos reafirma en nuestra primera impresión: ”es un mal sueño, esto es un mal sueño… ¡debo despertar!”.

La sangre y el gore rubrican esta visceralidad; refuerzan la aureola despiadada que envuelve al asesino y, evitando lo “pornográfico”, ofrece en primer plano un sadismo que muchos añoramos dentro del cine de terror.
El drama se tiñe de rojo y aquí no hay tiempos para juegos; aunque Marcus consigue ser el hijo bastardo de un serial-killer hablador – Freddy – y un psicópata brutal a la par que silencioso – Jason –, destaca sobremanera su faceta ejecutora y la violencia de los efectos especiales caseros, los cuales alcanzan un nivel espectacular, que ilustran sus métodos.

La otra faceta, la de victima o monstruo engendrado por la sociedad, ve la luz a medida que transcurre el metraje. De forma tranquila, sin estar fuera de lugar, conocemos como ha nacido esta nueva máquina de matar y, comentarios mediante, nos adentramos en su simplista necesidad de venganza de forma muy natural. Obviamente no se trata de un perfil psicológico profundo ni ofrece un giro innovador sobre el origen del “mal”, no obstante esta sencillez ayuda a convertir a Marcus en una presencia temible; no existen dobles interpretaciones ni enseñanzas morales, nada que nos pueda distraer de lo relatado.

Sin embargo, esto no funcionaría sin el contrapunto que el personaje de Audrey representa. De nuevo volviendo a los clásicos, Diane Foster se adentra en un papel muy físico que hace renacer las viejas glorias de las scream-queens de antaño; esas bellas mujeres que hacían frente al acoso de su torturador, habitualmente procedente de un trágico pasado, desde una posición vulnerable; sin perder el valor pero sin convertirse en expertas luchadoras por arte de birlibirloque.
La Foster, pareja de Matt Farnsworth, muestra sus atributos como mujer de bandera que es y se deja la piel – en alguna escena literalmente – para encarar un papel que resulta creíble gracias a su expresividad y capacidad de sacrificio. Un trabajo serio que demuestra el grado de implicación que se alcanza en un proyecto underground y deja en pañales las grandes estrellas de la maquinaria comercial de Hollywood. Su actuación es tan sobresaliente que el resto del reparto, a excepción de un embozado Marcus, queda en una situación de clara desventaja; incluso los diálogos de algunos secundarios son extremadamente artificiales. Pero estamos ante una producción mucho más modesta de lo que su perfecto acabado visual deja intuir, creo que a nivel interpretativo no sería justo pedir más.

Por desgracia, The Orphan Killer también posee algunos defectos y carencias que enturbian la experiencia. Y el más grave es el diseño de sonido: bastante amateur, el sonido de golpes, desgarros y amputaciones es más bien pobre. Tampoco el audio ambiente está muy controlado, consiguiendo ocasionalmente distraer y enturbiar el cuidado diseño de escenas. Aunque sinceramente, e igual me pilló en un buen día, tras acostumbrarte un poco, las voces distorsionadas y el sonido completamente irreal de la sangre corriendo, me sumergieron un poquito más en esa sensación de pesadilla que acompañó a mi visionado en todo momento.

Tampoco sus exageradas similitudes con Halloween son positivas; simplifica hasta el límite el argumento de la cinta de Carpenter y obtendrás la trama completa de The Oprhan Killer. Aunque siendo justos, el noventa por ciento de nuestros slashers favoritos siguen unas pautas muy similares, así que no lo veo como un gran fallo; sobre todo cuando el carisma de Marcus Miller se lleva el gato al agua.

Dejando el entusiasmo aparte – el cual ha guiado gran parte de esta reseña –, reconozco que The Orphan Killer es un producto difícil. Al reducir a la mínima expresión las bases de un subgénero, solo podría recomendarla a fanáticos del mismo; seguramente espectadores más objetivos encontraran la película aburrida y no pasaran por alto los flecos técnicos inherentes a una obra artesanal. Incido sobre el origen independiente de la cinta, puesto que pese al amor invertido en el proyecto, es evidente que el peso de la producción ha recaído en un equipo pequeño, el cual ha trabajado durante varios años en conseguir un largometraje por y para aficionados dentro de sus limitaciones.
No obstante, si caes dentro del saco de los aficionados a muerte de los slashers “old school” estás antes una renovada piedra de toque, una joya a disfrutar plenamente y en base a la que se medirán otras películas similares en próximos años.

… y si alguien se ha sentido defraudado viendo The Orphan Killer siempre puede contárselo al propio Marcus Miller en su “blog”. Seguro que sacará un minuto para contestaros como merecéis… católicos abstenerse!!

Lo mejor: Marcus Miller "El asesino huérfano"

Lo peor: Las similitudes con otros títulos anteriores, le restan un poquito de frescura.

POR: Bob Rock el 13/10/11
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Chromeskull: Laid to Rest 2

Slasher minimalista

Chromeskull Laid to rest 2

  • Título original: Chromeskull Laid to Rest 2
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Robert Hall
  • Guión: Kevin Bocarde, Robert Hall
  • Intérpretes: Thomas Dekker, Mimi Michaels
  • Argumento: Chromeskull parecía haber muerto en la primera parte, pero un equipo especializado le atiende para que pueda seguir con su matanza...

LA VALORACIÓN:

65 |100

Estrellas: 3

Laid to Rest 2: Chromeskull

No es la máscara lo que asusta, es el rostro detrás de la máscara.

Chromeskull es el enésimo asesino enmascarado que ha rondado en los últimos años por las pantallas de nuestras teles. Sus andanzas, en “Laid To Rest”, del mismo director que ésta, su secuela, Robert Hall, constituyeron un ejemplo de algo que podría llamarse el Slasher Minimalista: poca historia, pocas motivaciones, sin apenas un asidero narrativo más allá de un asesino con una máscara cojonuda capaz de aparecer en cualquier lado y montar una orgía de cuerpos desmembrados en un abrir y cerrar de ojos. “Laid To Rest” apenas sí tenía una localización geográfica, lo que acentuaba su sensación de pesadilla, con un acertado retrato de los lugares en los que tenían lugar los crímenes: descontextualizados, aparentemente estancias vacías alejadas de cualquier lugar civilizado, pero siempre con un componente claro: la frialdad, la deshumanización, el metal grisáceo y cromado.

“Laid To Rest 2” sigue con esta estela. Comienza exactamente donde acababa la primera, en el lugar de los últimos crímenes, y tomando el punto de vista de Preston (Brian Austin Green, sí, el David de “Sensación de Vivir”), mano derecha del asesino cuyo rostro descubríamos al final de la uno. Eso sí, ahora, como en toda buena secuela de manual, el equipo ha aumentado: a sus filas se unen Spann (la scream queen Danielle Harris) y, a modo de guiño macabro, pues moría asesinado en la anterior, Jonathon Schaech, en el papel de Sells. Y, por supuesto, retoma al sufrido Tommy (Thomas Dekker, “Pesadilla en Elm Street 2010”), que se hace cargo de la chica desmemoriada de la anterior. Eso sí, introduce una nueva víctima, Jess (Mimi Michaels) y da alguna información más sobre quién es Chromeskull y por qué tiene un séquito a su servicio.

La primera hora de película es apasionante. Al igual que su predecesora, tiene una energía terrorífica arrolladora. Va directa al grano, sin entretenerse en momentos muertos, algo que parecen haber aprendido los mejores slashers de esta primera década del siglo XXI (con “The Orphan Killer” a la cabeza). Me refiero a que este tipo de slasher, en el que lo mejor es que la excusa narrativa sea mínima para centrarse desde el primer momento en lo que interesa, ha existido desde los ochenta; la diferencia es que, en los de hace treinta años (treinta años, señores, viendo a asesinos de rostro cubierto matando a adolescentes!!!!) parecía que el miedo a romper la fórmula les obligaba a dedicar cuarenta minutos de metraje a retratar unos personajes (generalmente mal escritos) mientras que, ahora, asistimos impávidos a una sabiduría narrativa muy superior: en dos escenas, están descritos los rasgos principales de un chico o una chica que, por otro lado, lo que quieres es ver en acción, no descubrir su pasado y sus inquietudes, a no ser que jueguen un papel importante. Vale, es cierto, todo esto tiene una parte muy negativa: la práctica inexistencia de una historia reduce considerablemente el alcance que pueda tener la peli fuera de las fronteras del género y sus más fieles seguidores. Pero, oigan, con la comedia romántica sucede lo mismo y se estrenan todos los años en mil cines de medio mundo. Así que, complejos fuera.

Como decía, Robert Hall sabe lo que se hace. Busca una víctima nueva, Jess, que vive en una casa aislada en una montaña; Tommy vive en un bajo de una calle aparentemente suburbial: de nuevo, todo está tan descontextualizado, y con una narrativa extrañamente fragmentada, sin solución de continuidad espacial que, lo que en otras películas serían problemas de casualidades, o incoherencias temporales, aquí se vuelven pesadillescos rasgos de una obra donde el único fin es el que es: la sensación de inseguridad y asedio constante. El vídeo digital, que tanto perjudica al look de otras películas de presupuesto limitado, aquí está jugado siempre a favor: iluminaciones saturadas, noches, hiperabundancia de primeros planos y planos detalles… las claves del terror más clásico resultan ser la manera más elegante y razonable para grabar una película de serie B. Porque el grueso del presupuesto se lo han llevado, sin ningún género de dudas, los efectos de maquillaje. Puede que las escenas de crímenes no sean muy espeluznantes –de hecho, van bastante a saco, probablemente a sabiendas de que tienen clima general durante todo el metraje, y no lo necesitan para los momentos puntuales-, pero sí son impactantes y gráficas, y con un nivel más que aceptable de hemoglobina y carne. Y algunas de las armas del asesino son flipantes.

En el tramo final, la cosa pierde un poco de intensidad, volviéndose algo más convencional. El número potencial de víctimas aumenta, convirtiendo los últimos veinte minutos más en un tiro al pato que en un ejercicio de tensión. Surge una rivalidad entre dos personajes que tampoco sirve para mucho más que todo lo anterior; o sea, se trata de ofrecer una víctima más. Y despacha a un personaje principal de un modo un tanto pobre. Esto último es coherente con el afán desmitificador de la película, pero no acaba de encajar bien. Además, se producen un exceso de explicaciones sobre la situación que rodea a la figura del asesino que empobrece unos apuntes que, hasta ese momento, eran bastante inquietantes. Y, sobre todo, Robert Hall comete pecado capital, el mismo que cometieron en su momento sagas como “Viernes 13” o “Pesadilla en Elm Street”: intenta convertir a su asesino en estrella, sacándolo a la luz pública. Sinceramente, y esto es una apreciación personal, prefieron que lo oscuro se mantenga en las sombras.

Aún así, Robert Hall y su legado terrorífico consiguen los suficientes méritos como para ser tenidos en cuenta. Como se dice en la película, “no es la máscara lo que asusta, es el rostro detrás de la máscara”. Y Robert Hall lo enseña. ¿Osadía o chulería? Rara vez la cara de un psicópata está a la altura de sus actos, y “Laid To Rest 2” no es una excepción. Por el contrario, en los mejores momentos de la película, nos trasladamos a una especie de lugar de pesadilla, a pesar de estar localizado en Miami, en el que se puede disfrutar, y mucho (en este sentido, pocas pelis consiguen un nivel de abstracción tan bizarro como su predecesora o la clásica “Phantasma”, de Don Coscarelli, donde la lógica es, una vez más, la de la pesadilla, no la de la historia narrativa). Por tanto, sí, claro que recomiendo esta película. Es entretenida, tiene buen clima y no hay que desconectar el cerebro para verla.

Lo mejor: Gran parte del trayecto es divertidísimo e inquietante.

Lo peor: El exceso de explicaciones sobre la organización y sus fines... sin que eso signifique que se explica algo.

POR: Manu el 12/10/11
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Know Models Were Harmed

El asesino de modelos alérgicas a la ropa

Know models were harmed

Know models were harmedHay ocasiones en las que lo más conveniente es dejar que los propios responsables de la película sean los que nos pongan sobre la pista de un determinado proyecto. Y en este sentido vale la pena quedarse con las sabias palabras de un tal Steve Wolsh, guionista y productor de Know Models Were Harmed: “Con esta película nos hemos propuesto crear el más intenso y oscuro slasher que se haya visto en los últimos años, pero sin perder de vista lo que hace que una película de terror sea algo realmente divertido… me vienen a la mente sangre, tripas, tetas y gore; con un toque de cómic.”

Lo cierto es que poco más puedo añadir. Ni siquiera en la web oficial, en la que se anuncia la película para un lejano octubre de 2012, aparece una sinopsis oficial de Know Models Were Harmed. Pero sospecho que una película como esta no necesita ni de sinopsis, ni de argumento y, si me apurais, podría incluso prescindir tranquilamente de un guión. Know Models Were Harmed, por lo visto en el trailer, tiene pinta de ser mala… tremendamente mala. Pero que queréis que os diga… el tal Steve Wolsh ha sabido tocar mi fibra sensible y dejar al descubierto al aficionado primitivo, tosco y medio tarado que llevo dentro. ¿Sangre, tripas, tetas y gore? A quien coño quiero engañar (con perdón…), ¡si al final acabaré cayendo en la trampa! Ni siquiera Bikini Girls on Ice me sirvió de escarmiento.

Os dejo con el trailer de Know Model Were Harmed y su sanísimo elenco de actrices: Leanna Vamp (esta me hizo especialmente gracia), Serenity Risvik, Meghan Perkins y Jessica Benson.

POR: Joan Lafulla el 22/09/11
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Bereavement

¡Esto es muuuuuuuy peligroso!

Bereavemente Poster

  • Título original: Bereavement
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Stevan Mena
  • Guión: Stevan Mena
  • Intérpretes: Michael Biehn, Alexandra Daddario, Brett Rickaby, John Savage
  • Argumento: En una tarde soleada el pequeño Martin es secuestrado por un hombre y llevado a un matadero para enseñarle las artes de la culpa y el mal.

LA VALORACIÓN:

70 |100

Estrellas: 3

Bereavement Grande

¿Os imagináis tener la capacidad de no sentir dolor por nada? ¿De romperos algún hueso o clavaros algo y hacer como si os soplarán la oreja? De seguro que seríamos la pesadilla de cualquier asesino, psycho o demente que quisiera hacernos daño. Aunque bien mirado también tiene su lado negativo, y es que si te haces daño y no te das cuenta eso puede derivar a extenderse y a afectarte muy severamente.

Esta enfermedad existe y se llama CIPA, pero tranquilos no os daré la cháchara ya que para eso está la Wikipedia

Martin es un niño que padece esta enfermedad y para colmo un día es secuestrado, en su propio jardín, por lo que parece ser un indeseable, Graham Sutter. Años más tarde el señor Sutter será como una especie de padre-tutor para el joven Martin del cual aprenderá el arte de la culpa, la locura y el asesinato.

Pero no todo está perdido para el pequeño Martin, su nueva vecina, la –tetuda- Allison, será la única esperanza para volver a ser un niño normal, lejos de la oscuridad que le quiere someter el pobrecito de Graham.

Pero no todo es tan fácil y la joven Allison, todavía apenada por la muerte de sus padres, tendrá que adentrarse en el interior de lo que había sido un matadero para hacer frente a Sutter, sus fantasmas y salvar al niño…eso si él se deja.

Anunciada como la precuela de ese esperpento que era Malevolence donde se narraba la historia de dos atracadores de pacotilla que van a parar a una casa y eran asesinados por un chico con una cicatriz en la cara. Un chico que años atrás había sido secuestrado por el propietario de un matadero para vete a saber que artes enseñarle.

Una película tediosa, malas interpretaciones, mal rodada, una música de risa y desentonada con las imágenes, donde el asesino era más bien como un mueble y no como el papel que tendría que desempeñar.

Seis años más tarde, Stevan Mena vuelve a contarnos más sobre este psicópata, pero esta vez desde sus orígenes y con el título de Bereavement, y no sólo en la historia ha mejorado sino que en todos los demás apartados técnicos parece que ha aumentado su buen hacer en referencia a la anterior cinta mencionada.

Pero hablemos de lo que seguramente más nos interese, del malo de turno y esta vez le recae la responsabilidad al actor Brett Rickaby (The Crazies) y con una nota más que aprobada. Su personaje es un ser atormentado, como no, por los designios de su progenitor. Una infancia en un matadero será el camino hacia la locura en su vida adulta. Momentos de histerismo, de rabia y crueldad, pero todo de una manera muy pausada. Le iremos cogiendo apatía hasta llegar a hacernos pena (menos en el momento de ensañarse con una joven chica, única escena violenta de toda la película).

Así, con la sombra de su padre a sus espaldas y las voces de “ellas” (sería injusto destripar quienes son, es curioso, original y gracioso al mismo tiempo) decide reclutar a un aprendiz, en este caso a Martin Bristol (Spencer List, el joven Marcus en The Orphan Killer) que significará el nacimiento de un nuevo Psycho-killer.

Y como en toda película de género no puede faltar un buen psycho-killer tampoco puede faltar la figura femenina. Ella es Alexandra Daddario, próximamente en The Texas Chainsaw Massacre 3D, donde cumple muy bien el papel de adolescente rebelde, chillona y guapa.

Al igual que en Malevolence, Stevan Mena se encarga de la dirección, la producción, el guión, el montaje y de la banda sonora, y se nota que ha hecho los deberes. Planos más elaborados, quizás demasiados planos largos, con un panfleto muy bien construido y aunque pueda pecar de un desarrollo lento para los seguidores a la acción o gore, es sin duda una película que merece muy la pena verla. Todos mis respetos para una persona que se ha encargado de tantas cosas y además le haya salido redondo.

No podía despedirme sin nombrar los reclamos interpretativos de la cinta. El primero es Michael Biehn, un poco fuera de lugar con un papel que no le pega demasiado. Por otra la de Fred Savage en el papel de un padre alcohólico y parapléjico donde su final quizás sea el más triste de toda la cinta ya que la pérdida (Bereavement) es el máximo exponente para esta película.

Lo mejor: Bereavement ha hecho un gran salto para alejarse de su predecesora apuntando a seguir muy de cerca a Stevan Mena.

Lo peor: Puede que la lentitud en algunas escenas y algunos planos repetitivos hacen aflojar el conjunto en general.

POR: Blanch el 09/09/11
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Sweatshop

En tu fiesta me colé...

Sweatshop Poster

  • Título original: Sweatshop
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2009
  • Director: Stacy Davidson
  • Guión: Ted Geoghegan, Stacy Davidson
  • Intérpretes: Ashley Kay, Peyton Wetzel, Brent Himes
  • Argumento: Charlie y sus amigos acuden a un almacén abandonado donde una “rave” salvaje e ilegal se celebra. Allí, entre sexo, drogas y música tecno-gótica, una enorme figura va acabando con los invitados.

LA VALORACIÓN:

40 |100

Estrellas: 2

Sweatshop Grande

Quiero dar las gracias de nuevo a Cratosxp (de Subsploitation y Sesión de Noche) por el magnífico montaje de esta cinta. Puede que las películas sean mejores o peores, pero sin el trabajo altruista de señores como Cratosxp no podríamos ni ver la mitad de las películas que por aquí se reseñan.

Sweatshop es una película norteamericana independiente rodada en 2009, y de la cual se hablaba bastante bien, sobre todo después de su premiado paso por distintos festivales menores. Incluso suscitó bastante interés dentro de la prensa especializada hasta el día de su distribución oficial. Momento en el que el público, comenzaba a difundir los demasiados defectos de un slasher cuyo planteamiento con respecto a la definición y diseño tanto del asesino como de sus atroces actos es correcto y, si me apuráis, hasta divertida visualmente; pero que en el resto de apartados muestra una carencia de ideas y de profesionalidad alarmante. ¡Y aún así un servidor seguía teniendo ganas de ver otra película que pasa a engrosar el creciente listado de “terror sin pena ni gloria”!

De a cuerdo, Sweatshop no inventa nada nuevo ni puñetera falta que hace, pero entre asesinato y asesinato del misterioso psicópata las escenas de relleno (aquí más que nunca) se suceden largas e impasibles luciendo casi como una comedia involuntaria: porque las relaciones entre los ya de por sí patéticos personajes, sus diálogos diarreicos y la falta de emoción, lógica o tensión en cada una de las tomas, llevan continuamente al espectador a preguntarse: “¿está pasando todo esto de verdad?” Sorprendente la falta de credibilidad que padecen los personajes; por otra parte, único contenido de un guión cuya historia no da ni para rellenar una servilleta.

Charlie y sus amigos (una recua de chicas y chicos góticos) van a montar una de sus famosas “raves” en un almacén abandonado. Un trago de alcohol aquí, una obsesión desmedida por el dinero, escenitas de sexo injustificadas por allá, entre tamaña organización aparece el verdadero dueño del local: un asesino en serie que anda un poco mosqueado por no haber sido invitado a la fiesta. Pero aun así, ante tamaño desprecio, ayudará a organizar la fiesta encargándose de marcar a los invitados con un martillo pilón más grande que el del mismo Thor.

Poco más de cuatro líneas sirven para completar hora y media del metraje del segundo proyecto de un tal Stacy Davidson. Obviamente un “slasher”, caso muy parecido a las películas de muertos vivientes, no necesita un gran argumento detrás para ser memorable; tan solo la correcta definición de los personajes y sus interrelaciones frente a los ataques (que deben ser tan destacables como su perpetrador) que atentan con su integridad física. Y ahí radica la mayor debilidad de Sweatshop (referencia precisamente a las “raves” por aquello del sudor – sweat – remojando la pista de baile): los personajes son el paradigma de lo despreciable y la falta de credibilidad. Recurriendo a la estética gótica como atractivo visual me parece surrealista el trabajo de los actores que bien podrían haber sido de cualquier otra tribu urbana o de ninguna. ¡Qué mal actúan los condenados! Sus frases agobian por lo tópicas que resultan y lo injustificables que son todas sus reacciones (las escenas de sexo rivalizan en decadencia con las vistas en los últimos trabajos de Steven Seagal), si a esto le añadimos unos tipos que no se creen nada de lo que están haciendo ya tenemos una primera mitad de película inaguantable sin tomársela a broma. Y quizás ese fuese el objetivo de los guionistas, hacer de los personajes una broma patética más agradable de masacrar ante el espectador. No es una mala alternativa para reflotar una película – que por otro lado se siente continuamente barata –, sin embargo, el nivel de pelusilla que provocan, unido a los continuos bailes intrascendentes y los tejemanejes irrelevantes que se llevan estos “jóvenes” góticos entraditos en años, ocasiona una repulsa tal que no quedan ganas de reírse siquiera. Un fracaso a nivel argumental y un ejemplo a no seguir en cuanto a la realización de una cinta de género.

Además la ambientación se hace pesada: los pasillos, salas y recovecos del almacén resultan cutres a más no poder. Ni siquiera existe un esfuerzo por presentarnos originalmente los escenarios, o al menos encuadres atractivos. No, todo lo relativo a la técnica tira por lo ramplón y solo destaca cuando la casquería aparece en pantalla.

¿Qué carisma, qué fuerza posee el asesino en cuestión? Ninguna y toda, La Bestia, que así se llama el interfecto, no pasará a la historia como un serial carismático pero si que destaca por su nivel de brutalidad y por su aspecto y diseño casi improvisado. Allí está en su almacén machacando despiadado a los pobres incautos que se ponen en el radio de acción de su gran martillo. No existen respuestas a su presencia, no hay motivaciones, no hay sentido, ni siquiera humor negro. Cual Alemania conquistando Polonia, todo lo que aparece ante su paso es arrasado sin piedad, y todo por… ¡pues por nada! Si el colmo de lo ilógico son “las novias de La Bestia”, unas señoras que jamás llegaremos a saber ni lo que pintan, ni lo que representan; claro está sin aportar nada de valor a la película. Adicional y negativamente, y por mucho que las escenas sangrientas lo sean y mucho, la forma de dosificar la presencia de “La Bestia” es enervante, tendremos mucho más de narrativa hueca con la sempiterna presencia de los góticos que apariciones por parte del asesino. Eso sí, la calidad de los efectos especiales está asegurada merced al enfoque artesano que les ha dado el señor Davidson, el mismo un experto diseñador. Incluso podremos asistir a algún momento pseudoriginal (¿os gustan las piernas femeninas?).

No obstante, la escalada de terror es demasiado progresiva para lo que tiene que ofrecernos el film, y resultarían más impactantes las masacres que realiza “La Bestia” en un documental o en un trailer que en un largometraje vacío y sin sentimientos. Aunque he de confesar avergonzado que la resolución final, la fiesta que parece que nunca llega, ha sido de mi gusto, sobre todo por ver morir a tanto gilipollas junto. Hay que sacar conclusiones positivas hasta de una visita al infierno, ¿no?

Una película solo apta para completistas del sub-género slasher o aquellos que disfruten con el gore sin necesidad de excusas – aunque yo diría que los FXs tienen más de salvajes que de “gores” –. En definitiva, una cinta insuficiente y descompensada que termina de romperse debido al poco cariño aplicado en todos sus apartados, excepto la realización de los efectos especiales, y al lamentable trabajo del reparto. Solo queda tomársela en calce de humor, reunir a unos amigotes y, con los consiguientes estupefacientes, reíros hasta hartaros de una película cuyo mejor adjetivo es “cretina”.

¡Ah! Y los amantes de la música preparaos: pura escoria techno-gótica pseudocomercial… así de simple.

Lo mejor: Ver morir a los repelentes personajes; así sabemos que avanza el metraje

Lo peor: Lo falso, superficial y banal de Sweatshop

POR: Bob Rock el 25/08/11
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