Vampiros

Los Pecadores

Sangre y blues hasta el amanecer

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Byzantium

Decepcionante y petulante regreso del maestro

Byzantium

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Byzantium

Hay muy pocos visionados que me hayan producido tanto enardecimiento como el de Byzantium. Tanto es así que me dipuse a ver la película incluso nervioso e impaciente por descubrir lo que ésta me deparaba. Sentí pura euforia al asistir, expectante, al comienzo de sus primeros minutos. Así que lean, lean… y a ser posible ríanse, porque aquí se encuentra la reseña de uno de los mayores estropicios del Siglo XXI. Un estropicio por el que casi maté por verlo y al que defendí hasta el último segundo. Un estropicio por el que hoy me encuentro aquí, con cara idiota, y sin saber qué deciros. Por supuesto que no todas las señales fueron positivas. Siempre hubo alguien que me advirtió de la catástrofe que estaba a punto de acontecer pero, como acérrimo fan, se me dio estupendamente creer en Byzantium y hacer caso omiso de las advertencias. Y más aún, por culpa de mi embelesamiento con la propagando que nos vendieron de este bodrio, acabé babeando por la bella Gemma Arterton y deseando, por fin, ver la nueva obra de uno de los mejores directores de los últimos tiempos. Y es que han pasado muchísimos años desde la entretenida In Dreams. ¡13 larguísimos años sin ver a Neil Jordan en acción! – con acción me refiero a “terror”, no a thrillers comerciales de poca monta como aquel que protagonizaba la Foster cuyo título, por cierto, ya ni recuerdo… –.

Una vez vista, solo sentía dos cosas: decepción y enojo. Cada vez que pienso en ella, me pregunto: ¿Dónde está el Byzantium del trailer? ¿Dónde? ¿Y el maestro…? ¿Qué fue de él? Porque sinceramente de la opulencia del trailer y el afán por la tragedia de Jordan, al pedazo de mierda que finalmente ha sido Byzantium, hay un vacío absolutamente abismal. Nos dicen que la película es lenta pero brillante, y yo me pregunto: ¿Brillante en qué?. Leo y leo pero me doy cuenta de que ni siquiera a quiénes alaban la película les gusta en realidad Byzantium; solo la preconizan porque saben que su calidad cinematográfico es inconmensurable, pero en el fondo todos sabemos que los ideales de Byzantium son totalmente deleznables y dignos de la horca. Nos la venden como aquel producto subversivo de lo que llamamos Crepúsculo (eufemismo de mierda vampírica afeminada), más no reniegan sino que afianzan las correlaciones con aquélla. Y yo me pregunto: ¿Por qué? ¿Qué une a una película adulta como es Byzantium con una para críos como es Crepúsculo?

Lo mejor: las tetas de Clara. Las cascadas de sangre. La dirección de Jordan es magistral y exquisita, estilísticamente es propia del maestro.

Lo peor: Sowirse Ronan nos brinda la peor actuación del año. A la película le falta esencia.


Blood for Irina

El que ha naufragado tiembla incluso ante las olas tranquilas

Blood for Irina

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Blood for Irina

Nunca creí que, a día de hoy, pudiese encontrarme una película tan inusitada como Blood for Irina. Indudablemente ha supuesto uno de los mayores retos que he tenido que afrontar como espectador en los últimos tiempos. Es una propuesta muy arriesgada, anclada en un tipo de cine y de espectador muy específicos. Tal es así que, actualmente, me resulta imposible encontrarle un espectador afín; sin embargo nunca negaré su existencia (estoy seguro de que, finalmente, encontrará un receptor que sepa apreciar sus cualidades). Blood for Irina es una película de premisas absolutamente obsoletas y experimentales. Os recuerdo que nos encontramos ante una película muda y de ritmo muy lento, una combinación francamente laboriosa que para los espectadores más triviales estará directamente abocada al fracaso. Por lo que tener la oportunidad de reseñar Blood for Irina con intenciones ecuánimes y analíticas, es toda una odisea para mí; pero se intentará…, al menos doy mi palabra de no ser excesivamente riguroso con ella.

Irina es como una ola; es ese tipo de personaje que vive inmerso en la tragedia, vuelve y regresa continuamente de ella, pero nunca es capaz de alcanzar la tierra. Es un personaje envuelto dentro de lo convulso, de lo caótico y de la muerte en vida; un monstruo plenamente romántico. El resto de personajes que acompañan a Irina en su viaje son como ratas de la sociedad sumergidos bajo los suburbios, alejados del bullicio y atrapados por un presente malsano. Todos se encuentran ocultos tras la penumbra, en un escenario de decrepitud e inmundicia, pero atentados, todos ellos sin excepción, por la irrupción de Irina en sus vidas. Es evidente, que la intención de Chris Alexander (editor y crítico de la revista Fangoria) era seguir los pasos de Jesús Franco, actuando como epígono de su tipo de cine; y es por eso que nuestra Irina nos recordará mucho a la Irina de Franco: Lina Romay. A lo que se añade alguna que otra influencia, sobre todo a nivel visual (maquillaje, ambientación…) como la del Nosferatu de Murnau (1922) o su respectivo remake de 1979; y alguna referencia al cine vampírico más coetáneo, como El Ansia (Tony Soctt, 1983).

Lo mejor: La banda sonora.

Lo peor: El ritmo y la duración, en el fondo solo debería haber durado 20 minutos, el cómo consiguieron extenderla tanto... un misterio.


Kiss of the damned

Una morena y una rubia...

Kiss of the damned

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Kiss of the damned

El cine de Vampiros de la Hammer explotó al máximo el carácter más sexy del mito vampírico transformándolos a ellos y a ellas, pero sobre todo a ellas, en irresistibles seductores capaces de liberar nuestros instintos más libidinosos… eso sí, a cambio, nos transformamos en seres malignos. Con los aires de libertad de los 70 el cine europeo se llenó de condesas y vampiresas generosas en carnes prietas, pechos turgentes y colmillos tan afilados como lúbricos sus mordiscos. El vampiro abandona el terror para pasar a ser un icono erótico-romántico. Quedan de estas vampiresas interesantes títulos firmados, entre otros, por Polanski, Vadim, Grau, Franco y sobre todo el prolífico en jamonas chupasangres Jean Rollin… Un género que para mí culmina con la superestilizada, moderna y lésbica El ansia de Tony Scott, una exaltación del erotismo que también es una recuperación de su carácter serio, oscuro y depredador; toda una joya que conviene no perderse si es que aún no la has visto. Tampoco quiero olvidar Entrevista con el vampiro y el Drácula de Coppola, aunque ambas juegan en una liga distinta, más próxima al mito del romanticismo que no del romántico a secas.

La aparición de vampiros torturados por su condición y de vampiros buenos terminó de degenerar al monstruo, creando seres y sagas tan absurdas como los vampiros de Crepúsculo; críos ultraconservadores de la moral norteamericana más caduca que, por no hacer, no beben sangre y que, de alguna forma, han logrado que la representación del mal pase a ser el paradigma del bien… Vamos, como los chicos de “Amo a Laura” pero con colmillos. Afortunadamente, otros autores más adultos han sabido explorar y explotar el lado más salvaje, adulto y calentorro de los seres de la noche y sagas como la de Charlaine Harris (sobre la que se basa “True Blood”) combinan sangre y erecciones con más acierto e interés. A caballo entre “Crepúsculo” y “True Blood” y recogiendo todo lo mencionado en los párrafos anteriores llega la irregular y un tanto fallida Kiss of the damned.

Lo mejor: Visualmente atractiva. Un reparto sexy... Grande que hagan un giño a la genial "Viridiana"

Lo peor: Unas actuaciones y un guión grises. Su moralina evidente. Erotismo de los 80 más trasnochados.


El callejón

Curso acelerado sobre caspa pretenciosa

El callejón

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

El callejón

¿Dónde ha quedado la honradez? Recuerdo aquellos cineastas de décadas pasadas que hacían terror de serie Z y se divertían con ello. Aparte de, claro está, ganar dinero, querían que lo pasáramos bien con sus modestas producciones de bichos radioactivos, zombis purulentos, vampiros con rímel, monstruos verdosos y extraterrestres con antenas. Algún iluminado habría, siempre los hay, pero a pocos se les ocurría vender su obra como algo más que puro divertimento. Por eso funcionaban y siguen funcionando. Sin embargo, en la actualidad existen cineastas que, haciendo el mismo cine casposo que aquellos, intentan vendernos la moto. A saber, que si tenemos que saber cómo entrar en su puesta en escena, que si hay que pillar la aureola onírica que impregna el relato, que si hay que leer entrelineas, que si… ¿Tan difícil es reconocer que se trata de una película modesta que busca entretener?

Cuando estaba viendo El callejón, también conocida como Blind Alley, dicha pregunta me venía a la cabeza una y otra vez. Y es que, pese a las terribles críticas y comentarios que despertó en su paseo por Sitges 2011 y en otros tantos festivales, me informé sobre ella para no caer en prejuicios ni guiarme únicamente por valoraciones ajenas. Me encontré con varias entrevistas a su protagonista, la suculenta Ana de Armas, en las que era descarado el intento por colarnos que estábamos ante “algo más” que una típica película de terror. Es decir, todo eso de “pocos pueden conectar con el espíritu de la obra” y majaderías por el estilo. Supongo, pues la chica tiene pinta de entender de cine de terror menos que yo de algebra, que son palabras puestas en su boca por el director, Antonio Trashorras, para promocionar como sea el subproducto que tienen entre manos.
¿Qué sucede entonces? Pues que una vez vista, después de escuchar las chorradas de la Armas y el Trashorras, la poca empatía que uno pudiera sentir hacía un producto pequeño pero realizado con ganas y cierta inventiva, se las traga el retrete.

Lo mejor: La presencia física de Ana de Armas, que siempre podrá dedicarse al X si él Y no le va bien. Algún truco de maquillaje está bastante currado dentro de las limitaciones de producción.

Lo peor: Cierto aire pretencioso en una propuesta que no es más que un pasatiempo casposo. Las terribles interpretaciones, personajes que entran y salen sin sentido…