
- Título original: Hatchet
- Nacionalidad: USA | Año: 2006
- Director: Adam Green
- Guión: Adam Green
- Intérpretes: Joel David Moore, Tamara Feldman, Deon Richmond
- Argumento: Un grupo de turistas emprende un viaje nocturno en barca para conocer los pantanos de Louisiana. Por desgracia para ellos al único que conocerán será a Victor Crowley, la peor de sus pesadillas echa realidad...
En 2006 Adam Green (Frozen, 2009) dirigió Hatchet, un retroslasher evidentemente deudor de la saga de Jason Voorhes (Viernes 13) cuya efusiva recepción por buena parte de los aficionados puso al realizador norteamericano directamente en la órbita de los “más buscados”.
Dilucidar las razones por las que Hatchet ha logrado la vitola de ser una de las películas independientes de género más alabadas de principios de siglo XXI, hasta el punto de verse recompensada con una secuela en 2010, no es una tarea sencilla.

El argumento de Hatchet no es precisamente de esos que deba guardarse en una caja fuerte custodiada por siete candados y enterrado bajo tierra para que nadie descubra las excelencias que esconde. En otras palabras: un grupo de turistas se apunta a una excursión nocturna en barco por los pantanos de Luisiana. Durante la travesía conocen la leyenda de Victor Crowley, un asesino autóctono que murió accidentalmente cuando su padre le asestó un mortal golpe de hacha en mitad de su cara. Deforme y sediento de venganza, el fantasma de Victor Crowley vaga por los pantanos dispuesto a acabar con todo aquel que ose penetrar en sus dominios. Al menos eso es lo que dice la leyenda… pero en ocasiones las leyendas se vuelven reales. Terroríficamente reales.
Como podéis comprobar la originalidad no es el punto fuerte de Hatchet. Adam Green reúne en Hatchet a un nutrido grupo de incautos turistas, todos ellos con la palabra “carnaza” escrita en la frente, y los suelta en mitad de los pantanosos aledaños de Luisiana para que se enfrenten, en inferioridad de condiciones, a un mítico asesino local que responde al nombre de Victor Crowley. Lo que sigue a continuación es de manual. El marcador pronto se decantará en favor de Crowley y los turistas, respetuosos con el destino que les ha tocado en suerte, irán cayendo uno a uno a manos del brutal asesino.
Por supuesto hasta aquí no hay nada nuevo bajo el sol. Y a partir de aquí… tampoco. Green sigue fielmente todos los principios y esquemas del slasher ochentero (con la saga de Viernes 13 a la cabeza) para acabar aportando su particular visión de un subgénero del que, a estas alturas, díficilmente podemos esperar sorpresa alguna.
Y pese a todo ello, pese a ser la misma historia que ya hemos visto en decenas de ocasiones, Hatchet funciona. Divierte. Entretiene. Se erige en uno de los grandes slashers de la década pasada (tampoco es que tuviera excesiva competencia) y demuestra que la falta de originalidad no siempre es un obstáculo insalvable para el disfrute de ciertas propuestas que hacen de los lugares comunes un campo abonado a la diversión y al esparcimiento.
Su historia es intrascendente, carece de interés. Sus personajes son todos ellos insustanciales y tirando a realmente estúpidos. Su desarrollo es el esperado por todos e incluso su final podríamos recitarlo de memoria si de un poema se tratase.
Pero la lírica no es la especialidad de Adam Green y, conociendo perfectamente las limitaciones del material que se traía entre manos, decidió tomar la única vía que puedía llevarle a buen puerto: el del homenaje o incluso la parodia respetuosa.
Y es que Hatchet no puede verse de otra manera que no sea un sentido homenaje a los viejos y añorados slashers ochenteros que retumban con fuerza en cada una de las apariciones de Victor Crowley. A partir de aquí era tarea de Adam Green el lograr que Hatchet destacara, de algún modo, por encima de decenas y decenas de slashers recientes, con un planteamiento similar al de Hatchet, que han caído en el pozo del olvido. Y lo logró. ¿Cómo?
Sí… Hatchet se compone de un grupo de insensatos que van a ser pasto de un brutal asesino en serie; pero Adam Grenn sabe imprimirle la suficiente energía, violencia, sangre, gore y sentido del humor al relato como para impedir que Hatchet acabe siendo un “un slasher más”, y se convierta, finalmente, en una experiencia tremendamente satisfactoria para todos los que amamos el subgénero del “corta y trocea”.
Hatchet logra incluso que sus bobalicones protagonistas nos caigan en gracia. Que sus, a priori, estúpidos diálogos nos resulten graciosos. Pero sobre todo consigue que el inevitable “corre que te pillo” a través de bosques y pantanos devenga un cautivador espectáculo gracias, fundamentalmente, a la presencia de Victor Crowley y a la poca sutileza con la que despacha a cada una de sus víctimas. La carta de presentación de Crowley es magnífica: un tipo de naturaleza sobrenatural (con lo cual nos aseguramos tantas secuelas como sean necesarias), de cara deformada, un pasado familiar traumático, y una incipiente necesidad de acabar, de la manera más brutal posible, con la vida de molestos visitantes. Cada una de las apariciones de Victor Crowley en Hatchet será celebrada con vítores y aplausos por los más entusiastas del género, y Victor sabrá recompensarles con una serie de asesinatos en los que prima la imaginación, el gore desmedido y, nuevamente, el humor negro.
Hatchet no es una obra de arte sin parangón. No es tampoco la cumbre del slasher que algunos han querido ver. Y quizás su condición de culto sea un tanto exagerada. Hatchet es, sencillamente, un magnífico espectáculo retro en el que prevalece la ironía, el entretenimiento y el gore. Lo cual no es poco…
Lo mejor: Victor Crowley, el gore y la diversión.
Lo peor: No deja de ser lo mismo de siempre... aunque en esta ocasión funcione y acabe resultando tremendamente entretenido.
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