Sobrenatural

Destino Final: Lazos de sangre

Vuelve la muerte

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A Dark Song

Ritualis Mortis

A Dark Song

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

A Dark Song

Sophia Howard alquila una casa en el campo de Gales, apropiadamente ubicada siguiendo ciertos dictados de las leyes mágicas –como ya hiciese el bueno de Crowley cerca del lago Ness–, y contrata al ocultista Joseph Solomon para contactar mediante el rito Abramelin a su hijo, al cual perdió recientemente. A lo largo de los días, Sophia sigue la guía de Salomón en los rituales para purificar su alma… sin embargo Sophia tiene una agenda oculta que pondrá en peligro sus vidas.

Unos la consideran una obra maestra, lo mejor del año sin duda; otros no han tardado en tildarla de “coñazo”, “dramón de mil pares de narices”… ¿dónde está el término medio? Cuando se habla de la magia hermética no lo hay: o sabes a lo que te enfrentas –un ritual tedioso por obligación, pues romper las reglas del juego requiere el camino más tortuoso– o en lugar de la piedra filosofal habrás hallado en “A Dark Song” la piedra del ronquido perpetuo. Si nombres como Eliphas Lévi, Aleister Crowley o Abramelin no te dicen nada, si te suena a chino cualquier fraternidad afiliada a la Rosacruz, jamás te protegerías tras un Tetragrámaton… o la clave mayor del Rey Salomón te suena a película de aventuras… ¡huye de esta película! Mucho ha de ser el interés, no curiosidad impenitente como es el caso de este maduro y atractivo nihilista, para justificar la disección paso por paso del ritual para contactar y solicitar un favor a tu Santo Ángel Guardián. Dudo que si andas detrás de largometrajes más mundanos, sigo quedándome con “The Void”, encuentres algo de valor en los entresijos de una obra que bordea el terror sin arriesgarse a manchar su discurso artístico con un mísero deje canalla, en una vía diametralmente opuesta a “The Autopsy of Jane Doe”, con la que ha sido alegremente comparada por sus pinceladas esotéricas.

Lo mejor: Su ambientación y fidelidad, no del todo completa, a los recovecos de la magia hermética, principalmente representada aquí por Crowley y Lévi. Aunque su elemento central sea el ritual Abramelin, popularizado por la Orden del Amanecer Dorado.

Lo peor: Entiendo su esfuerzo por representar la tediosa realización de un ritual hermético, pero toda su lentitud no se justifica con un final bastante efectista, precisamente lo que su primera mitad evita correctamente.


The Hexecutioners

La Parca siempre gana

The Hexecutioners

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

The Hexecutioners

Tony Burgess es un escritor nacido en 1959 que goza de cierta fama en Canadá, no así en España, donde su única obra conocida y reconocida sería la adaptación homónima del inicio de la trilogía “Pontypool” a pantalla grande, de la cual se esperan las consabidas continuaciones de forma inminente. Sin embargo, su prolífica carrera cuenta con un cómodo estatus internacional bien merecido: se le considera un innovador en cuanto a su forma de retratar los mecanismos clásicos del terror dentro de la letra impresa. Siempre al filo de lo prosaico y lo genial, sabe darle la vuelta a escenarios comunes del género mediante un, a veces no tan, sutil humor negro a la vez que una irreverencia absoluta hacia las convenciones que tanto daño están haciendo al sector. Por ejemplo, su obra magna trata sobre una epidemia zombie que se transmite a través de las palabras, y así su mayor parte transcurre sin hacer acto de presencia un muerto viviente o infectado. También el surrealismo forma parte consustancial de su obra, y eso se demuestra en situaciones tan absurdas como las presentadas en la última parte de su carrera: volcado en la realización de guiones de temática fantástica para pequeñas productoras canadienses, algo que lo engrandece por erigirse como uno de los mayores difusores del terror en su país natal.

Lo mejor: Las góticas localizaciones.

Lo peor: Un tramo final ridículo.


We Go On

Transiciones

We Go On

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

We Go On

Hay películas que tienen un apartado técnico increíble – pero con una historia detrás sin contenido alguno – y otras que a pesar de contar con una idea original y sugerente terminan fracasando debido a la incapacidad de sus creadores, presupuesto o ambos. Entiendan que la mayor parte de las veces el dinero es sinónimo de tiempo, y dentro del cine las prisas son malas consejeras de no estar tocado por la genialidad, debiendo tener incluso las cosas muy claras antes de lanzarse a rodar. Raras son las obras de género que concentran las características positivas de los dos bandos, todavía se reduce más el número tras el paso de los años. Una pena, porque todos los aquí presentes deseamos ver la cartelera llena de joyas de la talla de “El Resplandor”. Y no he nombrado el mítico título de manera casual, pues teniendo en cuenta el aspecto gráfico de las actuales adaptaciones del señor King – véase el descorazonador tráiler de “La Torre Oscura” –, la diferencia entre el mimo que los cineastas volcaban el siglo pasado en su obra, dista bastante del mercantilismo actual. Desde luego: basura ha habido, hay y habrá siempre, pero, poniéndome en el peor de los casos, auguro un futuro tan corporativizado como el más siniestro sueño de William Gibson.

Lo mejor: Su capacidad inicial para ser genuinamente distinta, ofrece una visión curiosa dentro del cine de terror sobre la "otra vida". Hasta que...

Lo peor: ... los sustos fantasmales baratos se apoderan de la trama, poniendo en evidencia unas actuaciones, efectos especiales y montaje regulares.


The Bride

Boda por el rito eslavo

The Bride

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

The Bride

Nastya es una joven que viaja con su prometido a la casa familiar de éste. A su llegada, estará rodeada de gente extraña, comenzando a presenciar visiones extrañas y terribles mientras la familia la prepara para una misteriosa ceremonia de boda tradicional eslava. Más que a los preparativos de la boda, ¿podrá sobrevivir a los próximos días?

Los buscadores del horror, así nos denominaría el bueno de Lovecraft, tenemos que expandir horizontes si queremos saciar nuestras ansias de historias macabras, no basta con centrarse en el cine occidental al uso para cubrir unas necesidades que crecen año tras año y, sin embargo, la inmensa producción norteamericana no alcanza a satisfacer. Por eso cuando llegan noticias de una nueva producción australiana, turca, latinoamericana o europea –por aquello de no prodigarse mucho– intento volcarme en ella con la esperanza de encontrar una forma distinta de exhibir el terror en pantalla. En este caso, parece que Rusia es un destino lo suficientemente exótico como para hallar conceptos distintos y, quién sabe, una genialidad sorpresiva. Desgraciadamente, como lleva tiempo ocurriendo con el cine que viene de oriente, la influencia norteamericana termina siendo definitoria para el estilo del producto, contaminando los tiempos y maneras propios de la cultura de cada país, así como para la calidad del mismo: naciones con una tradición cinematográfica de género menos desarrollada no saben redondear sus producciones por mucha afición que demuestren.

Lo mejor: Su prólogo.

Lo peor: Su nefasta narración.