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La ahorcada

El fantasma de los celos

La ahorcada

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Confieso que afrontaba La ahorcada con reticencias. Su tráiler parecía un batiburrillo de lugares comunes del género, regular en su montado. Tampoco me entusiasmaba su protagonista, Eduardo Noriega —al que bauticé en su día como Eduardo Nollega—, actor al que rara vez veo acertado. Pues bien: me llevé una sorpresa más que grata. La ahorcada no inventa la pólvora, pero sabe fabricar con ella un cohete que se eleva por encima de los últimos productos de género de Filmax (que, seamos justos y agradecidos, es la casa que más apuesta por la fantasía patria).

Noriega interpreta a un seductor empedernido que, cuando su ex tiene la custodia de sus dos hijas, aprovecha para llevarse chicas a su casoplón. Una noche, a punto de coronarse con una nueva conquista, descubre a una de sus recientes amantes ahorcada en el viejo árbol de la finca. Fran intentará fingir que no ha pasado nada y no comentará el suceso con sus hijas. Pero la ahorcada, desde el más allá, hará lo imposible por obligar a su otrora amor a pagar caro su desdén.

Uno de los mayores aciertos de esta película es su acertado sabor añejo. Desconozco la novela en que se basa Mayte Navales, pero el guion resultante mezcla en iguales proporciones terror y fantasía oscura. Los sustos escasean; lo paranormal, en cambio, llena el metraje desde sus primeros minutos. El fantasma parece impregnado del poder que le ha otorgado el árbol mágico en el que decidió colgarse, y con apenas dos líneas de diálogo logra que el espectador acepte esos poderes como verosímiles. Su trama es actual, pero funcionaría en cualquier época: el amor tóxico es un leitmotiv atemporal. Acierta también, sin pedantería, al incorporar un referente literario: El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde, que resumo en dos líneas. Un joven desea regalar una rosa roja a su amada; un ruiseñor, conmovido, se atraviesa el pecho con una espina y tiñe una rosa blanca con su sangre, muriendo en el esfuerzo. La joven no valora el sacrificio, y éste —como el amor del joven— resulta baldío. Tanto si se conoce la obra como si no, La ahorcada juega con este concepto. Incluso otorga protagonismo al pájaro de una de las hijas para hablarnos del amor no correspondido y del desamor, de manera aleccionadora pero sin caer en el romanticismo empalagoso. Eso sí, la idea de que la amante despechada se llamara de nombre artístico La ahoracada, es un trombo de guion que puede funcionar en la novela, pero que resulta al filo de lo humorístico en pantalla.

Eduardo Noriega y Amaia Salamanca encabezan el reparto. Él hace lo que puede, pero no logra en ningún momento capturar el espíritu que su personaje requería, poniendo en riesgo la verosimilitud en varias escenas. Salamanca, por su parte, se divierte haciendo de mala y alcanza un registro más que solvente en un papel genuinamente de género. Dos actrices jóvenes también destacan: la hija adolescente, Anastasia Fauteck, no siempre convincente pero muy prometedora, y la más pequeña, Cosette Silguero, que se carga sobre sus espaldas gran parte del peso del filme y sale airosa de todos sus planos. Ambass llegan a este título después de haber trabajado previamente con su director Miguel Ángel Lamata, realizador curtido en productos donde el entretenimiento y lo comercial prima sobre lo autoral. En este trabajo, tal vez por esta querencia a la taquilla, peca de puritano en una trama que pedía algo más de arrojo en las escenas íntimas -ojo: no es que quiera ver tetas, pero me horripila y me saca de la experiencia, ver escenas de sexo o postcoitales con ropa interior puesta o tratando de manejar el deseo de forma nada carnal-.

Sin ser especialmente gore, la cinta es generosa en crueldad y nos regala algún momento sangriento muy bien resuelto. Suena de maravilla —aspecto fundamental en el terror— y su banda sonora es bastante acertada. Todos estos elementos hacen de La ahorcada una película la mar de entretenida, con algún giro brusco que se sale un poco de la curva y que trata de suavizar una conclusión que hubiera sido realmente potente; Aún así, apuesta por el terror que gusta al aficionado al género, no por ese horror conformista lleno de secuencias clonadas que hace imposible distinguir a un autor detrás. Dicho esto: un buen título.

Lo mejor: Crea una premisa sobrenatural que funciona y entretiene, aderazada la dosis justa de muerte.

Lo peor: Sus primeros compases no le hacen justicia. Su último acto es simpático pero era innecesario.


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