Zombies

28 años después: El templo de los huesos

The number of the beast

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Last of the Living

Sobrevivir al apocalipsis zombi nunca pareció tan fácil

Last of the Living

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Last of the Living

"Last of the Living" es una comedia zombi. Una de tantas que quizás tengamos la oportunidad de disfrutar en breve. La lista es prácticamente interminable: "Zombies of mass destruction", "Blood of Highway", "Bong of the dead", "Dozers", "Doghouse"...

No sé hasta que punto el éxito sorpresa en 2004 de "Shawn of the Dead" (Zombies Party) tiene algo que ver con esta avalancha de títulos que mezclan comedia y subgénero zombi. Lo cierto es que, tras su estreno mundial, "Shawn of the Dead" se convirtió, de facto, en la mejor parodia zombi desde "The Return of the Living Dead" (El Retorno de los Muertos Vivientes, 1985).
Su éxito fue fulminante y surgió una legión de seguidores (entre los cuales me incluyo) que no se cansan de alabar su sencillo pero tremendamente eficaz sentido del humor, y su encantadora (y en ocasiones delirante) tergiversación del universo zombi.

Lo mejor: es divertida. El final resulta, cuanto menos, sorprendente. Y el Cortina

Lo peor: es intrascendente (aunque tampoco sé si esto es realmente malo). No aporta absolutamente nada nuevo al universo zombi. El diseño de los zombis es pésimo.


Automaton Transfusion

Gore, gore, gore

Automaton Transfusion

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  • Título original: Automaton Transfusion
  • Nacionalidad: USA | Año: 2006
  • Director: Steven C Miller
  • Guión: Steven C Miller
  • Intérpretes: Garrett Jones, Juliet Reeves, William Howard Bowman
  • Argumento: Tres chicos acuden a un concierto en un local del pueblo vecino. Pronto se dan cuenta de que algo va mal. Las carreteras están vacías, y los habitantes del pueblo se han convertido en furiosos zombies. El festín está servido...


Automaton Transfusion

A estas alturas queda muy claro que el subgénero zombie es un fecundo campo de cultivo para recurrentes proyectos de serie B y también para la serie Z más descacharrante.
Las películas independientes que tienen a los zombies devoradores de carne humana como principal reclamo nos llegan, año tras año, por docenas. La razón que explicaría este fenómeno parece obvia: cualquier realizador que cuente con un mínimo presupuesto (que incluso puede ser minúsculo), un maquillador de confianza (que consiga crear unos zombies más o menos decentes), y un grupo de amigos dispuestos a pasar un buen rato paseándose torpemente por los lugares más inverosímiles en busca de carne fresca, se ve capacitado –sin demasiados reparos- para dirigir su particular odisea zombie.

Ni siquiera es imprescindible contar con un guión (y ya no digamos con un buen guión...). Ha llegado un punto en que aceptamos, de forma prácticamente incuestionable, cualquier estúpido experimento genético del ejército USA, o cualquier pandemia vírica de alcance mundial, que justifique el temible holocausto zombie.

Si a esto le añadimos que el género zombie cuenta con una fiel legión de seguidores repartidos a lo alto y ancho del mundo que reclaman, sin demasiados escrúpulos, cualquier subproducto que tenga a sus adorados muertos vivientes como principales protagonistas, el panorama da la impresión de que no va a variar demasiado: seguiremos disfrutando/aborreciendo la consabida ración anual de películas independientes sobre zombies.

Lo mejor: 80 minutos de gore adrenalítico.

Lo peor: sólo hay gore. Nada más...


Zombie Diaries

De cuando los zombies dejaron de dar miedo

Zombie Diaries

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Zombie Diaries

Hace unos meses, tras confirmarse la presencia del maestro George A. Romero (al que siempre admiraré por ser el creador del moderno zombie antropófago) en el pasado Festival de Sitges, al que acudió como invitado especial para participar en las celebración del 40 aniversario de su obra maestra “La noche de los muertos vivientes”, se me ocurrió releer una entrevista que concedió durante su anterior visita al festival, en el 2007.

Durante el transcurso de la misma Romero arremetió con las últimas tendencias que presentan al zombie como un ser ágil y rápido, lejos de la torpeza y lentitud que caracterizan a sus criaturas originales. Según el propio Romero “Eso, simplemente, no son zombies de verdad” (supongo que se refería, entre otras, al genial remake de su propia película “Dawn of the Dead”, titulada en España “El Amanecer de los muertos”, y que fue dirigida por Zack Snyder –actualmente finalizando su trabajo en “Watchmen”-).
Romero argumenta que un muerto que vuelve a la vida no puede hacerlo en unas condiciones físicas óptimas. La mayoría de sus órganos están deteriorados e inactivos. Sus músculos se han atrofiado y su piel se cae a jirones. Su cuerpo, en general, ha iniciado un imparable proceso de descomposición.
Ver a un zombie correr, saltar y sortear obstáculos con la facilidad y la gracia de un felino, carece de toda lógica según los principios naturales que rigen el universo zombie fundado por el maestro Romero.

Personalmente, el hecho de que un zombie muestre la lentitud de un caracol o que, por el contrario, sea capaz de retar al mismísimo Usain Bolt a una carrera de 100 metros lisos, me trae sin cuidado. Considero que la polémica (en caso de que realmente exista), es irrelevante.

Lo mejor: Que salgan zombies.

Lo peor: Que salgon poco y no den miedo.


Zombie Strippers

Strippers, zombies y gore... ¿Una fórmula ganadora?

Zombie Strippers

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  • Título original: Zombie Strippers
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Jay Lee
  • Guión: Jay Lee
  • Intérpretes: Jenna Jameson, Robert Englund, Roxy Saint, Shamron Moore
  • Argumento: Un virus fabricado por el gobierno de los EE.UU con el objetivo de crear una nueva estirpe de supersoldados queda libre en un mugriento local de striptease, convirtiendo a las bailarinas infectadas en auténticas strippers-zombies con un hambre insaciable.


Zombie Strippers

Hagamos un breve recuento: un estúpido plan del gobierno norteamericano, un virus letal protegido por unas ridículas medidas de seguridad, unas strippers contorsionistas con cuerpos de infarto, zombies apareciendo por todos los rincones, y una generosa ración de gore -bastante digno, por cierto-.

Realmente, visto así, la cosa promete… y mucho. Pero (y siempre hay un pero en este tipo de producciones) el problema lo tenemos con aquellos ingredientes que no resultan tan evidentes en un primer momento. A saber: unas pésimas actuaciones (donde destaca el triste trabajo de un Robert Englund abonado a la nostalgia), unas situaciones absurdas y pretendidamente cómicas (la batalla entre dos zombies-strippers lanzándose proyectiles con la ayuda de determinada parte de su anatomía, o la stripper leyendo constantemente a nietzsche en su camerino – aunque reconozco que aquí sí me reí-), unos diálogos que provocan vergüenza ajena y, sobre todo, algo imperdonable en una producción de serie B que se enorgullece de serlo: durante una gran parte de su metraje resulta aburrida.
Zombie Strippers debería ser una constante fuente de diversión, desmadre, e incluso carcajadas, pero, desgraciadamente, no lo es.

Lo mejor: El baile post-mortem de la primera zombi-stripper.

Lo peor: Que, por momentos, resulte aburrida.