Vampiros bajo el síndrome de abstinencia.
En las últimas décadas se han sucedido los intentos, más o menos afortunados, de redefinir, en términos cinematográficos, el concepto de vampirismo.
Las aportaciones han sido numerosas y variadas. Desde empeños por crear nuevas mitologías vampíricas alejadas de los escenarios tradicionales (p.ej. "Guardianes de día", "Underworld"), pasando por propuestas que buscan, desesperadamente, una modernización del mito que permita adaptar los esquemas clásicos del mismo a gustos y preferencias más actuales (p.ej. "Blade", "Jóvenes Ocultos", "Los Viajeros de la Noche"); o incluso una discutible tendencia a someter el género vampírico a los dictámenes del cine juvenil y adolescente de consumo masivo (p.ej. la referencial serie de televisión "Buffy, the vampire slayer", o la inminente "Crepúsculo" -Twilight-, con vampiros adolescentes, románticos y vegetarianos -sic-).

Lo mejor: Ciertas ideas de fondo (aunque mal desarrolladas) y algunas escenas puntuales, como la de Max intentando revivir a una amiga a la que acaba de morder con la intención de convertirla en vampiro.
Lo peor: Que la obsesión por ofrecer cuanta más sangre mejor juegue en contra del desarrollo de la historia.