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Insaciable

El demonio del McDonald's

Insaciable

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Los amantes del terror modernito están de enhorabuena, y es que ya está aquí Saccharine, la enésima cinta que aprovecha la viralización del body horror para ¿visibilizar? ¿denunciar? ya no me queda muy claro, en este caso el mundo de los trastornos alimenticios. Su directora Natalie Erika James, parece haber decidido iniciar una cruzada en la que, cimentándose desde el prisma del género, señala diferentes elementos biológicos. Y es que, si en su ópera prima Relic o en Apartment A (precuela de Rosemary’s Baby, por cierto) coqueteaba con la ancianidad y el envejecimiento, aquí pone el foco en la obesidad y en la rápida pérdida de peso para encajar mejor en una sociedad cada vez más materialista y superficial.

Si bien en los últimos años se ha estirado como un chicle esta premisa de presión social, y ha quedado de manifiesto con títulos como The neon demon, La hermanastra fea, Slanted, Replace o la mismísima La sustancia, y me dejo muchos en la recámara, la trama de Insaciable si se presentaba como de interés, al menos para servidor. El problema es que rápido, pese a sus atractivas imágenes grotescas y desagradables, le pillamos el punto a James, ese punto en el que le gusta jugar al traumita para dar forma a la presencia maligna y mórbida protagonista del filme. Una entidad, por cierto, con un inquietante parecido al Barón Vladimir Harkonnen, villano de Dune por excelencia.

La historia comienza desarrollándose con rapidez, tal vez demasiada, sobre todo para lo larga que termina haciéndose. Sus ritmos no parecen cuajar, como digo dándose excesiva prisa en algunos momentos que tal vez no la requerían, y convirtiéndose en una película pausada en muchas de sus otras fases. Todo ello apoyándose, en más de una ocasión, en secuencias de montaje estilizadas y filmadas al más puro estilo publicidad comercial.

Lo que sí destaca es, como decía también unas líneas más arriba, su gore quirúrgico y muchas de sus perturbadoras, aunque inofensivas, imágenes, y también sobre todo Midora Francis, principal de la función, que encarna perfectamente a ese personaje que se autoengaña y es egoísta consigo mismo para conseguir su propósito con bastante éxito.

En resumidas cuentas, tal vez desde una perspectiva más cercana a la sátira, Saccharine podría haber resultado una experiencia más notable para el espectador, pero ese tono tan trendie, cercano a lo elevado donde prioriza una segunda lectura de los acontecimientos por encima de la atmósfera terrorífica, le resta enteros para mi humilde gusto. Al final, no deja de ser una actualización de mito del Hungry ghost desde el punto de vista del siempre peligroso condicionamiento cultural.

Lo mejor: La premisa inicial, su estética y muchas de sus imágenes repulsivas

Lo peor: Se pierde en ritmo, en tono y en sus propias ínfulas


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