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El Bosque

Un nuevo relato de Beatriz Troitiño

El Bosque

Otra vez. Los golpes en las ventanas. Otra vez. A intervalos irregulares. Son piedrecitas, pequeñas y ruidosas, pero no tan grandes ni lanzadas con la fuerza suficiente como para romper el vidrio. Tlac, tlac… tlac… tlac, tlac, tlac……… tlac.

¿Por qué no sucede de día, ni tampoco a primeras horas de la noche? Siempre de madrugada. Al principio se asomó a ver pero no vislumbró a nadie, ni rastro del supuesto bromista pesado. Si se esconde en el bosque, no entiende como pueden llegar las piedrecitas hasta la casa, pues tendrían que romper los cristales con la fuerza necesaria para lanzarlas hasta aquí. Pero no es así, los impactos no dejan la menor huella en las ventanas, pero por la mañana los pequeños proyectiles continúan abandonados al pie de la pared.

Tlac, tlac… tlac… tlac, tlac, tlac…… tlac.

La verdad es que ya está harto, el ruido le desvela y no puede pegar ojo en lo que resta de noche, deseando ser sordo para no oír el inmisericorde sonido repetitivo. Es un acto tan absurdo como incomprensible ¿Quién puede estar dispuesto a pasarse la noche fuera medio congelado simplemente por molestar a un vecino tirándole piedrecitas contra las ventanas?

El Terror Intangible

Un artículo y selección fotográfica de Eduardo J. García

El Terror Intangible

“Soñaba con siluetas difuminadas en la oscuridad de las que sólo podía distinguir unas etéreas facciones que no llegaban a fundirse en su totalidad con la misma. Lo más parecido a unos ojos eran las ascuas rojizas que entre la negrura flotaban. Allí, quizás una boca perfilándose con una burda sonrisa a la par que, al descubierto, quedaban hileras de dientes no muy ordenados, y mucho menos normales, provocando una extraña sensación de desasosiego dentro de mi alma.

Tenía miedo, pavor de que una mano surgiera de entre esos abismos de los que apenas se distinguía nada, salvo el orden absurdo que el cerebro quería imponer a esa masa de color negruzco dotándola de contornos y formas tan raras como siniestras. El ruido blanco, transportado a la negrura, provocaba un erróneo devenir de ideas que intentaban dotar de sentido a todo lo que no lo tenía. No había nada, no podía haber nada; pero el empeño de que en realidad algo acechaba tras el velo de sombras se hacía cada vez más pesado: martilleando con dudas mi entendimiento, haciendo los trazos del vacío más reales, más sólidos. Y mi mente, encontró al fin los monstruos que mis ojos no fueron capaces de regalarme… porque en el fondo necesitaba verlos…”

El cine de terror, en los últimos años, ha mermado nuestra sensibilidad en pos de una especie de carrera por ver quien realiza la película más sangrienta, violenta o controvertida del momento. Hecho que, sobre todo, destaca cuando hablamos en términos de cine serio antes que festivo. Es decir, aunque muchas veces peque buscando la misma dirección epatante, el gore jocoso, el slapstick, ostenta una cualidad propia del comic, que lo hace más llevadero y ligero. Digamos que en cintas como Braindead, Re-animator o El terror llama a su puerta la parte hemoglobínica cumple otra función, simplemente divertir, lo que para nada llega a insensibilizarnos a base de sopapos con pedazos de carne supurante. Por otro lado, también me gustaría dejar a parte el ultra gore, ya no tanto por minoritario, si no porque su función artística se aleja, desde mi punto de vista, de lo que sería provocar terror o algo parecido.

El milagro

Un relato de Miguel Ibáñez Monroy

Quisiera darle la bienvenida a Miguel Ibáñez y darle las gracias por dejarnos disfrutar de su relato El Milagro. Bienvenido Miguel.

La educación es lo más importante. No importa quién seas, si médico, celador, enfermero o el maldito director del hospital. No faltes a la educación.

Anna corre por el pasillo de la planta de neo natos del hospital. Odia que le griten, lo odia. Pero más tarde ya cogerá a esa listilla de la Dra. Zamora. ¿Qué se cree? Al menos es 20 años más joven que Anna y no tiene ningún derecho a tratarla así. A ella, con una experiencia de casi 25 años asistiendo al nacimiento de más de 5000 niños. No. Nunca le gustó Zamora. Anna ya lo intuía, que la médica era de esos: Los que llegan directos de la facultad y creen que se van a comer el mundo, a revolucionar la medicina; pero el primer día que se les muere un paciente, no saben como actuar, pierden la templanza y creen que el liderazgo en situaciones extremas está basado en el grito y las malas palabras.

Anna nunca olvidará la primera vez que se le murió un paciente. Fue la pequeña Silvia. De estar viva, ahora tendría 23 años. El parto fue complicado y tras horas de incertidumbre consiguieron sacarla adelante; pero al día siguiente, sufrió un infarto y no hubo nada que ellos pudieran hacer. Hora de la muerte: 06.32 de la mañana. Causa: anomalía congénita en las arterias coronarias. La pobrecita había nacido condenada.

La Dama de Sombra

Un nuevo relato de Beatriz T. Sánchez

La Dama de Sombra

Nuestra querida Beatriz T. Sánchez nos ofrece otro de sus apasionados relatos de horror. Recordad que podéis disfrutar de la fértil imaginación de Beatriz en la antología Pasos en la Oscuridad. La ilustración que acompaña al relato es obra de la ilustradora Laura Villaverde.

Su Majestad ¡Vida, Salud y Fuerza! regresa victorioso de sus campañas en las tierras de levante, las cosechas son abundantes y el tiempo bueno. Los dioses colman el reino de prosperidad. Pero incluso en el oro más bruñido puede encontrarse una mella. Entre los súbditos satisfechos los hay también atribulados por los más variados motivos. Entre ese puñado, tenéis ante vuestros ojos al más desdichado de todos. Incluso bajo la luz radiante del más claro de los días, mi corazón permanece oprimido por la oscuridad más cerrada.

Escuchad, pues, con atención, si es que deseáis conocer el origen de mi desgracia. Así sabréis que hay destinos funestos a los que es imposible escapar aunque uno se lo proponga con todas sus fuerzas. Algunos nacemos bajo el influjo de oscuros designios, sutiles maromas que nos atan sin posibilidad alguna de liberarnos de ellas por mucho que forcejeemos. Dad gracias vosotros los que nacisteis libres, cuyos actos no son torcidos ni adulterados por influjos que os persiguen como mastines tenaces a una gacela herida. Escuchad, escuchad, y comprenderéis porque llegué a tal conclusión y estado.