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The Beauty

Cuando el body horror se vuelve influencer

The Beauty

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Hay algo profundamente irónico en que una serie obsesionada con la perfección estética acabe siendo, ella misma, un artefacto irregular. Pero claro, estamos en territorio de Ryan Murphy (American Horror Story), y eso implica aceptar el pack completo: exceso, pulsión camp, ideas brillantes lanzadas como cuchillos… y la sensación de que alguien ha olvidado recogerlos del suelo.

Partamos de lo esencial. The Beauty adapta el cómic de Jeremy Haun y Jason A. Hurley y propone un concepto de esos que hacen salivar al aficionado al terror: una enfermedad de transmisión sexual que convierte a sus portadores en versiones físicamente perfectas antes de hacerlos explotar en una orgía de carne y fluidos. 

Vamos, que estamos ante una pizca de La Sustancia cruzada con It Follows, pero pasada por el filtro de la cultura Ozempic y la estética malvada de Instagram. Y aquí Murphy acierta de lleno: la idea es puro oro negro del terror contemporáneo, una metáfora grotesca sobre el capitalismo del cuerpo, la mercantilización de la belleza y la ansiedad estética de nuestro tiempo.

Visualmente, The Beauty es una fiesta decadente: París, pasarelas, fiestas exclusivas, cuerpos imposibles y una cámara que parece enamorada de todo ello. El problema es que Murphy vuelve a caer en su vicio favorito: confundir intensidad con acumulación. Las subtramas, personajes y conspiraciones se amontonan hasta diluir el núcleo dramático. El resultado es un buffet libre de ideas donde uno acaba comiendo más de lo que debería, y no todo sienta bien.

Donde la serie sí cumple con nota es en su vertiente más gore-chic. Hay momentos de body horror genuinos que harán las delicias del espectador más truculento (huesos que crujen, piel que muta, cuerpos que implosionan). Otro punto a destacar, para bien y para mal, es el ritmo. The Beauty se consume con facilidad, casi como un producto de lujo diseñado para el binge-watching: cliffhangers constantes, revelaciones dosificadas y un diseño visual que invita a seguir mirando.

Pero ahí también reside su trampa: la serie engancha más por estímulo que por profundidad. Y eso, a la larga, genera una cierta fatiga narrativa que cualquier espectador curtido en el género sabrá identificar.

Para mí, hay algo interesante, y que merece subrayarse más allá del ruido narrativo, en cómo The Beauty convierte su “enfermedad” en algo más cercano a una fe que a una patología. No estamos solo ante un virus, sino ante el mal actual, ante un credo contemporáneo donde la belleza funciona como salvación, estatus y, por supuesto, condena.

En ese sentido, la serie conecta de forma bastante lúcida con cierta tradición del terror: la del deseo como motor de autodestrucción. Aquí no hay víctimas inocentes en sentido clásico; hay voluntarios. Gente que sabe (o sospecha) el precio y aun así firma el contrato. Eso la emparenta, salvando distancias, con ese terror moral donde el castigo nace de una elección íntima más que de una amenaza externa.

Algunas críticas que he leído han visto en The Beauty un regreso parcial del mejor Murphy, con estructura sólida y gran pulso narrativo. Otros, en cambio, la consideran un producto derivativo, hueco y excesivo. Para mí, como suele pasar, la verdad está en el punto medio. Es una serie que empieza fuerte, entretenida, provocadora y visualmente potente. Hay carne, hay ideas, hay momentos memorables. Y eso, en el panorama actual, no es poca cosa, encima dentro de una plataforma mainstream como Disney+.

No será la gran serie de terror de la década, pero sí un buen ejemplo de hacia dónde puede mutar el género cuando se mezcla con la cultura digital, la obsesión estética y el espectáculo televisivo contemporáneo.

Y en cuanto a Murphy… bueno, digamos que sigue siendo ese director que te sirve un plato exquisito pero insiste en echarle diez salsas encima.

Lo mejor: Su premisa de body horror aplicada a la obsesión contemporánea por la belleza, provocadora y visualmente hipnótica.

Lo peor: Su tendencia a diluir esa gran idea entre subtramas excesivas y un narcisismo estilístico muy marca de Ryan Murphy.


Vuestros comentarios

1. 08 abr, 23:00 | Natalia Palma

Me ha encantado la descripción! Súper acertada! Bravo

2. 09 abr, 14:26 | Croc

La premisa es interesante, pero queda lastrada por lo mismo que muchas otras series: saltos adelante y atrás en el tiempo, subtramas que no llevan a nada, todo fragmentando la trama principal.

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