Asesinos

Noche de bodas 2

La luna de miel

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TORSO

Giallo y Slasher unidos por la espina dorsal

TORSO

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TORSO

En 1973 todavía quedaban unos años para la explosión del slasher. Es cierto que “Peeping Tom” (El fotógrafo del Pánico, Michael Powell) es de 1960, y según el imprescindible documental Going to Pieces: The Rise and Fall of the Slasher Film, ésta es la película fundacional del género; también se había estrenado ya “Bay of Blood” (Mario Bava, 1970), que es la precursora, según prácticamente toda la bibliografía sobre el tema, y según Ghostface, el asesino de Scream. Desde luego, los americanos que exportaron este tipo de películas habían visto, por fuerza, toda la camada de giallos italianos, y seguramente Italia fue el país donde menos impacto produjeron las masacres de asesinos enmascarados de Estados Unidos.

En la mayoría de los giallos, además, suele haber un body-count. Es verdad que a lo mejor no es un rasgo especialmente identificativo del género, más volcado en la investigación, la trama rocambolesca o los motivos “psicologistas” del asesino, pero son muchos los casos en los que el recuento de cadáveres es enorme y los crímenes se convierten en lo mejor de la función. En “Torso”, en concreto, las víctimas son unas atractivas estudiantes de arte en Perugia, casi no hay investigación criminal y el asesino es un enmascarado, por lo que realmente estamos muy muy cerca del slasher… que aún no había sido creado.

Lo mejor: el tramo final.

Lo peor: la conversación en la que el asesino desvela sus motivos.


Henry, retrato de un asesino

Testigos del terror real

Henry, retrato de un asesino

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Henry, retrato de un asesino

En los ochenta, el cine ya nos había dado a conocer a muchos asesinos en serie. Sobre todo a raíz del sorprendente éxito de La matanza de Texas (1973) y La noche de Halloween (1978), así como todos sus alumnos posteriores, con Viernes 13 (1980) y Pesadilla en Elm Street (1984) a la cabeza, se trató de una etapa del celuloide en la que los cuchillos de tamaño gigantesco o las moto sierras vestidas de sangre campaban a sus anchas. Pero ninguna de ellas hablaba del asesino común; del tipo corriente que te encuentras por la calle, en el trabajo, con el que charlas en el bar. Lo que estaba de moda eran los matarifes sobrehumanos, los superhombres de increíble estatura y/o rostros monstruosos. Aquellos locos a los que, por mucha caña que les dieran, en el último minuto regresaban para dar el susto o despejar el camino para otra secuela. En dichas décadas y en anteriores hubo excepciones, claro, pero quizá fue Henry, retrato de un asesino la que encaró, de una vez por todas, el horror de lo cotidiano a través de los ojos de un psicópata tal cual, sin edulcorantes ni colorantes.

Henry, enemigo de la censura

Lo mejor: La puesta en escena directa y al grano de John McNaughton, que nos hace testigos en primera persona de lo que sucede y la perfecta encarnación del psicópata por Michael Rooker.

Lo peor: Que alguien pretenda verla como otro exploit con psycho-killer, o que el aluvión de cine violento e híper-realista de los últimos años haga pensar que ha quedado desfasada.


Last Caress

El Giallo Imaginario

Last Caress

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Last Caress

Alguien quiere el cuadro escondido en la casa. El retrato de una infame bruja. Alguien matará por conseguirlo. Los ecos del pasado estiran sus neblinosos tentáculos para acariciar el voluptuoso presente. Alguien llega a la enorme mansión. El abandono sexual se apodera de la casa. Alguien despierta el legado del mal a través de la sangre. La carne y el metal afilado se besan sin sentido en un cuadro de Dalí.

Last Caress fue anunciada a bombo y platillo por sus autores como la primera película “glamgore” de la historia. Concepto que me parece bastante traído por los pelos, imposible de acotar o definir y tan excesivo y falso como finalmente resulta este giallo. Sí, porque finalmente la cinta de François Gaillard y Christophe Robin se podría entender como una interpretación libre del estilo que definieran Argento y Bava durante los setenta (Rojo Profundo, Suspiria, El Gato de las Nueve Colas, El Pájaro de las Plumas de Cristal) y luego fue explotado y machacado durante sucesivos años por compatriotas italianos e, incluso, el propio Argento. Precisamente todo lo que rodea a Last Caress huele a explotación artificial, incluso sus propios responsables lo reconocen: “un exploit europeo con ardiente erotismo y extrema violencia”. Y un servidor añadiría una pincelada adicional: “… con una envoltura y marketing definidos en un viejo video-club”. La publicidad alrededor de la película francesa la define mejor que sus propios autores. Todo es exceso, abuso sobre la nostalgia, argumentos fáciles sobre hinchados que llegan a distorsionar la realidad. Lo que no quiere decir que Last Caress sea una mala película, todo lo contrario, es un nuevo ejercicio que afianza el cine “underground” moderno como el mejor vehículo para sensaciones fuertes y el homenaje más profundo para con el cine de terror de los setenta u ochenta.

Lo mejor: La recreación de una estética giallo imaginaria, principalmente por su poder visual y su banda sonora electro-clash.

Lo peor: Alguna escena se alarga demasiado al preponderar la experimentación visual más propia de un video-clip. Historia 0.


Il Marito Perfetto

Hasta que la locura nos separe

Il Marito Perfetto

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Il Marito Perfetto

Viola y Nicola intentan dejar atrás los roces del pasado, reencontrar la pasión de su matrimonio. Así, una casa de campo se convierte en el escenario perfecto para una cena romántica, miradas lascivas y bellas palabras que regalan los oídos de ambos. Juegos que llevarán a la pareja a la cama, donde comenzará otro juego de torturas, ensañamiento y odio casi inexplicable.

¿Alguna vez le has dicho a tu pareja la tontería de “un euro por tus pensamientos”? Tamaña memez de pregunta me surge cuando analizo lo que se puede llegar a saber de las personas que te rodean. Sí, incluso de nuestros maridos o esposas, nuestros familiares más cercanos y con los que vivimos comuniones físicas y mentales a diario. Podemos compartir nuestra saliva, nuestra carne, pero nunca podremos compartir nuestros pensamientos. Y esta barrera insalvable a veces oculta secretos.

Lo mejor: El clima de violencia malsana que se respira en todo momento.

Lo peor: El giro psicológico que intenta justificar la historia.