Comedia

Hollyblood

Ni para adolescentes

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Junkie

Una imprescindible dosis de comedia negra

Junkie

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Junkie

Quiero agradecer públicamente a Adam Mason poner a nuestra disposición, de forma privada, su última película, incluso aun sin terminar. De hecho, he sido de los primeros privilegiados en visionar una copia en crudo. Aunque faltaba buena parte del “score” ambiental, para nada ha adulterado la experiencia – las partes ya grabadas son geniales, y los temas que complementan los títulos de crédito una delicia, que comparto a gusto personal –. También me gustaría destacar que resulta imprescindible complementar la lectura de esta reseña con la entrevista que realizamos recientemente a su autor (AQUÍ).
Así pues, y ya que se trata de una primicia, espero que me disculpéis por ser algo moroso con los detalles arguméntales de la misma. Contiene una importante dosis de sorpresas que ni os debéis perder ni deben ser arruinadas por cualquier gilipollas…

Danny y Nicky dos hermanos adictos a casi todo. Danny decide dejar las drogas, no puede más. Nicky no lo ve claro y continua empujando a su hermano hacia la espiral de autodestrucción que caracteriza a la casa en que viven. La locura empieza a adueñarse de los habitantes de la casa. Los bizarros personajes acompañan a Danny en su enfrentamiento con los demonios de su interior. Una lucha que no puede acabar bien, ¿o sí?

Lo mejor: La fotografía, la iluminación, los actores, los diálogos, planificación de escenas, el guión... y la música ambiental si hubiera!

Lo peor: Al tratar sobre un tema tan controvertido de forma amoral y extrema puede no ser del gusto de todo el público. Tiene momentos tan intensos que luego, otras escenas más calmadas casi dan bajón… ¡como cualquier droga!


Bloodbath at the House of Death

Un baño relajante

Bloodbath at the House of Death

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Bloodbath at the House of Death

El Dr. Lukas Mandeville, bastante neurótico y falto de una pierna, encabeza un grupo de seis científicos que emprende la investigación de la mansión Headstone. Sus estudios se centran en las posibles causas de la masacre acaecida años antes. Dieciocho invitados fueron asesinados en una sola noche y se cree que terribles fenómenos paranormales asolan la propiedad, o incluso extraterrestres. Ajenos a la secta satánica que se oculta tras los imponente muros del caserón, Lukas y sus ayudantes emprenden una investigación que puede llevarles a enfrentarse directamente con el Príncipe de las Tinieblas.

No quiero engañar a nadie, Bloodbath at the House of Death – cinta que, si no me equivoco, ni siquiera fue doblada al español y mucho menos estrenada en España – es una parodia en toda regla, una comedia británica que apela al absurdo y a la exageración para provocar unas sanas risas en el espectador. Todo a costa del cine de terror, en concreto a costa de las películas sobre sectas satánicas que proliferaron durante las décadas de los sesenta y setenta; eso sí, asumiendo un prisma netamente británico, siendo el tratamiento humorístico bastante flemático. Así mismo, Bloodbath no renuncia a reírse de la propia tradición gótica de las islas, aquella que instaurase la mítica Hammer o la no menos interesante Amicus: tenemos una noche tormentosa ubicada en un caserón encantado con fantasmas adictos al sexo, un grupo de investigadores psíquicos que acoge todos los personajes típicos del género y una secta satánica sacada de los peores sueños alucinógenos de un hippie. Alejada de otras comedias de la época y que también tenían en su punto de mira el cine de terror (Pandemonium, Student Bodies, El gato y el canario…), encontramos una producción elegante que pierde intensidad porque renuncia al humor puramente gamberro y que tan bien funciona en este medio, como ya demostró Scary Movie o la más reciente Black Dynamite (otra imprescindible).

Lo mejor: Vincent Price y una interesante dosis de horror.

Lo peor: Algunas veces no casa bien el despelote tipo "Aterriza como puedas" y el flemático humor inglés.


Deadball

¡Despelote "made in Japan"!

Deadball

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Deadball

Jûbei tiene súper poderes. En un futuro diatópico el joven muchacho se convierte en terrorista tras matar accidentalmente a su padre, mientras practicaban un poquito de béisbol. Las habilidades marciales de Jûbei lo llevan a ser uno de los criminales más buscados por el dictatorial estado, y a todo cerdo le llega su San Martín. Una vez capturado, le proponen a nuestro héroe canjear su condena por infiltrarse en una liga de béisbol entre prisiones. Entre la espada y la pared, y con la esperanza de encontrar a su hermano también preso, accede a participar por mucho que odie usar sus poderes en el traumático deporte. Una vez en la cárcel/campo de concentración se da cuenta de que la liga esconde algo más. Su equipo rival, Las Dalias Negras, le enseñaran que el béisbol no está reñido con la masacre, como el se obstina en creer.

Deadball es uno de los más recientes splatters, de la factoría Sushi Typhoon, productora nipona independiente aglutinando a varios directores como Yoshihiro Nishimura, Noboru Iguchi o incluso el polémico Sion Sono. Una empresa que nació con la voluntad de conseguir una libertad creativa que pudiese dar salida a su visión netamente pop del terror. Una visión compartida por muchos artistas orientales – muy interesante sería repasar la carrera del creador de videojuegos Suda 51, cuyo estilo corre paralelo al de la Sushi Typhoon – , donde lo visual sirve de vehículo de entretenimiento renunciando a profundas reflexiones morales o filosofía zen, en este caso se trata de epatar el ojo del espectador.

Lo mejor: Su desenfadado y gamberro humor. La actuación de Tak Sakaguchi.

Lo peor: Su propia condición de producto intrascendente.


Chop

El karma es un hijo de perra

Chop

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Chop

Lance tiene un encuentro bastante extraño, y dramático, con un desconocido que parece conocerle. Esa misteriosa persona está dispuesta a destruir pedazo a pedazo la vida de Lance, si este no recuerda lo que hizo en el pasado. Por el camino, los miembros amputados de Lance servirán de rastro de miguitas de pan, señalando el ayer de un hombre, que tal vez se merezca todos los males que descarguen sobre él.

Hoy me gustaría extenderme menos de lo habitual a la hora de hablaros sobre Chop, así que disculpadme por mi brevedad o celebradlo en el caso de creer que siempre meto unos rollos de aupa – precisamente lo que cree un servidor –. Pero, ¿por qué intentar ser más conciso, ¿tienes prisa? ¿sale tu vuelo a las Islas Caimán y Scarlet Johansson te espera en la puerta de embarque? Pues no, Sacrlet que tenga paciencia, así lo haremos esta noche con la pasión común tras una pelea de enamorados. No, la clave radica únicamente en la idiosincrasia de Chop. Como si de una película de Hitchcock se tratase, entrar en detalles con ella es hacerle un flaco favor: por mucho que lo intentase acabaría destripándola más de la cuenta. Aquí se trata solo de recomendarla sin ambages, y dejar que cada uno saque sus propias conclusiones. Aun así intentaré explicaros que se esconde tras la interesante portada de Chop.

Lo mejor: La actuación de los dos antagonistas principales.

Lo peor: El desenlace, no está a la altura del guión previamente desarrollado.