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Crónicas del Festival de Sitges. Días 7 y 8

De muertos pedorros, fantasmas japos... y Miike

Crónicas del Festival de Sitges. Días 7 y 8

A estas alturas del festival, se agradece levantarse algo más tarde para acudir a la sesión de satanismo matutino en la Tramuntana. A Dark Song contaba con muchos elementos para llamar mi atención. Un feeling mumblegore británico muy de mi gusto. Teorización de los rituales más oscuros y un Steve Oram en un papel más que atrayente. Todo ello cocido a fuego lento, gestando una tensión ambiental demasiado malsana como para considerar (como parece que muchos hicieron) que sus fallidos dos minutos finales tiran por tierra todo el trabajo previo. Absolutamente recomendable.

Corriendo como si no hubiera un mañana, nos fuimos al Auditori para un cambio de registro tan loco que pensábamos que nos iba a condicionar el visionado. Pero por suerte, Swiss Army Man, atrapa desde antes siquiera de que aparezca el título en pantalla. Si bien es más que posible que no se trate de la mejor película del festival (tampoco existe una verdad universal para poner tal etiqueta), el premio, desde luego, ha caído en buenas manos. Amén de que se trata de una entrega realmente valiente de cara a una futura distribución, de cara a una peli que esconde mucho más de lo que tanto caca-culo-pedo-pis aparenta.

Crónicas del Festival de Sitges. Días 5 y 6

Weird Sex, westerns y guarradas

Crónicas del Festival de Sitges. Días 5 y 6

Volvíamos a empezar el día en el Retiro, con el segundo pase del estreno mundial de la japonesa Museum, adaptación de un manga en el que se entremezclan los universos de Seven y Saw, dando lugar a un thriller policiaco que, si bien es cierto que entretiene, no parece resaltar por ningún lado. Un resultado bastante plano para un título que prometía bastante más.

Por la noche nos enfrentamos a un doblete de los que más nos apetecía. Empezamos en el Prado con el pase único de In a Valley of Violence. Lo nuevo de nuestro querido Ti West es un western con todas las de la ley, en el cual el director demuestra lo camaleónico que puede ser con los códigos de género, pero a la vez consigue traer un producto marca de la casa. Humor negro, violencia (obvio) y un perrete encantador.

The Unspoken

Terror de segunda mano

The Unspoken

En 1997 la familia Anderson desapareció de su país de origen sin dejar rastro ni una explicación. Nunca se encontraron los cuerpos y durante 17 años la casa donde se les vio por última vez ha permanecido deshabitada… hasta ahora.

Una pena que como maniobra de marketing una película tenga que anunciarse a bombo y platillo como otra inversión del “productor de…”. En este caso, y os habréis cansado de ver una coletilla parecida, se trata de uno de los productores ejecutivos de las sagas “Insidious” y “Paranormal Activity”. Y aunque la “Blumhouse” propiamente dicho tenga poco que ver con “The Unspoken”, a pesar de que esta intenta camuflarse como parte del catálogo de la próspera productora, no os extrañéis ante la consabida fase promocional: tantos personas han metido mano en estos proyectos masivos, si no de qué iban a tener tan pujante distribución internacional, que un elevado porcentaje de los estrenos de terror provenientes de Estados Unidos pertenecen a esta especie de secta.

Crónicas del Festival de Sitges. Días 3 y 4

De vecindarios seguros y brujas descafeinadas

Crónicas del Festival de Sitges. Días 3 y 4

Tal vez sea por la gran cantidad de títulos que huelen a calidad este año que nos da la sensación de que el cansancio está haciendo mella en nuestros cuerpos más pronto que de costumbre. Vamos todos corriendo de Auditori a Prado, y de Prado a Retiro… continuamente. De hecho la falta de tiempo libre me obliga a ponerme un poco más escueto a la hora de describir lo que estamos viendo en el festival.

Empezamos, algo a contracorriente, con Safe Neighbourhood en el Retiro. Divertida, pero arriesgada, ya que se lo juega todo a una sola carta. Y si os pasa como a mí, que no entráis en la estrategia, tendréis que encarar la mayor parte de la película sin creérosla. La mayoría la han disfrutado, o sea que este sí es un caso de “no eres tú, soy yo”. A media tarde, en el Prado vimos la que prometía ser la sorpresita indie del festival, la alabada por muchos Are we not cats, que si bien es cierto que no sobresale tanto como parecía que lo iba a hacer, su mundo malsano y ambiente turbio atrapan, y termina funcionando como lo que realmente es: una película pequeña, pero muy curiosa. Os sentiréis muy sucios al terminar de verla.