experimentos

Possessor

Juntos pero no revueltos

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Strange Blood

Mutación rarica

Strange Blood

Un brillante pero obsesivo científico cree haber encontrado la cura para todas las enfermedades, la panacea, aunque desgraciadamente es infectado por un extraño parásito en el proceso. La infección va arruinando su cuerpo hasta transformarlo en un demente sediento de sangre, las horas se convierten en una carrera contra reloj para encontrar una manera de detener a ese monstruo interior que amenaza con “curar” a todo el planeta.

La sombra de David Cronenberg es muy alargada, tanto que, alrededor de treinta años después, películas como “Videodrome” o “La Mosca” siguen extendiendo su influencia sobre obras actuales. Sin ir más lejos, el propio hijo del famoso director canadiense, Brandon, retomaba el lado más plástico de la filmografía de su padre con “Antiviral”, un proyecto que pese a no ser perfecto fue injustamente infravalorado, y me remito a un segundo visionado para apreciar justamente sus muchas bondades.

Pues bien, esta influencia vuelve a revelarse de vez en cuando con propuestas como “Cell count” o esta misma “Strange Blood”; cintas que precisamente apelan a la faceta gráfica como gran explotación de ese concepto que fue “la nueva carne” (véase “Videodrome”), creación casi en exclusiva de Cronenberg. De hecho, Chad Michael Ward no reniega de estas influencias sino que las expresa en voz alta, potenciándolas, cuando debate sobre su ópera prima; sacrificado debut tras realizar un importante número de cortometrajes en vídeo. Que detrás de “Strange Blood” existe un limitado presupuesto no se le escapa a nadie, ni siquiera a los que ya han podido verla en algún festival especializado, de los que por cierto no ha salido muy bien parada. Esta escasez económica no debería ser óbice, como se demostró con maravillas del calibre de “Rabia” o “Cromosoma 3”, para la realización de un largometraje interesante, pero parece difícil captar la esencia del maestro y, esto es pura especulación personal, la cinta que hoy nos ocupa no presagia una nueva obra de culto.

The Signal (2014)

Llamadas a las que es mejor no acudir

The Signal (2014)

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

The Signal (2014)

Antes de crear más estupefacción, decir que la inclusión del año es para diferenciarlo de la de 2007 del mismo título, película con la que no comparte nada más allá de este detalle. Dando una primera y superficial ojeada a The Signal, podemos definirla como una muesca más en el género del drama de ciencia ficción, tan en boga últimamente gracias a películas con calidad, pero ciertamente “de masas”, como Interstellar o Gravity. Sin embargo, The Signal también tiene elementos de suspense y terror que la sitúan en un punto de confluencia entre varios géneros cinematográficos.

No recuerdo cómo llegué a incluirla una lista de visionado pendiente que me llevó a verla finalmente las Navidades pasadas, pero supongo que las relativamente altas notas tuvieron mucho que ver. También desde luego la presencia entre un joven y desconocido reparto de Larry Fishburne –perdón, ahora se hace llamar Lawrence, Larry era sólo cuando hacía thrillers policiales ochenteros- y también la gran character actress Lin Shaye, revitalizada para el gran público en la última década gracias a la saga Insidious – aunque sus estelares apariciones datan ya de los setenta y ochenta, en Solos en la oscuridad o Hidden: Lo oculto, sin ir más lejos -. Descubrimos que esta última realiza poco más que un cameo, en su especialidad de anciana inquietante, aunque el bueno de Lawrence sí que lleva un peso fundamental en la trama. ¿Y cuál es ésta?

Lo mejor: Aprovechamiento máximo de un pobre presupuesto. Efectos especiales.

Lo peor: Acción muy frugal. Ritmo algo lento.


Time Lapse

Nuevo asalto a las paradojas espacio-temporales

Time Lapse

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Time Lapse

Una vez más Almas Oscuras os trae una reseña antes que nadie, y es que nada nos gusta más que teneros al tanto de las ultimas novedades en el terror o, como en el título que nos ocupa, el thriller con tintes de ciencia ficción. ¿Qué nos ofrece pues Time Lapse? Se nos vende como una nueva tentativa de entretener con el tan versátil tema de las paradojas temporales, apoyado en una presentable factura técnica y unos actores que huyen de los clichés del género. Para mí ya bastaría con lo primero, pues mi fascinación no ha decrecido desde que vi The Terminator por primera vez. Me consta que hay mucho espectador con gustos afines, y es que el número de películas en torno a la materia es amplio; no falta ni el taquillazo que marca una generación, como Regreso al futuro ni la película de autor que marca otra, como Donnie Darko.

Con unos antecedentes así no dudé lo más mínimo en conseguir un pase de prensa para ver Time Lapse en versión original (no está ni doblada ni hay subtítulos todavía, pero confiemos en que ocurra para que nadie se quede con las ganas), y me puse a verla con una expectativas en alza.

No suelo desvelar mucho de la historia y aquí menos, pero diremos que todo se construye sobre la lógica avaricia y ansia de poder que corroería a cualquier hijo de vecino al saber que podría conocer el futuro, exactamente con veinticuatro horas de antelación. Lo que parece una convivencia tranquila entre amigos que comparten piso se irá pudriendo desde el interior, hasta llegar a un final revelador, “giro” incluído.

Lo mejor: Aprovecha bien un presupuesto mínimo

Lo peor: Los que busquen escalofríos y sustos se quedarán con las ganas


Black Mountain Side

Conservante natural

Black Mountain Side

Un grupo de arqueólogos descubre una extraña estructura en el norte de Canadá, una que data de hace más de diez mil años. El equipo se queda aislado frente a una fuerte tormenta de nieve cuando sus sistemas de comunicación fallan… no pasará mucho tiempo antes de que comiencen a sentir los efectos de la soledad.

Si queremos que algo vivo conserve, lo más intactas posible, sus propiedades orgánicas lo cubrimos de hielo. Lo congelamos y esperamos que la muestra de tejido vivo nos regale con sus bendiciones una vez pasados los siglos. Así ocurre con lo emocional, lo cual el hombre decide sepultarlo en un rincón de su corazón, bajo una montaña de cubitos de hielo pertenecientes a las copas que nos mantienen a flote tras un desengaño. De forma más o menos metafórica podríamos continuar con la broma escribiendo que el legado del buen terror también permanece a varios metros bajo el hielo. En concreto el que se vio paralizado, en espera del calor humano que lo revivirá, a manos del gran Carpenter con una de sus obras maestras: “La Cosa”, un remake que superaba con creces la original y establecía nuevos cánones dentro del terror físico y el survival. Sobre todo, y aunque parezca mentira, semejante obra es recordada por el aura de paranoia que sobrevolaba gran parte del metraje.

Nadie se había atrevido a resucitar los horrores de una película de culto hasta fecha reciente. “La Cosa” se convirtió en un referente fácil de usar como inspiración, pero difícil de recrear como una globalidad. Así tenemos la propia precuela, a medio camino de la nada, o la muy actual “The Station”, recomendable hasta cierto punto, incluso anunciamos hace pocas semanas la existencia de “Harbinger Down”, homenaje poco solapado a la cinta de Carpenter. Parece ser que con la distancia de los años, lo sagrado se vuelve menos; así actualmente se resucitan sagas que deberían permanecer como fueron (todavía no puedo entender hacía donde pretenden llevar el universo “Star Wars”) o se ruedan remakes poco pensados desde su condición artística y más con intención recaudatoria. También los homenajes se prodigan y los autores no tienen miedo de robar de obras con menos de treinta años de antigüedad… y “La Cosa” no iba a ser una excepción.