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Un paseo por la playa

No sé porque intento escribir todo lo que ha pasado, en este bloc de notas. ¿Estoy intentando justificar lo qué pienso hacer? ¿Justificar lo qué espero sea la condena qué os impida la lectura de estas líneas nerviosas? He agotado los alimentos frescos y tengo miedo de que la falta, tanto de Marc como mía, a nuestras obligaciones haga que echen abajo la puerta del apartamento. Tarde ó temprano nuestro casero volverá. Hace un par de días que no me asalta ese fuego en los pulmones, el desasosiego depresivo de la incomunicación…en estos tiempos…ja! El timbre del teléfono ha sido insoportable, la bandeja del correo electrónico está llena y de la nevera surge un olor raro. Maldita sea, todo no cabía en el congelador. No hice más que repetirle a Marc que se cuidará, que hiciera deporte, que viniera conmigo a pasear. El bromeaba diciendo que hacerme el amor y besarme era ya suficiente trabajo. Debo intentar olvidarme de ciertos recuerdos dolorosos. En pocos días he pasado de la incredulidad, del horror, de la locura a la aceptación de mi situación; ó eso quiero creer. Mi padre, al que tanto le costó asumir mi matrimonio, siempre ha gustado de usar la coletilla de “a la tercera va la vencida”. Muy bien papa, tengo claro que estoy jodido…bien jodido…y esa, es la mejor razón para escribir…
[este último párrafo está tachado de forma superficial]

Si tan solo…[ininteligible]

Las lágrimas hacen ilegible la última frase que he escrito. Esto me esta costando, pero una catarsis infantil es mejor que nada. ¿Cómo puede un hombre echar tanto de menos la normalidad? Tengo que vomitarlo. Describir como fue…

Todo empezó con un simple paseo por la playa de la Barceloneta. Era media tarde y el sol de mediados de septiembre apenas molestaba. Me encanta sentir la arena bajo mis pies desnudos, me hace sentir libre. Aunque en mi actual situación no creo que vuelva a poder pasear entre los turistas, los borrachos y la gente que tuviese a bien visitar mi amada playa. Estoy harto de autocompasión. El hecho fue bastante trivial, sentí un pinchazo en la planta del pie derecho. Un dolor momentáneo muy parecido a pisar una colilla todavía humeante. Maldije y me senté en el suelo para examinar la herida. Curiosamente, la piel de la zona donde sentí el pinchazo estaba intacta. Observé la arena y no vi ni una colilla, ni una jeringa como me temía. ¿Sería un insecto? ¿Por qué no tenía ninguna marca? Son algunas de las preguntas que me he ido formulando hasta darme dolor de cabeza desde aquella fatídica tarde. La zona de la playa por la que paseaba estaba bastante tranquila, pero justo en ese momento un bañista adolescente con la toalla sobre el hombro caminaba parsimoniosamente hacia la ducha que se encontraba a pocos metros de mi posición. Casi sin darme cuenta me miró con una cara desencajada y se abalanzó sobre mí como si estuviera poseído. Me tumbó sobre la arena debido a su violento impulso. Aunque era joven, ó quizás debido a eso mismo, me golpeaba con bastante fuerza y rapidez. Yo chillé de una forma ridícula debido a la sorpresa e intenté quitármelo de encima. También mordía y arañaba, parecía un maldito animal. Sin embargo, no decia palabra, solo gemía con una cadencia enfermiza que me recordaba a Marc haciéndolo sobre mi espalda. Marc, tu barba rozandome la espalda…te echo [ininteligible]

…intenté razonar con el muchacho a voz de grito mientras le sujetaba los brazos, pero solo me devolvía una mirada inyectada en sangre mientras su saliva regaba mi pecho. Oí detrás de nuestra posición, la voz de un hombre mayor intentando disuadir al chico de cualquiera que fuese su loca intención. Sin embargo el muchacho se mostraba bastante entretenido revolviéndose entre mis brazos mientras mordía mi mejilla con fuerza. Yo notaba la sangre resbalar hasta mi cuello y aprovechando mi posición le propiné un rodillazo en la entrepierna que espero frustras cualquier intención reproductiva futura de aquel bastardo. La voz del hombre maduro se acercaba ofreciéndome su apoyo, yo me reincorpore puesto que el chico se estaba retorciendo de dolor a la par que se sujetaba la entrepierna. Palpándome la mejilla sangrante le di la cara al hombre mayor que se había acercado para ayudarme. Lucia un simpático bañador azul ajustado, un bronceado cancerigeno y un mostacho blanco que lo hacía inmediatamente entrañable. Sin embargo todo cambió en un instante cuando estaba a un metro de mí y fijo su mirada en mis ojos. Espuma empezó a caer de su boca como prolongación del tupido bigote que portaba. Adelantó sus dedos convertidos en garras hacia mis ojos pero deslizándome suavemente a un lado lo esquivé, dando así el hombre con sus huesos en tierra. Antes de que se pudiera levantar y puesto que gruñía agresivamente inicié una sabia retirada hacía mi apartamento. Dejé las voces atrás, mucha gente en la playa gritaba palabras inteligibles dada mi confusión temporal. El chico desde el suelo intentó cortar mi huida aferrando mis piernas. Con mejor equilibrio le hubiese pisado el craneo…maldito…

..no podía entender nada de lo que pasaba y con una carrera que acabo convirtiéndose en carrerilla enfile hacía mi calle. Notaba el pecho arder por la actividad física y por los arañazos del bañista. Como pude, me calcé las zapatillas que tenía guardadas en la pequeña mochila que portaba. La mejilla me escocia mucho y como desconocía el nivel de aprovisionamiento de nuestro…de mi botiquín por falta de uso; decidí entrar en la farmacia del barrio, justo debajo del apartamento. Saludé con toda la tranquilidad que pude a Eva, la farmacéutica, una agradable solterona bien entrada en años que siempre nos saludaba a Marc y a mí desde su mostrador. Y cuando estaba frente a ella dispuesto a hablar vi el cambió de expresión de sus ojos azules y supe que volvería a pasar. Lamentablemente no fui tan habilidoso como en la playa, Eva me agarro del pelo arrancándome varios mechones. Por su fuera poco y aunque el mostrador nos separaba, se las arregló para morderme el mismo punto de la mejilla que ya había sido previamente mordido. Me separé en cuanto pude rechinando los dientes por el sonido de desgarro que provenía de mi cara. Notaba algo caliente y fresco a la vez golpeando suavemente mi barbilla. Salí por piernas abandonando a Eva, la cual intentaba encaramarse sobre su amada caja registradora con aviesa intención. Resoplabamos los dos…

…afortunadamente, no me encontré con nadie ni tuve más incidentes de camino a mi apartamento. Saqué tembloroso las llaves de la mochila y abrí la puerta, impaciente por sentirme tranquilo en mi hogar junto a mi…junto a mi…marido…
Me acuerdo perfectamente de las palabras que le dirigí cuando lo vi cortando ajos tiernos sobre la encimera de nuestra cocina americana:

- ¡Cariño, algo raro está ocurriendo!

¡Frase banal! Bonitas últimas palabras [el papel esta cuarteado, como si hubiera sido profusamente mojado]

Se quitó el delantal con gesto preocupado y abandonó su tarea para inspeccionar mi herida mientras lanzaba exclamaciones de sorpresa. Exclamaciones que murieron en sus preciosos labios cuando un rictus de locura de apoderó de ellos, estando solo a unos pasos de mi. Otro de los envites, que ya odiaba oficialmente, se produjo estampando nuestros cuerpos contra la puerta blanca del apartamento. En otro tiempo esto también había sucedido, pero con una finalidad bien distinta. Marc se había transformado en una bestia sin razonamiento. Me desgarraba la mejilla mientras yo lloraba por el intenso dolor de la quijada. Me escupía directamente a la cara, boqueando en un intento por atrapar mi nariz entre sus dientes. Yo con toda la fuerza de mis brazos cruzados intentaba hacerle recular pero su peso me ahogaba. Su mano derecha presionaba mi rostro a la altura del ojo izquierdo, por mucho que agitase mi cabeza en un gesto vano de desesperación el apretaba y apretaba. Entonces noté un estallido dentro de mi cuenca ocular, una aguja fría de sufrimiento que se extendió hasta la base de mi columna. Con ella vino una descarga de adrenalina que impulsó mi puño hasta el estomago de Marc enviándolo un par de metros hacia atrás. Mareado y escupiendo algo de sabor metálico, me fijé con mi ojo sano y entre una neblina imaginaria en el cuchillo que estaba usando Marc para cortar los ajos. El ya se incorporaba como un autómata ó un animal en busca de mi garganta pero como ya he dicho, no estaba en buena forma. Así que en dos pasos estaba sobre la encimera y con un solo movimiento el cuchillo agarrado fuertemente por mi mano histérica. Duele tanto recordarlo, pero es lo único que puedo hacer desde que sucedió…[el resto de la página estaba arrancado]

Los preciosos segundos usados para tomar el cuchillo, Marc los aprovechó para agarrarse a mi pierna como una sanguijuela y morderla aprovechando que solo llevaba el traje de baño. Nunca imaginé que las mandíbulas humanas pudiesen causar tanto daño y desgarrar con tanta fuerza. En un grito de rabia completamente irracional, hundí el cuchillo hasta el mango en la cabeza de mi amado marido, provocando un sonido crujiente y macabro. Si la pelea hubiese durado diez segundos más no creo que hubiera podido; pero su mordisco en mi pantorrilla fue la gota que colmo el vaso lleno de dolor y humillación desde mi paseo por la playa. Chorretones de sangre salpicaron mi bañador a la par que su rostro se deslizaba inerte por mi pierna empapada hasta llegar al suelo para presidir un charco rojizo, donde flotaban pedazos de algo…una sustancia gris, que se expandía y se expandía y se expandía…[ininteligible]

…el ulular de unas sirenas me sacó de la inconsciencia, estaba sobre un charco de sangre y lo notaba todo pegajoso. Las sirenas de policía sonaban muy cerca. Confundido, algo helado y rodeado de un aroma metálico a muerte; me acerqué hasta la ventana. Nuestro…mi apartamento es el último piso pero pude distinguir a los coches patrulla bloqueando la salida de la farmacia de Eva. Cerré la ventana para no escuchar los gritos, una fuerte nausea me invitaba a alejarme de cualquier molestia. Me encamine renqueante hacia el baño, rodee el cuerpo de Marc aguantando la bilis en mi boca dolorida. Ahora ya no siento ese dolor en la mejilla. ¿Necrosis? ¿Gangrena? Debo consultarlo por Internet…

…en el baño pude comprobar los destrozos que había sufrido: mi ojo izquierdo estaba hundido, la carne de mi mejilla colgaba en jirones sanguinolentos que dejaban entrever el hueso y los dientes, mi pantorrilla no estaba tan mal. Me duché llorando, mientras lo hacia note un escocer volver a la planta del pie donde creí que algo me había pinchado. La observé como pude y juraría que algo supuraba de un pequeño agujero. Mezclado con el agua de la ducha no parecía nada y, curiosamente, cuando me secaba con la toalla no pude ver nada raro. ¡Qué coño hay dentro de mí!…la rabia…la [ininteligible]

…intenté racionalizar, de hecho, sigo intentandolo. No soy un estúpido y podía asociar los hechos con una claridad que solo se alcanza en los momentos de mayor trauma. Intenté desinfectar mis heridas con las provisiones de nuestro…de mi pequeño maletín de mano. Lo hice en el salón, observando hipnotizado el cuerpo de mi marido. El mango de madera del cuchillo de cocina asomaba como un adorno siniestro de su cuero cabelludo. ¿Por qué estaba sucediendo esto? Tenía que ser una pesadilla. ¿Todo el qué me viese me atacaría? ¿Qué especie de absurda maldición era esta? Deseaba llamar a la policía pero no me atrevía. Cavilando en el sofá, caí rendido mientras mis tripas rugían de hambre y debilidad. Los gritos de la calle me guiaron hasta el sueño….no puedo recodardar mis sueños…

…he perdido la cuenta de las horas que estuve delante del portátil intentando descubrir algo sobre mi ¿enfermedad?. Nada. Solo foros de fanáticos del terror y la ciencia ficción hablando y comentando sus oscuras fantasías que bien podrían ser la base de mi pesadilla. Tuve que tomar una decisión con respecto al cadáver de Marc. Aunque puse el aire acondicionado al máximo, tras un día y medio comenzó a oler de forma desagradable. Para bien ó para mal, tanto el congelador como la nevera estaban bastante desocupados. Pero Marc… [algo tachado fuertemente]

mi amor… [ininteligible]

…si hubieras estado más en forma podría haber guardado todos tus restos en el congelador…[ininteligible]no puedo, no puedo, me ducharé de nuevo. No tengo antibióticos y creo que mi ojo está muy infectado, me repugna mirarme al espejo y ver esa costra amarillenta cubriéndolo. Daría cualquier cosa por volver atrás en el tiempo. Noto mi mente frágil, ¿por eso quiero joder a todo el qué pueda? ¿Por qué lo he perdido todo? Sí, todo. Incluso mi cordura…

…en la sección local de la web de El Mundo se comentaban brevemente unos disturbios en la playa y en mi barrio. ¿Así que volvía loca a la gente? Cuando me miraban, entraban en un estado de frenesí primitivo que no podían controlar. ¿Es algo hormonal? Para cerciorarme, y pasada una semana desde mi paseo por la playa, una noche a altas horas de la madrugada quise hacer una comprobación. Con el edificio en silencio, esperé dentro del portal a que pasase una de las putas que hacían su trabajo dos calles más allá. Pasó una chica latina con cara de desidia, con un asco mortal por toda la humanidad. Entreabrí la puerta y la llamé en voz baja desde las sombras ocultando la parte destrozada de mi cara. Ella se fijó en mí rápidamente y se acercó enmascarando su rostro aborrecido con una falsa sonrisa. A poca distancia de la puerta su mirada cambió bruscamente, la luz de una farola cercana le dio un aspecto demoníaco. Prevenido, cerré la puerta y subí corriendo hasta mi apartamento. Estaba tan asustado que incluso bloqueé la puerta blanca con el sofá. La prueba había sido un éxito. Reí por lo bajo como un demente. Mejor dormir antes de que se oyesen las sirenas de policía. Ahora dormiré también, mi dolor de cabeza aumenta cuando escribo. Vaya testamento de mierda estoy dejando, ¿a quien le importa? a….

…la prueba con la prostituta me decidió. Estaba maldito, tenía un miedo atroz a que alguien me viese y sin embargo estaba rabioso. He pasado por tantos estados sentimentales estos días que mi corazón está agotado. Pero la rabia, la ira, la frustración. Estos amigos todavía no me han abandonado. ¿Por qué he tenido que perder todo? Toda mi vida he sido una buena persona y solo por un puto paseo al atardecer. Se que tengo fiebre por los temblores. No puedo continuar escribiendo mucho más. Mis últimas fuerzas las tengo que guardar para alcanzar nuestro…mi, joder!! Mio!!! No, Marc está muerto…[ininteligible]

…quiero alcanzar mi Picanto aparcado en el descampado. La soledad, la locura, te llevan a pensar cosas muy raras. Raras, sí…Empiezas leyendo foros de terror y acabas aprendiendo sobre depósitos de agua. Cuanta información en la red. ¿Verdad? Quizá sea una idea peregrina, pero siempre será mejor que esperar a que la policía tire la puerta abajo y me devore ó morirme de hambre. No, no, no…debo ser fuerte y compartir el, el bonito castigo que ese Dios en que nunca creí, ha tenido a bien regalarme. Espero llegar a los depósitos, alcanzará la gasolina y luego un baño. El baño que me debía haber dado aquella tarde en la playa. Espero que nadie pueda leer este bloc y sin embargo lo he escrito. ¡Qué tonta justificación! En realidad, meter el dedo en la llaga ha acabado por el ser el empuje que necesitaba. Es madrugada… [una página arrancada]

Matémonos unos a otros….¿os parece?


Vuestros comentarios

1. 25 feb 2010, 19:08 | Missterror

Intenso Bob,muy intenso.
Es muy interesante verte manejar hechos cotidianos y transformarlos en dolor y desesperación.
La frase final refleja el horror puro.

Felicidades

2. 25 feb 2010, 20:56 | Bob Rock

Missterror.- Gracias mil. Sí, la frase final me ha gustado (por una vez acierto). Me da pena el protagonista, sin saber como, pierde todo lo que quería. La vida es un relato de terror, snif, snif!! XD

3. 26 feb 2010, 21:38 | Elizabeth

Bob: lejos de ser un relato molesto me resulta MUY interesante.
Una de las razones por las que escribo poco, es porque siento que me repito a mi misma y lo detesto. Evidentemente no tenes ese problema ya que podes no solo no repetirte, sino ser otro autor, uno distinto, pero tan bueno como el anterior.

Saludos

4. 28 feb 2010, 15:13 | Bob Rock

Elizabeth.- Gracias por tu apoyo, me sacas los colores de nuevo. Nosotros mismos somos nuestros peores críticos; lo que tu llamas repetitivo en tu escritura, podríamos decir que es un estilo, un bonito estilo propio XD

Un saludo

5. 26 ago 2017, 21:52 | Cuervo

Buen relato, Bob. Un ser social por naturaleza condenado a la soledad, al menos por el resto de la humanidad, quizás los perros… y no es fobia social… me pregunto, ¿ayudarían unas gafas de esas que te tapan toda la cara? XD

6/10

Saludos.

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