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Lo

Amor, ese dulce dolor demoníaco

Lo

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Reseña dedicada e Elniniodecristal, porque estoy seguro de que Lo es una película que le encantará, y a Zalomero, porque se trabajó unos fantásticos subtítulos en castellano que hacen justicia a un proyecto tristemente ignorado.

Lugar para contemplar

Justin ha perdido a su novia, algo se la llevó al Inframundo, dejándole solo su libro de conjuros como recuerdo. Ni corto ni perezoso traza el círculo y los símbolos, usa su sangre como puerta y el cuchillo ejerce de llave. El olor a azufre llena sus sentidos, no se trata de George Bush Jr., un extraño demonio retorcido acude a su llamada, Lo, que es lo suficientemente atractivo para ser presidente. Justin exige la presencia de su novia, pero los demonios son ladinos, con engaños y juegos de sombras la mente de Justin empieza a deteriorarse, ¿cómo atravesar los vapores y espejos del Infierno para volver a besar a April? El tiempo se agota y los trucos de Lo acercan a nuestro héroe a la trágica y hermosa verdad…

Lo es una película diferente, una cinta independiente que sabe de donde proviene, que es lo que quiere contar y como hacerlo. Película de bajo presupuesto estrenada de tapadillo en 2009, sin mucha repercusión entre prensa y público, viene a ser la demostración práctica de que lo importante dentro de un proyecto cinematográfico no es el presupuesto, si no el equilibrio entre la narración y lo narrado. Travis Betz, su director, guionista y principal responsable, ha conseguido los distintos aciertos básicos para que una obra plástica tenga su razón de ser, todo bajo la dignidad como premisa. Resulta casi hasta raro que tras estos aciertos se halle un artista bastante íntegro, solo hace falta ver su carrera – tristemente escasa – para darse cuenta que estamos ante un hombre con los pies en la tierra, un amante del fantástico más lírico, y a la vez desprejuiciado. Podéis disfrutar de unos breves apuntes sobre sus proyectos presentes y pasados aquí.

El amor no alimenta pero calienta

Parece mentira que sin apenas dinero, solo estrujándose la cabeza para representar la historia con cuidada estética se aleje de la maldición de los proyectos de serie Z: adecuando el discurso a los medios, lejos de intentar imitar una producción de altos vuelos sin recursos, el director norteamericano ha tirado de imaginación, originalidad, algo de descaro y buen humor, así como de un cuidado guión basado en diálogos frente a la acción, para contar una historia sobrenatural de demonios, que parece extraída de un número cualquiera de Hellblazer. Pero no solo de referencias modernas subsiste Lo, no son baladíes las menciones en el mismo metraje a “La Trágica Historia del Dr. Fausto”, en concreto al libreto teatral, y un servidor aun iría más allá: algo de la magnífica Divina Comedia podemos encontrar entreverado en los múltiples diálogos que el díscolo demonio Lo y el arriesgado Justin mantienen. Sobre todo por cuanto el amor, el sentimiento más “puro”, es el motor del deseo de Justin, un hombre normal, con sus dudas y miedos, que solo busca reencontrar a la mujer que ama, sin importar las consecuencias y sin entender muy bien sus propias motivaciones… ¡oh, “l’amour est un oiseau rebelle”! Un pájaro que mas tarde o temprano sobrevuela los volcanes de lava del Hades, como bien va a comprobar nuestro protagonista.

Tras bambalinas

El primer acierto estético de Travis Betz es adecuar el lugar de los hechos a su presupuesto y experiencia. Así, la acción ocurre, al completo, sobre una especie de escenario en que se convierte la habitación de Justin, a oscuras, y que nunca llegamos a ver. Un círculo protector en el centro, sobre el que se sienta hierático Justin, y alrededor el demonio Lo al acecho, otros “amigos” colaborando en la función y lo mejor: los recuerdos de Justin transformados en pequeñas representaciones de teatro frente a sus alucinados ojos. Un metalenguaje que aporta frescura y diversión, desde el momento que la película no se toma en serio a si misma, al menos en la superficie, porque una corriente subterránea de fuerte sentimentalismo recorre cada fotograma, pero de una forma tan honestas que jamás se ve nada empalagoso – el romanticismo bien medido –. El citado metalenguaje alcanza cotas surrealistas con la presencia viva de las mudas Tragedia y Comedia, símbolos del teatro que ayudan a entender porque emociones debemos transitar ante una escena, o recuerdo de Justin. Por si fuera poco, una buena parte de los planos dedicados a la representación teatral se producen de lado, con respecto al barato escenario, de tal forma que vemos entre bambalinas a distintos miembros del set en sus labores: una costurera, un tipo revisando lo que suponemos un guión, una pareja dándose el lote. Una visión irreverente que ánima el ritmo reposado de Lo, el cuál se convierte en su seña de identidad y peor enemigo. Las pausas teatrales, la cadencia de los discursos, todo nos dirige hacia la idiosincrasia de las candilejas y pese a marcar la diferencia, el punto original dentro del género terrorífico, siempre resulta chocante sentarse ante una película y acabar tragándose una obra de teatro.

Empatía contrarreloj

Otro interesante acierto es presentar la situación argumental como una contrarreloj donde está en juego el alma de Justin, tal vez su vida o su amor. La urgencia nos mantiene alerta y nuestro interés detona empatizando con la sencillez del personaje principal. Entonces no nos cuesta nada entrar en el juego de frases y contra frases con las que se desgrana el argumento, sencillito, eso sí, y diferentes reflexiones acerca de la condición humana: el mal, la muerte, el sacrificio, los “nudos” en la garganta y otras ideas que obsesionan a la humanidad desde su toma de conciencia. Así que pese al humor transversal que aligera dichas reflexiones, no esperéis un proyecto desprovisto de profundidad, todo lo contrario. Una vez que Travis Betz atrapa nuestra atención gracias a los maquillajes – trabajados, pero no perfectos – de Lo y otras criaturas, una vez que la oscuridad acechando el círculo nos hace centrar nuestros pensamientos solo en Justin – punto focal del escenario – y lo tremendamente humano que parece, las cavilaciones poéticas se filtran en nuestra corriente sanguínea casi sin darnos cuenta. Todos hemos sufrido/disfrutado del amor en algún momento de nuestras vidas – y si aun no lo has hecho, no te preocupes, estás “condenado” a encontrártelo de bruces –, así que la vivencia que nos proporciona Lo se vuelve una experiencia personal, intima y muy satisfactoria. Aunque todo sea dicho, dejarse llevar requiere cierto esfuerzo, como en cualquier otra prueba emocional mover los engranajes oxidados de nuestro corazón y cerebro es imprescindible. Empero, Lo supone un entretenimiento por si mismo, si no deseas diseccionar tu corazón siempre puedes dejarte llevar por la estética minimalista y su propia absurdez cómica. Aunque profundizar en el sabor de un beso sincero sobre tus labios, en la pequeña cantidad de saliva ajena que llegamos a degustar, me parece mucho más intenso.

Demon Girl

No sería justo analizar Lo sin detenernos un segundito en su punto álgido con diferencia. Justin intenta convencer a Lo de que traiga de vuelta a su chica raptada hasta el Infierno. Las conversaciones son la punta del iceberg, la parte visible de un juego del gato y el ratón que se materializa muy adecuadamente en el dialogo interno que mantiene Justin con una herida en su mano, auto infligida para la realización del ritual de invocación, por donde se filtran sus propios pensamientos. ¿Más alegorías? ¿Escenas figurativas? ¿Manipulación demoníaca o locura? Pues para responder a estas preguntas, y formular algunas nuevas, Travis Betz se saca de la manga un tema musical, en la línea del pop fin de curso de los 50, que es simplemente genial. Irónico, preciosista y, a la vez, repulsivo; justo todo lo que resulta su interprete: El Demonio Jeez, cuya presencia viene a ser parte fundamental de la trama. Adornada con sombras chinescas – de nueva esa vuelta a los espectáculos directos y sencillos –, la canción funciona incluso como video-clip propio. Si de las pequeñas locuras que vamos contemplando – el diablillo rata, el camarero bailón, la macabra agonía de Mayo y Junio – brilla alguna con luz propia, ya sabéis que se trata de la canción Demon Girl, y solo por verla, recomendaría ya el visionado de Lo. No solo por su calidad musical – algo extensible al resto del “score” –, si no también por significar la respuesta más cruel imaginable a las preguntas que comentaba antes: la existencia es una tétrica broma cósmica, un sádico accidente. ¡Pedazo de respuesta! Pero vamos, se trata de una percepción meramente personal.

La luz al final del túnel

Asimismo, me gustaría destacar que al contrario de otras producciones “low-cost”, la película que hoy nos ocupa, se molesta en proporcionarnos un final de verdad. Una correcta interpretación de lo que hemos estado viendo, sin tomarnos por idiotas. No deja de ser una conclusión simple, pero adecuada al tono minimalista y vagamente nostálgico que impregna el ajustado metraje (una hora y cuarto muy bien aprovechada). Un final emotivo que lo es por el descarado esfuerzo que los actores – como en el teatro, parte imprescindible del espectáculo – han realizado durante los minutos previos. Puede que, como ya he comentado, los maquillajes no sean perfectos – en cuanto a acabado, porque su diseño es digno de aplauso, enfervorecido en el caso del diseño de Lo –, que los decorados sean inexistentes y que la dinámica argumental se haga pesada a ratos… no obstante el elenco está que se sale. Jeremiah Birkett, secundario de multitud de series de televisión norteamericanas, simplemente lo borda como Lo: a ratos cínico, agresivo, voluble o, incluso, tierno. Consigue con su “arrastrada” interpretación darle sentido al final del que os hablaba. Aunque tampoco podemos olvidarnos de los otros dos actores principales, también curtidos como segundones de diversas series o películas de bajo presupuesto. En concreto, Ward Roberts (Justin) apunta maneras con una naturalidad muy bien lograda, vuelvo a recalcar el grado de empatía que consigue con el espectador. Finalmente, Sarah Lassez queda un poco descolgada – pese a ser su personaje, April, el eje de la trama – en cuanto a metraje a su disposición, no obstante consigue enternecernos cuando se muestra en pantalla… y a este decadente que suscribe hacerlo suspirar con melancolía.

Abajo el telón

Una vez terminada la obra, los actores salen a recoger los elogios o los insultos del público presente. En este caso todo deberían ser elogios, rosas sangre a sus pies, pese a que los fallos existen en buena cantidad, considerémoslos algo inherente a la humildad del proyecto – que en ningún momento intenta engañar a nadie –, pecadillos que el desparpajo de la representación ha superado con nota. No obstante, ¿cómo diablos recomiendas una obra de teatro? Veréis no soy muy aficionado, la verdad. Ver películas, conciertos, leer, emborracharm… estoooooo estudiar historia grecolatina y otras aficiones, me tienen ya sorbido el coco; así que entiendo que muchos de los por aquí presentes se sentirían igualmente descolocados con este proyecto. Así que cada uno decida por si solo. ¿Comedia o tragedia? ¿Amor o sexo? ¿Las mismas películas de siempre o algo completamente diferente? Un servidor lo tiene claro: todo, quiero todo!!!

Lo mejor: "Demon Girl" del Demonio Jeez and The Go 2 Hells.

Lo peor: Su naturaleza, eminentemente teatral, provoca altibajos en el ritmo.


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