
Una plaga de vampirismo se esparce por todo el mundo y los humanos luchan por controlar lo que bien podría ser el fin de su especie. Un pequeño grupo de personas, unidas por la necesidad de sobrevivir, se aglutinan en una vieja mansión colonial australiana, pronto descubren que no están allí solos: un vampiro se ofrece a convivir con ellos, protegiéndolos de los ataques de sus congéneres si ellos están dispuestos a protegerle de las matanzas diurnas de vampiros. Sin embargo, está lejos de ser un pacto entre caballeros; el odio, la desconfianza y el deseo desencadenaran la ruptura de la alianza con trágicas y sangrientas consecuencias.
Un accede a noticias como ésta con dosis desproporcionadas de escepticismo. La figura del vampiro, del “chupasangres”, como animal visceral o amenaza salvaje ha sido arrastrada por el barro en los últimos años de una forma que considero casi insultante. No me malinterpretéis, el factor romántico del mito vampírico siempre ha estado ahí y se trata de un componente muy sugerente y aprovechable si es tratado con la pasión necesaria. ¿Acaso no es Drácula de Bram Stoker un trágico romance? Pero en ningún momento nos podemos olvidar del peligro que las ansias inhumanas de las criaturas de la noche representan. Es decir, ninguna mogijateria al estilo de la saga Crepúsculo o la serie True Blood. El vampiro bebe sangre humana, es inmortal y para él solo somos alimento… un ser que debería asustar.
En dicha línea, con interpretaciones más maniqueas o grotescas, han surgido en los últimos tiempos películas bastante dignas, como la australiana Daybreakers o Stake Land, una de las mejores cintas de la pasada temporada. Obras donde el vampiro no es un elemento integrado en nuestro mundo o un cliché de cartón piedra, es el peligro y el horror. Pero no solo como una bestiezuela, como una alimaña… algo más oscuro subyace detrás de los colmillos.
Desde el lado más brutal, la famosa (y para mi bastante descuidada) 30 Días de Oscuridad o la fallida Prowl han intentado enfocar a las sanguijuelas como animales despiadados pero inteligentes, bestias sanguinarias. Pues a todo este mundillo carmesí quiere unirse otra muestra australiana de cine de bajo “underground”.
The Caretaker no parece contar con un póster espectacular o referencias dentro del mundo del comic, ni siquiera imágenes promociónales sugerentes, pero observad el trailer. ¿Sorprendidos? Pues yo sí. No lo esperaba tan visceral y, además, quiero ver una interesante vuelta de tuerca dentro del concepto vampírico, al menos dentro del repetitivo mundo del séptimo arte. Vale, que el concepto de humanos cuidando de un vampiro no es muy rocambolesco, pero me gusta el juego que puede dar dentro de un ámbito propio del thriller (paranoia, seducción, ¡vampiros!).
Si a todo lo comentado le unimos una cuidadosa fotografía impropia para el origen independiente del proyecto, un mundo casi post-apocalíptico muy bien diseñado – esos tremendos parajes australianos – y unas criaturas despiadadas por alimentarse, se augura una cinta de género muy, muy atractiva; donde no hay porque renunciar al influjo hipnótico de los vampiros, esos cabrones seductores. Y aunque no me suenen ninguno de sus actores, todos parecen lo suficientemente involucrados en su trabajo como para sacar la cinta adelante.
Esperamos que el debut, dentro del largometraje, de su director Tom Conyers (que también se reserva un papel importante en su opera prima) tenga éxito fuera de sus fronteras y llegue para el disfrute de los hispano parlantes. De momento, están buscando distribuidores y festivales donde exhibirse. ¡Suerte!
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