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Torment

La família y uno más

Torment

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Cory Morgan, su reciente nueva esposa y su hijo de 7 años, deciden trasladarse a una casa de campo para intentar estrechar unos lazos familiares que se encuentran en un estado algo deteriorado. Cuando llegan a la casa descubren que alguien ha estado ocupándola de manera ilegal. Ahora parece estar vacía. Lo único que han dejado son restos de basura. Pero pronto descubrirán que quizás la casa no esté tan vacía como habían creído en un primer momento.

Intuyo que hay algo en Torment que se me escapa. Que no acabo de comprender. A los tipos que utilizan máscaras sacadas de muñecos de trapo (gran acierto… Dichas máscaras ofrecen a los invasores un aspecto realmente inquietante) y se dedican a acosar a una típica y tópica família disfuncional, les mueve o les motiva una manera muy particular de entender, precisamente, el concepto de família. El problema es que si me preguntáis qué demonios de concepto familiar es ese, lo único que os puedo decir es que no lo tengo nada claro. Y eso supone un problema importante, porque ya os adelanto que Torment no me gustó lo suficiente como para dedicarle un segundo visionado en aras a intentar aclarar algunos conceptos.

De manera que, ante la confusión generada por las motivaciones que empujan a los tipos enmascarados (un concepto de família que transita de la confusión inicial a la ñoñería final), lo único a lo que podía agarrarme, lo único que podía salvar la función, era el home invasion puro y duro. Una pandilla de misteriosos asesinos intentando destruir a una familía cuyos lazos de unión se encuentran muy debilitados. Y por desgracia, como home invasion, Torment funciona tan sólo a trompicones.

El packaging o empaquetado de la película es perfecto: buena fotografía, buenos actores (a destacar la presencia de la actriz Katharine Isabelle, inolvidable protagonista de Ginger Snaps y a la que vimos hace muy poquito en American Mary), ritmo aceptable (los ajustados 80 minutos de duración facilitan enormemente su digestión) y un excelente acabado técnico en términos generales. Pero cuando empiezas a rascar un poquito en la superfície es cuando, de verdad, comienzan a surgir los problemas. El guión de Torment es una acumulación de lugares comunes pertenecientes al subgénero de las home invasion que no aportan nada nuevo a decenas de películas anteriores con una trama muy similar - y a modo de ejemplo me decanto por mencionar a Los Extraños (The Strangers, 2008) – .

La falta de originalidad, la falta de buscar nuevas soluciones más allá de esa confusa motivación de los asaltantes a la que os hacía referencia con anterioridad, provocan que el desarrollo de Torment sea excesivamente rutinario. La película acaba derivando en un juego al que tenemos la sensación de haber jugado antes… En varias ocasiones. Todo lo que ocurre es previsible y carente, por completo, de emoción. Sin embargo todos estos inconvenientes supongo que quedarían relegados a un segundo término si al menos la película fuera capaz de ofrecernos momentos álgidos de tensión, de impactante violencia, de nervio, de fibra… Pero ni por esas. Un buen home invasion está obligado, por decreto, a transmitirnos y a dejarnos esa sensación incómoda de que en nuestras casas, protegidos únicamente por las cuatro paredes que nos rodean, no estamos, ni mucho menos, a salvo. Torment, desgraciadamente, no transmite dicha sensación. La violencia ejercida por los tipos con máscaras de muñecos de trapo es mínima, y su poder de intimidación prácticamente nulo. A la película le falta acción y mala hostia a raudales. Dan ganas de coger a los villanos de turno por los hombros y zarandearlos al grito de: “¡Tío, espabila! He llegado hasta aquí para ver sufrir a esta família. No permitas que se vayan de rositas”. Torment huele a oportunidad perdida. Y es una lástima.

Lo mejor: Se agradece la presencia de Katharine Isabelle.

Lo peor: Le falta acción y mala hostia.


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