
- Título original: Bodycam
- Nacionalidad: Canadá | Año: 2025
- Director: Brandon Christensen
- Guión: Brandon Christensen, Ryan Christensen
- Intérpretes: Jaime M. Callica, Sean Rogerson, Catherine Lough Haggquist
- Argumento: Durante una llamada rutinaria por disturbios domésticos, un trágico accidente lleva a dos oficiales de policía a una pesadilla implacable que revela la existencia de un culto aterrador.
| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |
- 3.5/5
Dentro de un género erosionado como el found footage, Bodycam intenta conectar sus códigos con inquietudes modernas: la vigilancia constante, el abuso policial.
Bodycam parte de una premisa sencilla: dos agentes acuden a una llamada que deriva en un tiroteo fatal. En ese momento, el terror se fusiona con la paranoia, dando pie a un juego de monomanía y desconfianza. El guion cambia de acera varias veces, desde el drama hasta una dimensión fantástica; el encubrimiento de un crimen desencadena una serie de eventos sobrenaturales imposibles y terroríficos. Y, así, Brandon Christensen se sumerge de lleno en el llamado: “horror cósmico”.

El mayor acierto de Bodycam es la autenticidad de su metraje. La crudeza de su fotografía no resulta novedosa, mas sí realista y claustrofóbica. El espectador se sentirá atrapado dentro de las “cámaras corporales” de los policías, y será imposible que escape de la grabación. En ese sentido, la película cumple, como buen found footage.
Eso sí, Bodycam funciona mejor cuando no se apoya en lo explícito. Hay una clarísima influencia de títulos como Paranormal Activity (Oren Peli, 2007) en el uso del fuera de campo; cuando el miedo emerge de lo que no se ve, es cuando más aterra… Y es por eso que esta película destaca especialmente en su primera mitad, donde la tensión se construye a partir del deterioro mental de uno de sus protagonistas.
El tercer acto, sin embargo, sigue otros derroteros; efectos especiales y digitales, la transición hacia un terror convencional. El clímax es el punto débil de Bodycam. Y si se sostiene, es gracias a las respiraciones agitadas y los movimientos erráticos de Jaime M. Callica.
Como conclusión, Bodycam es original pero irregular. Breve y áspera, con escenas genuinamente terroríficas. Cuando confía en la ambigüedad, alcanza la gloria; cuando cede ante los tópicos, pierde toda seña de identidad. Aún así, es la prueba de que incluso en un formato explotado hasta la saciedad, todavía es posible contar una historia diferente.

Lo mejor: La originalidad de su concepto, lo claustrofóbica que es
Lo peor: La explicitud de su tramo final y los efectos digitales
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