gore

Noche de Paz

Noche de palos

Has filtrado por etiquetaa: gore

Samurai Princess

Un nuevo Samurai ha nacido

Samurai Princess

El trailer de Samurai Princess está repleto de geisers de sangre, vísceras variadas, amputaciones de todo tipo, apéndices mecánicos (esa pierna-tijera) y patadas de kárate. Todo un espectáculo fungore nipón escrito y dirigido, en esta ocasión, por Kengo Kaji (también coguionista de Tokyo Gore Police).

Colinas Sangrientas

El espectáculo debe continuar

Colinas Sangrientas

Ver ficha completa



Colinas Sangrientas

Le dedico esta reseña al amigo Kuro que durante estos días está de estreno. Su nuevo blog, dedicado al cine de horror, gore y bizarro, lo ha bautizado con el nombre de Cinema Underground. No os lo perdais...

Hace escasos días os hablaba de la “necesidad” que tenemos los aficionados al terror de acudir a lugares comunes a la búsqueda y captura de propuestas cinematográficas que, a pesar de su evidente falta de originalidad, logren el objetivo primordial que cualquier película de género debería perseguir: el de entretener.

Lo mejor: Un slasher divertido de principio a fin.

Lo peor: Algo más de energía en las muertes (pocas) no le hubiera ido mal.


Timber Falls

Esta ya la he visto antes...

Timber Falls

Ver ficha completa

  • Título original: Timber Falls
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Tony Giglio
  • Guión: Daniel Kay
  • Intérpretes: Josh Randall, Brianna Brown, Nick Searcy
  • Argumento: Una pareja de jóvenes enamorados se dispone a pasar un romántico fin de semana de acampada en mitad de un bosque. La escapada se verá truncada al caer en manos de una familia de fanáticos religiosos que les exigirán un tributo para seguir con vida.


Timber Falls

A estas alturas todos los que somos aficionados al cine de terror sabemos (o al menos intuimos) de la dificultad que supone encontrar inéditos e inexplorados caminos dentro del género. Solemos tener esa desapacible sensación de que todo está ya inventado y de que estamos condenados a deambular, una y otra vez, por terrenos conocidos.

Esa es también la razón por la que, con la misma premura con la que podemos deprimirnos -en ciertas ocasiones- al plantearnos el estado actual del género (remakes, secuelas, repetición de fórmulas…), solemos entusiasmarnos ante cualquier propuesta que implique una mínima promesa, por liviana que esta sea, de originalidad o singularidad.
Pero debemos reconocer que este segundo supuesto no es el más habitual. La originalidad, dentro del género, y en términos generales, brilla por su ausencia. Así que en nuestra condición de infatigables fanáticos del género (o aficionados… o lo que quiera que cada uno desee considerarse), no nos queda más remedio que aceptar, aunque sea a regañadientes, que dentro de ese “terreno conocido” también es posible toparnos con propuestas lo suficientemente virtuosas y entretenidas como para dar pos satisfechas nuestras expectativas.

Lo mejor: la violencia gráfica.

Lo peor: exceso de diálogos y una escena final penosa


Grotesque

Bienvenidos al ultragore japonés

Grotesque

Ver ficha completa



Grotesque

Pornografía de la violencia. No se me ocurre en este instante un mejor término para describir Grotesque. Si la pornografía es el género artístico que muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla; tan sólo debemos reemplazar “sexo” por "violencia extrema", y el resultado obtenido será algo muy cercano a Grotesque. Y si me apurais ni tan siquiera es necesario eliminar el sexo de la ecuación, porque Grotesque también tiene sexo… sexo putrefacto, doloroso, sucio y enfermo; en definitiva, sexo acorde con el resto de la propuesta.

Olvidaos del reciente torture-porn, una etiqueta cuyos límites de explicitud de la violencia quedan muy lejos de lo ofrecido por Grotesque. Si de encontrar referentes se trata, deberíamos buscarlos en rincones tan radicales y oscuros como la serie Guinea Pig o el ultragore alemán.

Lo mejor: la radicalidad de la propuesta en general y el excelente giro de los acontecimientos a mitad de película.

Lo peor: la secuencia de vejación sexual casi pudo conmigo.