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Dead Ball

¡Vaya pelotas!

Dead Ball

Esta noticia viene de puño y letra de un buen amigo del blog: Mr. Zombie. Un entusiasta cinéfilo – su afición trasciende géneros – al que seguro todos conocéis por sus doctos comentarios (particularmente en esos hilos sobre cine asiático que siempre me demuestran lo poco que sé del séptimo arte). Sin más, os dejo con él; solo pedirle que no se haga mucho de rogar antes de presentarnos su siguiente texto.

The Bloodfest Club

Miyagi-san enseña a dar cera a los demonios

The Bloodfest Club

A nadie le extrañará a estás alturas que le presente una nueva comedia sangrienta, basada en el puro homenaje al cine de video-club de los ochentas (en este caso Karate Kid, Prom Night o, básicamente, la obra y milagros del expresivo Chuck Norris); pero es que esto de mezclar comedia y horror siempre ha dado potables resultados en pantalla: desde los primerizos intentos de Abbot y Costtello hasta las producciones de altos vuelos como Zombieland. Y ni decir tiene que después de Shaun of the Dead la veda se abría, a principios de este joven siglo, por conseguir un trozo de ese pastel llamado taquilla… a cualquier precio desgraciadamente. Así nos hemos tenido que tragar multitud de subproductos colados como “zombedys” o, a veces, publicitados mediante coletillas al estilo de “el homenaje definitivo a los años ochenta”.

En estas condiciones casi parece innecesario hacerse cábalas sobre lo que ofrecerá la norteamericana The Bloodfest Club, una cinta independiente con altas dosis de parodia, que está actualmente en sus primeras fases de post-producción. Solo basta con echar un vistazo al trailer, especialmente al tremendo pelucón “jevy” de su protagonista y los entrenamientos junto al sucedáneo del “sensei Miyagi”, para darnos cuenta de que no hay nada nuevo bajo el techo de un instituto acechado por una criatura infernal, pero protegido por un conserje adicto al metal y a las películas de Chuck Norris (sic)

Violador Desalmado

Un experimento splatter

Violador Desalmado

Un experimento splatter, donde la sangre y el sexo no tienen mayor razón de ser que el desagradar. Bien sea por las formas frías, descuidadas e impersonales de los párrafos o debido a las aberraciones de bajo presupuesto perpetradas; el cuento produce poco más que extrañeza. Agudizada ésta, por los detalles morbosos, mis sinsentidos personales y las bromas internas muy en la línea de Stephen King. Aunque poco trabajado, refleja parcialmente ciertos sentimientos encontrados, que me provoca el cercano Halloween, no espero que os guste; solamente que esta pieza afrancesada, os “desasosiegue” de una forma u otra.

Un cuento cuya mera existencia es anecdótica…

RoboGeisha

Vivo ó muerto usted se lo montará conmigo

RoboGeisha

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RoboGeisha

A vueltas, nos encontramos una vez más, con otra muestra del splatter japonés de nueva generación: RoboGeisha, de la mano del incansable Noboru Iguchi. Lejos estamos de los pasos balbuceantes que daban los habitantes de las islas, a mediados de los ochenta, con la infame saga Guinea Pig. A estas alturas de la película, y más de veinte años después, las cosas ya no son iguales en el país del sol naciente. Su cultura milenaria, su serena forma de ver la vida está profusamente infectada por occidente. Las fronteras se difuminan en las regiones civilizadas y se agudizan en el tercer mundo; el trafico de cultura trash por fin es “legal” en Japón. Como resultado de ello, y particularizando en el cine gore, las películas orientales se van alejando de sus lastres pasados para convertirse en obras perfectamente internacionales, con el añadido de una envidiable profesionalidad en todas las facetas de estas producciones.

En esta ocasión quiero hacer hincapié en las dos ramas de la evolución de esta cultura gore, nacidas al amparo de la citada saga y de otras obras de culto como Tokio Snuff ó incluso Tetsuo de Shinya Tsukamoto.
Realmente no creo que en el séptimo arte sea fácil clasificar una producción dentro de un marco cerrado, dado que cada cinta contiene su propia idiosincrasia. Más si cabe cuando estamos hablando de algo tan poco definido como el cine gore; “¿películas donde debemos ver mucha sangre?” Una definición patética sabiendo que cada película es de su padre y de su madre. Sin embargo, para entender mejor (si es que hay algo que entender en tamaña comedia) RoboGeisha, veo necesario hablar un poquito de las dos corrientes más visibles del cine “sangriento”, que nos llega desde el borde oriental del mundo. Además, sobre mi consumido organismo empiezo a notar los efectos de la indigestión provocada por tanto pecho ametralladora, shuriken anal y ojos rasgados. Así pues, considerando esta reseña como mi canto del cisne personal dentro del splatter japonés (al menos en lo que a realizar reseñas se refiere), no veo mejor momento para estas y otras divagaciones. Aunque insisto en que se trata de una simplificación para acercarnos a un género incomprensible y, por si fuera poco, proveniente de un país incomprensible para los occidentales.

Lo mejor: El humor, todo en RoboGeisha está al servicio del mismo. Y sorprendentemente funciona; especialmente por su gamberrísima escatología

Lo peor: Al hacer tanto hincapié en la comedia absurda, para aquel que no sea plato de su gusto, va a encontrar la cinta más odiosa de su vida. Y los clásicos momentos lacrimógenos (buf!)