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Siren

El súcubo enamoradizo

Siren

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Cuatro maromos STOP Despedida de soltero STOP Burdel misterioso STOP Lánguida prostituta pide ayuda STOP Se lía parda cuando la liberan STOP

Rebuscando en los orígenes de la criatura que protagonizase el segmento de apertura de la primera “V/H/S”, nos encontramos con “Siren”, su prolongación como largometraje. En concreto hablamos del sangriento final de una noche de juerga y prostitutas llamado “Amateur’s Night”, que todo sea dicho no me parece merecedor del pequeño culto que se ha forjado a su alrededor. Sin embargo no os dejéis engañar por el título, aquí ni cangrejos ni tritones, pues es más apropiado considerar a Lily, que así se llama la bicha, un súcubo antes que una sirena. La mocita hereda la voracidad de estos demonios sexuales, cierto, pero también emite cánticos que harán las delicias de Hércules, por ello el título del invento. Abandonando el formato de cámara en mano por una narración tradicional muy, muy marcada – prólogo/introducción/nudo/desenlace/epílogo –, descubriremos como llegó Lily a nuestro mundo y de qué forma alcanzó la libertad. Una forma tan buena como cualquier otra de volver a encontrarse con esos enormes ojos almendrados de origen inhumano, lo mejor de la película.

La excusa de los ochentas minutos la conocemos muy bien: cuatro muchachotes de despedida de soltero, sólo que esta vez irán a parar a un extraño burdel donde se mercadea con experiencias prohibidas y memorias; escenario que podría haber dado mucho de sí y donde destaca su peculiar gerente, un coleccionista muy especial. No alcéis los chupitos de “jager” todavía, aquí nada es tan escandaloso y brutal como en ”Abierto hasta el amanecer”, por desgracia, ni tan “comicopicante” como en “El Club de los Vampiros”. También podéis olvidaros de los ramalazos ochenteros de “Vamp”; hablamos de algo más sórdido, pero sin llegar a los niveles casposos de obras como “Zombie Strippers” o “Strippers vs Werewolves”. ¡Y parecía que el submundo de los “clubes” y “whiskerías” no daba para tanto!

Encended las alarmas, algo cutre sobrevuela todo el metraje de la película dirigida por Gregg Bishop (“Dance of the Dead”, “V/H/S Viral”), no en vano parte de la producción corre a cuenta de “Chiller Films”, subsidiaria del canal homónimo especializado en terror. Tal vez por eso el aspecto televisivo, tanto técnico como narrativo, que desprende “Siren” por los cuatro costados. Nada malo por sí sólo, de hecho su tosquedad es el añadido perfecto, el toque “garajero”, para que la cinta adquiera un mínimo de peligrosidad. Una reinterpretación diametralmente opuesta de lo que fue “Thale”.

Quizás, otro error, fuese dejar a un lado a los creadores del cortometraje original, David Bruckner y Nicholas Tecosky. Aquí los guionistas, Ben Collins y Luke Piotrowski, demuestran su falta de experiencia con una pantagruélica ración de cabos sueltos y situaciones forzadas a la altura de cualquier aficionado “amateur”. ¿Entendéis la ironía?

La vida nocturna siempre ha sido un hervidero para los cuentos macabros, convirtiéndose “Siren” en un agradecido añadido de serie B, el cual posee todos los ingredientes del cubalibre más clásico que podáis imaginar: ritmo endiablado, personajes superficiales, diálogos tontorrones, truculencia apta para toda la familia, trama fácil de digerir… Hasta aquí todo correcto, lo que no me ha gustado, y aquí hago un llamamiento a la “Asociación de Sádicos y Aficionados al Gore” (ASAG), sería su levedad en lo que terror y sexo refiere. Vamos a ver; súcubos, strippers, violaciones masculinas… ¿y todo tan impoluto? En pantalla casi ni se ve un miserable pezón. No se trata de degeneración personal, la cuestión es dónde decides ambientar tu historia, nadie te obliga a explorar la suciedad del sexo y la trata de blancas. Para un servidor tiene más peligro meterse en una tienda moderna, de esas que sirven extraños yogures, que perderse entre los pasillos del burdel de los secretos prohibidos que nos presenta “Siren”. Superado el aséptico acabado y el miedo a escenificar el poder sexual femenino, seguimos encontrando una serie B de las de toda la vida, así que no os preocupéis. El film pasa en un suspiro y en su propia levedad halla el camino para convertirse en un divertimento un pelín por encima de la media actual.

Los altibajos vienen marcados por la presencia, pulgares arriba, o ausencia de Lily, penes abajo. Lógico siendo el personaje que justifica todo el metraje. Por ejemplo asistimos a un arranque muy prometedor donde un ritual satánico parece haber convocado a una temible fuerza destructiva, pronto encadenada por la mano del obra, más en concreto la del señor Nyx. Entonces, ¡oh, aciagos tópicos del cine de terror para adolescentes!, la tensión baja a mínimos históricos para conocer a un grupo de cuatro guaperas dispuestos a pasarlo pipa en la despedida de soltero de uno de ellos. Cuatro mancebos, cuatro peleles, cuatro muñecos de cartón… da lo mismo, no existe una especial química entre ellos y sus diálogos se reducen a empujar a punta de pistola la trama hasta dar con el dichoso burdel donde, como no podía ser de otra forma, aguarda Lily a su príncipe azul. Y es aquí donde “Siren” comienza a adquirir ritmo hasta adoptar tintes algo cómicos. Por aquello del humor involuntario que provoca la obsesión de la cámara por esquivar el cuerpo desnudo de nuestro demonio del deseo, entre otros efectismos que fuera del ámbito de la serie B consideraríamos delito.

Supongo que los grandes responsables de estos altibajos son los actores que surfean entre ellos. Menos Justin Welborn como el señor Nyx – y eso que siendo el típico villano locuaz como una cotorra casi da risa – todos los demás están horrorosos, en el peor sentido del término, rompiendo la credibilidad a marchas forzadas. Ni siquiera Chase Williamson (“John muere al final”, “The Guest”) puede salir indemne gracias al papel de esforzado héroe, sumido en los avatares de un correcalles que de nuevo roza el ridículo por monentos. “Entonces, si lo mejor de la película te ha parecido Lily, será porque su intérprete lo borda, ¿verdad?” Pues no malditos sobrinitos, Hannah Fierman está ahí porque tiene unos ojazos que desafían las leyes de la genética humana, pero hasta yo podría hacer de “bambi” asesino tal y como está planteada la película. Bendecida por un buen maquillaje facial y unos efectos digitales menos resultones, la chica impone lo justo y necesario. Su afición a los largos silencios sigue perteneciendo al ámbito de la actuación genérica, ¡así que no me tientas, Jezabel!

Resumiendo, cine que parece pensado exclusivamente para un domingo aburrido, a lo mejor así nos ponemos calientes. Por supuesto, si sois cultistas del segmento que ha dado origen a esta película debéis seguir indagando en la atribulada vida de Lily, mucho menos peligrosa de lo que le gustaría a un servidor. Castración más o castración menos, el rato va pasando ligero a lomos de un guión cogido con pinzas, brillando ocasionalmente cuando introduce elementos extraños, graciosos esos “cocteles sanguijuela”, o nuestra súcubo favorita se dedica a la alimentación/fornicio. No pasará a la historia como la mejor película de serie B de la historia, pero se agradece algo genuino y simple, dentro de su campo, en los tiempos confusos que vivimos.

Lo mejor: Lily y el burdel de los recuerdos perdidos.

Lo peor: Guión muy flojito con situaciones absurdas por doquier, personajes apenas trazados y un desarrollo simplemente "cutre".


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