Rift

El terror LGTB sale del armario

Rift

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Rift

A todos aquellos que habéis disfrutado con películas como Resolution, Berberian Sound Studio, Mulholand drive, Anticristo o Don´t look back estáis de suerte porque la que traemos hoy a reseñar es justo vuestro formato. Aquellos que no conozcan las anteriormente citadas os diré que hablo de filmes donde prima la atmósfera por encima de la claridad argumental, películas que se cocinan a ritmo pausado y cuyos finales sin una explicación clara invitan al espectador a formular la hipótesis que desee, pudiendo esta coincidir o no (da igual) con la de otros espectadores o las de sus creadores. En este caso y para dotar el producto de un carácter más particular si cabe, este Rift (aunque su título original es Rökkur = crepúsculo) es, además, según mi hipótesis, un sutil análisis de los demonios y traumas de la personalidad gay masculina. Por lo tanto, todo aquel que no se despeine por ver cine de temática gay, o aquellos que busquen películas que traten con neutralidad, con sus luces y sombras, los terrenos de la afectividad homosexual (masculina principalmente) o de la afectividad sin más, están nuevamente de suerte pues, posiblemente, esta también sea una película que les interese. Su mayor valor es normalizar, en cine de género, a una pareja de hombres alejándose de alegatos militantes.

Lo mejor: Va cocinando lentamente una atmósfera malsana que funciona muy bien. Un par de secuencias terroríficas.

Lo peor: Su ritmo no es sencillo y, su conclusión, críptica.


Ég man þig

El más allá islandés es un poco confuso

Ég man þig

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Ég man þig

¿Otra película de terror europea basada en una novela de cierto éxito? “Ég man þig” (“I Remember You” en su distribución internacional) queda muy lejos de los resultados de “The Ritual”, por citar una de las obras más recientes que nos vienen a la mente cuando observamos los plácidos fotogramas del largometraje islandés que hoy nos ocupa. En este caso concreto tampoco puedo hablar de la obra original, escrita por la autora Yrsa Sigurðardóttir en 2010, únicamente señalar que está parcialmente basada en hechos reales. Teniendo en cuenta su abundante contenido sobrenatural, nada escandaloso pero bien salpimentado de apariciones fantasmales, circunscribirla al ámbito de la realidad afea un poquito el resultado, que se hubiese beneficiado de algo más de coherencia, precisamente, en su vertiente fantástica. Aunque la historia está narrada con toda la seriedad y solidez de los nórdicos, chirrían demasiado los conocimientos que algunos personajes hacen de la situación o, directamente, surgen situaciones carentes de lógica interna. El Más Allá islandés parece un batiburrillo donde se confunden fácilmente las ánimas en pena de niños, donde su persistencia en el plano mundano responde antes a las necesidades cinematográficas de un guionista que las motivaciones de su condena. Porque amigos, también los fantasmas merecen un puesto de honor en los títulos de crédito.

Lo mejor: La forma de narrar la historia dividiéndola en dos tramas paralelas.

Lo peor: Argumentalmente existe un puñado de elementos que de forzados y absurdos sacan a cualquiera de la ambientación.


Un lugar tranquilo

Donde viven las siestas

Un lugar tranquilo

En la granja de Pepito, a un puñado de hectareas de la Granja Maldita, una presencia fantasmal aterra a la familia que allí mora, imponiéndoles la ley del silencio a costa de aterrorizarles hasta la muerte.

John Krasinski dirige y protagoniza “Un lugar tranquilo” (“A Quiet Place”), thriller sobrenatural de corte muy moderno distribuido en salas comerciales por la “Paramount”. Digamos que se trata de otro fruto más del revival de copias encubiertas de “Poltergeist” provocado por la productora “Blumhouse”. Largometrajes de coste muy controlado que han encontrado un cómodo espacio en la taquilla, saliendo muy rentables a sus responsables, en esta ocasión un actor reconvertido a director que es más reconocido por sus funciones televisivas en series como “The Office” o “Jack Ryan”. Las dudas razonables surgen cuando descubrimos que el guion ha tenido que ser firmando a seis manos. ¿Son tantas necesarias para narrar una historia que parece un calco de tantas otras?

Shrunken Heads

Cabecicas voladoras

Shrunken Heads

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Shrunken Heads

“Shrunken Heads” es un divertimento naif que no será recordado por sus virtudes cinematográficas si no por la descollante propuesta argumental que pone encima de la mesa. Efectos especiales que ya estaban datados en los setenta, actuaciones de cuchitril y poca dignidad estética; pero mucha cara dura, como aquí nos gusta. Viniendo de manos de la productora “Full Moon”, famosa por sus muñecos y otras criaturitas (“Evil Bong”, “Puppet Master”, “Evil Toys”, “Subespecies”, “Dollman”, “Gingerdead man”, “Cabeza de Familia”, “The Creeps”), no podía ser de otra forma que los protagonistas fueran “pequeños cabroncetes”. En este caso, a diferencia de otros productos salidos de la mente, o del culo, vaya usted a saber, de Charles Band, los seres sobrenaturales pasan de villanos a héroes de la función sin pasar por la casilla de salida. ¿Cabezas reducidas voladoras con súper poderes? Póngame cuarto y mitad, y añada algo de ese perejil psicotrópico para darle saborcito al guiso. Cine de guerrilla cuyo destino eran los videoclubes de principios de los noventas, agónicos en cuanto a terror de calidad, absurdos gracias a propuestas que dejan a “Sharknado” en un simple gag de José Mota.

Lo mejor: El señor Sumatra, sus cabezas reducidas y la banda sonora.

Lo peor: La pobreza de medios.