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Atrapando a un monstruo

Terrores domésticos y sicarios

Atrapando a un monstruo

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Más de una década después de la inquietante Hannibal, Brian Fuller —director, guionista y showrunner— vuelve a cruzarse con Mads Mikkelsen, el protagonista de aquella pesadilla, en su debut en el largometraje Atrapando a un monstruo (Dust Bunny). Como es habitual en su obra, la cinta se satura de propuestas visuales y de un sentido narrativo tan personal como inclasificable, donde conviven el cuento infantil y el terror con una evidencia palmaria: Fuller tenía mono de reencontrarse con este sensacional actor, que junto a una niña y un monstruo de dudosa existencia vertebra el relato.

La pequeña Aurora (Sophie Sloan) vive aterrorizada por una criatura que habita bajo su cama. Como las arañas con el hilo de sus telas, este ser percibe a cualquiera que toque el suelo y lo devora. Sus padres han sido las últimas víctimas. Cuando la niña descubre que su vecino es un asesino profesional, tratará de contratarlo para acabar de una vez con el monstruo. Pero entonces surge la pregunta: ¿es real el monstruo, o es una invención de Aurora para dar sentido al asesinato de sus padres?

Estamos ante una película donde la narración se subordina a lo audiovisual. Desde el color hasta unos planos donde la simetría parece erigirse en principio rector, pasando por un diseño de sonido muy trabajado: todo en Atrapando a un monstruo aspira a seducir los sentidos del espectador. Lo barroco de su imaginería y ese aspecto de ilustración febril remiten al manierismo de Guillermo del Toro. La mezcla entre fábula infantil y thriller policial, donde la imaginación sale al rescate de la violencia cotidiana, evoca a otro filme mexicano: el estupendo Vuelven, de Issa López. También se respiran aromas del cuento enfermizo de Tideland (Terry Gilliam) y, en la relación del asesino con la pequeña, asoma la sombra de León: El profesional (Luc Besson).

Su arranque, intrigante y generoso en minutos sin diálogos, da paso a un sofisticado duelo entre dos formas de ver el mundo: la de la imaginativa cría y la del asesino. Aunque la película pretende mantenerse equidistante en esta visión bizca, la desbordante imaginación de Fuller delata por dónde se inclina la balanza.

El filme bebe del cine de terror e incluso evoca en algún momento la franquicia de Temblores, pero nos hallamos ante una obra de fantasía pura y dura, con un humor negro muy particular. Todo construido, como un traje a medida, para el lucimiento de Mikkelsen, que dispara, pega y suelta gags con una soltura envidiable. Menos lucida queda Sigourney Weaver: aparece con un lifting tan tenso que uno teme que se le escape un pedo si parpadea. La actriz se ha quitado años, pero también buena parte de su expresividad, lo que la deja tan artificial como el monstruito en cuestión.

Generosa en muertes —aunque no en sangre—, con un guion lo bastante ambiguo como para invitar a distintas lecturas y señalando a su jovencísima protagonista como una promesa, Atrapando a un monstruo es un excelente divertimento para quienes sepan que, con Fuller, lo convencional escasea. Nos ha gustado y entretenido… casi mucho.

Lo mejor: Visualmente audaz, su desmadrado acto final y un cierre abierto a diferentes lectuas

Lo peor: Un cierre abierto a diferentes lecturas y un desarrollo que puede desconcertar


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