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Primitive

Goma, felpa y hombres lobo

Primitive Grande

Primitive PosterDespués de “arreglarle” la cara al director de la última película de terror en que ha trabajado, el artista de maquillaje, Martin Blaine, es “invitado” a gestionar su furia en una terapia de hipnosis. Tras una perturbadora sesión, Martin recibe funestas noticias sobre su madre: ella acaba de morir en misteriosas circunstancias. Nuestro protagonista regresa a su pueblucho natal, Baronville, donde pronto empiezan a aparecer más y más cadáveres destrozados por colmillos de tamaño antinatural. Para desgracia de Martin, todas las victimas parecen conectadas a él, por lo que las sospechas de la policía comienzan a ser agobiantes. Pero más preocupante es la posibilidad de que un hombre que vivía de crear monstruos ahora tenga que enfrentar al que lleva dentro.

¿Cuántas buenas tardes nos habrán dado esos actores desconocidos que se enfundaban un traje de monstruo? Muchas, muchísimas. Un aspecto del cine fantástico casi tan entrañable como el “stop motion”, vendrían a ser los especialistas anónimos que encarnaban a Godzillas, a hombres lobos de serie “b” (léase la saga “Aullidos”), a los insoportables “Ewoks”… Pues bien, resucitando semejante tradición tenemos una seria candidata a “caspa movie”, puesto que sus características de serie “b” coquetean peligrosamente con el escarnio más absoluto. Quede claro que no lo digo en sentido peyorativo: después de disfrutar de su tráiler con ciertos efectos por ordenador tremendamente cómicos, estoy convencido de que con un poco de compañía sin vergüenza y un barril de cerveza, tenemos el buen rato asegurado.

No creo que los responsables de Primitive tengan otra cosa en mente. Desde su manido argumento hasta las pinceladas de erotismo de salón que ya perfila su tráiler, todo apunta al “todo vale”, cuyo beneficiario final sea nuestro músculo de la risa floja. Si luego ya contamos con algún acceso gore, pues será igualmente bienvenido.

Como protagonista, interpretando al atormentado Martin, encontramos al bien parecido Matt O’Neill, un actor cuya carrera no es muy conocida, pero seguro que en Primitive sabe tomarse con distancia su papel. Animando la función nos espera un rostro bastante conocido y querido: Reggie Bannister, el genial heladero de la no menos genial saga Phantasma. Si le habrán pagado en helados o en crecepelo es algo que desconocemos, solo esperamos que si lee estas palabras entienda nuestra sana sorna.

A los mandos de la nave otro desconocido: Benjamín Cooper, aunque su carrera destaca por la participación en la creación de efectos visuales de varias películas también de serie “b”. Solo nombraré una para que sepáis por donde va el asunto: Lizard Boy. Bueno, no empecéis a arrancaros las pestañas todavía. Puede que su experiencia sirva para una puesta en escena mínima. El monstruo en cuestión no luce del todo mal – aunque la pose en las imágenes que acompañan la noticia pongan en duda mi cordura –, ¿verdad?

Precisamente, su director ruega a los internautas que propongan Primitive para entrar en la parrilla del nuevo canal norteamericano que en breves arranca motores. Auspiciado por el injustamente infame canal “Sci Fi”, “Chiller TV” se prepara como la respuesta a su canal padre pero con el terror como única perspectiva. Lo cual me parece sumamente interesante y envidiable. Lo dicho, si queréis votar a Primitive como una de las primeras cintas en emitirse por dicho canal, seguid navegando AQUÍ.

Shadowzone

Pechos, bichos y caspa

Shadowzone Póster

Ver ficha completa

  • Título original: Shadowzone
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1990
  • Director: J.S. Cardone
  • Guión: J.S. Cardone
  • Intérpretes: Louise Fletcher, David Beecroft, James Hong
  • Argumento: Un capitán de la N.A.S.A es enviado a unas instalaciones secretas para investigar la muerte de un sujeto sometido a misteriosas pruebas.

60 |100

Estrellas: 3

ShadowZone Grande

Siguiendo con una serie de reseñas casposas que reflejan mi obsesión por dar a conocer los infames telefilmes de horror más oscuros de los noventa, Proteus, Bad Channels, hoy os hablaré de Shadowzone. Una gemita de la Full Moon que espero sea el eslabón previo a una cadena con más reseñas de este tipo (se aceptan peticiones). Como siempre la nota hay que tomarla con la perspectiva propia del cine “basura”.

Estamos ante otro subproducto de la Full Moon de Charles Band parido a principios de los noventa, concretamente 1990. Uno de sus múltiples intentos de producir una combinación eficaz de terror y ciencia ficción. ¿Por el camino? Muchos robos a la icónica Alien, a la genial Pesadillla en Elm Street y la hundida en sus propias carencias The Great Scape. Aunque a diferencia de esta última, el mundo de los sueños es el que invade el real de una forma que se intenta justificar con una serie de argumentaciones científicas propias de un fumador de opio, mientras que en The Great Scape era el “apartado científico” el más destacado.

Sorprendentemente, pese a sus obvias carencias, Shadowzone consigue alzarse como una eficaz película casposa gracias a la lograda ambientación que aporta la banda sonora (de Richard Band, imposible que fuese de otra forma), su interesante dosis de hermosas curvas (¿desnudos integrales en una película de la Full Moon? ¡Por favor, dadme cachetes para saber que estoy despierto!) y unos destellos de gore que superan a la gran mayoría de películas de la misma calaña.

Unos experimentos financiados por el ejército, y ubicados en unos subterráneos de mala muerte, tienen un sorprendente efecto secundario. El Dr. Van Fleet, interpretado por un maravilloso y olvidado James Hong (Cosecha Maldita, El Chico de Oro, Blade Runner…), descubre que existe un universo alternativo cuando varios sujetos son inducidos al sueño profundo. De esa dimensión desconocida algo siniestro usa a los sujetos experimentales como portal, ¿cómo? De la forma más truculenta e increíble: reventando parte de su cerebro. ¡Aaaaahhh! ¿Qué sería de la caspa sin estas ideas rocambolescas?

Así que, enviado por la N.A.S.A., el Capitán Hickock (David Beecroft, un despojo de televisión que tuvo sus momentos de gloria en Falcon Crest) llega hasta los laboratorios para investigar la misteriosa muerte de unos de los sujetos de las pruebas. Os hago notar que a estas cobayas humanas las inducen a un estado llamado EDS (Extreme Dream Suspension). Lo recalco porque durante la hora y media que dura Shadowzone se alude constantemente a él, pero entre lo mal contada que está la historia y el doblaje de domingo por la tarde, es muy fácil hacerse un lío con el lenguaje pseudocientífico con el que se nos regalan los oídos.

Las instalaciones son cochambrosas. Poseedoras de ese espíritu barato mamado de Corman por el bueno de Band, pero que como lugar común siempre realza adecuadamente la acción. Pues bien, las instalaciones las pueblan un puñado de personajes a cada cual más absurdo, y sometidos a una definición propia del comic de los años cincuenta. Sirvan de ejemplo “el manitas” y “la cocinera”, os juro que el gran Ibañez podría proporcionarles más personalidad en dos minutos.

Es en su primer tercio cuando Shadowzone nos dispara caspa a quemarropa. La interacción entre el capitán Hickock y los habitantes de las instalaciones van a dar pie a unos diálogos de toma pan y moja. Cuando menos resulta curioso encontrarse a una futura vigilante de la playa como doctora amante de los animales (Shawn Whaterly), al pestoso Miguel A. Nuñez Jr. (El Regreso de los Muertos Vivientes, Leprechaun 4) como experto en informática y a la secundaria eficaz y constante de telefilmes de segunda fila llamada Louise Fletcher (Cassadaga y Virtuosity son lo más potable de su extensa carrera) como doctora sin escrúpulos. Anécdotas aparte, continuamente nos preguntaremos de que narices hablan. Es más, ¿por qué el agente de la N.A.S.A. es tan suspicaz para, a la par, no enterarse de nada? Y eso que la actitud de los científicos es cuando menos sospechosa, por no decir evidente.

Es cuando llega el segundo tercio que llega el inesperado gore, los pechos perfectos y el delirio narrativo elevado a la categoría de “puta locura”.

De lo más rescatable, sobre todo para el público masculino, resulta la presencia de una tal Maureen Flaherty completamente en pelotas dentro de una de las cabinas de sueño profundo. Se agradece el embobamiento con ella por parte del Capitán Hickock, cuya expresión de enfermo mientras se la come con la mirada es todo un chiste por si mismo. Digamos que el residuo que quedaría de robarle a Fuerza Vital toda su sensualidad. Acompañando a la malsana obsesión por mostrarnos a la Flaherty en todo su esplendor (¡atención chicas! También a otra cobaya humana macho bien cachas y desnudo), tenemos las apariciones truculentas de una criatura que no se sabe muy bien ni que es ni porque ni como. Ahora bien, merced a unos efectos prácticos bien trabajados y una puesta en escena eficaz, el bicho de marras se convierte en la estrella de la función (salvo en el desangelado final donde poco más que da pena la criaturita).

Destacables detalles que muestran el gusto de su director y guionista por el exceso y los trucos de salón. No en vano J.S. Cardone, que así se llama el interfecto, puede presumir de haber escrito algunos de los guiones más flojos y efectistas de la historia del terror reciente: La Alianza del Mal, El Padrastro (Remake), Prom Night (Remake), Los Malditos: Los Vampiros del Desierto, etcétera. Aunque lejos de los resultados de las películas citadas, el guión absurdo de Shadowzone funciona porque está embebido de pleno en su propia idiosincrasia de serie B. Esta tendencia no me parece ni buena ni mala. Es decir, la cinta no oculta ninguna de sus carencias, pero se dedica a insistir sobre sus puntos fuertes: la inquietante presencia de una criatura sanguinaria, que en los cochambrosos decorados casi resulta hasta creíble; aportando unas gotitas de “horror” real – salvando su marco temporal, recodad que hablamos de una producción de hace 22 años – que serán muy agradecidas por la faceta formal de los espectadores.

La pena que esta tendencia a los efectismos y a la acción barata empaña los visos de comedia involuntaria que tanto nos habían alegrado su primer tercio. Ese discurrir de personajes desdibujados, sus muertes y una investigación que no lleva a ningún lado están envueltos en una aureola demasiado seria como para pulsar las teclas de lo entrañable, precisamente lo que hace superiores otras producciones de la Full Moon que técnicamente fueron más desastrosas.

En resumidas cuentas, Shadowzone es una película que no sorprenderá a nadie cuando sepa cual es su origen. Tampoco alza la cabeza del pozo de serie B en el que conscientemente nace, y sus fallos y agujeros en el guión son los suficientes como para desesperar a un niño de cinco años. Pero tiene un encanto especial, debido a su insistencia por recalcar los detalles más morbosos y macabros de este tipo de cine. Además, su condición de rareza desconocida le aporta un valor añadido que se complementa con la buena voluntad de sus actores (que ya he dejado entrever que son bastante malos pero solo por sus propias limitaciones) y multitud de detalles surrealistas (¿por qué mantienen animales vivos en las instalaciones si ya no los usan como sujetos de pruebas?) que amenizan esta sana locura.

Una serie B sin pretensiones fácilmente digerible… preferiblemente borrachos, por favor.

Lo mejor: Una ambientación sonora envolvente, las dosis justas y necesarias de pechos y deformidades y mucha "locura".

Lo peor: A media película baja mucho el ritmo en cuanto a comedia involuntaria, pasando a convertirse en un "correcalles".

Rugaru

El sangriento secreto del bayou

Rugaru Grande

Rugaru PosterUn paleto, vecino de los bayous de Luisiana, desata el horror tras solicitar los servicios de una siniestra bruja vudú. La hechicera convoca una criatura, el Rugaru, que salta del folklore cajún a los peligrosos pantanos del sur de Estados Unidos.

Después de que un convicto desaparezca, el oficial Claude Bruneaux investiga sus actividades previas, solo para descubrir que una maldición asola a su pequeña comunidad. Un héroe como ningún otro, que lucha contra sus propios demonios para ganar la carrera contra la misteriosa bestia que devora a sus amigos y vecinos. Sin nada que perder, Bruneaux explorará hasta cada gota de las turbias aguas del bayou.

¿Una película de bajo presupuesto sobre un monstruo sobrenatural invocado mediante vudú y que se esconde entre las aguas de un pantano? ¡Niños estaos quietos! ¡Blanch, Bob, dejad de tocaros!

Vale, Rugaru no puede ocultar su humilde origen. Su tráiler ya transmite sensaciones ostensiblemente “baratas”, ni su simple póster ni sus imágenes son motivo de especial ilusión; pero algo tienen estas películas de serie, basando su eje central en la figura de un monstruo misterioso, que piden a gritos ser visionadas un domingo por la tarde. Casi siempre, además, con mejores resultados de lo esperado. En el caso que nos ocupa, puede ser que el interés nazca de lo celosamente que han guardado el diseño de la criatura sus responsables: ni un fotograma remotamente claro han querido mostrar. Lo cuál deja las cosas claras, o se trata de un pena de bicho (como en Creature) o estamos ante alguna joyita estilo Jeepers Creepers.

Tampoco queda claro el origen antropológico de la criatura en discordia. Aunque efectivamente las leyendas cajún hablan de un ser que medra en los marjales, ninguna de las habladurías se pone de acuerdo en su aspecto. El vocablo ”Rugaru” proviene directamente del francés, más exactamente del conocido termino ”Loup Garou”, que seguramente ya sabréis que refiere a los “hombres lobo”, en su más clásico sentido. Sin embargo, la herencia mitológica francesa se ha ido distorsionado con el tiempo; así, el Rugaru puede ser, según quien cuente de él, desde un hombre con atributos de lobo hasta un jinete sin cabeza. Incluso algunas leyendas locales lo emparientan con el “Wendigo” caníbal y los vampiros. Lo único que queda claro es su capacidad de metamorfosis y su sed de sangre.

Todo un muestrario de horrores inventados para animar a los niños a comportarse que pueden, o no, estar bien reflejados en esta humilde cinta, pero que, cuando menos, nos han hecho aprender algo más sobre los apasionantes cuentos de las viejas brujas negras que todavía habitan los pantanos alrededor de Nueva Orleáns.

Solo falta que la cinta del desconocido Tony Severio conozca fecha de estreno prevista y alcance todo el potencial que la historia, bien narrada, podría tener… al menos para un domingo por la tarde!!