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Castle Freak

Un castillo alucinante

Castle Freak Póster

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  • Título original: Castle Freak
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1995
  • Director: Stuart Gordon
  • Guión: Stuart Gordon, Dennis Paoli
  • Intérpretes: Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Jonathan Fuller
  • Argumento: Un matrimonio acude a visitar un castillo italiano en herencia, acompañados de su hija ciega. En las mazmorras del castillo, una criatura lloriquea cuando cae el sol.

75 |100

Estrellas: 4

Castle Freak Grande

Quiero dedicar esta reseña al resto de mis compañeros. A los que todavía permanecen con nosotros: Samdra, Manu, Trent, Mr. Zombie, Asier, MASP. Gracias por permanecer a mi lado soportando mis rarezas. A los que nos abandonaron: Missterror, Blanch, Elniniodecristal. Porque nunca fue un adiós, solo un hasta luego… aun soportando mis rarezas. A los que nos leéis: mención especial a Elizabeth (la “vieja guardia”, y perdonad que no os nombre al resto, pero vosotros sabéis quienes son las Almas Oscuras Primigenias), a Eddie (por su apoyo y una labor que no tiene precio), a Beatriz (por sus mágicas palabras), a Mr. Joe D’amato (porque es un fenómeno aunque el nunca lo reconocerá), a Cratosxp (porque yo lo hecho de menos) y tantos, tantos otros. Todas mis reseñas las he hecho por vosotros y por mis rarezas. Pero especialmente quiero dedicar esta reseña a Joan Lafulla y a Alberto Bermúdez: unos malditos locos que siempre me enseñan la coherencia interna dentro de un manicomio. ¡Un brindis por los Hermanos Marx del terror! ¡Y por todos vosotros!

Un matrimonio atravesando horas bajas hereda una propiedad en la vieja Europa. Un castillo italiano de misteriosa historia. Nadie sabe donde fue a parar el hijo de la anterior propietaria, una duquesa bella pero vil en su vejez. Una vez instalados allí, el matrimonio, con su hija ciega, empieza a oír ruidos extraños en la noche. La vieja ama del castillo cuenta historias extrañas que llegarían a los oídos de la pareja si está estuviese unida, pero un accidente provocado por el alcohol ha creado una barrera insalvable entre los dos. Quizás la presencia de una criatura abominable sea capaz de unir a una familia que, por otro lado, está avocada a vivir una historia de horror que nunca olvidarán.

Hoy me gustaría recomendaros, sin mucha rotura de cascos, una de esas películas de terror que pasaron por la década de los 90, un poquito sin pena ni gloria. Con más inri en el caso que nos ocupa, cuando se trata de una producción con una serie de nombres míticos asociados a ella. Os hablo Castle Freak, estrambótico título que aquí en España aun se retorció más, acabando en un psicotrópico “Un Castillo Alucinante”… tal vez por eso no cuente en nuestro país con una legión de seguidores tan firme como en su Estados Unidos natal, donde incluso podemos encontrar merchandising del dichoso “fenómeno del castillo”. Y sí, merece mucha difusión este trabajo, pese a concebirse y estrenarse en 1995 – una época nefasta para el cine de terror de serie B –, no solo por su sabor clásico, que tanto llama la atención a primera vista, también por los siguientes conceptos (agarraos que vienen curvas):

Se trata de la tercera incursión del mítico Stuart Gordon en el mítico universo de Lovecraft (adaptando uno de sus relatos marginales, “El Intruso”) tras las míticas Re-animator y From Beyond. Y como no podía ser menos, al guión contamos con el adaptador por excelencia de Lovecraft y amigo íntimo de Gordon: Dennis Paoli. Que por supuesto se encontraba tras los guiones de las anteriores producciones “lovecraftianas” de Gordon, y que aquí observamos muy en forma, a tenor de las truculencias vertidas sobre el libreto.

La producción corre a cargo del infatigable (y viejo verde en la actualidad) Charles Band, mediante una Full Moon a pleno rendimiento y que con Castle Freak entonó un precioso canto del cisne antes de internarse en una era moderna de subproductos de dudosa calidad (¿¿¿Evil Bong??? No me jodas Charles). Obviamente, al nombre de la Full Moon hay que añadirle otro indisociable: Richard Band, el hermano compositor. Que aquí clava una partitura gótica tremenda, muy en la línea de sus mismos trabajos para el tandem imaginario Gordon-Lovecraft. Una partitura que realza uno de los diseños de sonido más interesantes del cine de serie B. La manipulación del sonido ambiente, con gritos en la lejanía, lamentos fantasmagóricos, truenos y demás, pone los pelos de punta en más de un momento. Sabiendo siempre que tratándose de un producto de la Full Moon no encontraremos excesos presupuestarios.

Lo que viene a colación de otro simpático detalle: pese a tratarse de una producción eminentemente “noventera”, el estilo que se gasta, así como su estética y acabado, nos retrotrae sin compasión a la década anterior (incluso yo diría que antes, coqueteando con el estilo gótico de algunas producciones sobrias de los setentas). Es decir, si te aíslas de toda esta información y te dicen que se trata de una producción de la “Empire” (la anterior productora de Band, con títulos épicos como Dungeon Master, Parasite o El Alquimista), te lo crees a pies juntillas y lanzas albricias al cielo por este regreso a la verdadera esencia del video-club de toda la vida.

Y en esto tiene toda la culpa un Stuart Gordon pletórico, que es capaz de sacar más por menos, con un domino de los planos y la atmósfera que convierten a Castle Freak en unos de los productos más sólidos firmados por el, ahora, infame sello Full Moon. Sobre todo destaca el tiempo tan característico de Gordon, y que otros tanto critican pero a mi me hipnotiza como a un crío. Se trata de esa lentitud casi morbosa para tratar las escenas más ordinarias, y en un segundo engañarte y meterte en una situación tan macabra y obscena, que uno duda de la seriedad de todo el asunto. Señores, Castle Freak es un recital de malas sensaciones. De acuerdo que el gore está muy dosificado, pero cuando se presenta, mezclado con temas sexuales… hace daño… y excita… puro Stuart Gordon reducido a su sales esenciales, gracias a un presupuesto exiguo que casi mejora el producto terminado.

Tan exiguo que el rodaje se trasladó a verdadero un castillo real de tierras italianas para abaratar costes. El resultado en manos del Ted Nicolau de turno hubiese sido un pestiño soporífero “sin chicha ni limoná”. Por el contrario, Gordon integra el decorado real con una naturalidad pasmosa dentro de esa ambientación gótica (pero la mala, la oscura, la decadente, el de Matthew Gregory Lewis, autor de la novela “El Monje”) de la que tanto os hablo. He leído que algunos críticos de la época veían en la película un homenaje al viejo terror que se gastaban los italianos más explotadores y pícaros. Nada más lejos de la realidad: una mera cuestión económica y un resultado final que debía continuar la mala baba de Re-animator, esa es el catalizador de esta hora y media. Desde luego, la hallo por debajo de sus predecesoras en la filmografía “lovecraftiana” de Gordon, tal vez debido a un acabado menos espectacular y colorido. ¡Ay! Pero cuando la bestia sale… cuando simplemente espía y busca imitar los juegos sexuales de su padre, cuando la pubertad floreciente se convierte en un preciado motivo para la profana adoración, cuando la ceguera es una excusa para el coleccionismo sexual, cuando la libertad alza sus doradas cadenas sobre la cabeza deformada de un niño olvidado, cuando el hambre se ceba sobre la carne de las prostitutas… ¡Un recital de cine de terror depravado, pero sin malicia! Un final de sacrificio y redención. ¡Coño, una película que hay que ver!

Sus protagonistas principales son el mítico Jeffrey Combs, en un papel que va pasando de comedido a histriónico con un dominio del tiempo que habla con creces de sus dotes, y la sugerente Barbara Crampton, que pese a una gran actuación dramática, no exenta también de histrionismo, no enseña su delicioso cuerpo, para pena y tristeza de los onanistas del cine de terror. Algunos de sus diálogos no se libran del casposo sesgo de su origen de serie B, pero precisamente aportan una dimensión cómica muy negra. Por si a alguno os suenan a chino estos nombres, os diré que fueron también míticos protagonistas de las ya mencionadas Re-animator y From Beyond. Además también disfrutaremos de una apoteósica “interpretación” por parte de Jonathan Fuller (un habitual de otras producciones de la Full Moon), que se convierte en la estrella de este espectáculo de fenómenos con el excelso lenguaje no verbal que se gasta cuando encarna a la criatura del castillo. Maravillosamente aberrante.

Y si todas esta parrafada no sirve para animaros a verla, los que no os hayáis atrevido aun, o revisitarla, los que la tenéis olvidada, pensad en todos los nombre legendarios involucrados, en su condición de rareza, sus destapes, su crudeza… en que simplemente es la película que he elegido para despedirme de este ciclo de Almas Oscuras, tras más de cien reseñas, cientos de páginas escritas, buenos momentos (los más), malos momentos (los menos) y muchas ganas de compartir con vosotros el amor por un cine, una forma de vida al fin y al cabo, que divierte como pocas otras cosas.

Sí, Castle Freak tiene sus fallos, es barata, algunas escenas pecan de cutres, varios secundarios italianos dan ganas de darle al “stop”… pero, igual que nosotros no lo somos, Castle Freak no es perfecta, solo un guiño amable en esta noche sin estrellas.

La crisálida se abre y todo cambia…

Tráiler

Lo mejor: La truculencia, el ambiente malsano, Jeffrey Combs y muchas más cosas...

Lo peor: Su tramo inicial, y momentos puntuales, tienen ese ritmo extraño de Gordon que puede resultar somnoliento.

The Dead Want Women

The Artist versión Charles Band

The Dead Want Women Póster

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  • Título original: The Dead Want Women
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Charles Band
  • Guión: Kent Roudebush, Charles Band
  • Intérpretes: Jessica Morris, Ariana Madix, Eric Roberts
  • Argumento: Años 20, poco antes del nacimiento del cine sonoro. Miss Pettigrew celebra en una decadente fiesta el estreno de su último éxito. Sus excesos acaban en tragedia mortal, encantando su fantasma y el de otros amigos la casa de la orgía.

0 |100

Estrellas: 1

The Dead Want Women Grande

El autor de la reseña declina cualquier responsabilidad legal y ética por su falta de tacto y mesura con respecto a la redacción de la misma. Así mismo no se hace responsable de los efectos que el visionado de esta película pueda provocar en el público de Almas Oscuras.

Reseña dedicada a Sergi: “Te fuiste pero se quedó la caspa”

Champú anti caspa: manual de anti uso

Hace muy poquito debatíamos con nuestro buen amigo Djariel, en la absurda reseña de la aun más absurda Nazis at the Center of the Earth, que caracteriza a una película casposa, que precauciones hay que tomar al verla y como poder enfocar un análisis en condiciones. También se alzaban voces, no solo en esta vuestra web, preguntándose como podía existir una película tan mala como la novísima producción de The Asylum.

Bien, lo primero que quiero destacar es lo bonito que me parece asomarse al balcón, ver la vida pasar y ser consciente de que no existe ningún límite en ella. Leonardo soñaba con elevar al hombre a los cielos, ahora es un hecho común y nada espectacular. Terminó la Primera Guerra Mundial y cuando todo el mundo civilizado pensaba que no podría darse otra guerra tan cruenta, apreció el hombrecillo del bigote – y no hablo de Aznar, pero similitudes existen – y montó la marimorena. Como veis, no existe barrera para lo que el ser humano puede lograr, ni para lo bueno ni para lo malo. Algo que salta a la vista cuando comparas la odiada y vapuleada Nazis at the… con The Dead Want Women.

Incluso a uno le hace plantearse seriamente si existe una justificación casposa para la existencia de semejante mierda. Así que aquellos que llorasteis sangre viendo Nazis at the… vais a llorar zumo de limón cortado con vinagre si os acercáis a menos de siete billones de años luz de esta hermoso mojón. Si nuestro sistema de puntuaciones lo permitiese, esta reciente producción de la devaluada Full Moon hubiese logrado el -100. Lo que no evita que haya sido útil a la humanidad – en concreto a uno de sus miembros, un servidor – para darle respuesta a la duda que planteaba anteriormente:

Se puede justificar la existencia de cualquier “caspamovie”

Por mucho que algunos os moleste, esta afirmación es la pura verdad. Lejos de maniqueísmos sobre conceptos artísticos o, incluso, comerciales, todo tiene cabida en la sabía naturaleza. Es cierto que a veces – las menos y más deseadas por los buscadores de ponzoña visual – una película puede ser tan mala que de la vuelta, devorando su propio orto, y se convierta en una preciosa serpiente Uróboros. Particularmente creo que para que se produzca tal metamorfosis, el objeto de la misma debe contener elevadas dosis de patetismo inconsciente, mucha jeta y un par de momentos únicos. Es el clásico ejemplo de Troll 2, obra cumbre de la diversión por diversión y un legado de dimensiones épicas para aquellos que saben disfrutar del humor involuntario. Desgraciadamente no es el caso de The Dead Want Women.

Imposible no partirse ocasionalmente con esta producción, más si cabe imbuido por los místicos poderes del THC, porque desgrana unas carencias, una dejadez y unas estupideces que caen en el ridículo. No nos reímos “con”, nos reímos “de”; pero de una forma tan esporádica que no lo veo meritorio. La forma de vida llamada The Dead Want Women tiene una razón de ser más infame todavía: cuando uno se pregunta por qué existen mierdas tan grandes, debe darse una única y firme respuesta: “la mierda nos prepara para saber apreciar la crema”. Pero vamos, eso lo han sabido siempre los camellos, y nosotros no vamos a ser menos, ¿verdad?

La cuestión, y a colación de otra pequeña polémica, es que si alguien puede puntuar una película como una rotunda obra maestra (véase el adecuado ejemplo de la gran The Raid), no puedo imaginar que pasaría si dicha obra maestra la consumiese tras una ingesta masiva de cine basura. Supongo que puede lograrse un éxtasis teresiano mayor que el provocado por la sobredosis de sales de baño, lo importante es quedarse con el concepto básico para juzgar cualquier obra: la perspectiva. Sí, The Dead Want Women es un truño con todas las de la ley, pero casi cualquier otra película que veas después te mandará directo a tu iglesia más cercana para poner una velita en memoria de los Hermanos Lumière. Y si no os vale este argumento, siempre podréis acudir a este festival mefítico para saber de primera mano que bajo ha caído nuestro querido Charles Band.

La Banda de Charlie

En otras reseñas “casposas” sobre películas de la Full MoonBad Channels, Shadowzone – ya os hablaba un poco del hombre detrás de la marca – Charles Band –. Siguiendo el hilo podéis incluso profundizar en el distante pasado cuando ”el Roger Corman del videoclub” regalaba verdaderas gemas de serie B que permanecerán por siempre en nuestros negros corazones (Terrorvison, Puppetmaster, Trancers, Reanimator, etc.). También apunté hacia la paupérrima calidad de su producción reciente, y ha llegado el momento de meterse en harina con un zarrio que incluso coquetea con el “softcore” más cutre. Band se ha condenado el mismo a la auto fagocitación de sus éxitos pasado. Con esta cinta demuestra que el rumbo está perdido definitivamente y que la edad lo ha vuelto un viejo verde de la peor calaña. ¡De esta no te salvan ni los muñecos!

“Señor Bob Rock, Señor Bob Rock. Yo no conozco a ese tal Carlitos Banda”
”Muy bien Pedrito… ¡expulsado de clase lo que queda de curso y suspendida la evaluación!”

O lo que vendría a ser lo mismo: si has empezado a leer esta reseña es porque sabes quien es el productor/director/guionista creador de la Full Moon. De otro modo has caído por casualidad y siquiera ver los cinco primeros minutos de The Dead Want Women puede producirte severos ataques epilépticos. A los que habéis catado los chorros de heces que manan de semejante mente, os invito a continuar a ver si entre todos logramos calibrar exactamente que contiene esta aberración.

Un Oscar a la mayor mierda para…

Resumiendo, a pesar de estar por encima de producciones más deleznables, como Evil Bong 3Do Gingerdead Man , la cinta que hoy nos ocupa demuestra el total descenso a los abismos por parte de su director – que para la ocasión es el mismo Band –. Ni siquiera nos queda el consuelo de una banda sonora compuesta por su hermano Richard, los efectos especiales artesanos – que siempre han caracterizado a la Full Moon y a sus “bichillos” – aquí brillan por su ausencia, el humor es dejado de lado por unas perversiones abortivas dudosas y, en general, no parece ni una película de la Full Moon. No obstante, hay que reconocer que estos nuevos parámetros de despelote integral, escenas de “softcore” bochornoso y cierto aire necrofílico le sientan bien a esta serie Z. Justamente son lo mejor, junto a algunos diálogos tan absurdos que pueden valer para entretenerse entre calada y calada.

Lo más interesante comienza con su introducción, que no es tal porque ocupa treinta de los setenta minutos exactos que dura el metraje. En plenos años 20 una mansión californiana acoge la fiesta de presentación de la última película de la estrella del cine mudo Rose Pettigrew. La fiesta es solo una excusa para que un rincón apartado, unos amigos de Rose se monten con ella y otras dos “groupies” una escena de toqueteos alargada hasta la extenuación. Y la verdad que la cosa tiene su gracia durante los primeros minutos: un ambiente de decadencia que hilan correctamente con la narración pulp deudora de cualquier capítulo barato de Historias de la Cripta. No obstante las interpretaciones de los tres capullos que rodean a Rose se convierte de primeras en la mejor razón para abandonar el visionado. Tres estrellas de cine mudo que representan tres arquetipos de la época: el Vaquero, el Fantasma de la ópera y el Gordo. Insoportables actores que comanda el increíblemente devaluado Eric Roberts.

De acuerdo en que la tata Julia nunca me ha parecido una gran actriz y que Eric es aun peor que ella – la única viva de la familia que tiene talento es Emma, hija de este elemento –. ¿Pero como diablos ha podido caer tan bajo un actor nominado a un Oscar? Y quiero pensar que dado el elevado número de películas en las que ha participado en la última década – y el mismo reconoce no haber visto ni la mitad de ellas –, su presencia en The Dead Want Women solo se justifica por la posibilidad de tocarle el culo a alguna de las pobres secundarias que se pasan toda la película en pelotas. Oye, y a mi me parece fenomenal, que todos tenemos que darle alegrías a la seta, pero por lo menos podría haberse dignado a participar en el “making off”. Cuando menos, resulta curioso ver en dicho “making” la ilusión del resto de actores por trabajar con el “gran” Roberts y el muy cabrón sin dar la cara, probablemente porque andaba con la nariz metida entre los cachetes de alguna compañera de reparto. Bueno, a todo esto, hay que reconocerle solvencia a la hora de resolver su papel, elegancia, profunda declamación… ¡mentiras! ¡falsedad! ¡engaño! El muy pasmarote se dedica todo el metraje a mirar de reojo los jóvenes senos que le rodean. ¿Para cuando su participación en la siguiente entrega de Torrente?

Pechos: haberlos ahílos

Y ya que ha sido mencionada tan interesante parte de la anatomía femenina, decir que sí, ahí están danzarines y coquetos. Charles Band ha contratado a unas cuantas actrices de serie Z de buen ver (Jean Louise O’Sullivan, Jessica Morris y Ariana Madix) para enseñar cacha – que no carne –, poner caliente al personal y añadir más justificaciones vanas para aquel mendrugo que caiga en las redes de The Dead Want Women. Pésimas actrices que ya trabajasen con él en productos de la misma catadura (i.e. Killer Eye 2) y que como principal característica podríamos citar su empecinamiento por no enseñar ni un micromilímetro de pezón. ¡Habrase visto! La próxima vez me compro en Amazon “una” de Private, o mejor dicho “otra”.

Pues resulta que una vez pasada la introducción de treinta minutos aparecen dos jugosas rubias por la casa, muuuuuchos años después. Evidentemente, el edificio está abandonado y encantado por los fantasmas de los asistentes a la orgia mencionada, que como buena orgía acabó en tragedia y locura. ¡Qué grande el guionista de The Dead Want Women! Si las máscaras que lucen los fantasmas – para que sepamos que lo son – ya muestran la total desidia por parte del equipo de producción (meros trozos de pizza mal plantados en la jeta), el libreto es la definición perfecta de la dejadez. Kent Roudebush es el responsable del mismo, un cachondo que está firmando los mayores despropósitos de la Full Moon. ¿Un ahijado de Charles Band?

Es decir, el tío se preocupa en idear una trama que aprovecha la conocida decadencia de los años veinte – por mucho que la mansión se vea demasiado moderna – para al poco plantar a dos rubias de prominentes pechugas en la misma casa perfectamente conservada. Y entre una escena y otra, nada… nada… nada… Fijaos si es poco creíble e interesante el estado de la casa que las mismas rubias se encargan de contarnos que la casa está encantada porque de otro modo nadie se ubicaría. Lo curioso de este dato viene cuando lo asociamos al presupuesto: 500.000 dólares de tomo y lomo. Otra buena razón para recomendarla, en concreto a los responsables de la crisis bancaria, seguramente les animará ver que todavía existen peores gestores económicos.

Lo más divertido, a mi parecer más irónico, es que Kent sabe hacer chistes sumamente inteligentes. Tanto que es difícil pillarlos. Las dos rubias en cuestión se suponen estandartes de esa tontería de que todas las rubias son tontas, pues bien, el guion lo muestra de la mejor forma posible: resulta que las dos chicas acuden a la casa porque son revendedoras de propiedades para ricos, y si no la venden se la tienen que quedar. ¡Coño! ¡Con la que está cayendo en el sector inmobiliario! Decididamente, nuestras dos protagonistas son poco menos que gilipollas. Afortunadamente su presencia en pantalla escasea, no tendremos que soportar mucho sus caras de despiste ya que la cinta llega a su pobre conclusión a la media hora de conocerlas.

Al final las únicas que enseñan todo todito son dos actrices secundarias que parecen haber sido seleccionadas en un burdel de mala muerte – menos mal, porque si no alguien me tendría que explicar a que venía tanto darle vueltas a la depravación de los fantasmas –. Atractivas, pero mucho menos espectaculares que las pechugonas que se niegan a dejarnos libar de sus cántaros de miel. Al menos, esas dos “chicas de saldo” consiguen evadir la atención de los cuatro efectos especiales digitales mal plantados que ofenden a la vista.

Elefantiasis

¿Se merece una mierda como The Dead Want Women tantas palabras? Decididamente no. Tal vez ande aburrido y quiera trastornar al personal, o semejante escoria ha terminado por detonar mi sentido de la medida. Supongo que pocos de vosotros querréis darle un tiento a esta película plagada de despropósitos, algún desnudo y una irritante fijación por sacar planos de la decoración de la casa. Ni el peor de los capítulos de Historias de la Cripta puede daros una idea de lo penosa que es. Salvo a los buscadores expertos de basura, que sabrán degustar cada irracional segundo de esta obra, no le recomendaría The Dead Want Women ni a mi peor enemigo. Otra cosa es que uno quiera saber lo bajo que puede caer un actor (Eric Roberts), lo mal que andan las cosas en las oficinas de la Full Moon o solo poder darse el gustazo de decir “he visto la peor película de horror (¿?) de mi puñetera vida”. Sea como sea, aquellos que hayáis caído en sus garras, seréis recompensados en la siguiente película: después de esto, cualquier otra os sabrá a gloria…

Lo mejor: Después de verla cualquier otra película parece una obra de arte

Lo peor: Todo, todo, todo...

The Dead Want Women

No saben ni nada los muertos estos

Photobucket

PhotobucketUna lujosa mansión, una actriz de cine mudo de la alta sociedad, mujeres que vestían a la moda y los hombres que las amaban. Un cóctel “made in” los años 20. Han pasado los años y los fantasmas de estos permanecen en dicha mansión. Ahora los muertos volverán a por una nueva generación de chicas guapas. ¡Los muertos quieren mujeres!

¿Os suena de algo el nombre Charles Band? No, no es un grupo de jazz ni el nombre de una pandilla de peleas callejeras. Charles Robert Band ha sido productor y director de numerosas películas, pero cabe destacar la famosa franquicia Puppet Master, la mitiquísima Re-Animator (esta de su antigua compañía Empire Pictures) y la reciente Killer Eye. En definitiva, la compañía Full Moon tiene gran parte de la “culpa” de todo esto. Esta vez el californiano se encarga tanto del guión, como de la dirección y la producción. ¿Sinónimo de éxito seguro? Pues la verdad es que no, pero experiencia no le falta ¿no os parece? La guapísima Jessica Morris encarnará a Reese, una de las protagonistas de la historia. El resto del elenco no despierta demasiado interés, pero tampoco creo que tenga demasiada importancia dadas las características del filme.

El 15 de mayo es el día elegido para la publicación de esta extraña, pero prometedora película. Sinceramente el guión no me atrae nada de nada, creo que hasta a mí se me podía haber ocurrido algo más original. Aunque como siempre todo está lleno de “peros”. Es posible que el experimentado director buscara una temática como esa y un guión igual de sencillo que ese. A veces se hacen cosas así para poder centrarse más en la estética de la película. Es algo que a mí, personalmente, no me parece del todo bien ya que el entretenimiento siempre se suele basar, en gran medida, en un guión bien elaborado y con un mínimo de originalidad. Las máscaras de los “muertos” (todavía no sabemos qué son exactamentes) en The Dead Want Women me han llamado muchísimo la atención, pero hay algo que no llego a entender. ¿Realmente se supone que en la película son máscaras o es que el presupuesto no daba para más? Voy a decantarme, como es lógico y como soy optimista por la primera opción. Que al fin y al cabo también es la más extraña y la que nos crea más dudas al rededor de la película. Con ese título yo me esperaba una película nueva sobre “tetas + zombies”, algo que no voy a decir que se ha puesto en moda, sino que nunca ha dejado de serlo. De lo primero tampoco creo que falte en esta, pero bueno… ¡a ver si ahora voy a tener que andar quejándome yo de eso! En resumen, que la película no tiene mala pinta, pero puede ir desde una propuesta interesante y entretenida a el mayor truño, con perdón, jamás rodado. ¡Ah! ¡Y no os olvidéis de que habrá tetas! [guiño, guiño]

Bad Channels

Una estúpida caspareseña para una gran caspamovie

Bad Channels Póster

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  • Título original: Bad Channels
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1992
  • Director: Ted Nicolaou
  • Guión: Jackson Barr
  • Intérpretes: Robert Factor, Martha Quinn, Paul Hipp
  • Argumento: Un alienígena, empeñado en abducir mujeres humanas, se hará con una estación de radio para conseguirlo, rock and roll mediante.

70 |100

Estrellas: 3

Bad Channels Grande

Una estación de radio emite el maratón rockero de Dan O’Dare, el polémico locutor del infierno. Para su sorpresa, aquel pequeño estudio pasará a convertirse en el centro de operaciones de un curioso extraterrestre que padece una incombustible obsesión por las féminas humanas. Sin saberlo, Dan y su hard rock infraproducido serán las herramientas usadas por el alienígena, y sus disfuncionales compañeros, para la consecución de sus aviesos objetivos.

Cuando en 1992 la gran mayoría de los españoles teníamos un ojo puesto la exposición internacional de Sevilla, y el otro sobre las olimpiadas de Barcelona, resulta que los extraterrestres cabeza de trufa (véase la sexta imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña) tenían su viciosa mirada concentrada en las esculturales curvas de las chicas estadounidenses. Desde luego, si existe vida inteligente más allá de esta bola de sinsabores, se trata de una civilización que nos lleva siglos de adelanto.

Y aunque ahora, veinte años después, el hombre occidental quiera dárselas de moderno con sus ipads, sus redes sociales y otras chorradas, resulta que seguimos sin conocer los secretos femeninos y como realizar el cortejo adecuadamente, ¿o queréis que os hable de algún programa de televisión de moda en la parrilla española? Sin embrago, los extraterrestres cabeza de trufa y sus robots parapléjicos (véase la segunda imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña) hace todo ese mismo montón de años que descubrieron un sencillo secreto: mezclar ondas hertzianas y un poquito de hard-rock, no falla, hasta las monjas de clausura oirán activarse los oxidados engranajes de sus vulvas.

Mediante su sofisticada varita mágica, con forma de espátula doblada y una linterna acoplada en la punta – que lo mismo te lanza un rayo eléctrico, te cubre de moho, que hipnotiza a las mozas casaderas –, y usando la antena de una estación de radio como amplificador, nuestro querido extraterrestre puede montar video-clipes de bajo presupuesto para sus victimas potenciales de secuestro (véase la tercera imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña).

Claro que el transporte siempre ha sido muy caro, no os digo cuantos litros de gasolina consume una nave especial de camino a Ganímedes. Pero los extraterrestres cabeza de trufa, que se las saben todas, idearon hace siglos un sistema para reducir cualquier objeto o ser vivo al tamaño de una miniatura y poder desplazarlo en cómodos vasos, y que si a mitad de camino te apetece un trago de refresco… pues ya sabes (véase la primera imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña).

Aunque los alienígenas del espacio exterior son seres muy sensibles. Vale, les gusta secuestrar chicas humanas de buen ver, pero fijaos lo bien que cuidan a sus mascotas musgoides. A los extraterrestres cabeza de trufa les encanta viajar de planeta en planeta con sus propias alimañas fungoides (véase la cuarta imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña). Unos simpáticos bichos probablemente parientes de Audrey II, sin gozar de su misma personalidad, por supuesto. Aunque toda criatura de más allá de la estratosfera tiene ciertas manías locales que siempre desentonan durante una invasión al uso:

¡Oye! Pero esto no puede ser, ¿cómo que se nos llevan a las mozas metidas en unos botes de cristal? ¡Encima a años-luz de aquí! Vaya drama, toda la tierra se va a terminar pareciendo al bonito pueblo de Plan. ¿Qué será lo siguiente? ¿Traer en un bus espacial “extraterrestras” cabeza de trufa solteronas? Pues alguien tendrá que hacer algo. A ver que héroes teníamos disponibles en 1992: Cobi no acertaría ni a mear dentro de la taza, Spiderman está demasiado ocupado jugando a los chinos con el Dr. Octopus y Superlópez no ha dejado de beber mojitos en el pabellón de Hawai desde que comenzó la Expo. Afortunadamente nos queda libre un tipo que no le tiene miedo a nadie, su piel con moreno de oficina se ha curtido en las emisoras más peligrosas de los E.E.U.U., su capacidad para soportar la polka es más legendaria aun que la de Steve Urkel. Ni más ni menos que Dan O’Dare, el único locutor de radio capacitado para emitir en la frecuencia 666 (véase la cuarta imagen de la secuencia de fotogramas que acompaña a esta reseña).

Vamos a ver, Charles Band (genio y figura tras la archiconocida Full Moon), ¿qué carajo habías tomado el día que tuviste la idea para esta película? ¿Cómo convenciste al genial Culto de la Ostra Azul para realizar la banda sonora? ¿No les pagarías con copias del VHS? Sabes que te apreció y respeto como a uno de los papis de las “caspamovies”, pero aquí la cabeza te derrapaba. ¡Vaya película demencial! Casi se sale de los cánones de tu productora.

¡No! No me malinterpretes, por favor. Vale que tu productora no vivía los mejores tiempos, lejos quedaban las joyitas de la Empire (como mis veneradas Torok o Ghoulies), pero es que el diseño de producción de Bad Channels es peor que su título. ¡Claro! Bastante tenías con intentar producir tres películas al año para recaudar con que pagarle los vicios a Ted Nicolau. Sí, bueno, ¿para qué buscar otro director? Total, el muchacho ya lo hizo todo lo mal que pudo en Subespecies; además como había dirigido Terrorvision, de la que ésta tiene mucho de calco borroso, seguro que se sentía cómodo con las imitaciones de actores que le impusiste.

Ahora no vengas con excusas Charlie, ¿cómo que Jackson Barr destrozó tu idea original cuando terminó el libreto? ¡Qué forma de esquivar las balas! Si se trataba de un hombre de la “casa”: Robot Wars, Trancers III, Mandroid, Semilla Negra… Vale que acabaste por darle la patada, pero los actores podrían haber sido algo más que “cachocannes”. De acuerdo que todos os tomasteis Bad Channels a cachondeo… ¡por supuesto que la considero una comedia! Jodidamente bizarra, eso sí. No obstante ni Paul Hipp ni Martha Quinn es que hayan tenido carreras reseñables, aunque desde luego no hacía falta mucho “arte y ensayo” para sacar adelante la película.

¡Ja, ja, ja! ¡Sí! Un buen delirio en cuanto a efectos especiales – que diseños Charlie, ¡como te pasaste! –, mucho plástico, robots hechos con un Mecano, sobredosis de spray verde, rayos pintados directamente sobre el metraje y chicas guapas. ¿Para que quiere uno buenos actores con esos ingredientes? Ahí te faltó un poco más de picante, es gracioso saber que toda enfermera lleva lencería fina debajo del uniforme pero podrías haber llegado “un poco más lejos”. Al fin y al cabo se trata de una película que quiere reírse un poco a costa del “rock and roll”, y la buena música debe rebosar poderío sexual. ¡Coñe Charlie! ¿Qué tendrá que ver el poderío sexual con tomarte ahora veinte viagras? Nada, que la mona por mucho que se vista de seda…

¿¡Qué si me han gustado los video-clipes!? Bueno, no sé que decir. Igual de poco creíbles que son los abortos de actores están los “hard-rockeros” que interpretan los temas. Todo tiene un gusto tan propio de los ochenta, antes que de los 90 (te costó estrenarla, ¿eh?), que es imposible no dejarse llevar por su naturaleza “camp”. Ahora bien, te reconozco que el video que incluye doctores bailando samba, pacientes trepanados, payasos cyberpunks, clowns psicópatas disfrazados de vaca y una monja punteando una guitarra de flecha… bueno, bueno… momentazo psicotrópico, increíble, “alunizante”, una pasada… lo mejor de tu carrera, sin dudas.

Bueno, no te mosquees. De acuerdo, estaba siendo un poco irónico pero mira, te voy a ser sincero: si tuviese que puntuar tu película como una “película de verdad” le daría un cero. Así, sin tapujos. Pero… ¡no llores todavía tonto! ¡Si esto de hacer películas intelectuales está pasado de moda!… De verdad, que si yo puntuase por su validez como “caspamovie” igual le daba hasta más de ciento cuarenta. ¡Te lo juro! Mira, vamos a dejarlo más o menos en una nota media entre 0 y 140. Porque igual lee esta reseña alguien que no entiende de que va esto de las películas tan malas que se convierten en una experiencia imprescindible. Espera, ¿¡qué te de más puntos?! No majete. Le pesa demasiado ser una cinta pensada y planteada como una serie “b” directa para el público más alienado, es todo muy obvio e inmediato, ¿me entiendes?

Mira Charlie, confórmate sabiendo que has dejado a lo largo de tu carrera obras cumbres como ésta, porque ahora no vas a conseguir resucitar de tu miasma auto impuesto. Y por supuesto no se me olvida tu intento, algo patético si me permites la sinceridad, de propiciar un marco común para varias de tus películas de los noventa. Invito a que todos aquellos valientes, que solo quieran chorradas durante hora y veinte, se queden hasta después de los créditos. Así serán premiados con la única escena que proporciona cierta lógica y coherencia argumental a Bad Channels y a sus hermanitas de la época… pero esa conversación la seguiremos otro día, ¿te parece Charlie?

Lo mejor: Es tamaña la locura a nivel argumental, tan absurda y patética en lo demás, que si quieres ver una MALA película, te hipnotizará como si fueses un niño pequeño.

Lo peor: Lo relativo a que es un subproducto: si no tienes ganas de ver una MALA película puede que estampes tu sofá contra la televisión.