
LA VALORACIÓN:
75 |100
Estrellas: 4

¿Una secuela de “Cabin Fever”?
Los primeros rumores hacen saltar las alarmas. “Cabin Fever” tiene un problema, y es que el malo –la bacteria- mata sin miedo y sin asedio. Una vez que te ha pillado, no tienes escapatoria. Es un asesino letal pero sin garra, puesto que sus víctimas mueren, no se convierten en un peligro para los demás: llega un momento en que el miedo desaparece.
Nuevos rumores: a los mandos de la secuela se va a situar Ti West. Eso es bueno y es malo. A mí me gusta, creo que es un tío que tiene estilo dirigiendo, ritmo y no hace nada porque sí, sino siempre buscando algo. Por el contrario, suele imprimir a sus películas un ritmo demasiado lento… hasta casi rozar el coñazo.
Por tanto, y pese a ser un fan de la primera parte, me puse a ver “Cabin Fever 2: Spring Fever” con pocos ánimos y mucha manga ancha.
Una empresa de agua mineral embotellada se nutre del depósito cercano a la cabaña del bosque, de manera que su último envío de mercancía a un pueblo cercano provocará que el baile de fin de curso del instituto se convierta en un baño de sangre. El propio Ti West, junto con Randy Pearlstein (guionista de la primera parte), ideólogos de la historia, y Joshua Malkin, guionista ejecutor, despliegan todas las estrategias de una secuela. Cambiamos, por tanto, de escenario: la cabaña por un instituto. También, se aumenta la dimensión de la catástrofe: ya no son tres parejas, son muchísimas más las que pueden ser afectadas por la bacteria asesina. Y se añade un grupo del Gobierno (¿?) que busca acabar con la infección.
Así, antes de llegar al baño de sangre que imaginamos que va a ser el baile de fin de curso, tenemos (¡Ay, Ti West y los ochenta!) a Dane (Alexander Isaiah Thomas), pringado oficial del cole, y John (Noah Segan), un joven sensible y un poco friki –sus amigos, salvo Dane, pasarán la noche del baile de graduación viendo en casa la novena parte de una saga de terror (sic)- enamorado de Cassie (Alexi Wasser), amigos de la infancia pero, ahora, separados por Marc (Marc Senter), el malote del instituto y novio de la chica. Lo malo de este material tan tópico es que es demasiado reconocible, lamentablemente, para muchos –entro los que me incluyo, por supuesto- y, encima, está tratado con cariño, admiración y respeto por West –por lo que, me temo, él también formaba parte de esta ecuación universal de frustración adolescente. De manera que, conforme avanzan los minutos, no sabes de qué tienes más ganas: si de que estalle la infección en toda su magnitud, o de seguir viendo un buen capítulo, quizás de los mejores, de “Aquellos Maravillosos Años”. Pero, claro, las referencias no acaban ahí: están los profes de “Grease”, y las calles –casi calcadas- de “La Noche de Halloween”.
Quiero hacer hincapié en esto: quien no esté dispuesto a ver una versión gore de un episodio de “Dawson Crece”, debe alejarse de esta película como alma que lleva el diablo. Porque si el capítulo adolescente-emocional es muy completo, el sangriento tampoco está mal servido. Hay un par de explosiones de hemoglobina antes de que estalle el verdadero baño de sangre, el baile de graduación, y cuando esto sucede, hasta uno, como espectador tiene la sensación de estar pringado. Algo parecido me ocurrió con “Planet Terror”, de Robert Rodríguez: llega un momento en que todo es tan desfasado, cafre y divertido que se supera el asco y, simplemente, se empieza a disfrutar con la pringue. Aunque, personalmente, los dos momentos más destacables a este nivel, desde luego, suceden al margen de la fiesta. El primero es una felación en los baños del insitituto donde descubrimos que, probablemente, la chica encargada de hacerla esté contagiada… y el segundo, las consecuencias de este acto para el pene del muchacho.
Las notas más peliagudas de la película se alcanzan en el tramo final. “Cabin Fever 2” es una película coral: hay muchos personajes, y cada uno de ellos tiene su propia trama. Para el final, salvo una excepción, se ha optado por concluirlas por separado. Si uno, como fue mi caso, está imbuido y disfrutando con la película, todas y cada una de las conclusiones entran bien, cierran sus tramas y la sensación general es buena. Pero es cierto que, en frío, lo inconexo del último acto parece llevar a preguntarte si eran necesarias tantas historias o algunos elemento importantes, como la misma fiesta de graduación: si la infección anda por todo el pueblo, ¿para qué hacer tanto énfasis en la noche de graduación? En la trama principal, la que llevan sobre sus hombros John y Cassie, se intenta sustituir un final contundente con un par de escenas sangrientas para camuflar que ésta, en realidad, se queda inconclusa. Lo mismo que la del agente Winston –que reaparece en esta secuela- y su colega: ¡maldición!, esta sí que está mal resuelta, y se nota sobre la marcha.
Pero también quiero insistir en esto: a mí, por encima de todo, me pareció una película divertidísima. Empezando por los créditos de apertura, dibujos animados, y acabando por los de cierre, nuevas animaciones que enseñan qué es de algunos secundarios, todo parece estar cuidado, mimado y meditado para que luzca y entretenga. Ti West rueda como Dios y aquí, una vez más, lo confirma. Es capaz de darle personalidad y entidad a un material tópico y escasamente original. Se olvida de sus pretensiones grandilocuentes y artísticas, y se centra en algo mucho más básico pero, por qué no decirlo, más difícil: entretener durante una hora y media. Y lo consigue, vaya que sí, a pesar de que podía haberse perdido por vericuetos “profundos”: recordemos que “Cabin Fever” tenía una doble lectura. Su mecánica funcionaba bien tanto a nivel argumental como a nivel metafórico (la infección se propagaba en función del grado de intolerancia de los jóvenes). No hay rastro de eso en “Cabin Fever 2: Spring Fever”, aunque tampoco se lo echa en falta.
Lo mejor: Que abundan las cosas buenas en la película.
Lo peor: Lo fácil que lo tienen el agente Winston y su colega para escapar del pueblo.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Cabin Fever 2: Spring Fever” en VOSE.
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Por Manu | manuelgaymoreno@yahoo.es
| El Teclado del Portátil
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Los amantes del género post-apocalíptico en su versión pandemia vírica estamos de enhorabuena. Tras el buen sabor de boca que nos dejó a muchos de nosotros el Infectados (Carriers) de los hermanos Pastor, ahora le toca el turno a la película independiente 2084, dirigida por George Blumetti.
2084 vuelve a echar mano de un argumento universal para situarnos en un panorama post-apocalíptico, provocado por un agente altamente infeccioso, y en el que los gobiernos de todo el mundo han aconsejado a las famílias que se refugien en sus casa y no salgan al exterior bajo ninguna circunstancia.
Pero el tiempo pasa, los gobiernos se desploman y la comida y el agua empiezan a escasear. La supervivencia no será fácil.
Todavía no se conoce fecha de estreno para 2084.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 23/12/09 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: apocalipsis,
infeccion

Segundo trailer para The Crazies, remake de la película homónima dirigida por el gran George A. Romero en 1973 que se estrenará en los USA el próximo 26 de febrero. En esta ocasión la dirección corre a cargo de Breck Eisner. Os recuerdo el argumento del remake de The Crazies: En Pierce County, un apacible pueblo de Iowa, los principales suministros de agua se ven contaminados por una misteriosa toxina que lleva hasta la locura a todos aquellos vecinos que la consumen… hasta el punto de matarse entre ellos.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 13/12/09 | CATEGORIAS: Noticias

LA VALORACIÓN:
67 |100
Estrellas: 4

Palabras, palabras, palabras… teléfono, armario, tienda, salón, especie, sal, libro, pulsera… ¿alguna de estas palabras será la escogida?
A través de la palabra podemos expresar nuestro estado de ánimo. Nuestros sentimientos hacia otra persona. A través de la palabra podemos transmitir una buena noticia, prestar apoyo, dar ánimos, revelar una verdad… Pero a través de la palabra también podemos mentir, humillar, herir, provocar la ira y el odio de quiénes nos escuchan, incitar a la revolución, a las armas… matar.
Nuestras palabras suelen ser un fiel reflejo de quiénes somos y de cómo somos.
Por todo ello deberíamos ser responsables de nuestras propias palabras, pero… ¿lo somos realmente?
¿Qué ocurriría si en plena era de la información (de la sobreinformación), cuando nuestros oídos parecen condenados (y acostumbrados) a escuchar cualquier tipo de argumento, venga de dónde venga, y por más banal o simplemente estúpido que éste resulte; de pronto esas mismas palabras de las que os hablaba se revolvieran furiosamente en nuestra contra y fueran las causantes de nuestra aniquilación?
Un panorama parecido a este es el que dibuja el canadiense Bruce McDonald en su película de bajísimo presupuesto Pontypool, basada en la novela de Tony Burguess “Pontypool changes everything”.
Durante una fría noche de invierno el experimentado locutor de radio Grant Mazzy (excepcional interpretación de Stephen McHattie) se dispone a iniciar su programa en la emisora local de Pontypool. Pronto le llegarán noticias del exterior que hablan de un extraño virus que está afectando al comportamiento de los habitantes de la pequeña localidad canadiense.
Soy el primero en reclamarle al cine de terror un plus de originalidad. Historias novedosas que no hayamos experimentado con anterioridad. O quizás las mismas historias de siempre pero contadas desde un punto de vista insólito, atrevido, distinto.
Pontypool recoge el testigo y nos cuenta una típica y apocalíptica historia de infecciones desde una perspectiva tremendamente novedosa. Bruce McDonald huye de todo cuánto pueda resultar explícito u obvio y construye, de manera espléndida durante los primeros cuarenta minutos de película, una auténtica pesadilla que va tomando forma únicamente a través de la palabra. La profunda voz de Grant Mazzy, un experimentado locutor que ha acabado sus días en una pequeña emisora local, nos va ofreciendo, poco a poco, las piezas necesarias para construir un terrible puzzle cuyo resultado final pondrá nuevamente en jaque a la raza humana.
La información que llega del exterior de la emisora es escasa y confusa. Averiguar lo que está ocurriendo no es sencillo. Tan sólo tenemos las palabras de Mazzy, a través de su propia versión de los hechos y de las entrevistas que van entrando en antena, para hacernos a la idea de lo que está sucediendo.
El punto de partida de Pontypool es espléndido. Y también resulta meritoria la manera en que Bruce McDonald desarrolla dicho punto de partida. Todas las secuencias en las que el locutor de radio establece contacto con el reportero exterior de la emisora, que se encuentra fatídicamente en el lugar de los hechos, disfrutan de una increíble intensidad y energía.
Es sorprendente comprobar cómo fulanito es capaz de dirigir toda nuestra atención en los sucesos que se van desgranando en la película cuando, en realidad, lo único que estamos viendo en la pantalla es a un viejo y cansado cowboy sentado frente a un micrófono de radio. Crear un contexto de tensión y terror recurriendo, únicamente, a la palabra (y por supuesto a nuestra capacidad, como espectadores, de imaginar lo que posiblemente se esconda tras cada una de esas palabras). No hay sangre, apenas hay violencia explícita (a excepción de una pobre infectada dándose de cabezazos contra un cristal), ni siquiera acción –en el sentido más físico del término- y sin embargo asistimos a un verdadero escenario pre-apocalíptico que nos preocupa y nos mantiene alertas.
Cómo ya he dicho antes, el mérito es enorme. Y el riesgo asumido por parte de Bruce McDonald también lo es. Pontypool está muy lejos de ser una película fácil.
Para muchos, un novedoso y fascinante punto de vista hacia el género de los infectados y/o zombis. Pero estoy convencido que para muchos otros no será más que una propuesta pretenciosa, vacía, agotadora y tremendamente aburrida. La línea que separa una percepción de otra, en esta ocasión, me parece que es muy fina.
Y es que Pontypool, pese a que un servidor la disfrutó como un magnífico ejercicio de suspense y tensión que logró captar, desde su mismo inicio (con el surrealista diálogo en off que inaugura la película), toda mi atención; dista mucho de ser una película perfecta.
Hay un par de detalles importantes que juegan decididamente en su contra. El primero de ellos es la forzadísima aparición de un personaje (el doctor) cuya única misión parece ser la de dar el máximo de explicaciones (muchas de ellas reiterativas y superfluas) en el mínimo espacio de tiempo. No era necesario. Da la impresión de que a Bruce McDonald, en un momento dado, le asaltaran las dudas de si el espectador sería capaz de comprender todo lo que estaba sucediendo en Pontypool, y decidiera, finalmente, introducir al mencionado personaje para intentar dejar las cosas más claras. Repito, no era necesario.
El segundo defecto hace referencia al exceso de equipaje en el tercio final de la película. Está claro que los diálogos, lejos de ser un recurso más o de dar simplemente apoyo a las imágenes que les acompañan, son la base sobre la que se fundamenta una película como Pontypool. Nada que objetar al respecto. Es la carta a la que juega Bruce McDonald y su apuesta le sale realmente bien durante la mayor parte del tiempo. Pero también es cierto que en ocasiones, y debido al exceso de diálogo, crece la sensación de que uno no sabe muy bien hacia dónde se dirige Pontypool. Los protagonistas llegan a conclusiones sobre el mal que les afecta por caminos, en ocasiones, difíciles de comprender, confusos. Son instantes en los que resulta fácil perderse ante la marea de explicaciones, teorías, suposiciones, etcétera que, supuestamente, dan respuesta a todo lo sucedido con anterioridad en el film.
Pese a todo, Pontypool es una magnífica película. Una propuesta formalmente minimalista que hace del diálogo y la palabra su principal valuarte y una de las miradas más originales y arriesgadas de los últimos tiempos al anquilosado género de los infectados/zombis. Pero eso sí, sed concientes de que no es una película fácil y que, sin duda alguna, no gustará a todo el mundo.
Lo mejor: Sin duda su originalidad y la capacidad de crear tensión a través de la palabra.
Lo peor: Algún personaje que irrumpe en la trama de manera muy forzada.
¿Dónde conseguirla?
Gorenation: “Pontypool” en VOSE.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
73 |100
Estrellas: 4
La primera vez que escribí sobre Carriers, estando todavía la película en fase de postproducción y sin título definitivo en castellano, cometí el error de afirmar que se trataba de una, a priori, interesante propuesta de zombis/infectados.
Alguien tuvo el acierto y la amabilidad de corregirme y darme a entender que en Infectados (título definitivo en castellano) no había zombis y que, en todo caso, podíamos hablar de una película únicamente de infectados.
Pues bien, ahora por fin he tenido la oportunidad de ver Infectados y os puedo asegurar que, efectivamente, no tiene nada que ver con una película de zombis al uso. Incluso me atrevería a decir que ni siquiera estamos ante una película estrictamente de infectados (a pesar de que, cómo no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el título de la película, infectados sí los hay).
Sin embargo creo que el meritorio salto de los hermanos Pastor al largometraje debemos contemplarlo, ante todo, como una película de supervivientes. Un, por momentos, desgarrador drama en el que vuelve a colocarse al ser humano en una situación límite de subsistencia, y en cuyas circunstancias deja nuevamente al descubierto las miserias de aquel, su crueldad, sus debilidades y, sobre todo, su fragilidad. Infectados describe un camino cuyo único destino posible es la pérdida de todo aquello que nos hace humanos, que nos hace reconocibles como tales.
El argumento de Infectados cuenta la historia de cuatro amigos (dos de ellos hermanos con una relación muy estrecha) que se dirigen hacia una playa del Golfo de México escapando de una pandemia vírica que amenaza con extinguir la raza humana.
Las carreteras secundarias transitadas por los protagonistas de Infectados nos resultan, cuanto menos, familiares. Es relativamente sencillo buscarle antecedentes o referencias, tanto cinematográficas como literarias, a la historia universal de tintes apocalípticos que nos cuenta Infectados. La originalidad, a simple vista, no es su punto fuerte.
Sin embargo los hermanos Pastor demuestran el talento necesario para convertir lo que en principio parecería todo un handicap (la falta de originalidad), en una propuesta distinta a lo que muchos aficionados al género esperábamos y no por ello menos atractiva y turbadora.
Los hermanos Pastor centran todos sus esfuerzos en las secuencias dramáticas, en las que situaciones extremas de supervivencia pondrán a prueba las convicciones morales, las creencias, la resistencia física y psíquica, y en último lugar la cordura de quiénes se ven obligados a decidir entre abandonar a los suyos y seguir adelante, o permanecer al lado de aquellos a quiénes aman y garantizarse así una muerte segura.
Son momentos de una elevadísima intensidad emocional que los hermanos Pastor acometen con decisión y aplomo. Son secuencias ásperas, secas, dolorosas, rodadas la mayoría de ellas a plena luz del sol, desprovistas de artificios inútiles que intenten enfatizar de alguna manera el mensaje y que, en definitiva, logran transmitir toda la agonía, el desasosiego, la amargura, y la fragilidad de cada uno de esos incomodísimos momentos y de cada una de las personas afectadas. Más allá de lo que cuenta la película, su verdadero mérito está en cómo lo cuenta; y en dichos instantes es cuando Infectados encuentra su verdadera razón de ser y deviene un gran acierto.
Por desgracia, el hecho de que el debut de los hermanos Pastor deambule por un género tan marcado cómo es el de las pandemias infecciosas decididas a finiquitar la humanidad, provoca que sea tan decisivo hablar de lo que puede ofrecernos Infectados cómo de los que no está dispuesta a ofrecernos. En otras palabras, se me antoja importante aclarar qué es Infectados, y qué NO es Infectados.
Los hermanos Pastor rechazan casi de facto cualquier indicio de truculencia o violencia explícita. Quién espere de Infectados una película repleta de acción con infectados corriendo tras los pasos de los últimos supervivientes, sencillamente se está equivocando de película. Nada de esto está presente en Infectados. Incluso cuando los hermanos Pastor toman la decisión de ceder un mínimo espacio a ciertos mecanismos de horror puramente físico (en contraposición al horror psicológico al que se someten los protagonistas de la película durante la mayor parte de su metraje), su película acaba resintiéndose y mostrando sus peores registros (ver la forzadísima escena de las sábanas y la secuencia del hotel/residencia de lujo).
Y a estas alturas, con todo lo afirmado hasta el momento, ¿todavía cabe la posibilidad de plantearnos si Infectados da realmente miedo? No olvidemos que nos enfrentamos al fin de la humanidad. A mí, personalmente, una determinada escena protagonizada por un padre y su pequeña hija, me causó auténtico pavor.
Infectados es un magnífico drama psicológico, bien interpretado, mejor rodado y que nos ofrece una interesante y personal mirada sobre un género cuyos márgenes de maniobrabilidad son, ciertamente, muy estrechos.
Excelente puesta de largo la de los hermanos Pastor.
Lo mejor: La intensidad que los hermanos Pastor imprimen a cada una de las secuencias dramáticas de la película.
Lo peor: La secuencia del Hotel/Residencia de lujo.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
66 |100
Estrellas: 4
Uno diría que el bueno de Jake West tiene algo en contra de las mujeres. Tras debutar en el 2005 con Evil Aliens, una entrañable serie Z en la que una desdichada campesina embarazada era el detonante de la más descacharrante y descerebrada invasión alienígena de los últimos tiempos; el director británico vuelve ahora a la carga con Doghouse, una divertidísima comedia con todos los números para ser catalogada de misógina y sexista a partes iguales.
Un grupo de amigos decide reunirse, alquilar una furgoneta (con conductora incluida), dirigirse a la lejana población de Moodley -en la que se comenta que la proporción de hombres y mujeres es de cuatro a uno a favor de las féminas-, y celebrar por todo lo alto el inminente divorcio de Vince. Por supuesto los planes para la celebración incluyen lanzarle el anzuelo a toda mujer de Moodley que camine sobre dos piernas y/o ingerir suficiente alcohol como para quedar inconscientes.
Pronto descubrirán que sus posibilidades de intimar con cualquiera de las mujeres de Moodley son prácticamente nulas, sobre todo teniendo en cuenta que todas ellas se han convertido, por obra y gracias de un virus de origen militar, en salvajes criaturas hambrientas de carne… masculina.
Las mujeres que aparecen en Doghouse se dividen en dos grandes grupos: por un lado las esposas y novias de los protagonistas, todas ellas manipuladores, posesivas, irracionales e histéricas. Por otro lado las habitantes de Moodley, todas ellas zombis/infectadas que parecen sacadas de un prostíbulo, y con una enorme predisposición a hincarle el diente al primer macho alfa que se cruce en su camino.
¿Alguien dijo sexista?¿Misógina tal vez? Bueno… que nadie se eche las manos a la cabeza antes de tiempo. Es cierto que en Doghouse las mujeres, en general, salen muy mal paradas, pero no hay que perder de vista que la nueva película de Jake West no es más que una comedia desmadrada y gamberra que tiene en las mujeres zombis/infectadas su principal reclamo.
Además, en ese empeño por desprestigiar a todo el colectivo femenino de una tacada, a Jake West se le cuela un grupito de muchachitos londinenses (bando masculino) adictos a los pubs, incapaces de resistirse a los encantos de las mujeres (impagable el momento en el que los chicos, durante el único respiro del que disfrutan durante su estancia en Moodley, no se les ocurre otra cosa que discutir sobre cual de las zombis/infectadas es la más sexy), inmaduros, simples, torpes y decididamente estúpidos e incompetentes.
En realidad, todos en Doghouse, tanto hombres como mujeres, obtienen su merecido. Y si alguien siente la tentación de tomarse demasiado en serio el sexismo irreverente de Doghouse, le invito a que dedique un ratito del día a buscar en su interior ese bien tan preciado (y en ocasiones tan olvidado) que es el sentido del humor.
Pero al margen de esta estereotipada y tendenciosa lucha de géneros que se establece en Doghouse, la película debe ser vista (admirada) cómo lo que realmente es: una magnífica horror-comedy (muchísimo más “comedy” que “horror”) cargada de divertidos diálogos, situaciones ridículas y delirantes, efectivas interpretaciones de todo su reparto masculino, un sanísimo gore, y la edificante presencia de unas zombis/infectadas muy cercanas a la caricatura, incondicionales del látex, y armadas con gigantescas espadas, cuchillas de afeitar, tijeras, utensilios de carnicero, etecétera.
Doghouse no pretende ser más que un sencillo pero efectivo divertimento que juega con la mezcla de géneros (con el peligro que ello siempre entraña) para acabar ofreciéndonos una entretenidísima y sangrienta batalla de sexos en la que el humor siempre sobrevuela por encima del horror.
Poco más que decir sobre una película en la que Jake West da un importante paso adelante como cineasta (la calidad técnica de Doghouse, en todos los aspectos, es infinitamente superior a los visto en Evil Aliens), sin abandonar del todo esa vena gamberra y disparatada de su recordado debut.
Sin ser una obra maestra dentro del dificilísimo género de las comedias de horror, Doghouse logra exactamente lo que se propone: divertir y entretener sin dejar apenas espacio al aburrimiento. Muy recomendable.
Lo mejor: Es un sano entretenimiento que no engaña a nadie.
Lo peor: Algunos altibajos en el ritmo.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Doghouse" en VOSE.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
55 |100
Estrellas: 3
EL ORÍGEN DE TODO
Desde el primer instante en que se anunció la continuación de REC, las espadas se mantuvieron en alto.
REC fue, junto a El Orfanato de Juan Antonio Bayona, y para sorpresa de propios y extraños, la gran triunfadora del 2007 en materia de cine de género. Una auténtica marea que arrastró consigo a una legión de fans (entre los que me incluyo) tanto en España como a nivel internacional.
Las claves del éxito de REC fueron varias: situar la acción en un viejo edificio de apartamentos del Eixample barcelonés (una localización que aunaba el realismo requerido para el evento con una logradísima sensación de claustrofobia), un continuo uso del punto de vista en primera persona que, sin ser estrictamente innovador (ver El Proyecto de la Bruja de Blair), Balagueró, Plaza y Pablo Rosso (director de fotografía) elevaron hasta un nivel superior -magistral- convirtiendo un recurso puramente formal en un auténtico sello de distinción de la película.
Unos personajes (vecinos, policias, bomberos y equipo ENG) que resultaban todos ellos cercanos e incluso familiares, lo cual facilitaba enormemente la tarea de identificarnos con cualquiera de ellos de manera inmediata y sin demasiado esfuerzo.
Y, finalmente, una trama de virus e infecciones ignotas de la que apenas obteníamos información alguna y que desembocaba en un tramo final, con un asombroso giro hacia lo sobrenatural, que acababa de redondear la propuesta.
La conjunción de todos estos elementos, sabiamente mezclados por Balagueró y Plaza, dieron como resultado una película de género extraordinaria, fuera de lo común; cargada de tensión, sobresaltos, adrenalina, ingenio, sensación de realismo y, sobre todo, sobrada de talento por parte de sus creadores. En pocas ocasiones una película nos ofreció tanto con tan poco.
Y mientras REC se convertía prácticamente en una pieza de culto instantáneo, la posibilidad de una inminente secuela que intentara aprovechar el éxito de su predecesora se hacía inevitable (pese a que Balagueró y Plaza siempre reconocieron plantearse REC como una única entrega sin necesidad de continuación).
REC 2: MÁS Y… ¿MEJOR?
El punto de partida adoptado por Balagueró y Plaza para sacar adelante la secuela de REC me pareció inmejorable.
Situar la acción de REC 2 en los instantes inmediatamente posteriores a lo acontecido en REC y conservar dos de las grandes señas de identidad del original, su localización y el punto de vista en primera persona son, sin duda alguna, grandes aciertos.
Por un lado, todos los que disfrutamos de la horrible experiencia que supuso en su momento REC, estábamos deseando regresar al viejo inmueble del Eixample barcelonés y conocer el destino final de buena parte de quienes fueron sus inquilinos.
Por otro lado era obvio que Balagueró y Plaza mantendrían vigente en REC 2 el recurso formal que tanto bien le hizo a su predecesora: el punto de vista en primera persona. Pero Balagueró y Plaza son dos tipos inteligentes que de esto saben mucho. Conocedores del hecho de que cualquier buena secuela que se precie debe estar regida por el principio del “Más y Mejor”, Balagueró y Plaza explotan al límite el mencionado recurso formal para obsequiarnos con un fabuloso juego multicámara que nos ofrece el punto de vista de distintos personajes (GEOS, a través de las cámaras de sus cascos, y la handycam de un grupo de adolescentes), lo que permite a estos dos creadores (y magníficos creativos) divertirse de lo lindo con la rotura constante de la linealidad temporal y espacial de la narración (al tener diversos puntos de vista podemos viajar constantemente de un lugar a otro del inmueble con tan sólo cambiar de cámara, o incluso rebobinar el material grabado de alguna de las cámaras para volver atrás en el tiempo), y lo que es más complicado, lograr que dicho juego siga resultando atractivo y divertido, no únicamente para ellos, sino también para el espectador.
Por supuesto la máxima del “Más y Mejor” no solamente iba a ser aplicada por los creadores de REC 2 en un plano meramente formal. REC 2 tiene más de todo (o casi): más cámaras, más infectados (por llamarlos de alguna manera), más niña de Medeiros, más sangre, más sobresaltos, más acción (mucha más acción) y, sobre todo, muchas… muchas más explicaciones.
Balagueró y Plaza, apoyándose en los últimos quince minutos de REC, se suben a lo alto del trapecio y realizan un triple salto mortal hacia delante sin red. Si lo que, aparentemente, conocimos en REC era una especie de virus extraño que campaba a sus anchas por el edificio y que convertía a los infectados en criaturas rabiosas y sedientas de sangre… en REC 2 mejor nos vamos olvidando del tema. Balagueró y Plaza nos obligan a una nueva relectura de los hechos (repito: apoyándose en el tramo final de REC) y nos aproximan a una nueva realidad mucho más cercana a la Posesión Infernal (Evil Dead, 1981) de Sam Raimi que a los 28 Días Después (28 Days Later, 2002) de Danny Boyle. Es un salto muy, pero que muy arriesgado. Intuyo que no pocos fans del primer REC acabarán renegando de esta nueva realidad y se sentirán traicionados por un devenir de los acontecimientos que rompe la esencia más realista de la película original para decantarse, definitivamente, por el sendero de lo rigurosamente sobrenatural y demoníaco. Ver a los ¿infectados? comportarse, puntualmente, de forma tan distinta a cómo lo hacían en REC, resulta complicado de asimilar.
Personalmente acabé aceptando esta nueva realidad propuesta por REC 2. Creí que lo más acertado era, una vez puestos, dejarse llevar y entrar de lleno en la nueva apuesta de Balagueró y Plaza. Al fin y al cabo es una apuesta que demuestra valentía (más allá de que cada uno de nosotros la acepte o no). Así que, si en lugar de simples “infectados” ahora tenemos algo distinto… no hay problema (me dije)… sigamos adelante.
PERO AHORA, ¿CON QUIÉN NOS IDENTIFICAMOS?
Otro de los aspectos que cimentaron el éxito de REC era esa sensación de realismo que se reflejaba perfectamente en la descripción de los personajes, especialmente en el comportamiento y las reacciones de policias, bomberos e inquilinos del inmueble (y que Balagueró y Plaza supieron plasmar tan eficazmente en la secuencia de las entrevistas a estos últimos).
En REC 2 los protagonistas que se adentran en el inmueble son un grupo de GEOS armados hasta los dientes, un inspector de sanidad que les acompaña y que sabe más de lo que aparenta, un bombero que anda muy despistado, y tres adolescentes de la era YouTube que se adentran en el inmueble (situación bastante inverosímil) dispuestos a grabar un vídeo que será la envidia de sus compañeros de instituto.
En pocas palabras: me importaba muy poco el destino de todos y cada uno de estos personajes (algo que no ocurría en REC).
Hubo momentos en los que me pareció asistir a una cacería de infectados por parte de los GEOS (aunque la situación también funcionaría a la inversa: infectados dando caza a los GEOS), en la que me daba absolutamente lo mismo si la próxima víctima era un infectado o un GEO (y por supuesto tenía muy claro que me iba a alegrar cuando la víctima fuera uno de los estúpidos adolescentes que acceden al edificio a mitad de película). No sentí empatía alguna por ninguno de los personajes que aparecen en REC 2 y creo que ese es uno de los elementos que juegan en contra de la película.
MÁS ACCIÓN, MÁS SANGRE… MENOS SUSTOS.
Es cierto que uno de los principales escollos que debe superar cualquier secuela es la pérdida del factor sorpresa. REC 2 intenta superar esta dura prueba a través de un giro radical de los acontecimientos y de la acumulación de secuencias de acción (mucho más numerosas que en el REC original). Sin embargo se pierde por el camino uno de los aspectos básicos que hicieron de REC un éxito a escala internacional: la sensación de miedo. Un mayor número de ataques por parte de los infectados no significa un aumento de la sensación de miedo que llegan a trasmitir dichos ataques. En realidad, el efecto final es el contrario. REC 2 gana en adrenalina y energía lo que, por otro lado, pierde en suspense y capacidad de horror. Los ataques de los infectados, mucho más directos y rápidos que los vistos en REC, ya no sorprenden, ya no impactan de la misma manera que lo hicieron antaño, e incluso tuve la extraña (y desapacible) sensación de que algunas escenas de los ataques de REC 2 eran prácticamente calcadas a lo que ya vi en REC hace un par de años.
Sé que en este sentido Balagueró y Plaza lo tenían realmente complicado. El REC original exprimía sus virtudes (y su originalidad) hasta cuotas insospechadas, lo que exigía un esfuerzo extra a la hora de presentar algún tipo de innovación en las secuencias de violencia protagonizadas por los infectados. No creo que finalmente lo consiguieran…
REC 2 tiene mucha más acción que el primer REC, pero también resulta mucho menos terrorífica.
EL FINAL PARA EL FINAL… Y CONCLUSIONES
El giro final de REC 2 tan sólo contentará o convencerá a aquellos que previamente hayan pagado el peaje del giro argumental hacia lo sobrenatural al que me referí con anterioridad. Personalmente celebré el regreso de uno de los personajes principales de la serie y también el hecho de que tuviera en su mano la llave de una posible (y muy probable) tercera entrega.
En definitiva, REC 2 no me ha convencido. Y es una verdadera lástima ya que soy un incondicional de la primera parte y estaba ansioso por comprar mi entrada y sentarme en la cómoda butaca del cine para disfrutar de esta esperadísima secuela.
REC 2 aporta más acción y más hemoglobina, pero en cuanto a sensación de horror puro y de experiencia angustiosa sale terriblemente malparada al compararla con el original.
La sensación de realidad que ofrecían los personajes y las situaciones del primer REC se pierden en esta continuación. Y no solamente por ese controvertido giro hacia lo sobrenatural en la trama de REC 2, sino también por la poca empatía que son capaces de generar los nuevos personajes que se adentran en el inmueble.
Aún así creo que lo más oportuno para todos aquellos que disfrutasteis con el REC original es que os acerquéis a este REC 2. Cierto que, personalmente, me llevé una leve decepción, pero también es muy cierto que la película está cosechando muy buenas críticas, hasta el punto de leer, en varias ocasiones, que se trata de “la secuela perfecta”.
Por supuesto, y como siempre, la última palabra es vuestra.
Lo mejor: El esfuerzo por parte de Balagueró y Plaza por ofrecernos algo distinto e innovador pero respetando las constantes vitales del original.
Lo peor: Que dicho esfuerzo no se vea recompensado con un resultado final a la altura de las expectativas. Más acción pero menos horror.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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Sinopsis:
Danny McCoyne es un hombre joven, sencillo, esposo y padre de familia, alguien completamente normal. Su vida se limita a trabajar, estar con su familia y soñar con una vida mejor.
Un día como cualquier otro,es testigo de un violento crimen aparentemente sin sentido, vuelve al trabajo, vuelve con su familia y vuelve a soñar. Al día siguiente, presencia más ataques brutales y comienza a sentir que algo no va bien.
En un cortísimo espacio de tiempo, los ataques entre ciudadanos son constantes y los medios de comunicación no pueden dar una explicación de lo que está sucediendo. Pronto la ciudad es tomada por los “hostiles”,personas aparentemente normales, cuyo objetivo es matar a los que no son como ellos, incluyendo familiares, amigos y personas desvalidas.
Las autoridades no saben cómo actuar y Danny sólo sabe que algo comienza a desquiciarse por momentos.
Comentario: Estamos ante una de las llamadas “novelas apocalípticas” adaptable 100% al cine, de hecho, Odio será el próximo proyecto de Juan Antonio Bayona (“El Orfanato”) como director y Guillermo Del Toro en la producción.
El gancho del libro precisamente es ese y así se ve en la portada española “la próxima película del director de El orfanato”... pero realmente Odio es mucho más (admito que para mí el gancho fue la impactante portada inglesa).
Una vez que tenemos la novela y la leemos (máximo 2 días por su agilidad y lenguaje rápido), nos queda el tiempo de reflexión y explicaciones de lo que ha acontecido en nuestra mente mientras pasábamos las páginas.
Odio nos refleja a todos nosotros, Odio muestra el sentimiento imperante de la época que nos ha tocado vivir, Odio nos busca... y nos encuentra.
Lo que David Moody pretende es llamar nuestra atención y ofrecernos dos alternativas: odiar o ser odiado, matar o morir. Adelanto que la decisión es complicada porque cualquier elección tiene un desenlace fatal.
A priori, la novela rememora situaciones de sobra conocidas en le género de ficción y terror, como son las plagas, ataques inesperados, invasiones e incluso la amenaza zombie (sin que realmente tenga nada que ver con ninguna). Las actuaciones de los personajes cambian sin explicación alguna y se vuelven letales, lo espelucnante es que cualquiera puede ser un asesino, cualquier persona de tu adorada familia puede desear matarte con tanta rabia y ensañamiento como pueda mientras tú solo te preguntas por qué.
El realismo de la novela se acentúa porque la “enfermedad” que trasforma a las personas es el odio, y señores, de odio estamos llenos, por lo que cualquiera es susceptible de dejar aflorar su instinto más primario: la supervivencia.
El magistral manejo del personaje protagonista (Danny) por parte de Moody, nos hace identificarnos totalmente con él, todos tenemos una vida más o menos “programada” y días exactamente iguales al anterior, todos, más o menos nos conformamos con la felicidad que nos da el sentirnos queridos y el querer a alguien, pero todos en algún momento hemos pensado que nunca hubiéramos imaginado que nuestra vida se iba a convertir en lo que ahora es.
Todos en algún momento hemos odiado al mundo por lo injusto que ha sido, en definitiva, todos somos Danny McCoyne, héroe y antihéroe.
La habilidad del discurso de Moody radica en presentar una realidad posible, en desmantelar el juego de una sociedad condicionada por los medios de comunicación y la indefensión total ante la hecatombre.
La estructura de la novela cambia a medida que conocemos de primera mano la actitud de los “hostiles” y el desenlace abierto a múltiples posibilidades reafirma la desesperanza de un mundo abocado a la destrucción.
La comparación con Soy Leyenda de Matheson parece inevitable (y por favor no penséis en la horrible adaptación de Francis Lawrence) de , así como recuerdos de “la invasión de los ultracuerpos”, ”El Amanecer de los muertos”, ”28 días después” o la más reciente “El Incidente” vendrán a nuestra memoria una y otra vez.
La conclusión, como siempre, es la invitación a conocer la novela, adentrarse en el mundo que nos tiene preparado David Moody y elegir el desenlace que perferiríamos. Os aseguro que Odio engancha y que odiareis el no haber leído esta novela.









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