
- Título original: The Love Witch
- Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2016
- Director: Anna Biller
- Guión: Anna Biller
- Intérpretes: Samantha Robinson, Jeffrey Vincent Parise, Laura Waddell
- Argumento: Una bruja enamoradiza de la época moderna busca a su príncipe azul dejando un rastro de cadáveres a su paso.
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- 2.5/5
Elaine, una bruja joven y hermosa, está decidida a encontrar a un hombre que la ame. En su apartamento gótico, de estilo victoriano y decorado al estilo “wicca”, prepara hechizos y pociones, usándolos para seducir a los hombres: junto a su escultural cuerpo resultan una combinación irresistible. Sin embargo sus hechizos funcionan demasiado bien, terminando con una cadena de víctimas infelices. Cuando finalmente encuentra al hombre de sus sueños, su desesperación por ser amada la llevará al borde de la locura y el asesinato.
La pócima cuidadosamente preparada por la bruja del amor, según ella misma la fantasía definitiva del hombre, contiene entre otros ingredientes: un manojo de alegato feminista; dos pizcas de melodrama barato; una crujiente cobertura de parodia, quién sabe el grado de involuntariedad de la misma; un abundante chorro de brujería; una cucharada sopera de romanticismo barato; media onza de erotismo blanco y un pellizco de ucronía.
Todo ello cuidadosamente desgrasado de terror y servido en una burbujeante copa que provocará orgasmos visuales hasta al más pintado. Los primeros sorbos saben a gloria y entran solos, augurando una experiencia única, como saborear el arco iris. Una vez avanzados con el mejunje se empiezan a vislumbrar los peligrosos efectos secundarios que pondrán a prueba nuestra paciencia y resistencia: un profundo sopor lógico ante semejante ladrillo de ciento veinte minutos. Y aunque no se pueda dejar de beber la poción incluso aunque vaya empeorando su sabor, por aquello de a ver si al final deja buen regusto, afrontar el invento, independientemente del sexo de la víctima, es una misión reservada a mentes abiertas… tanto como para acudir a una iniciación mágica sin haberse cambiado de ropa desde el día anterior.

Alegato feminista porque su propia directora y guionista, Anna Biller, define así su obra más ambiciosa durante las diferentes presentaciones en festivales, fantásticos para más inri; los cuales quizás no fuesen su elemento natural. Además apuntaba a que “The Love Witch” es una película para mujeres. Probablemente se pueda entender semejante estamento, un servidor no lo ha sentido así, si analizamos otro de sus ingredientes: el melodrama extraído directamente de los seriales y películas para amas de casa de finales de los sesenta. Claro que ese discurso feminista, la justa equiparación de la mujer al hombre, queda en entredicho cuando precisamente acudes a una fuente claramente machista, como lo fueron esos productos caducos de la pre generación X.
No obstante el homenaje no es tal, a pesar de lo que podáis pensar por sus imágenes, porque en el contradictorio y seductor mundo femenino queda espacio para más trucos de manos. En este caso hablo de la parodia. Y ahí tenéis el revulsivo feminista. Quizás fuese interesante establecer algún paralelismo con “La Estación de la Bruja”, de un Romero que no sólo vivía de zombies, película de 1972 que obviamente influencia argumentalmente a la presente.
Al estilo de ”Black Dynamite”, la obra de Anna Biller intenta meter el dedo en la llaga siendo irónica. Así “The Love Witch” exacerba el ritmo y demás parámetros que definieron los melodramas sesenteros, exponiendo lo decadente de esa época donde las mujeres estaban condenadas socialmente a ser meras proveedoras de placer para sus maridos. Es decir, todo es tan impostado, tan camp, que el ridículo surge por sí sólo, como una corriente subterránea.
Sin embargo este enfoque paródico está desarrollado desde la sutiliza, y donde “Black Dynamite” triunfaba por aplicarse a la vertiente más canalla, la cinta que hoy nos ocupa no llega nunca a detonar, perdiéndose entre esos dos mares que son la protesta y la comedia, aquí completamente antitéticos. Aunque hay que reconocer que ciertas escenas rozan un absurdo sublime, quizás menos premeditado de lo que yo quiero creer. Por ejemplo la boda medieval que marca el nudo del largometraje, resulta digna de ver con el asombro lisérgico como aliado.
La brujería está servida argumentalmente, como no podía ser de otra forma. Desde sus decorados a sus ropas, todo alude a un mundo que puede no ser el nuestro. Acudiendo al rescate con la ucronía, merece la pena destacar las críticas que ha recibido “The Love Witch” por utilizar elementos anacrónicos como coches modernos y teléfonos móviles. La suposición de que la trama se ubica en los sesenta es algo que dará por hecho el espectador, ¿pero por qué no puede ser un presente paralelo dónde la brujería haya ralentizado el avance de la civilización humana en ciertos aspectos, como la independencia femenina? Aunque, amigüitos, esto es una paja mental que se ha montado un servidor. No tengo ni idea de que se esconde detrás de estas incongruencias… y tampoco creo que importe.
Lo interesante es disfrutar de una ambientación raramente lograda en el cine moderno. Si la tenemos que juzgar únicamente por su forma, “The Love Witch” es una película única, cargada de una originalidad estética que trasciende ese homenaje a los sesenta, en concreto a los que vivía una desmelenada costa oeste norteamericana. Anna Biller se encarga también de los decorados, maquillaje y vestuario… ¡y vaya trabajo para una producción de bajo presupuesto! ¡Bravo! La cualidad hipnótica de sus imágenes también se la debemos a unos 35 mm. que jamás se habían vistos tan vivos. Vaya, es disfrutar la textura de sus colores y reniego de toda esta maldita era digital que nos está volviendo gilipollas. Lo suficiente como para cometer la hipocresía de criticar un modo de vida en el que yo estoy sumergido dada mi labor en esta página.
Contradicciones aparte, encontramos también un problema tangencial, que no banal, asociado a la capacidad polifacética de Anna Biller. Y es que la buena mujer se ha encargado también de la edición, y a lo mejor es por ello que no ha querido quitarle a su bebé los cuarenta minutos mínimos que le sobran. Padeciendo ese ritmo cansino, propio de una forma de declamar diálogos ya pasada de moda, que desbarata cualquier logro estético que quisiera conservar. “¡Al grano, al grano!”, no paraba de decirme a mí mismo observando lo lento que pasaban los minutos sin que la historia, poca cosa en definitiva, fuese a ningún sitio. Ni siquiera ciertos arrebatos experimentales, herederos de la psicodélica época que testimonia, pudieron sacarme de la picadora de neuronas en que se iba convirtiendo “The Love Witch” por momentos. ¿Así de parsimoniosas son las fantasías de las mujeres? No me lo puedo creer, ellas tienen un gran sentido del ritmo.
Erotismo porque su protagonista Samantha Robinson se adapta como un guante, u otra prenda igualmente ajustada, al papel de Diosa del Amor; sí, en mayúsculas. Aunque también se acoge al método interpretativo de contradecir sus diálogos con expresiones opuestas, supongo que eso forma parte de la parodia. Por suerte su mera presencia se convierte en catalizador erótico donde el amor y el sexo se difuminan como siempre debería haber sido. Y me gusta que este teorema sea expresado por una directora, porque los hombres pecamos muchas veces de idealizar a la mujer pensando que son seres de luz incapaces de tener pensamientos obscenos. Amigo que meas de pie: quizás ellas no estén todo el puñetero día pensando en sexo, pero su piel siente y se estremece como la tuya, si no más. ¿No os parece eso el ingrediente romántico que faltaba en nuestras vidas?
Los acompañantes de la Robinson realizan con acierto la tarea de interpretar altivos príncipes que se creen por encima del amor, y entonces por encima de las mujeres. Todos reciben su propia medicina aunque sea Elaine, nuestra brujita, quien probablemente reciba la peor parte. Desgraciadamente no sé si su adicción al amor, como concepto idealizado, es parte de la trama cómica o de la feminista. Seguimos en el ámbito de la confusión, ¿será que no me entero de nada por tener pene?
Finalizando, por no convertir esta reseña en otro ladrillo a la altura de “The Love Witch”, me queda recomendaros que veáis la dichosa película – seas chico, chica o viceversa –, una experiencia cinematográfica completamente diferente. Siempre que entendáis que en este caso diferente se entrelaza peligrosamente con bostezante. No me arrepiento aunque sólo sea por Elaine, al fin y al cabo de eso va el amor: de expresarlo bien alto y claro.
¿O era el sexo?



Lo mejor: Decorados, vestuario y sus majestuosos 35 mm.
Lo peor: Un ritmo renqueante para una duración injustificable.
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