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Missionary

Con la palabra de Dios se va a todas partes

Missionary

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Missionary

Resulta interesante analizar la carrera de Anthony Diblasi, director de Missionary. Lo digo porque la misma partió con uno de los debuts más grotescos que recuerdo: Dread, basada en el relato del mismo título de los Books of Blood de Clive Barker, cuyos lectores no recibieron con mucha devoción ni especial alegría. La cuestión es que, hace un año, protagonizó un giro completamente radical con uno de los títulos más pretenciosos que recuerdo: Cassadaga, película que para mí resultó equiparable a un puñal directo al corazón. El rechazo, por mi parte, fue absoluto. La combinación perfecta entre un exceso de expectativa y un auténtico despropósito de ambiciosas intenciones; aunque visto con otra perspectiva supongo que lo que pretendía Diblasi era reescribir y compartir con el público su propia visión del mundo sobrenatural (actitud loable, pero que no evitó que la de Cassadaga fuera una visión horrenda). Y por último llega Missionary, obra con la que, en mi opinión, nuevamente Diblasi pretende recorrer el mismo camino que con Cassadaga: reescribir sus propias bases del subgénero telefilm psicópata-amante que con tanta profusión invade nuestros televisores todos los fines de semana.

El subgénero es dantesco, lo reconozco. Un sinónimo de siesta a la vista; quita las ganas a cualquiera de ver cine. Sin embargo nunca es tarde para echar la vista atrás y replantearse el porqué de tanta abundancia de este tipo de telefilmes y de paso recordar la película que le otorgó fama: la gran Atracción Fatal. No nos engañemos, Missionary no deja de ser una versión en clave masculina del personaje interpretado por Glenn Close en la famosa película de Adrian Lyne. No es una propuesta original, no tiene salidas inesperadas ni nada que se aparte de lo habitual – una característica ciertamente frustrante y desalentadora, lo sé… – ; pero aun así Missionary sabe encandilar y jugar muy bien sus cartas. Diblasi ha sabido hacer en esta ocasión lo que no supo con Cassadaga, y es realizar un estudio mucho más complejo e intimista del género a desarrollar. Y es por eso por lo que no puedo evitar preguntarme qué era lo que de verdad hacía de Atracción fatal la obra maestra que es hoy en día; y creo que Missionary ha solventado la cuestión con una respuesta que subyuga: el apego…, y la lección os aseguro que está muy bien aprendida.

Lo mejor: Es muy emotiva y entretenida. No hay pájaros en felpudos, ni mascotas en buzones... ¡ALELUYA!

Lo peor: No se puede esperar más que eso, una cinta correcta y cumplidora... lo que resulta de lo más frustrante.


Septic Man

El héroe de la mierda, la mugre y las aguas fecales

Septic Man

Jack disfruta de una buena – aunque algo maloliente – vida. Tiene una bella esposa y una hermosa casa situada en una ciudad encantadora, y si mantener esta vida significa que de vez en cuando esté recubierto de mugre, Jack lo acepta sin problemas. Jack es un fontanero. Uno de los buenos. Así que cuando su pueblo se ve golpeado por una crisis de agua contaminada, es a Jack a quien recurre para que encuentre y resuelva el problema, mientras que los residentes son evacuados a pastos más limpios.

Pero las cosas no salen según lo planeado. Jack se encuentra la fuente del problema en un profundo tanque olvidado de aguas residuales; pero no está solo en la planta. Sus habitantes hostiles logran atraparle dentro del tanque fétido, sin comida ni agua potable. Y así comienza una larga y repulsiva transformación. Puede que fuera Jack cuando entró en el tanque, pero que va a convertirse en El Hombre Séptico (Septic Man) antes de abandonarlo.

Septic Man. Un superhéroe con nombre de fosa séptica. Un hijo bastardo del gran Vengador Tóxico (de hecho hay quien la ha definido como una mezcla de La Mosca de Cronemberg y Toxic Avenger). Un tipo normal y corriente que resurge de la mierda y la mugre para convertirse en el salvador de la ciudad y hacer frente a una retahíla de estrafalarios villanos. Supongo que la cosa no pasaría de simple broma con mayor o menor gracia sino fuero por un par de nombres: el de su director, Jesse T. Cook, responsable de la entretenida Monster Brawl; y sobre todo el de Tony Burgess, autor de la novela y el guión de la imprescindible Pontypool. De hecho en un momento del trailer de Septic Man incluso podemos ver fugazmente el rostro del actor Stephen McHattie, quien interpretara al inolvidable locutor de radio Grant Mazzy en la mencionada Pontypool.

Dead Mine

Soy minero... y samurai, y mutante...

Dead Mine

Un cazador de tesoros y su grupo, con demasiadas similitudes a Los Mercenarios, se ven atraídos a la selva indonesa siguiendo la leyenda del oro de Yamashita. Tras un paseo entre la procelosa vegetación darán con sus huesos en un bunker abandonado de la Segunda Guerra Mundial donde unos subterráneos llevan hasta una mina llena de oro. Oro sí, y también unos samuráis mutantes más tacaños que el Tío Gilito. El festín de sangre y vísceras está servido.

Con vocación claramente casposa, aunque a juzgar por su tráiler podría no estar nada mal en otros sentidos, llega desde la filiar indonesa de la cadena HBO una película de género, que no solo evita cualquier atisbo de originalidad si no que además se obstina por lo que parece una mezcla cateta de terror y acción, con gotitas bélicas, al más puro estilo Dog Soldiers o Outpost.

From Beneath

Muy dentro habita el pasajero...

From Beneath

Sudados y pegajosos a causa de un largo viaje hacia una casa rural, Sam y Jason, una pareja de vacaciones, deciden darse un picante baño nocturno en un estanque. Allí, un extraño organismo invade el cuerpo de Jason. De vuelta a la casa, la hermana de Sam y su familia no están para recibirlos. Pasado un tiempo, ciertas pistas sugieren que no solo la ausencia de sus familiares es todo lo que ocurre en aquella zona aislada: la herida de la pierna de Jason se convierte en una infección que lo llevará a una desintegración física y mental.

¡Qué alargada es la sombra de David Cronenberg! Su tan cacareado horror físico, esas películas que basaban sus premisas en una hipótesis pseudo científica capaz de mutar la carne para convertir a seres humanos en monstruos (Rabia, Cromosoma 3, Scanners, La Mosca, etc) han alcanzado vida propia y extienden su infección argumental a las nuevas generaciones. Así, si hace poco disfrutábamos de un fantástico ejemplo de como jóvenes directores rinden tributo a esas influencias, Cell Count, hoy os hablamos de From Beneath el debut tras las cámaras de David Doucette