zombies

Resident Evil

¿Es la buena, Netflix?

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Burying the Ex

Necrofilia inversa

Burying the Ex

Max es un muchacho agradable que sufre la pena de tener una atractiva (ejem) pero manipuladora (aaahh) novia. Evelyn comienza a hacerle la vida imposible cuando se mudan a vivir juntos (¿os suena?), así que el pobre Max ya no puede más pero tiene miedo a soltar la bomba (¡venga Max!). Por suerte, o por desgracia, Evelyn fallece al poco en un peculiar accidente. El muerto al hoyo y el vivo al bollo: Max sale a tomarse unos chupitos cuando conoce a la fogosa, sexy y simpática Olivia, la chica de sus sueños (¡lo normal!). Por desgracia, o por suerte, Evelyn vuelve de la tumba convertida en muerta viviente y con ganas de pasar el resto de su no-vida con su amado (¡el matrimonio estándar!).

Que la combinación comedía-horror está devaluada es de consenso común, y aún lo es más el desprecio que se ha ido levantando contra las comedias de horror con zombies (“zombedy”, el subgénero de ridículo nombre). Un servidor no se quiere mojar en demasía, es decir, desde que en los ochenta funcionase tan bien, hasta cierto punto, la mezcla de sustos y risas dentro de la serie B (“Noche de Miedo”, “House”, “El Terror llama a su puerta”), el homenaje mal entendido ha proliferado hasta el punto de resultar agotador y, muchas veces, patético. Por ello me cuesta defender propuestas como “Burying the Ex” (comedia romántica con muertos vivientes de por medio), pero tampoco sería justo con mis propios orígenes, pues son precisamente algunas de las películas de Joe Dante, famoso director de la presente, las que me han proporcionado mis mejores momentos como cinéfago.

Dead Rising:Watchtower

Para vosotros, jugones

Dead Rising:Watchtower

Un grupo de supervivientes se encuentran en medio de un apocalipsis zombie, y lo hacen sobreviviendo de buen humor, hasta descubrir que el gobierno es quién está detrás del desastre. Eso los pone de muy mal humor, una tensión que sólo se puede descargar machacando muertos vivientes.

Las adaptaciones de video juegos se han erigido como un jugoso negocio para productores desalmados, en el sentido de importarles bien poco la obra original, en estos tiempos que corren. Mientras que Uwe Boll desataba la veda con sus infames interpretaciones de clásicos como “House of the Dead” o “Alone in the Dark”, otros más listos y apoyados por mayores presupuestos se anotaban un tanto, es el caso del señor Paul W.S. Anderson y la saga “Resident Evil”. Lo que resulta curioso es que estas adaptaciones suelan tener como objetivo títulos nipones, algo tendrán los video juegos del país del sol naciente. Así conocemos de la reciente y prometedora “Fatal Frame” (bueno, en realidad nacida de una novela) o esta “Dead Rising: Watchtower”, que viene a dar vida a la reciente saga de Capcom, serie que con cuatro juegos a sus espaldas se ha erigido como un pasatiempo fabuloso y lleno de humor para machacar zombies a diestro y siniestro. Y ese espíritu socarrón fue estrenado ayer mismo en estados unidos vía VOD (y, si no me equivoco, Xbox), con claros visos de ofrecer zombies, acción descerebrada, chicas guapas, armas imposibles, gags facilones y un poco de sangre. El mismo coctel que contenía su versión para consolas. Nada ni especialmente sesudo ni producido con millones de dólares.

Zombies Party

Una noche… de muerte

Zombies Party

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Zombies Party

En un barrio residencial a las afueras de Londres, la vida es lo más monótona y aburrida que uno se pueda imaginar. Todos repiten su día a día de forma rutinaria y tediosa, como si su cerebro se hubiera fundido. Entre ellos se encuentra el pringado de Shaun. Este treintañero vendedor de electrodomésticos sigue viviendo como en sus años de universidad. La casa que comparte con Pete y Ed parece un estercolero por culpa de este último, un vago que solo bebe cerveza y juega con la consola, y cuya única dedicación es vender un poco de droga, si es que la tiene. Shaun tampoco es que sea una perla, pierde las tardes en el pub bebiendo una pinta tras otra, obligando a Liz, su novia, y a sus amigos a acompañarle, mientras Ed juega con las tragaperras. Sin embargo Liz ya ha tenido suficiente, quiere vivir experiencias y disfrutar de la vida sin pasarse horas y horas con el aburrido de su novio en un pub, así que se ve obligada a dejarlo. Con estas perspectivas, Shaun decide cambiar y arreglar su vida, pero no tiene en cuenta que esa misma noche se de ha desatado un apocalipsis zombie. Así que, entre cabeza aplastada y extremidad cortada, intentará rehacer su relación con Liz, reconciliarse con su padrastro y hacer de Ed un hombre de provecho.

Tras las cámaras de esta desternillante película de terror está el joven y atrevido Edgar Wright, un director que se ha labrado una carrera peculiar pero repleta de éxitos, sobre todo en el cine de género y de culto. Wright dirige y co-escribe el guión de esta película junto a uno de sus amigos de toda la vida, Simon Pegg, que además lidera un reparto envidiable. Al lado de Pegg está su inseparable amigo en la vida real, Nick Frost; juntos se ponen al frente de un reparto formado por Kate Ashfield, Lucy Davis, Dylan Moran, Peter Serafinowicz, Rafe Spall, Jessica Hynes, Penelope Wilton, y el incombustible Bill Nighy; además de contar con cameos de la talla de Matt Lucas, Martin Freeman o Chris Martin, cantante de Coldplay.

Lo mejor: la mezcla perfecta entre humor y terror sin ser una parodia.

Lo peor: que se te acabe el Cornetto a media película.


Zombi d'Or

Muertos vivientes con dentadura postiza

Zombi d'Or

Una friki de Star Wars. Un kany flamencorro. Zombis de la Tercera Edad. Y Bahía d’Or. ¿Que qué sale de todo esto? ZOMBI D’OR: la primera historia de muertos vivientes con dentadura postiza.

Especializado como guionista en la ESCAC, Fernando Polanco, originario del Puerto de Santa María, cursó un master en la escuela cubana EICTV para después volver a España y pasar unos meses en Filmax, tras los cuales volvería a cruzar la frontera al obtener la prestigiosa beca Four Corners del programa europeo Media. Actualmente se encuentra desarrollando multitud de proyectos cinematográficos, teatrales y literarios, de los cuales, Zombi d’Or es su primera novela. ¡Y qué debut!

La oleada de literatura zombi vivida en estos últimos años nos ha regalado muchas obras clave que han sido las que han logrado sustentar un subgénero que triunfa más allá de las letras. Novelas gráficas, series de televisión, cómics bajo el sello del maestro Romero (padre del no-muerto contemporáneo) y un sinfín de producciones para pantalla grande y el mercado doméstico, son ejemplos del éxito sin parangón de una temática que, hasta hace apenas un lustro, podía considerarse de consumo casi exclusivo para aficionados más acérrimos al cine de terror y frikis en general, adjetivo antaño usado con connotaciones despectivas y hoy en día autoproclamado por más de uno que se cree serlo y no lo es. Porque el friki no se hace: se nace. Y un claro ejemplo es la Leia protagonista de este Zombi d’Or.