Animales
Conoce la campaña de crowdfunding para el cortometraje de terror Animales, dirigido por Eugeni Guillem (Los Inocentes) con guión de David Muñoz, guionista de El Espinazo del Diablo.
Participa en el proyecto…
Conoce la campaña de crowdfunding para el cortometraje de terror Animales, dirigido por Eugeni Guillem (Los Inocentes) con guión de David Muñoz, guionista de El Espinazo del Diablo.
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| DIVERSIÓN: | |
| TERROR: | |
| ORIGINALIDAD: | |
| GORE: |

Antes de comenzar la redacción de esta review, me gustaría apelar a la versión de una popular y antiquísima fábula atribuida de manera incierta al conocido fabulista Esopo; se trata del conocido cuento de la rana y el escorpión, historia corta que encierra una moraleja muy acorde con la abrumadora conclusión que ofrece el magnífico trabajo de Ben Cresciman:
Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:
—Amiga rana, necesito cruzar el río. ¿Podrías llevarme en tu espalda?
—No, si te llevo en mi espalda me picarás y me matarás
—No seas tonta—, le respondió entonces el escorpión —si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría.
Ante esta respuesta la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espada de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al sentir el picotazo y darse cuenta que iba a morir, le preguntó al escorpión:
—¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir?
A lo que el escorpión respondió:
—Rana.. mi amiga, no lo pude evitar porque es mi naturaleza.
Lo mejor: Su doble juego psicológico.y moral, actuaciones brillantes, aspecto técnico impoluto.
Lo peor: Por contrapartida, la pobre introspectiva que ofrece en ocasiones el guión.

Más de seis decenios revelaban su iniquidad sobre aquella frente protuberante y surcada de pliegues apergaminados, síntomas de la traicionera senectud que había comenzado a encorvar su otrora imponente figura. Cuajado de flacidez, el amplio rostro abrigaba la luz de una mirada inquieta y desafiante, inextinguible reflejo que testimoniaba la realidad de su perseverante y aguerrido carácter. Contraídos en una mezquina mueca, sus labios se fruncían hasta casi desaparecer entre la cenicienta foresta que se extendía a lo largo de aquel mentón prominente. Descaradas, las adversidades de la vida cebaban el peso de los años en la persona de Alphonse, hombre de intenso temperamento que prefería aceptar con dignidad los estragos propios de la inevitable vejez.
Anclado desde su niñez en el impulso vocacional de sus inquietudes religiosas, el incombustible Alphonse había luchado en pos de encontrar un sustento en su completa entrega a la fe, vocación que había logrado satisfacer aún a pesar de la dificultad devenida de la humildad de sus orígenes. Aceptaba la religión como una parte incorruptible e ineludible de su ser, pues apreciaba en ésta la iluminación que había tornado sus creencias en una nueva y confrontada visión de las debilidades competentes a la raza humana.

Cuatro cuentos macabros de terror contados por el misterioso arquitecto. Cada horrible segmento se adentra en los rincones explícitos de lo sobrenatural, convocando creaciones malditas como la fantasmal Dama gris, los vampiros o las brujas.
Los responsables de la antología británica de horror sobrenatural llamada “The House of Screaming Death” – Alex Bourne, Troy Dennison, Rebecca Harris-Smith, David Hastings y Kaushy Patel – quieren rendir tributo al característico horror que se desarrolló en la pérfida Albión durante finales de los sesenta, principios de los setenta. Especialmente a las famosas antologías de la productora Amicus, que con obritas como “Asylum”, “Tales from the Crypt”, “The Torture Garden” o “The Vault of Horror” se ganaron un merecido puesto de honor en el corazoncito de los amantes del terror clásico. Con ecos incluso de la mítica Hammer, “The House of Screaming Death” se mueve en unos parámetros muy limitados, es obvio su bajo presupuesto, que dejan entrever las costuras deshilachadas de una producción de dudoso resultado. Se agradece que alguien no se olvide de las citadas antologías, que tanta diversión siguen ofreciendo, pero tal vez hubiera merecido la pena recaudar algo más de pasta antes de lanzarse al rodaje cual pollos sin cabeza.